Review Fringe: Making Angels

Ya era hora. Después de más de tres temporadas era más que justo poder dedicarle algún episodio a Astrid, un personaje secundario desde el punto de vista de la trama principal, pero esencial en la dinámica y la relación de los protagonistas. Venía mereciendo su momento desde hacía mucho tiempo. Y, aunque creía que en este episodio veríamos muchos más minutos de ella, lo cierto es que su papel ha encajado perfectamente con lo que es: alguien discreto, pero imprescindible. Y aún así, de diez. Como la nota que le pongo al episodio. Porque sí, porque me ha gustado. Y porque aún sigo conmoviéndome al recordar a las dos versiones de Astrid frente a frente…

Es algo que venimos diciendo desde hace mucho y que hoy ha vuelto a quedar demostrado: cuando Fringe utiliza la carta de la interacción entre los dos universos, gana muchísimo. En Making Angels lo ha hecho con maestría, no sólo con Astrid, sino también con las dos versiones de Olivia, en especial con la pelirroja. Pero de eso hablaremos un poco más adelante. Hoy el protagonismo es para quien lo merece, y no quiero retrasarlo más.

Estamos acostumbrados a ver a Astrid desde el primer episodio. Cuando la conocimos en el piloto ya ayudaba a Olivia desde un segundo plano. Y, sin embargo, siempre ha estado ahí, en todo momento, sin reclamar nada de nadie, atenta y servicial, y con una paciencia envidiable hacia Walter, al que trata como si fuera un padre. Pero, a pesar de todo, apenas si sabemos cuatro datos de su vida.

Con respecto a Al-trid nos ocurre algo parecido. Conocemos el papel tan relevante que juega en la división Fringe calculando probabilidades y relacionando datos aparentemente inconexos. Sabemos que es alguien muy especial y, a pesar de las diferencias con su versión alternativa, comparte con ella su gran sentido del deber y su dedicación total al trabajo. Por eso verla saltarse las normas y cruzar al otro universo es algo que nadie esperaba.

El encuentro entre las dos versiones de Astrid ha sido una de las mejores escenas del episodio. Una reacción divertida pero natural (¿quién no se sobresaltaría al encontrarse frente a frente con su otro ‘yo’?) ha dado paso a un momento extraño y emotivo a la vez. Sinceramente, la actuación de Jasika Nicole me ha dejado sin respiración. Y no porque haya habido grandes gestos, diálogos complejos o reacciones inesperadas. Más bien al contrario. Lo que me ha llenado ha sido la fragilidad del instante, esa sensación de estar observando un momento íntimo desde fuera y no querer ni respirar para no romper la magia.

Es curioso lo iguales y diferentes que son a la vez los dos personajes. Astrid me encanta; Al-trid me fascina. La primera siempre me ha parecido adorable. La segunda me ha enamorado en este episodio. Y me ha roto al compartir su impotencia a la hora de demostrar sus sentimientos. Que alguien aparentemente tan frío como ella haya sido capaz de cruzar de universo sólo para encontrar a alguien que la comprendiera es algo maravilloso. Y triste. No me digáis que no se os ha removido algo por dentro al oír a Al-trid confesar su incapacidad para amar, renegar de su forma de ser. Supongo que, cuando oigo hablar del síndrome de Asperger automáticamente pienso en alguien como Sheldon Cooper. Y la actuación de Jasika Nicole (inspirada en su propia hermana, que padece la enfermedad) le da una dimensión nueva, más real, y mucho más dura.

Una vez más, el personaje de Astrid ha vuelto a demostrar lo grande que es al final del episodio. Después de convencer a Al-trid de que no debe sentir ningún tipo de culpabilidad por la relación con su padre, llegamos a su casa y comprendemos que la realidad es bien distinta. La relación entre Astrid y su padre es inmejorable, y el amor que hay entre ambos se ve a la legua. Al-trid nunca lo sabrá, y no tiene por qué hacerlo. Y, sin embargo, su conciencia ha quedado mucho más tranquila después de oír la mentira piadosa de su alternativa. ¿Habría cambiado algo Astrid diciendo la verdad? Nada en absoluto. Al menos no para bien. Imagino que todos tenemos una Astrid en nuestras vidas, alguien que pasa sin hacer demasiado ruido pero cuya presencia nos es esencial día a día, aunque no le demos las gracias tanto como debamos. Y qué afortunados somos de contar con ese tipo de personas…

