Review Fringe: Os

Review Fringe: Os

Una vez más la campana de William Bell (Bell’s bell) encabeza una review de Fringe. Ya lo había hecho en Momentum Deferred (como ya comentaremos más despacio…), y esta vez ha vuelto a sorprendernos, a algunos para bien y a otros para mal. Lo que está claro es que no ha dejado a nadie indiferente. Con un final polémico donde los haya y un caso con ecos mitológicos ya hemos pasado el 3×16, un episodio que ha mantenido el 1,5 de share y que está dando mucho, pero mucho de qué hablar. ¿Lo comentamos?

Como iba diciendo, hasta donde he podido ver, Os ha despertado dos tipos de reacciones totalmente enfrentadas: o ha encantado, o, prácticamente, ha horrorizado. Y el motivo principal es, precisamente, ese final que, nos guste o no, nos ha dejado a todos con la mandíbula desencajada. Personalmente, superada la sorpresa inicial, tardé un rato en decidir si lo que había visto era de mi agrado o no. Y, sí, me ha gustado. Me ha gustado, más que por lo que ocurre en sí, porque me interesa mucho qué es lo que pretenden hacer con eso. Pero esto es sólo el final del episodio, y antes de centrarnos en ello hay mucha tela que cortar…

Ya comentamos hace unos días que Jorge García haría un cameo en el episodio. Y, a decir verdad, se han tomado lo de “cameo” al pie de la letra, ya que casi no hemos podido verle. Jorge, que últimamente parece el observer de la parrilla actual, suma Fringe a su lista de apariciones en series en emisión. Esta vez protagoniza un inicio un tanto surrealista, en el que Walter y un empleado de Massive Dynamics se lo pasan de lo lindo jugando a ser el Gran Hermano de la empresa mientras fuman algo que, si no es Brown Betty, no está muy lejos de serlo. Una escena simpática que, desde el primer momento, ha sentado una de las ideas principales del episodio: la gran diferencia que existe entre Walter y William Bell. Siempre es un placer ver al bueno de Jorge, un hombre que derrocha simpatía por los cuatro costados, y su escena, precisamente por esa falta de trascendencia, me ha encantado.

Qué grande, dude…Qué grande, dude…

Ahora bien, cameos aparte, lo primero que realmente me ha enganchado de este episodio ha sido la presentación del caso. Ya sabía lo de los hombres-globo (el problema de ver promos…), pero me han confundido por completo con el tema de la perspectiva. Y es que, ¿quién no ha pensado que los ladrones estaban caminando por el techo en lugar de andar por el suelo? Un gran recurso el de girar la imagen para confundir al espectador.

Tenemos pues, a unas personas que flotan en el aire. Algo extraño, sin duda, a la vez que útil para unos ladrones. No sé si a vosotros os ha ocurrido igual, pero la presentación del caso me ha recordado a Safe, aquel episodio en el que unos ladrones eran capaces de atravesar las paredes. Esta vez, sin embargo, la cosa es bien diferente: los ladrones no son tales, sino pacientes de Krick, un doctor un tanto particular cuya intención es devolver a su hijo, paralítico, la capacidad de caminar.

El caso en sí me ha gustado: además de la obvia curiosidad por saber cómo era posible que estas personas volaran, desde el primer momento me intrigó el motivo por el que los ladrones tenían los miembros inferiores atrofiados. A pesar de que estaba bastante claro, no caí en la cuenta de que podían ser paralíticos hasta bastante avanzado el episodio.

