Review Fringe: The Human Kind

Se nota que el final se va acercando, y las piezas comienzan a colocarse en su sitio. Al menos, esa es la impresión que da después de ver el último episodio, “The Human Kind”. Un título que sirve para recordarnos (tanto a nosotros como a los personajes) que no debemos olvidar nunca la dimensión que nos hace realmente humanos: la de los sentimientos. De eso precisamente, de sentimientos, se habla mucho en este episodio. Y por eso, en la review hablaremos de sentimientos… y de todo lo que ha ocurrido en estos 42 minutos. ¿Vamos?

Recordando los compases finales del episodio que precedió al parón, Olivia ya sabe a qué se debe el cambio que está experimentando Peter: el artefacto que se autoimplantó le está convirtiendo gradualmente en un observer, con todas las consecuencias que ello conlleva. De modo que, asustada por lo que le pueda ocurrir, decide pedir ayuda a Anil. El papel de Anil en esta temporada resulta, cuando menos, curioso: da la impresión de que apenas si cuentan con él a la hora de tomar decisiones (por no decir que le ignoran por completo), y sólo recurren a él y a la resistencia cuando necesitan algo. No es que lo vea extraño, pero admiro la lealtad y la confianza ciega que demuestra el pobre Anil en cada episodio, ayudando sin hacer una sola pregunta, y arriesgando su pellejo a cada instante.

El caso es que Anil le proporciona a Olivia un artefacto similar al que posee Peter para que Walter pueda investigar la dimensión real que su implantación puede tener en el cerebro de su hijo. Como detalle simbólico (ya sabemos que Fringe está llena de ellos), llama la atención el hecho de que, mientras espera a Anil, Olivia observe cómo, en la distancia, comienzan a retirarse los carteles de “Resist” con la cara de Etta que tan presentes han estado en todos los episodios desde su fallecimiento. ¿Pierde fuerza este mensaje, pasado un tiempo? ¿Significa que las esperanzas comienzan a flaquear?

Y es que, si ha habido una temática común que haya hilado las subtramas del episodio, esa ha sido la esperanza (o, en ocasiones, la falta de ella). Ansiosa por sentirse útil, Olivia decide ir por sí misma a buscar la siguiente pieza de la particular gymkhana de Walter, que no es otra cosa que un imán de dimensiones colosales. A priori, la tarea parece muy complicada: un objeto de ese tamaño no es algo fácil de ocultar, y menos aún durante tantos años. Sin embargo, Olivia descubrirá que su misión es más sencilla de lo que cabría esperar: guiados por una fe inquebrantable, un grupo de personas lleva años custodiando el imán. Y, al frente de ellos, se encuentra Simone, una mujer que, además de una infinita paciencia, posee un extraordinario don que la convierte prácticamente en un oráculo.

Sé que hay gente a la que esta mujer le ha parecido algo “ñoña”. Pero, sinceramente, a mí me ha gustado muchísimo su aportación al episodio. En tiempos de dificultades y desolación, no es nada fácil encontrar a personas que sean capaces de mantener, no sólo la esperanza, sino también una agradable sonrisa en la cara.

Con paciencia, Simone le explica a Olivia el motivo por el que no debe perder la fe. Al fin y al cabo, ella misma ha vivido por y para una promesa que le hicieron a su madre en el pasado. Y, aunque ha habido unos momentos más difíciles que otros, ahora ha encontrado la recompensa a su paciencia.

Sin embargo, Olivia no ve las cosas de la misma manera. Todos sabemos cuánto ha sufrido, y no resulta extraño que desconfíe de todo y de todos. Al fin y al cabo, en momentos como los que está atravesando, andarse con pies de plomo puede significar la diferencia entre la vida o la muerte. Y, a pesar de ello, resulta injusto que se comporte de ese modo con Simone, cuando la pobre mujer no ha hecho sino sacrificarse por los demás.

En cualquier caso, la última conversación entre Simone y Olivia vuelve a traer al primer plano la eterna pugna entre fe y ciencia que hemos visto tantas veces en esta y otras series. Simone representa, obviamente, a la esperanza, la fe ciega en algo que, aunque no es seguro, hace que la espera merezca la pena. Olivia, por su lado, movida por las circunstancias que le ha tocado vivir, y con un discurso que, en parte, ha sido muy al estilo Blade Runner, ha explicado los motivos que han hecho que haya perdido la poca fe que tenía. Pese a ello, Simone continúa sonriendo, y concluye argumentando que la vida no se reduce a las matemáticas: simplemente, no se puede saber todo.

Pese a las previsiones, da la impresión de que el discurso de Simone deja huella en Olivia, a la vista de lo que ocurre después: de vuelta a casa, Olivia cae presa de una trampa montada por unos cazarrecompensas que no tardan en darse cuenta de la suerte que han tenido al dar con una fugitiva tan importante como ella.

Esta parte ha sido, bajo mi punto de vista, la que más ha flaqueado del episodio: me ha dado la impresión de que todo el tema del secuestro no ha sido nada más que una excusa para llenar los minutos que le faltaban al episodio. Y, encima, ver a Olivia tan MacGyver me ha chirriado bastante. Hasta ahora habíamos visto a la agente salir ilesa de las más variadas situaciones haciendo uso, en ocasiones del engaño, y otras de la fuerza bruta. Pero verla fabricar de ese modo un arma me ha parecido que sobrepasaba lo creíble.