La agente Farnsworth (la de over there) ha hecho mella en más de un personaje. En especial en Walter, al que, con su manera directa de decir las cosas, ha hecho reflexionar acerca de su relación con Peter. A la observadora Al-trid no se le ha escapado que el verdadero motivo por el que Walter trata así a Peter es porque tiene miedo de sufrir. Y, sin embargo, le ha dado una de las respuestas más sensatas con respecto al tema que hemos oído hasta ahora: ¿No sería mejor creer que es tu hijo, quererle y ser feliz? Razón no le falta…

Pero la visita de Al-trid también nos ha dado momentos muy divertidos. Uno, enorme gracias a la recurrencia del gag, la cara de Astrid al ver que Walter se sabe el nombre de su alternativa y el suyo no. El otro, la cara de la pobre Al-trid al probar el café. Ay, hija, si yo no tuviera café no sé si podría sobrevivir en vuestro universo…

Aunque Al-trid no ha sido la única capaz de arrancarnos una sonrisa esta semana. Altivia también ha hecho de las suyas, aprovechando su visita a este universo para bromear con Walter y remover un poco los sentimientos de Olivia. Con el primero se lo ha pasado en grande, jugando a ser “la mala” pero ganándose su simpatía. Con la segunda no ha tenido tanta suerte… aunque ha hecho que se fije algo más en Peter. Pobre Lincoln, que se va unos días por ahí y cuando regresa se encuentra todo patas arriba. No sé si veremos alguna evolución en la relación entre Peter y Olivia dentro de poco, pero al menos Altivia ha puesto la semilla. Desde luego, esta pelirroja me cae mucho mejor que la de la línea temporal original…

Vamos, por fin, al caso de esta semana, que no es moco de pavo. Nos hemos encontrado con un asesino piadoso, alguien capaz de ver el sufrimiento futuro de las personas y evitar sus calvarios acabando con sus vidas de manera prematura. Una vez más, un “malo made in Fringe”, un antagonista con fines comprensibles pero sin el derecho a ejercer su voluntad a placer.

Lo interesante del caso, sin embargo, no ha sido la habilidad de nuestro protagonista para ver el futuro, sino el origen de esta capacidad: Neil, que así se llamaba el “salvador”, en realidad tenía en su poder un dispositivo perteneciente a los observers, con el que poder observar a la vez pasado, presente y futuro, en esa realidad atemporal en la que viven los hombres del maletín.

Hay varias cosas interesantes con respecto a este tema, aunque no me quiero extender demasiado. Lo primero, es la idea del Deus ex machina propuesta por Al-trid y tan alegremente aceptada por Walter. El aparato que poseía Neil no había sido inventado; no era posible. Sólo una deidad (o alguien similar) podría haberlo hecho. Y, descartada la idea de Dios, los observers son los seres que encajan en el perfil. Parece una tontería, pero no lo es: al atribuir estas características a los observers los estamos separando de los seres humanos por completo. No son “hombres del futuro” o “humanos que han desarrollado capacidades especiales”. No. Son seres de una naturaleza muy distinta a la nuestra.

Por otra parte, al final del episodio se nos ha revelado que el dispositivo azul que controlaba Neil en realidad pertenece a September. Nuestro observer favorito lo perdió en 1985, cuando, cito literalmente, “no salvó al chico”. Además, March (temporalmente voy a llamar así a este observer hasta que se diga lo contrario) le ha contado a December que September le desobedeció y no borró los rastros de Peter. Vaya, con tanto mes esto parece una canción infantil. Una duda, ¿cómo puede September seguir actuando como un observador sin su dispositivo? En fin, dos cosas están claras. La primera es lo importante que es Reiden Lake en la trama principal. La segunda es que September no tiene las cosas nada fáciles. En realidad, que le hayamos visto tan poco en esta temporada es sospechoso. Y ahora que su superior ya sabe que le desobedeció, suponemos que habrá represalias. ¿Se debe a eso el disparo que tenía en el teatro de la ópera cuando habló con Olivia? No parece el modus operandis de los observers, pero nunca se sabe…

En cualquier caso, hemos llegado al final de la review. Es cierto que el episodio no ha avanzado en la trama, pero no ha sido un impedimento para que disfrutara con él. Vuelvo a declararme fan de Astrid y su alternativa, y a partir de ahora veré a las dos mujeres de forma diferente. Por otro lado, estoy deseando saber de una vez qué ocurre con los observers en general y con September en particular. Antes de cerrar, me queda comentar que la palabra formada por los glyphs era “Empath”, que hace referencia a una empatía que se puede aplicar tanto al protagonista del caso autoconclusivo como a Astrid. Ahora sí, me toca ir terminando por aquí. Os cedo el turno de palabra, porque estoy deseando conocer vuestra opinión (la de los que aún no habéis comentado, claro está). ¿Qué os ha parecido Making Angels?

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