Review Fringe: White Tulip

White Tulip

Hay series que ves para entretenerte y pasarlo bien. Te ofrecen un buen rato y no piden nada a cambio, sólo un poco de atención. Sin embargo, hay otras que no son tan generosas. A cambio de lo que ceden requieren mucho de ti. Te hacen pensar y no te lo dan todo mascado: necesitan que las interpretes y las analices, incluso después de detener el reproductor. Y, normalmente, son las que más satisfacción te ofrecen. Fringe, poco a poco, se ha convertido en una de las últimas, y va creciendo a pasos agigantados. Señoras y señores, bienvenidos al análisis de otro capitulazo.

La tarea que me ha tocado esta semana no es nada fácil. White Tulip es uno de esos episodios merece mucho más la pena ver que explicar con palabras. Pero al menos, voy a intentarlo: trataré de contarlo tal y como yo lo he vivido. Reconozco que el principio no me ha parecido de lo más espectacular. De hecho, cuando han salido los títulos de crédito he pensado “Bah, no ha sido para tanto”. Al ver la aparición del tipo del vagón y la enorme cantidad de esos reflejos azules tan característicos de la serie, he dado por sentado que el hombre pertenecía al universo paralelo. Pero nada más lejos de la realidad (al menos de esta): para variar, me había equivocado por completo.

¿Por dónde empezamos? Tenemos, en primer lugar, a Walter escribiendo una carta en la que le confiesa toda la verdad a Peter. Sé que siempre es más fácil expresarse por escrito, porque puedes elegir las palabras con tiempo y controlas todo lo que quieres decir. Sin embargo, no me ha parecido buena idea que Walter quisiera sincerarse de ese modo. Pienso que debería hacerlo en persona, cara a cara. Pero ya veremos cómo se desarrolla eso.

Si pudiera leer esa carta completa…Si pudiera leer esa carta completa…

Tras recibir el aviso, la división Fringe se dirige hacia el tren donde se ha producido la tragedia. Aparentemente ha habido una muerte repentina general. Sin embargo, hay algo más: todos los aparatos eléctricos también se han fundido. La energía del vagón ha sido absorbida. Tras un poco de indagación al nombre del sospechoso: Alistair Peck.

El señor Peck posiblemente sea uno de los “malos” más interesantes que hemos conocido en esta serie. En primer lugar, es un hombre brillante, un científico capaz de superar incluso la inteligencia de Walter Bishop. Esto lo demuestran las complejas fórmulas que encontramos en las paredes de su casa. En segundo lugar, el hecho de que su cuerpo esté lleno de alambres, tuercas y demás piezas de metal no deja de llamar la atención. Nuestro hombre es una jaula de Faraday andante. Mitad hombre, mitad máquina. Exactamente igual que el personaje que este actor interpretaba en RoboCop. Estos guiños son geniales.

El ver su cuerpo “remendado” ya me ha hecho dudar de su origen. Pero lo que me ha llamado la atención de verdad era el que dijera que las personas del tren no habían muerto. Llegué a pensar que estaban en una especie de coma y que despertarían de un momento a otro (a excepción, claro, de aquellos a los que Walter había hecho la autopsia; sí, lo sé mi mente a veces trabaja de forma extraña). Justo estaba dándole vueltas a esta idea cuando Peck ha desaparecido repentinamente y…

Siento que tengas que pasar por esto de nuevoSiento que tengas que pasar por esto de nuevo

¡Exacto! Hemos regresado al vagón. Todo ha empezado a repetirse, como si estuviéramos en Groundhod Day. Lo que más me ha gustado de esto es ver cómo, a pesar de que la situación era la misma, lo que ocurría era diferente. Por ejemplo: volvemos a dar con el nombre del sospechoso, pero no ha hecho falta comprobar las grabaciones de las cámaras de seguridad, porque Peck ha puesto una mano en la barandilla, dejando una huella dactilar que ha permitido su identificación. Es decir (y esto va a sonar muy lostiano), aunque actuemos de formas diferentes, el destino tiene la capacidad de corregirse a si mismo, y al final todo sigue igual. ¿O es que soy la única que ha pensado que en esta segunda ocasión Peter iba a encontrar el sobre dirigido a él en el tren?

Por cierto, me ha parecido genial que Olivia se diera cuenta, de algún modo, de que ya había vivido eso con anterioridad. ¿Podemos pensar que los déjà vu son, en realidad, situaciones que ya hemos vivido de verdad? Esa parece ser la explicación que nos brindan aquí. Sin embargo, Peter tiene otra más mística: son la forma que tiene el destino de decirte que estás exactamente donde deberías estar. Quizás por eso él no ha tenido uno jamás. ¡Adoro este tipo de detalles!

