Review Fringe: Wallflower

Maldito baseball. Es lo único que se me ocurría cuando terminé de ver el episodio de esta semana. Y es que, de no haber sido por él, habríamos tenido un episodio más antes de navidad. Un episodio que, seguramente, nos habría dejado mejor sabor de boca (la promo promete) de cara al parón. Y es que, aunque Wallflower no ha estado mal (Fringe sigue estando un paso por delante de muchas otras series en emisión), no ha sido suficiente para lo que se espera da una “Fall Finale”. En fin, sabemos que no es culpa de la serie, pero qué coraje… Aún así, vamos a hablar del último episodio de 2011, que ya va tocando. ¿Me acompañas?

Como siempre, Fringe sigue demostrando que sus inicios de episodio son espectaculares, y hoy, en cierto modo, nos ha dado dos: uno muy desconcertante con Olivia como protagonista (que no cobra sentido hasta el final) y otro, como es costumbre, relacionado con el caso autoconclusivo. Comencemos con este último.

La primera muerte a la que nos enfrentamos parece indicar que nos encontramos ante la aparición de un fantasma: el hecho de que no veamos al asesino y de que el pelo y la piel de la víctima se vuelvan blancos así lo anuncian. Al igual que comenta Walter, no he podido evitar recordar las historias que me contaban mis abuelos en el pueblo cuando nos reuníamos por la noche en invierno y hablábamos de historias de fantasmas. Muy típico, lo sé (me ha faltado describir la chimenea y las agujas de punto), pero real.

Sin embargo, en Fringe, para variar, las cosas no son lo que parecen: el fantasma no es tal, sino un hombre de carne y huso (“los fantasmas no sangran”), y la falta de pigmentación de la víctima se debe, precisamente, a que ha sido extraída de su cuerpo.

Pensar en este caso vuelve a provocarme sentimientos encontrados. Por una parte, el personaje de Eugene me ha gustado: el hecho de que no haya recibido nunca un nombre propio (de Baby Boy Bryant pasa a U-gene) o de que su único afán sea el de ser visto y llamar la atención de alguien ayudan a que nos metamos en su piel y nos sintamos identificados con el personaje. Durante la mayor parte del episodio me ha tenido muy despistada la fijación de Eugene por Julie, pensando que se convertiría en otra de sus víctimas (en la escena del ascensor habría puesto la mano en el fuego por su muerte), pero luego hemos descubierto que su único fin era que ella se fijara en él, y que cuando por fin ha conseguido cruzar unas palabras con ella, ha muerto feliz.

Obviamente, ha sido una historia conmovedora, y Fringe es especialista en este tipo de casos. Sin embargo, esto es a la vez su punto débil: el caso del “malo que no resulta ser tan malo pero cuya historia sirve como reflejo de lo que ocurre en la trama principal” está más que explotado en la serie, y quizás convendría que se arriesgara más en este aspecto, que introdujeran nuevos retos en los autoconclusivos (ya que hay que tenerlos a la fuerza para completar la temporada de 22 episodios) y que, en definitiva, dejen de usar una fórmula que funciona pero que parece empezar a gastarse. O quizás es simplemente problema mío, que no termino de encontrarle la dirección a esta temporada…

Vamos a ver ahora otra parte mucho más interesante del episodio: la trama centrada en Olivia. El inicio de Wallflower, como comentábamos, ha sido bastante confuso, pero muy interesante: esa sensación de no saber exactamente qué ocurría ha sido todo un acierto. Básicamente hemos visto a Olivia aquejada por un fuerte dolor de cabeza que la ha obligado a tener que salir en mitad de la noche a comprar medicamentos. Un dolor de cabeza que se ha mencionado un par de veces en el episodio (aparentemente de forma casual) y que, según Olivia, no es nada nuevo, aunque sí llevaba un tiempo sin aparecer.

De hecho, el énfasis de esa primera escena se ha centrado en el encuentro de Olivia con Lincoln. Un encuentro que hace que Dunham se plantee por qué ella no tiene dificultades a la hora de enfrentarse a lo que ve cada día en el trabajo y por qué no se siente afectada por ello. Tanto Lincoln como Astrid comparten dicho problema, y cada uno de ellos lidia con la situación a su manera. Pero no ocurre lo mismo con Olivia. ¿Por qué motivo?

