Review Fringe: Trough the Looking Glass and What Walter Found There

No me cansaré de decirlo: pocos episodios de Fringe tienen un título tan maravilloso como este. Si bien Lost ya había hecho su pequeño homenaje a la obra de Lewis Carroll al final de su tercera temporada, el de esta serie va más allá: Through the Looking Glass and What Walter Found There nos introduce en un universo muy, muy especial. Y, por una vez, no nos estamos refiriendo a mundos paralelos ni a alter-egos. Hablamos de un mundo creado a medida, un pequeño “universo de bolsillo”. Algo así, creado por la mente de Walter, tenía que ser, cuanto menos, diferente. Y vaya si lo ha sido…

Como hacía tiempo que no pasaba, la magia de este episodio no radica tanto en la trama como en el aspecto visual. De modo que una review, que se limita en cierto modo a resumir lo que hemos visto (además de dar opinión, por supuesto), no puede hacer justicia a un capítulo que fascina, precisamente, en lo que se ve. Pero vamos a intentarlo…

Siguiendo la búsqueda de las cintas, Walter descubre la número 7. Ni corto ni perezoso, decide ir por sí mismo en busca del siguiente elemento esencial para el plan. Esperemos que, en algún momento, el puzzle que se forme con estas piezas comience a cobrar sentido, porque por ahora no parecen tener ni pies ni cabeza. Pero seguimos confiando.

Siguiendo las instrucciones grabadas por él mismo, Walter llaga a un edificio bombardeado años atrás. En concreto, visita el apartamento 413, que a primera vista parece un piso normal. Pero tras ejecutar una extraña coreografía y dejarnos con la boca abierta descubrimos el auténtico secreto que se esconde entre estas cuatro paredes: el apartamento oculta la entrada a un pequeño universo privado que Walter creó en el pasado con la finalidad de servir de escondite para los observers. Genial idea y genial configuración del universo, que aunque aparentemente es similar al piso en el que se sitúa, posee unas características muy especiales, que desafían por completo las leyes de la física. De la mano de Walter, desde luego, no podíamos esperar nada que se asemejara a lo normal.

Peter y Olivia, por su parte, inician el episodio con una emotiva escena en la que ambos demuestran cuánto echan de menos a Etta. Aunque volver a verla se hace doloroso, lo cierto es que ha sido muy conmovedor ver cómo Peter ve una y otra vez, casi en bucle, el mensaje de su hija. Algo así como escuchar mil veces una voz grabada en un contestador sabiendo que nunca volverás a oírla.

Olivia, como ya comentamos en el episodio pasado, está dispuesta a hacer todo lo posible por superar la pérdida de su hija, pero junto a Peter. Quiere que ambos afronten la situación unidos, apoyándose el uno al otro. La lástima es que es totalmente ajena al hecho de que Peter ya ha iniciado su camino en solitario. Y no parece tener vuelta atrás…

Gracias a Astrid, la pareja descubre la cinta de Walter y los tres deciden buscar el apartamento para encontrarle. De modo que, sin demasiadas dificultades, Peter y Olivia alcanzan también el universo a medida de Walter. Una cosa que no me ha quedado demasiado clara es la necesidad exacta de la coreografía de Walter. Si hace falta para entrar, ¿por qué a Olivia le basta con darle la mano a Peter para cruzar? Quizás habría sido mejor “obligar” a todos los personajes a ejecutarla para que quedara más claro. En fin…

Siguiendo las instrucciones de la cinta de Walter (cuya segunda mitad sólo puede ser reproducida en el otro lado del “espejo”), Peter y Olivia inician la búsqueda de lo que quiera que necesiten. El hecho de que la cámara funcione en ambos universos parece contradecirse un poco con lo que nos explican (para ser coherentes, sólo debería ser capaz de reproducir cintas en uno de los dos lados), pero vamos a tomárnoslo como una pequeña licencia.

