Review Fringe: Transilience Thought Unifier Model-11

Ha costado, pero por fin hemos llegado hasta aquí: estamos en el primer episodio de la quinta temporada, sabiendo con seguridad que es la última. Y, aunque a priori eso no suene demasiado bien, es una de las mejores noticias que nos podían dar. Por un lado, pocos habrían soñado con tener una quinta temporada de Fringe hace un par de años, a la vista de las dificultades que ha tenido en términos de audiencia. Por otra parte, tener la seguridad de que es la última temporada ofrece la posibilidad de cerrar las tramas y darle a la serie un final digno en estos trece episodios. Sin tener que sufrir por culpa de los ratings, vamos a tener la oportunidad de disfrutar de la serie sin más. Ya iba siendo hora… Yo, por mi parte, aporto mi pequeño granito de arena con estas reviews (que ya echaba de menos hacer). ¿Me acompañas en este repaso? La cuenta atrás ha comenzado…

A estas alturas creo que todos coincidimos en que, si la cuarta temporada se caracterizó por algo, fue por levantar odios y pasiones a partes iguales. Y es que si algunos se enamoraron del “reinicio” que nos mostraron, otros vieron en él un simple juego de manos fruto de la pérdida de rumbo de los guionistas (como muestra, la interesante opinión que compartió nuestro compañero Javier Riestra en este mismo blog). Sin embargo, en medio de todo este caos, hubo un episodio que no dejó lugar a dudas: Letters of Transit, el capítulo más sorprendente (y alabado) de toda la temporada. Letters of Transit abría una puerta a una nueva perspectiva, hacia un futuro que cambiaba (de nuevo, y para siempre) el futuro de la serie. Y, a la vez, nos dejaba un sabor agridulce en los labios, a la par que una tremenda duda: ¿volveríamos alguna vez a ver el escenario de 2036? La respuesta a este interrogante no se hizo esperar: volveríamos, siempre y cuando la serie contara con una temporada más.

Ahora, unos meses después, por fin ese deseo se ha hecho realidad. Cerradas las tramas principales en el doble episodio de Brave New World, estábamos deseando retornar a 2036, a ese futuro diatópico y desconcertante gobernado por unos observers mucho más peligrosos de lo que habíamos visto hasta el momento. Y, por suerte, así ha sido.

Una de las dudas que teníamos era la de saber si saltaríamos directamente al futuro, o si nos mostrarían cómo se llegó a la situación actual. Sin embargo, hemos comenzado justo donde nos quedamos en Letters of Transit: Peter ha reconocido a Etta, y ambos (junto a Walter y Astrid) tienen dos objetivos principales. El primero, encontrar a Olivia. El segundo, algo más complicado, salvar al mundo de la dominación de los observadores.

Todo parece indicar que, como en este episodio, se utilizarán pequeños flashbacks o fragmentos de conversaciones para darnos el contexto necesario para poder situarnos como es debido. Por una parte es una pena (sería muy interesante ver todo lo que ha ocurrido en estos últimos años), pero por otro lado hay que tener en cuenta que sólo disponemos de trece episodios más y habrá que condensar la información (eso, probablemente, implicará también la desaparición de los casos autonclusivos).

De hecho, el regreso de Olivia es el mejor ejemplo de esta nueva forma de actuar: rápido y directo. Parece ser que, en el momento en el que optó por ambarizarse, Olivia estaba recogiendo la pieza de un aparato clave para los planes de Walter. Un aparato (el Transilience Thought Unifier Model-11 del que recibe nombre el episodio) que les proporcionó September, el único Observer que, hasta el momento, ha demostrado que la humanidad le importa algo. A todo esto… ¿qué ocurrió con September? Podemos suponer que su traición fue descubierta por los de su especie, pero no sabemos a ciencia cierta nada acerca de su paradero.

