Review Fringe: The Boy Must Live

main

Aunque parezca mentira, hemos llegado ya a la penúltima review de Fringe. A pesar de que quedan dos episodios, sabemos que se emitirán la semana que viene uno tras otro, con lo que prácticamente podemos decir que The Boy Must Live ha sido la penúltima entrega de la serie. Un episodio especial, que, según lo visto en los comentarios, ha dividido mucho la opinión, pero que ha tenido el valor de hacer algo que pocas series se han atrevido a hacer: sentar a los personajes en un sillón y empezar a explicar algunas de las grandes dudas de estas cinco temporadas. ¿Vemos qué nos hemos encontrado?

Si hacemos memoria, el episodio anterior nos dejó con la sorpresa de descubrir que Donald, el misterioso ayudante de Walter en el pasado, no es otro que September. Sin embargo, no tenemos ni idea de dónde se encuentra y de cómo localizarle. Por suerte, Walter recurre a algo que hemos visto muchísimas veces en la serie pero que ya llevábamos tiempo sin utilizar: el tanque. No puedo evitarlo: siempre que aparece me acuerdo de esa fría mujer, Olivia Dunham, introduciéndose por primera vez en el tanque en el episodio piloto, cuando aún era una completa desconocida…

El caso es que la idea de Walter da sus frutos: gracias a la rápida visita al tanque, conseguimos localizar el apartamento de Donald. Está claro que, hasta el final, Walter será el personaje más brillante de la serie, y el más ocurrente. Hoy, además, le hemos visto cargado de un optimismo que hacía mucho tiempo que no irradiaba. De hecho, el propio Peter se lo ha comentado, y la respuesta que ha recibido es más que sorprendente: desde que Michael le tocó, Walter es capaz de recordar hechos que tuvieron lugar en la otra línea temporal (algo que ya le ocurrió a Olivia). Y eso, lejos de asustarle, le ha llenado de optimismo y de resolución a la hora de afrontar el plan que traen entre manos. Por si alguien tenía alguna duda, hemos recuperado a nuestro Walter, al de siempre, de cara a la finale.

Sin embargo, y a pesar de sus nuevos recuerdos, Walter no es capaz de recordar en qué consiste el plan que había ideado para librarse de los observers. De ahí que localizar a Donald sea tan importante. Por suerte, su búsqueda ha sido más sencilla de lo esperado: una vez localizado el apartamento de la visión de Walter, sólo ha hecho falta llamar a la puerta. Y, veinte años después, ahí estaba September. O, mejor dicho, Donald. Si la semana pasada aún había quien tenía dudas sobre cuál de las dos versiones era la original (si Donald o September), hoy ha quedado muy claro. Y no ha sido la única duda que se ha resuelto…

01

Como decíamos antes, The Boy Must Live ha dado respuestas a muchos interrogantes. Respuestas que, lo reconozco, pueden no haber convencido a todo el mundo. Pero ahí están, dándole un sentido a todo, tratando de establecer un orden en el caos que supone un argumento tan complejo como este. Y eso, en mi opinión, es digno de alabanza.

A dos episodios del final, Fringe se detiene para sentarse, de la mano de Donald, a explicarnos qué está ocurriendo, y a darle un sentido a la búsqueda de las cintas que ha articulado gran parte de la temporada. Vamos a resumir los aspectos más importantes de esas revelaciones:

Por un lado, ya sabemos por qué September se convirtió en Donald: como castigo por implicarse más de lo debido en la línea temporal original, le sustrajeron el implante del cuello, condenándole a vivir como un humano más. De ahí que ya no posea ninguna de las habilidades que caracterizan a los calvitos.

Por otra parte, hemos asistido al nacimiento de los observers. Ya sabíamos que eran una versión futura y, en cierto modo, mejorada de los seres humanos. Pero hoy hemos comprendido su auténtico origen, el 20  de febrero de 2167, fecha en la que, por primera vez, se decidió reprimir un sentimiento humano (los celos) para favorecer el desarrollo de la inteligencia.

Una idea que en un principio podría parecer coherente e, incluso, aceptable, llegó a unos límites insospechados, que terminaron por suprimir cualquier tipo de emoción para poder crear unos seres cada vez más inteligentes. Se perdió la perspectiva de la auténtica naturaleza del ser humano. Y aquí es donde Fringe se autohomenajea. Y es que, desde el principio, esta serie ha sido capaz de hacer que nos planteemos hasta dónde estamos dispuestos a llegar con el desarrollo científico. Es una cuestión que, en las primeras temporadas, estuvo siempre ahí, despertándonos la conciencia de algún modo, y guiándonos hacia la idea de que tratar de jugar a ser dioses puede salir muy caro. Y la creación de los observadores es el mejor ejemplo de ello.

