Review GG: The Lady Vanished

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Los padres, esos grandes desconocidos. Esos seres que parecen venidos de un lejano planeta pero cuyo objetivo no es invadir la Tierra sino la vida de sus hijos, bajo la ley del “porque yo lo digo” y del “más sabe el diablo por viejo, que por diablo“. A los que, llegada la edad del pavo, amenazamos con irnos de casa pensando, inocentes de nosotros, que podemos vivir sin ellos. No, no es que el Día del Padre me haga reflexionar, es que han sido ellos, de forma directa e indirecta, los protagonistas de este The Lady Vanished… ¿qué os ha parecido?

Aunque como he dicho, los padres son los protagonistas del capítulo, son los hijos los que llevan la iniciativa. Chuck sigue obsesionado con descubrir quién es realmente Elizabeth Fisher y eso le lleva a evitar a Blair y a registrar la habitación de la recién llegada. Después de todo lo sufrido tras la muerte de su padre, la manipulación de su tío, y de conseguir que se comprometa con ella, B no puede evitar temblar y pensar en lo peor: Chuck la deja de lado en sus asuntos, le oculta algo. Y escuchar lo bien que se lo pasan tu mejor amiga y tu ex en la cocina, no sirve de ayuda precisamente. Una oportuna llamada de C a Nate sirve para que Serena se dé cuenta de que su amiga está pasando por un momento difícil y el capítulo nos regala una escena más de la profunda amistad que comparten las dos chicas; da igual cuanto se peleen, en los peores momentos siempre se apoyan la una en la otra. Sin embargo, la incógnita no dura quince minutos; antes de que Blair termine de hacer sus deducciones junto a Serena y Nate sobre lo que está haciendo Chuck, éste mismo llega al apartamento y les confiesa lo que ha descubierto: Elizabeth Fisher no es otra que Evelyn, la madre “muerta” de Chuck Bass.

Las reacciones en este momento son diferentes; Nate no se pronuncia, Blair ve en la mujer una enemiga que puede quitarle la atención de su chico, y Serena ve en el encuentro una gran oportunidad. Así se lo hace saber a Chuck, aunque él lo ve diferente: se ha criado sin madre, ¿para qué tenerla ahora? De nuevo, diferentes reacciones: Nate respeta la decisión, Blair se alegra y Serena…Santa Serena…como siempre, hace el problema suyo y se entromete. Esta vez, pese a mi animadversión hacia la rubia, sus motivos se entienden. Chuck tiene ante él la oportunidad que ella no ha tenido hasta el momento: conocer a su desaparecido progenitor. Por eso no duda en concertar una “cita” entre su amigo y su madre, que lamentablemente no sale como esperaba: Chuck, creyendo que viene a por la herencia, le da un cheque a la mujer a cambio de que se marche de NY y no vuelva nunca más; y Evelyn lo acepta y se marcha. Chuck se resigna, decepcionado, pero Serena está empeñada en descubrir toda la historia y no para hasta que la propia Evelyn se la cuenta.

¿Recordais a Bart Bass? Ese padre autoritario, siempre mirando por encima del hombro a Chuck, decepcionado por la actitud de su hijo y sin esperanzas puestas en él, ¡que antipático era el tío! Pues no os lo perdáis: era el bueno de la pareja. Evelyn se queda embarazada muy joven y Bart le pide que se case con él, le dice que la quiere y quiere tener ese hijo. Ella es otra historia, le gusta demasiado su independencia para imaginarse atada a un hombre, a una casa y a un hogar. De ahí la brillante idea de marcharse y pedirle que le diga a Chuck que ella murió en el parto, por si al chico se le ocurría buscarla. Una decepción para Serena, que se ve reflejada en la historia y comprende, por mucho que le duela, que su misteriosos padre no es diferente a Evelyn; el señor van der Woodsen no quiere saber nada de ella y, con mucho pesar, lo acepta y decide olvidarlo.

No sin antes decirle a Evelyn que todo niño necesita a sus padres, una frase que hace reflexionar a la mujer y sirve para que le cuente la misma historia a Chuck, con el añadido de que quiere quedarse en NY para conocerlo, una propuesta que Chuck acoge con los brazos abiertos. Que tierno nuestro chico malo.

Más vale tarde que nuncaMás vale tarde que nunca

Si Serena se siente decepcionada con su padre, el caso contrario encontramos entre Rufus y Jenny. ¿Cuánto puede cambiar la vida de una adolescente al pasar de vivir con lo justo en un apartamentucho de Brooklyn a un piso lujoso en el Upper East Side? Tanto como cambien sus amistades, y Damien no es famoso precisamente por ser una buena influencia. Es precisamente la indiferencia que parece sentir hacia ella, lo que provoca que Jenny se rebele, ¿creías que eras el malo del barrio? Espérate a ver el lado salvaje de la pequeña J…que radica en enfrentarse a sus padres por las drogas. Jenny quiere demostrar a su padre que ella es peor que Damien, pero el truco le dura poco ya que el galo, sintiendo una extraña sensación de remordimiento, admite que las drogas son suyas. Bueno, más bien de su padre, que resulta ser un adicto maniaco-depresivo. Todo un primor de hombre, vamos. Y aunque eso enternece a Jenny (y a nosotros), a Rufus no le vale de excusa y despoja a su hija de sus dos mayores tesoros: su posible relación con Damien y su acomodada vida en el UES.

¿El resultado? J se marcha de casa. No sé qué es peor, que la rubita rebelde parezca una reencarnación de la época adolescente-mala de Serena, o que su padre no aprenda y no vea venir lo que va a pasar. Dos cosas más a sacar en claro de este momento: Rufus necesita tiempo para replantearse la relación con Lily y por ello se marcha a su antiguo apartamento; gracias a Vanya y a un descuido del músico, Lily ha descubierto que su todavía marido ha estado en casa de la vecina…hablando de la azotea, dicen. Ya.

La amistad está sobrevalorada...La amistad está sobrevalorada…

Y para el final, el broche romántico del capítulo. Porque no, lo de S y N en la cocina puede calificarse de muchas cosas, pero no de romántico; me refiero a Dan y Vanessa. Ambos intentan recuperar la normalidad de su relación tras la declaración del chico, y una fiesta en la playa es la excusa perfecta para autodemostrarse que pueden ser simplemente amigos. Vanessa queda con un chico con el que ya había roto y Dan con una chica a la que había conocido unos minutos antes en un fortuito cruce en el pasillo, ¿a quién pretenden engañar?

A los implicados no, que tras una charla se dan cuenta de lo que ocurre y acaban con la doble cita, obligando a V y a D a tener una charla en la que la morena suelta las palabras más hirientes “ojala nunca te me hubieras declarado“. La discusión dura poco. Tras su beso tras la pared de cartón, que achacan a un par de mojitos de más, Vanessa se decide a explicarle a su amigo lo que realmente siente: está aterrada ante la idea de perder su amistad si se lían. Es curioso que en la primera temporada le diera igual y ahora sea tan importante, pero ignoraremos ese detalle ya que finalmente se deciden a intentarlo. ¿Cómo? Como Nate y Serena: sin prisa pero sin pausa.

Qué bonito. Jenny y Damien, Vanessa y Dan, Chuck y Elizabeth. Parecen empezar con buen pie…¿cuánto les durará la felicidad? Se admiten apuestas.


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