Review Glee: Britney 2.0

El país se cae a pedazos y uno se pregunta cómo sería la cosa si el gobierno fuera otro. Por ejemplo, podríamos poner a Leslie Knope como presidenta. Sheldon Cooper y Walter Bishop podrían ocuparse del ministerio de ciencia y desarrollo, y Abed Nadir del de cultura. Carrie Mathison podría ser una buena ministra de defensa. El doctor House podría hacer una vuelta triunfal como ministro de sanidad. ¿Caótico? Seguro. ¿El país se iría a pique? Es lo más probable. ¿Los votaría para sustituir a los actuales dirigentes? Con los ojos cerrados. Y lo más importante: ¿a qué viene este rollo en la entradilla de una review de Glee? Pues viene a que una tal Brittany S. Pierce sería una excelente ministra de relaciones exteriores. Es imposible no amarla, la comunidad internacional se rendiría a sus encantos y nos donaría todo cuanto tuvieran en sus arcas para sacarnos de la crisis. Y ahora insultadme, golpeadme, averiguad mi dirección y esperadme con bates en la puerta de mi casa por este rodeo estúpido. De algún modo hay que empezar las reviews.

Que sí, que Brittany es la leche, y no acepto discusión en este sentido. Su aspecto puede resultar angelical, pero cuando baila parece que la posee el diablo. Está convencida de que su gato se ha unido a una pandilla, y de que los arbustos de su jardín se ríen de ella. En un examen en la que la mismísima Becky, que ha escrito su nombre como Bocky, ha aprobado, ella ha obtenido la imposible calificación de F- (o sea, un suspensísimo) por haber respondido a todas las preguntas con un “mira en el reverso”, para encontrar ahí un dibujo de Happy Ville, el pueblo donde las matemáticas nunca fueron inventadas. Era de esperar que, tarde o temprano, la dulce, dulce Britt se viniera abajo, y su expulsión del equipo de animadoras y la ausencia de su amor (y el mío) Santana se lo ponen a huevo. Brittany toca fondo, y aunque esa camiseta de “World’s Best Grandma” le sienta de cine, no nos gusta verla así. Afortunadamente para todos, ella tiene sus propios planes: una vuelta triunfal.

Otro de los asuntos relevantes del capítulo tiene que ver con Rachel. Por lo visto a su profesora Cassandra no le resulta suficientemente sexy como para bailar un tango. Ay, Cassie, no sabes lo equivocada que puedes llegar a estar. Rachel puede, si se lo propone, ser hot as hell, y se lo va a demostrar. ¡Vaya si se lo va a demostrar! Increíble su “Ooops… I did it again“, con recadito a Cassandra July incluido: tú eres un chiste de youtube, yo tengo mi futuro por delante… Bien por Rachel, aunque, hombre, digo yo que se pasa un poco… hace una semana la acusaba de alcohólica y esta semana de acabada. Que no digo nada, si merecer lo merece, pero, en fin, a veces estarse calladito no está mal. Ser temperamental es lo que acabó con la carrera de Cassie, la señorita Berry no puede permitirse algo así.

Otro asunto a tratar en la vida de Rachel es el pisazo que se ha cogido con Kurt. Me da igual en qué barrio de extrarradio de Nueva York estén… sigue siendo Nueva York. ¿Cómo pueden permitírselo? Madre mía… si en unas semanas no sabéis nada de mí, es que me he mudado con ellos. El caso es que Rachel no olvida reservar un huequito en el, repito, pisazo, para su Finn. Con corazoncito en la pared incluido (con lo que es Kurt para la decoración, como supimos en la segunda temporada, me extraña que le haya permitido semejante horterada). Pero, ay, el corazón de Rachel cada vez está más confuso. ¿Será Brody el siguiente inquilino? A callar, en los comentarios, todos los que habéis visto el siguiente capítulo, la review llegará en unos poquitos días y entonces podréis comentar. Los spoilers serán castigados con amputación de manos.

Volvamos al McKinley: los chicos preparan su particular Britney 2.0, con playback incluido, y todo por ayudar a Brittany. Mientras, Marley está loquita por Jake, y parece que es mutuo, pero a éste le pierden las faldas, y claro, tener a una pudiendo tenerlas a todas… no va con él. Es un Puckerman, ¿qué esperabais? Unique ya le advierte, numerito musical mediante, que Jake es un womanizer, pero ni con esas. Permitidme que me dirija un momento a Unique: menos mal que eres unique, porque si hubiera dos como tú, dejo de ver la serie. Ay, lo siento, no sé a qué viene todo este odio por la pobre. Será que, en mi corazón, es la nueva Artie: un personaje sobre el que descargar mis frustraciones. Al grano: que entre Marley y Jake hay feeling, algo de lo que el 99,9% de los espectadores nos dimos cuenta en el primer episodio (el 0,1% restante vio el episodio con una venda en los ojos). La canción que cantan juntos, al más puro estilo Grease en las gradas entre chica buena y chico malo, la verdad es que ha sido de las mejores del capítulo. Pero Jake necesita un toque te atención, y si no quiere escuchar a sus compañeros ni a Will, tendrá al menos que escuchar a su hermanísimo Noah. ¡Y parece que da resultado! Ya tenemos uno más en New Directions. Bien hecho, gran Puck.

Vamos concluyendo, que no os quiero aburrir. El playback de Brittany y compañía es un tremendo desastre, aunque incluso entonces ella sea una dulzura. Una dulzura glotona y deprimida, sí, pero dulzura igualmente. Pero, como ya hemos comentado, un nuevo y brillante resurgir asoma en su horizonte. Y parece que su nuevo e inesperado aliado, el exstripper Sam Evans, puede ayudar a alcanzarlo. En cuanto a Rachel, una disculpita y, hala, a bailar un tango. Esperaba algo más de furia por parte de Cassandra, pero se ve que las verdades, aunque violentamente escupidas a la cara, no dejan de ser verdades, e incluso un monstruo como ella es capaz de verlo.

Y con esto y un bizcocho… no, espera, empiezo de nuevo. Y con esto y un iglú, hasta la siguiente review. Muy malo… muy, muy malo…

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