Eso mismo se plantea ella, como se puede apreciar en la conversación que mantiene con Nina Sharp hacia el final del episodio, y que ayuda a comprender un poco mejor el tipo de relación que se ha forjado entre las dos mujeres. De acuerdo con las palabras de Nina Sharp, estamos ante una mujer muy distinta a la de la realidad “original”, que valora aspectos como el amor o la familia y que sabe cómo tranquilizar y reconfortar a Olivia. En definitiva, una mujer completamente nueva.

Pero nada más lejos de la realidad: la última escena del episodio rompe por completo con esta nueva imagen, a la vez que conecta con los fuertes dolores de cabeza que comentábamos antes. ¿Es Cortexiphan lo que inyectan a Olivia? Es posible. Al menos tiene el mismo color que el líquido que hemos visto otras veces en manos de Walter. O quizás sea algo que tenga la finalidad de frenar la aparición de las habilidades de la agente, lo que explicaría por qué esta versión de Olivia no parece haber desarrollado las cualidades excepcionales que sí poseía “la nuestra”. Sin lugar a dudas, esta última escena representa el punto más interesante del episodio, y plantea una nueva perspectiva del personaje de Nina de cara al futuro. A todo esto… ¿qué opinión os merece Nina Sharp después de esta última escena? Sé que todo parece indicar que sus motivos no son precisamente buenos, pero no puedo evitar pensar que en el fondo trata de ayudar a Olivia. Qué le vamos a hacer, me encanta el personaje de Nina.

La aparición de Peter (y Walter, todo sea dicho, cuya aportación más interesante ha sido el ratón invisible), ha sido muy reducida y prácticamente anecdótica. En la primera escena (la del supermercado) hemos comprobado cómo, a pesar de la colaboración que ha mostrado en los últimos episodios sigue siendo considerado una amenaza, y su aislamiento es cada vez más acusado. No es extraño, pues, que desee volver a “su universo” lo antes posible. De ahí su interés en reconstruir la máquina, proyecto en el que Lincoln parece ser su único apoyo.

Peter sigue empeñado en que no está en el sitio al que pertenece, y ello se pone de manifiesto en el hecho de que apoye a Lincoln y le eche una mano a la hora de “conquistar” a Olivia. Sigo sin estar del todo segura con respecto a esta determinación, porque hay cosas que aún dudo: si a este universo no le “falta” la figura de Peter, ¿por qué los personajes principales ponían de manifiesto esa sensación de vacío que tantas veces se mencionó al inicio de la temporada? Peter, sin embargo, parece tener las cosas muy claras.

Obviando algunos detalles (como el hecho de que con 200 dólares de sueldo a la semana la montura no puede ser de mucha calidad y que posiblemente haya adivinado la graduación por ciencia infusa), Peter ha tenido un buen detalle al regalarle las gafas a Lincoln. Es una muestra más de su apoyo al que, por ahora, parece ser su único amigo, así como una dosis de confianza para Lee. Por desgracia, su cita con Olivia ha quedado truncada por Nina y su repentina aparición.

Para finalizar, hay que comentar que en este episodio la aparición de los glyphs ocultos (aquellos que se pueden ver en la imagen aunque a menudo pasen desapercibidos) ha sido muy numerosa. El más obvio posiblemente sea la mariposa que aparece en la lámpara de casa de Olivia al final del episodio, como se puede ver en la imagen que hemos puesto más arriba, centrada en Nina. En cuanto a los glyphs que marcan las pausas publicitarias, la palabra formada ha sido “DAVID”. Echando la vista atrás, el David más importante que se me viene a la cabeza es David Robert Jones. Si unimos este nombre a lo que indicaban los glyphs de las dos semanas anteriores (“still alive” – “aún vivo”)… ¿nos están dando una pista clara de que volveremos a ver a este gran personaje? Sería una gran noticia.

Concluimos, pues, con un sabor agridulce. Wallflower no ha sido un mal episodio, pero no ha llegado al nivel que esperaba y, mucho menos, al que debería haber tenido un “Fall Finale” (aunque, repetimos, este último aspecto se ha debido a temas de programación y no a la serie en si). En cualquier caso, no quiere decir que tengamos que echarnos las manos a la cabeza: sigo confiando en Fringe y estoy segura de que la inmensidad que han mostrado otras veces aún está por venir en esta temporada. Por desgracia, aún nos quedan por delante unas cuantas semanas de espera antes de la auténtica “Fall Finale”. En cualquier caso, yo ya he hablado suficiente. Llega ahora vuestro turno… ¿cuál es vuestra opinión sobre Wallflower?

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