A pesar de ello, entiendo la finalidad de todos estos eventos, que sirven para demostrarnos que, en contra de lo que creíamos, Olivia sigue manteniendo la fe. Fe que le viene dada, en parte, por la promesa que le hizo a su hija. Y es que, aunque se retiren los carteles con su rostro, y el resto del mundo olvide a Etta, Olivia sabe que vivirá para siempre en su memoria. Fringe nos resume todos estos sentimientos en un símbolo que ya se ha convertido en todo un icono de esta temporada: la bala que Etta guardó con cariño durante tanto tiempo y que, ahora, custodia su madre. Sin duda, esta es una de las cosas que más me gustan de Fringe y que más voy a echar de menos cuando acabe: su capacidad para transmitir sentimientos sin necesidad de palabras.

Mientras tanto, Walter y Astrid no pierden el tiempo: gracias al artefacto proporcionado por Anil y al cerebro de un antiguo conocido (el protagonista de The Transformation y Nothing As It Seems), consiguen desentrañar en parte el efecto que el implante de Peter está teniendo en su cerebro y recrear qué puede ocurrir en el futuro. Como ya imaginábamos (no en vano llevamos conociendo a los observers bastante tiempo), si bien muchas cualidades del cerebro se desarrollan de manera increíble, su efecto en el área de las emociones es devastador. En otras palabras: si el aparato no se extrae pronto del cuello de Peter, jamás volverá a ser el que era.

A lo largo de todo el episodio Walter ha tratado de hacer entrar a Peter en razón, rogándole que detenga el proceso en el que está sumido. De ahí, probablemente, la palabra “PLEAD” (“súplica”) que formaban los glyphs del episodio. Pero Peter no estaba dispuesto a seguir los consejos de su padre: esa sensación de saberse dueño de su mente, de ser capaz de hacer cosas que hasta entonces jamás había podido imaginar… es algo demasiado jugoso como para dejarlo escapar. De hecho, cuando le explica a su padre cómo se siente, incluso he llegado a pensar que Walter terminaría insertándose el otro aparato. Al fin y al cabo, ya sabemos lo atractivo que es el conocimiento para Walter, e imagino que sentirse como Peter describe debe ser algo realmente atractivo para él. Sé que para la serie no habría sido bueno que Walter también comenzara a convertirse en un observer, pero reconozco que he disfrutado fantaseando con la idea de ver a padre e hijo experimentando juntos dicha transformación.

El caso es que las súplicas de su padre han sido en vano: Peter estaba empecinado en vengarse de Windmark, y todo lo que se pusiera en su camino no era sino un estorbo. Es curioso, además, que a Peter no le baste con matar a Windmark (algo que, de hecho, aún no se ha producido), sino que se empeñe en llamar su atención. Y es que, aunque a lo largo del episodio ha tenido varias ocasiones para acabar con él, se ha limitado a hacerle saber que le estaba controlando.

Por suerte (para la credibilidad de la trama, claro, no para Peter), Windmark es más listo de lo que parece, y ha descubierto pronto la estratagema de Peter. Al fin y al cabo, Bishop es un amateur en este tema, incapaz de superar a alguien que lleva toda su vida controlando variables temporales. Por eso el enfrentamiento entre ambos era necesario: para hacer ver a Peter que las cosas no son tan sencillas como piensa.

Llegamos, pues a la escena final del episodio: si hay alguien capaz de convencer a Peter para que abandone este camino que ha iniciado en solitario, esa es Olivia. Y no una Olivia cualquiera, sino una Olivia que viene con fuerzas renovadas, convencida de que Etta sigue viva en ellos y segura, además, de que tienen que estar unidos para poder cumplir la promesa que le hicieron. De ese modo, Dunham pronuncia uno de esos discursos tan llenos de sentimientos que nos dejan con el corazón en un puño. Tanto, que es capaz de conmover a un hombre que ya apenas si tiene emociones. Esa sucesión de imágenes del pasado han sido un modo muy convincente de hacernos comprender los sentimientos que experimenta Peter.

De modo que, gracias a Olivia, Peter decide extraerse el aparato observer. Mi opinión ante este hecho es un poco contradictoria: por un lado, sabía que ese momento tenía que llegar si no queríamos perder a Peter; por el otro, su transformación me parecía lo más original e interesante que le había ocurrido al personaje, ya no sólo en la temporada, sino en toda la serie. Es una lástima que no podamos presenciar por completo su proceso de transformación, y sólo espero que, en el próximo episodio, Peter aún no esté completamente normal, sino que mantenga algunas de las cualidades que ha adquirido, aunque sea sólo de manera temporal.

Como último detalle, vemos que Peter sólo ha accedido a quitarse el aparato después de comprobar que Windmark estaba actuando nuevamente conforme a sus planes. ¿Significa eso que, aunque haya detenido su transformación, seguirá adelante con la idea de acabar con su vida? No me extrañaría, teniendo en cuenta lo obcecado que es y lo que le obsesiona el tema. Sin embargo, para ver si es cierto, tendremos que esperar al próximo episodio. Hoy nos quedamos con el hecho de que, por ahora, las cosas comienzan a encajar. A pesar de ello, quedan pocos episodios para el final, y aún no sabemos en qué consiste el plan de Walter ni cómo se llevará a cabo. Se aproximan curvas, y, quizás, el final de este episodio haya sido uno de los últimos momentos tranquilos que puedan tener nuestros personajes en lo que nos queda de serie. Así que dejemos que lo saboreen mientras esperamos al próximo episodio…

 

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