Obrando el milagroObrando el milagro

Sin embargo, la escena en la que podemos ver cómo uno de los muchachos se levanta de su silla por primera vez y comienza a caminar, aunque intensa, no me ha llenado todo lo que, en teoría, debería. Aunque quizás sea problema mío, ya que es posible que tras el magnífico baile de Marionette me resulte muy difícil volver a emocionarme con una escena de este tipo…

Como suele ser habitual en Fringe, el caso de la semana no es, ni mucho menos, la historia de un “malo” al uso. Una vez más, haciendo un paralelismo con la historia de Walter y Peter, hemos visto cómo un padre, en su desesperación por salvar a su hijo, trata de hacer todo lo que esté en su mano, aunque ello signifique el dañar a muchas personas inocentes. En esta ocasión, además, se introduce una cuestión adicional: ¿y si en realidad el hijo no necesita, o no quiere, ser salvado? Sinceramente, una de las cosas que más me ha llamado la atención ha sido la decepción de Michael al ver que su padre no lo veía sino como a alguien que necesita “ser arreglado”. Es curiosa la forma en la que la misma clase de amor puede despertar reacciones tan diferentes en las personas. No siempre ese espíritu de sobreprotección paternal es lo más adecuado, aunque esté motivado por la mejor de las intenciones…

Pero el caso, además de por la evidente relación con la historia de Peter y Walter, también ha destacado por su matiz mitológico, uno de los rasgos que más me han gustado del episodio. Todos conocemos la historia de Ícaro y Dédalo, una historia que ha conseguido sobrevivir en la cultura colectiva a pesar del paso del tiempo, y que ha tenido tantas interpretaciones como narradores: si bien los padres se lo cuentan a sus hijos demostrándoles los perjuicios de desobedecer a los progenitores, los más cobardes se consuelan reprochando al joven Ícaro sus temerarias inquietudes, mientras que los más soñadores envidian sus ansias de volar.

El riesgo de volarEl riesgo de volar

Aquí hemos encontrado una nueva versión del mito, aunque algunos elementos sí que se han mantenido: la determinación de Dédalo por liberar a su hijo de su particular laberinto, y los riesgos que entraña desafiar a la gravedad y tratar de volar más allá de nuestras posibilidades.

En este proceso Walter termina descubriendo que el comportamiento anómalo de la unión del Osmio y el Lutecio no se debe a un milagro de la naturaleza, sino que es consecuencia, una vez más, de sus errores del pasado. Abrumado ante la impotencia de no poder hacer nada, Walter vuelve a sentirse superado por la sombra de William Bell. Me da bastante lástima ver el complejo que siente el pobre Walter ante su antiguo compañero, y que ya nos han enseñado en más de una ocasión. De modo que, una vez más, Walter retoma la idea de “contactar” en cierto modo con Bell. Y vaya si lo consigue… En todo este proceso, el apoyo de Nina Sharp ha sido esencial. Cada vez me gusta más su personaje, y me encanta la relación que mantiene con Walter. Los diálogos entre ambos son enormes.

Pero antes de precipitarnos vamos a hablar un poco sobre Olivia y Peter. No sé a vosotros, pero a mí me encanta la manera en la que están tratando su relación. Hay signos evidentes, y prueba de ello son la alegría de Walter o la permanente sonrisa de Olivia (¡así da gusto verla!). Pero también se han alejado del lado más “empalagoso”, uno de los temores de los espectadores de la serie. Me gusta también ese acuerdo mutuo de confianza total, que ha hecho que Peter le confiese a Olivia la verdad acerca de su “secretillo” sobre los cambiaformas. Aunque no me ha quedado claro si Olivia se ha enterado del todo…

Hello, PeterHello, Peter

Llegamos, por fin, a la escena más polémica del episodio. Walter ha encontrado, rebuscando en los archivos de Bell, una forma de contactar con su alma. Y no sólo eso; según cuenta, sabe cómo arreglar los daños que se han producido en el tejido que separa ambos universos. Esta idea no debería pasar desapercibida: ¿significa eso que, por fin, nos encaminamos hacia la resolución del conflicto entre universos? Eso parece.