02

Siguiendo nuestro relato, y debido a la supresión de los sentimientos, la reproducción humana pasó a ser un proceso llevado a cabo en los laboratorios. Y ahí es donde el niño observer cobra sentido: es una anomalía, sí, ya lo sabíamos, pero es la anomalía de September. A su manera, Michael es su hijo, un ser que nació para ser destruido, y que sobrevivió gracias al fuerte sentimiento que su padre sentía hacia él. Enlazamos así a la perfección con la trama de Inner Child, en la que se nos decía que el chico podía llevar cientos de años encerrado. Y, de hecho, así era.

El plan, pues, queda revelado: nuestros protagonistas deben viajar al futuro, a esa fecha clave de 2167, y convencer a los científicos de que la supresión de sentimientos es un error, y de que es posible mantener la empatía a la vez que desarrollar la inteligencia. Michael es la prueba viviente de ello. Según September, no es un observer cualquiera: es una versión mejorada, que no ha tenido que liberarse de las emociones para desarrollarse. A pesar de que no sea capaz de articular una palabra…

Ahora bien, ¿qué implica todo esto? ¿Qué ocurriría si nuestros protagonistas consiguieran viajar al futuro y llevar a cabo su plan? Según lo que se nos ha dicho, la consecuencia es que los observers no existirían y, por tanto, jamás invadirían la Tierra tratando de destruir a los seres humanos. Olivia incluso ha soñado con recuperar a su hija. Pero las implicaciones van más allá. No soy una experta (ni me acerco…) al tema de las paradojas temporales. Pero, tal y como yo lo veo, hay dos escenarios posibles:

  1. Que, tal y como se ha comentado, los observers nunca lleguen a existir. En ese caso, y remontándonos a los orígenes de la serie, September jamás distraería a Walternate en su laboratorio, con lo que podría salvar a Peter. De ser así, Walter nunca tendría que cruzar al otro lado y, por tanto, la guerra entre universos no tendría lugar. En ese caso, Peter jamás conocería a Olivia, con lo que Etta nunca habría existido. Como mucho, veríamos a Henry… pero nuestra Olivia no tendría el final feliz que desea, está claro.
  2. Que los observers sí lleguen a existir, pero sin la supresión de sentimientos. Es decir, que todos los observers sean una versión light, similar a September (y August), y capaz de empatizar con los humanos. En ese caso, suponemos que lo que no se daría nunca sería la invasión observers, con lo que retrocederíamos a la escena del campo con los dientes de león, con Peter, Etta y Olivia viviendo como una familia feliz, sin ser separados nunca por los observadores.

Teniendo en cuenta estos dos posibles escenarios, añadimos una idea más: según nos han explicado en este episodio, Walter tiene que sacrificarse para que todo salga según lo previsto y la situación se solucione. Ahora bien, ¿en qué consiste dicho sacrificio? De nuevo, encuentro dos opciones posibles, atendiendo a las dos posibilidades que ya hemos comentado:

  1. Si el “reseteo” implica que los observadores nunca lleguen a existir, el sacrificio de Walter consistirá en perder a su hijo. Es coherente con el resto de la serie. Y, si lo pensamos bien, no es un tema nuevo: recordemos que, antes de que Peter se introdujera en la máquina, Walter tuvo que pasar por un duro proceso que le llevó a la aceptación de que, al final, tendría que prepararse para perder a su hijo. Fringe siempre ha sido la historia de un padre tratando de salvar a su hijo (llámales Walter y Peter o September y Michael), y el mayor sacrificio al que se puede enfrentar es perderle para siempre.
  2. De darse la otra opción, suponemos que el sentido de “sacrificio” es mucho más literal, culminando con la muerte de Walter.

¿Son posibles estas alternativas? En mi opinión, ambas tienen cabida en la serie. La primera, mi preferida, me parece mucho más coherente con todo lo que hemos visto, aunque daría un final poco esperanzador a la serie: no importa cuánto tratemos de salvar a los que queremos; el destino termina corrigiéndose y poniendo cada cosa en su lugar. La opción más valiente, sin duda.

La segunda alternativa daría a los personajes un merecido final feliz. Se arriesgaría menos, está claro, pero nos dejaría con un buen sabor de boca. Y, sinceramente, me parece que la serie puede inclinarse más por ella.