El caso es que, quizás con un poco de suerte, pero sin demasiados rodeos, damos con el lugar en el que se encontraba Olivia. Aunque, claro está, tampoco es cosa de simplificar el tema demasiado: antes de encontrar su cuerpo será necesario hacer una parada por el mercado negro. La existencia de este mercado no es algo que nos deba sorprender demasiado: dada la situación, es lo menos que podíamos esperar. Son una forma más de supervivencia, inherente a los tiempos difíciles. Lo que sí puede sorprender un poco es el grado que alcanzan, llegando a traficar con cuerpos vivos como si de baratijas se trataran.

Cuando nos han dicho que el cuerpo de Olivia ya había sido vendido, automáticamente he pensado que los observers se habían encargado de él. Pero la realidad ha sido mucho más sorprendente: ¿alguien se imaginaba al bueno de Markham utilizando a su amor platónico como mesita de salón? Divertido y escabroso a la vez, sin duda.

Por cierto, una cosa que me ha llamado la atención: ¿no os ha sorprendido la relativa facilidad con la que Etta se ha repuesto del disparo del observer? Recuerdo que cuando Peter recibió uno similar lo pasó mucho peor. Aunque claro, por aquel entonces tampoco parecía posible matar a uno de los calvitos con un arma y ahora tampoco parece un impedimento para ella…

De cualquier modo, y sin demasiadas dificultades, Olivia se ha reencontrado con los suyos. Un detalle que me ha encantado ha sido la facilidad con la que ha reconocido a su hija. Recordemos que a Peter le costó casi un episodio completo entender quién era Etta, mientras que a ella le ha bastado poco más que un vistazo para reconocerla.

Ese reencuentro ha sido, además, un punto a favor para Georgina Haig, la actriz que encarna a Etta: su mirada al ver a Olivia me ha emocionado más que todas las palabras anteriores de Peter, y, por primera vez, me he dado cuenta del gran acierto que supone su elección desde el punto de vista del físico. Las palabras que ha cruzado con Olivia, aunque escasas, han sido más que suficientes. Bravo.

Antes de avanzar más en este tema, detengámonos un momento para analizar el contexto en el que se situará esta quinta temporada. Un buen punto de partida podría ser la intro, que ya vimos en Letters of Transit, y que resume a la perfección la situación de esclavitud y control en el que se sume la humanidad. Si bien es cierto que la sensación de agobio era más evidente en el 4×19, este episodio sigue conservando los rasgos tan orwellianos propios de este tipo de distopías. Ha habido detalles muy curiosos, como el hecho de que los observers prefieran un aire más contaminado para respirar (recordemos que provienen de un futuro en el que el mundo está prácticamente destruido por culpa de la humanidad) o que el Bronx sea ahora una de las zonas más “seguras” de Nueva York.

El interrogatorio al que han sometido a Walter también nos ha dado muchas pistas acerca de la manera en la que funcionan las cosas. Una de las más llamativas, sin duda, es la desaparición de la música, algo que no tiene sentido para los calvitos y que, sin embargo, se convertirá en un poderoso símbolo en el enorme final del episodio. Pero luego hablaremos de eso. Si antes comentábamos que este mundo recuerda mucho al universo creado por Orwell, no he podido evitar pensar en su 1984 cuando el observer ha comenzado a manipular a Walter y a decirle que era su aliado. Muy, muy grande…

En el interrogatorio, además, hemos descubierto que September fraccionó los pensamientos de Walter, de manera que sólo pudieran ser reorganizados gracias al mencionado Transilience Thought Unifier Model-11, para así evitar que los observadores descubrieran sus planes. Y, por supuesto, hemos asistido a otra enorme interpretación de John Noble. No podía ser menos…

Más novedades: en este episodio hemos visto trabajar juntos a la que podemos considerar la “nueva División Fringe”. Y lo que he visto me ha gustado. Etta me cae más que bien, y me gusta su relación con el resto de los personajes. Y eso que las cosas no están del todo bien… Una vez más, la relación entre Peter y Olivia pasa por un mal momento. Según hemos podido averiguar, tras la repentina desaparición de Etta (motivada por la llegada de los observers), la pareja no supo mantenerse unida. En palabras de Olivia, “no supieron ser lo que cada uno de ellos necesitaba del otro”. Y es que si Dunham optó por volcarse en su trabajo para superar su pérdida, Peter se negó a dejar de buscar a su hija. Esto explica la frialdad que se apreció en el reencuentro entre los dos, aunque, sinceramente, da la impresión de que la crisis no se alargará mucho más. Espero…