En fin, en esta “segunda oportunidad” vamos obteniendo más información acerca del sospechoso: al menos sabemos que hay una mujer en su vida. Además, también conocemos a su antigua superiora en el Instituto de Tecnología de Massachusetts. Y Walter nos explica, por fin, las intenciones del sujeto: se dedica a estudiar los saltos en el tiempo. De hecho, todo parece indicar que ya lo ha conseguido con anterioridad. Las hojas escritas a mano en sus informes lo confirman: estos anexos son modificaciones y/o puntualizaciones hechas a sus teorías cada vez que las ha comprobado de forma práctica. Pero claro, para comprender eso tenemos que verlo desde nuestra perspectiva, y no desde la de Walter y cía, para los que el tiempo sigue siendo lineal.

Con estos datos nuestros protagonistas por fin son capaces de comprender con exactitud las intenciones de Peck: va a tratar de evitar la muerte de su prometida, ocurrida diez meses antes. Para que no haya más víctimas el FBI decide detenerle por fin. Pero el inmenso Walter Bishop pide permiso para hablar con él y tratar de convencerle. Y, si el episodio en general estaba siendo genial, a partir de ese momento ha rozado la perfección.

Dos genios conversandoDos genios conversando

Supongo que Walter se ha sentido identificado con Peck y por eso ha tratado de ayudarle. En cierto modo, ambos son iguales: científicos geniales cuyos errores en el pasado les han hecho perder lo que más querían, y que tratan, a través de sus conocimientos, de enmendar sus equivocaciones.

Los argumentos de Walter son bastante claros: si Alistair salta diez meses atrás, la energía que necesitará absorber en ese momento matará a cientos de personas, con lo que el cargo sobre su conciencia aumentará. Para terminar de convencerle, le cuenta su propia experiencia con Peter, y la forma en que su culpa no le ha dejado jamás vivir tranquilo. No se puede jugar a ser Dios y tratar de arreglar el universo sin que haya repercusiones: “He viajado a través de la locura para darme cuenta de esto.” Estremecedor.

Además, la discusión entre fe y ciencia que mantienen los dos hombres es genial en todos los aspectos. Destaco, sin embargo, la parte que da título al episodio: Walter, convencido de que debe contarle a su hijo la verdad, le ha pedido a Dios una señal, un tulipán blanco que le indique que Peter podrá perdonarle. Peck, por el contrario, representando al hombre de ciencia, le dice que es imposible que Dios se le manifieste de este o de algún otro modo. “Dios es ciencia.

Después de esta conversación tenemos la sensación de que las palabras de Walter han sido en vano: Peck sigue convencido de que debe viajar al pasado, y los datos que Bishop le ha dado le permiten, por fin, efectuar su ansiado salto. Pero antes de retroceder esos diez meses Peck hace un salto intermedio, muy breve para nosotros, en que le vemos modificar sus fórmulas y escribir una carta. Justo antes de que la policía irrumpa en su laboratorio Alistair realiza su salto final y consigue llegar hacia su prometida. Sólo en ese instante he comprendido que su intención no era la de salvar la vida de su prometida, sino pedirle perdón por la discusión que habían tenido y morir en paz junto a ella. Una gran muerte para un gran personaje.

Encontrando, por fin, la redenciónEncontrando, por fin, la redención

Y por último llegamos al “epílogo” de este apasionante episodio. Pocos serán los que no se hayan emocionado al ver que la carta que Peck escribió apresuradamente antes de morir iba dirigida a Walter, y contenía precisamente el empujón que éste necesitaba para decirle la verdad a su hijo: su tulipán blanco.

En mi opinión, otro gran episodio para Fringe, que sigue sumando puntos cada semana. Una vez visto y terminado, una de las cosas que más me llama la atención es el pensar, por un momento, que White Tulip es en realidad el único episodio en el que no ha habido caso que resolver: comienza con Walter escribiendo una carta y termina unos cinco minutos después. Desde la perspectiva de Bishop, lo único que ha ocurrido es que él le ha pedido a Dios la señal que necesitaba para contarle la verdad a su hijo, y la ha recibido de la forma más inesperada. Sin embargo, nosotros hemos tenido la oportunidad de sentirnos, por una vez, Observers privilegiados capaces de comprender mucho más de lo que muestran las apariencias.

El tulipán blancoEl tulipán blanco

Fringe en estado puro. Magia. ¿Qué os ha parecido?


Categorías: Series
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