Llevado por ese complejo de inferioridad que comentábamos antes, Walter cada vez se siente más dependiente de William Bell, y por eso decide hacer todo lo posible por contactar con él. Ahí en donde entra en juego la campana (¿tuvieron esto en cuenta los guionistas a la hora de nombrar al personaje?), objeto que ya vimos en la finale de la primera temporada, y que luego recuperamos en Momentum Deferred. La última ver que la vimos, pasó a ser propiedad de Nina como parte del testamento de Bell.

Es cierto que a muchos les ha parecido facilona la forma de traer a William de vuelta. ¿De verdad a nadie le había dado por hacer sonar antes la campana? Aparentemente no, y tendremos que creerlo. En su defensa podemos decir que cuando Nina recibió la campana, esta estaba guardada en una urna, con lo que es posible que, realmente, nadie la tocara.

¿Eres William?¿Eres William?

Después de la divertida forma en la que Walter le ha preguntado a Nina si era William Bell, hemos descubierto realmente dónde ha ido a parar el alma del científico. A la pregunta de, ¿puede ocurrirle aún algo peor a la pobre Olivia? se suma el ser poseída por el alma de un difunto.

Entiendo perfectamente que a muchos este final les haya parecido poco creíble, o incluso ridículo. Por mi parte, no voy a tratar de convencer a nadie de lo contrario, pero sí que me gustaría explicar por qué a mí sí que me produce confianza.

En primer lugar, una de las cosas que más se ha criticado es que el tema del “alma” va más allá de los límites de la ciencia ficción. Personalmente, no me ha parecido tan incoherente teniendo en cuenta que estamos hablando de una serie en la que, desde el primer momento, Olivia consigue introducirse en la conciencia de su prometido, que está al borde de la muerte, y en la que Walter es capaz de recuperar las últimas imágenes captadas por los ojos de un cadáver. Para mí, tanta ciencia ficción es una cosa como la otra, así que realmente no veo la diferencia.

Por otra parte, no es gratuito que Olivia sea precisamente la elegida para acoger el alma de Bell, ni que la campana sea la forma de activar esta capacidad. Ya hemos visto a Olivia en más de una ocasión acoger diversas conciencias. Y también sabemos, desde el final de la primera temporada, de la existencia de una especia de vínculo entre Bell y ella. Además, no es la primera vez en la que la campana “activa” a Olivia. Sólo hay que retroceder a Momentum Deferred, el episodio que mencionábamos antes, para ver que esta relación no es algo que los guionistas acaban de sacarse de la manga. Tras volver a echarle un vistazo a la escena en la que William interactúa con Olivia en ese episodio, lo que ha ocurrido en el final de Os me ha resultado mucho más convincente.

AmazingAmazing

Cambiando de tercio, apostaría mi mano izquierda (soy zurda y le tengo mucho aprecio) a que Anna Torv no podía ni imaginarse la que se le venía encima el día que leyó el piloto de Fringe. ¿A cuántos personajes diferentes ha interpretado ya? ¿Deberá seguir forzando la voz durante mucho tiempo? No sabemos cuánto tendremos a Bellivia entre nosotros. Personalmente, prefiero que sea lo menos posible, aunque también me siento muy intrigada por lo que Bell pueda aportarnos.

En resumen, aunque el final pueda parecer chocante, creo que deberíamos tener un poco de paciencia antes de formarnos una opinión demasiado radical acerca del último giro.

Vamos, por último, a comentar el vídeo que contiene el Typewritten Message de esta semana. La palabra formada por los glyphs, por cierto, era “EARTH”:

Muy al estilo Harry Potter, ¿no? A decir verdad, no es la primera vez que pienso eso: debe ser difícil tratar de encontrar una capa de invisibilidad cuando se pierde…

Terminamos entonces con el repaso a este episodio, y con ganas de ver por dónde irán los tiros la semana que viene. Yo ya he comentado lo que me ha parecido Os. Ahora es vuestro turno: ¿os ha gustado? ¿Pensáis que Fringe ha saltado el tiburón? ¡Estoy deseando leeros!

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