¿Se os ocurre alguna alternativa más? Por ahora estas son las dos que veo más probables…

03

No quisiera cerrar esta trama sin mencionar el que probablemente sea el aspecto más polémico del episodio: el significado de las palabras “The boy must live”. A lo largo de la serie siempre hemos dado por hecho que Peter era importante, y que September le salvó por algún motivo esencial. Ahora, sin embargo, nos dan a entender que esas palabras siempre se refirieron a Michael, y que si September le salvó, fue porque, en cierto modo, se sintió identificado con Walter y su lucha por salvar a su hijo. ¿Es un juego de manos tramposo? Probablemente. Nos confundieron deliberadamente, haciéndonos creer que Peter era la clave. Sí, vale… ¿y qué? Para eso están los giros de guión, para confundir al personal haciéndole creer cosas que no son. No creo que esta idea estuviera clara desde el principio, pero me gusta que hayan utilizado elementos de siempre para darle sentido a lo que vemos. Además, no deja de ser coherente dentro de la serie: September siempre fue un personaje muy ambiguo, y sus palabras se podían interpretar de muchas maneras. Dentro de las trampas de guión que tantas veces hemos visto en las series, creo que esta puede presumir de estar bastante bien llevada, la verdad…

Una de las cosas que más me ha convencido del episodio ha sido la interpretación de Michael Cerveris. En su encarnación de Donald ha sabido darle al personaje un lado muy humano pero sin dejar los gestos y movimientos característicos de September. Hemos visto a la vez a los dos personajes en él, y ha sido un placer poder contar con él en el episodio. Sus interacciones con Michael han sido muy emotivas, al igual que la emoción reflejada en sus ojos en algunos momentos de la conversación.

Igualmente, el momento “White tulip” con Walter ha sido digno de recordar. Sabéis que White Tulip es mi debilidad en la serie, y el simple hecho de que lo hayan mencionado ya merece toda mi admiración. Pero es que, además, la conversación en la que se ha utilizado este símbolo ha sido esencial: asustado, Walter necesita una vez más ese tulipán blanco, el símbolo que le indica que, pase lo que pase, todo irá bien. Esa simple flor dibujada en papel es para él una señal de Dios, algo que le da fuerzas para seguir adelante y valor para llevar a cabo los sacrificios que sean necesarios. No sabemos con certeza dónde está ese tulipán ni qué hizo Walter con él. Pero mantengo la esperanza de que aún lo podamos volver a ver antes de poner punto y final a la serie. Sería tan maravilloso…

The Boy Must Live nos ha traído, además, otra trama muy interesante: hemos explorado la manera en la que algunos observers comienzan a desarrollar emociones humanas que no saben explicar. El ejemplo más claro, sin lugar a dudas, es el de Windmark: siente algo parecido al odio, que le lleva a querer destruir a nuestros personajes. Tanto que pide permiso para viajar al pasado y acabar con ellos desde el principio. Por suerte, su superior se lo prohíbe, argumentando que nuestros personajes no son lo suficientemente importantes como para tener que provocar un reajuste de la realidad. Me gusta este Windmark, que lucha en su interior con algo que no sabe explicar ni dominar, y le da una dimensión mucho más interesante.

Otro grandísimo ejemplo (qué bien se le dan a Fringe estas cosas) ha sido el momento en el que el acompañante de Windmark, al escuchar el jazz, empieza a marcar el ritmo con el pie de manera involuntaria. Su cara de asombro refleja justo lo que comentábamos: esa sensación de no saber qué se siente, pero de no poder evitarlo…

04

Pero vayamos ya al final del episodio, que esto se está alargando más de la cuenta: tenemos claro que, para triunfar, nuestros personajes deben trasladar a Michael al futuro. Eso, claro está, si el niño se deja… y es que justo al final del episodio, en un movimiento que nadie esperaba, Michael ha decidido entregarse ante Windmark. ¿Pretendía, simplemente, evitar que capturaran a Peter, Walter y Olivia? ¿Tiene el pequeño algún plan que no ha explicado a nadie? ¿Cómo es posible que sólo queden dos episodios y que, la semana que viene, a estas alturas, Fringe ya haya pasado a formar parte de las series finalizadas? Cuánto nos va a costar despedirnos de ella… 

Nota del autor
4.5
Vuestra nota
Review Fringe: The Boy Must Live
4.4 (87.52%) 125 votes

Categorías: Fringe Reviews Etiquetas: , , ,
¡Únete a nuestra comunidad!

Déjanos tu comentario »