El caso es que a la pareja no le cuesta demasiado encontrar a Walter. Y, cuando lo hacen, descubren que no está solo: le acompaña Cecil, un pobre hombre que se vio encerrado ahí de manera accidental veinte años atrás. Sin embargo, para él, sólo parecen haber pasado unos cinco días. Y aquí es donde el episodio muestra un error garrafal: teniendo en cuenta la proporción que nos explican, el rato que nuestros protagonistas pasan en el universo paralelo (una hora, aproximadamente) tendría que haber correspondido a un intervalo de tiempo mucho mayor en nuestra línea temporal (unos dos meses). Está claro que Astrid no puede tener paciencia como para pasar unos sesenta días de pie junto a una ventana, y da la impresión de que los observers son algo más diligentes a la hora de organizarse para perseguir a un sospechoso. Un fallo muy grande que empaña al episodio, desde luego. Y más aún en una serie que cuida con tanto amor los detalles.

Porque detalles hay muchísimos, y como muestra, he de decir que me ha encantado ver que las puertas de las habitaciones estaban marcadas con los glyphs. Para los personajes aparentemente no significan nada (la propia Olivia pregunta que qué son), pero es evidente que para Walter sí son importantes, porque de otro modo no los habría colocado ahí. Y para la audiencia más aún, ya que esos símbolos nos han acompañado episodio a episodio desde el primer momento. Por cierto, la palabra oculta en los glyphs de esta semana era “Split” (“dividir”).

Pero lo realmente interesante de los apartamentos ha sido descubrir qué es lo que Walter ocultó ahí: ni más ni menos que al pequeño observer que conocimos en “Inner Child”. Ha sido tan maravilloso recuperar el que en su momento fue uno de los grandes misterios de la serie…

Por desgracia, para cuando llegan al apartamento adecuado ya no hay nada oculto allí. No queda ningún rastro del pequeño observer y, como recuerdo, lo único que descubrimos es una radio que, por ahora, está fijada en una frecuencia que no emite nada. Está claro que la radio será esencial para recuperar al niño (y, posiblemente, encontrar al misterioso Donald), pero por ahora no nos ha servido de nada.

Como decía al inicio, espero que pronto las piezas de este rompecabezas comiencen a cobrar sentido. Y es que por ahora no comprendo cómo un pequeño observer puede servir para acabar con los observadores. Pero tiempo al tiempo… por ahora la duda más importante que nos asalta es saber quién es Donald y cómo encontrarle. Parece evidente que es alguien a quien ya conocemos. ¿Por qué, si no, iban a preocuparse tanto por evitar que le viéramos en la cinta? La cosa ahora es saber con exactitud quién es. William Bell y Sam Weiss se me ocurren por ahora como las dos opciones más evidentes. Pero aún podría sorprenderme…

Otro punto interesante del episodio ha sido la incipiente “conversión” de Walter en el hombre que solía ser. Los que le conocemos desde hace tiempo recordamos que, en el pasado, Walter era un hombre terrible para el que los escrúpulos no existían a la hora de conseguir sus objetivos. Y en este episodio ese carácter de antaño ha vuelto a aparecer. La parte positiva es que el propio Walter se ha dado cuenta, y ha advertido de ello a Peter. Además, gracias a eso nos han regalado otra emotiva escena padre-hijo de esas que tantísimo nos gustan.

Por desgracia, no podemos asegurar que Peter vaya a estar ahí para su padre. Y es que su transformación en observer va a pasos agigantados. Las nuevas habilidades que está adquiriendo se hacen más evidentes a cada instante, y la mejor representación que hemos podido comprobar ha sido la lucha cuerpo a cuerpo contra uno de los calvitos, en la que ha salido victorioso.

Sin embargo, no pensemos que esto es algo positivo: los cambios que se están produciendo en Peter son muy sospechosos. Hasta el propio observer parece preocupado cuando descubre lo que ha hecho, y le advierte: “Has cometido un grave error. No sabes lo que te has hecho.” Sabíamos que las acciones de Peter supondrían un gran sacrificio, pero aún no somos completamente conscientes de cuál puede llegar a ser su magnitud. Por lo pronto, ya hay dos factores que deben preocuparnos. El primero, que Windmark ha descubierto el secreto de Peter. El segundo, que sus sentidos han empezado a sentirse alterados…

En definitiva, Fringe nos ha ofrecido esta semana un episodio que, para mi gusto, ha estado por encima de los anteriores. Al menos para mí su ritmo ha funcionado muy bien, y me ha mantenido pegada a la pantalla durante los cuarenta minutos. Sin embargo, me duele decir que me ha molestado mucho el error del desfase temporal… A pesar de ello, he disfrutado mucho con Through the Looking Glass and What Walter Found There. ¿Le ha ocurrido a alguien más?


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