No puedo dejar de comentar, sin embargo, un detalle que me ha chocado mucho y que, quizás, sólo sea cosa mía: no sé si es que soy muy retorcida o qué, pero con frecuencia me da la impresión de que Peter, en lugar de mirar a Etta como si fuera su hija, la mira como si estuviera enamorado de ella. O Joshua Jackson no sabe poner otra cara, o yo soy muy mal pensada. O las dos.

Pero no nos desviemos… Nos vamos acercando al final, y tengo que decir que hay algo que no me ha terminado de gustar: como consecuencia del brutal interrogatorio, Walter ha perdido la memoria. O, al menos, aquellas partes que eran relevantes para la lucha con los calvitos. Y eso no me ha gustado nada. No es que no cuadre con la trama (que lo hace, y a la perfección): es que ya se ha utilizado ese recurso en más de una ocasión… a este ritmo gastarán el cerebro de Walter de tanto manipularlo.

Obviando esto, sin embargo, tengo que decir que el final me ha parecido uno de los más grandes de toda la serie. Recordemos: sin memoria y habiendo perdido todas las posibilidades de acabar con los observers, Walter se siente inútil, responsable de la destrucción de la humanidad tal y como la conocemos. Es entonces cuando un leve destello llama su atención. No es la primera vez que lo vemos: proviene de unos CDs que hay en la calle, y ya los vimos al inicio del episodio (y en el episodio Lysergic Acid Diethylamide…). Sin embargo, si ahí sirvieron para mostrarnos la destrucción de las calles, ahora cobran una nueva perspectiva: su luz se convierte en un rayo de esperanza.

Momentos antes, en su conversación con el observer, Walter explica la importancia que tiene la música para él: “Me fascina. Me ayuda a cambiar la perspectiva cuando lo necesito.” Su interrogador, por supuesto, no entiende a qué se refiere. Pero en ese momento todos los demás lo comprendemos. Por eso no podemos evitar emocionarnos cuando Walter, derrumbado y vulnerable como pocas veces, se sienta a escuchar música en medio de un ambiente desolador. Y es ahí, al ritmo de Yazoo, cuando, por fin, todos vemos ese rayo de esperanza, en la forma de uno de los símbolos más bellos que se han usado en la serie: esa flor, esa diminuta criatura que, contra todo pronóstico, brota de entre las ruinas. Walter sonríe y todos sonreímos con él, recordando las palabras que el observer había pronunciado un rato antes: “No hay esperanza para ti. Nada crece de la tierra quemada.” Estaba equivocado. Existe la esperanza. No sabemos cómo llegará, ni cuándo… pero la posibilidad de salvación está ahí.

Es más, es posible que sí sepamos quién salvará a nuestros personajes: si recordamos bien, en los pequeños flashbacks que hemos visto de Etta de niña ha aparecido con dientes de león. La misma flor que le ha devuelto a Walter las ganas de vivir. Y ya sabemos lo importantes que son estos detalles en Fringe

En resumen, creo que Fringe ha regresado como a nosotros nos gusta: con un episodio cargado de emociones que promete muchísimo de cara al resto de la temporada. Haciendo referencia a la palabra formada por los glyphs (“DOUBT”), la única duda que nos deja este episodio es saber cómo se las arreglarán nuestros personajes para vencer a los observers. Porque lo harán, estoy segura. Y yo estaré ahí para verlo.

Hasta aquí, como siempre, mi opinión, tan solo una más de entre tantas. Por supuesto, estoy deseando ver cuáles son las vuestras, así que os espero en los comentarios. ¡Cómo vamos a disfrutar de esta última temporada! 

Nota del autor
4.5
Vuestra nota
Review Fringe: Transilience Thought Unifier Model-11
3.9 (77.14%) 14 votes

Categorías: Fringe Reviews Etiquetas: , , ,
¡Únete a nuestra comunidad!

Déjanos tu comentario »