Review Fringe: Liberty + An Enemy of Fate

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Última review de Fringe. Leo estas palabras y aún no me lo puedo creer. O, mejor dicho, no quiero creérmelo. Sentada frente a la pantalla del ordenador, me tiemblan las manos. Es la última vez en la que analizaré un episodio de esta serie. Atrás quedan momentos emotivos, largas discusiones, teorías alocadas, dudas frente a las renovaciones… Todo eso forma parte del pasado. No hace mucho que he terminado de ver el episodio número 100, y una multitud de sentimientos aún se agolpa en mi cabeza, esperando a ser ordenados. Pero, por encima de todo, tengo una impresión que me tranquiliza y me obliga a esbozar una sonrisa: este emocionante recorrido de cinco años ha merecido la pena.

Liberty, la primera parte de esta finale doble, engancha poco después del momento en el que cerró el episodio anterior: Michael está con Windmark (incomprensiblemente, porque no llegamos a entender qué lleva al chico a entregarse), y nuestros personajes necesitan recuperarle para poder llevar a cabo su plan. Gracias a Broyles, averiguan dónde se encuentra retenido: nada menos que en Liberty Island.

Por supuesto, ha sido estupendo volver a ver a Broyles en esta finale. El jefe, ese hombre que en los inicios de la serie nos parecía tan poco accesible, ha demostrado una vez más ser un fiel aliado; un verdadero amigo. De modo que, arriesgando su puesto y su vida, “The Dove” no ha dudado a la hora de proporcionar información a los protagonistas. Una información esencial para llevar a cabo el plan.

El hecho de que Michael estuviera retenido en Liberty Island ha sido, sin duda, un detalle magnífico. ¡Cuántas veces hemos visitado la estatua de la libertad en la serie! Este punto, uno de los símbolos más importantes de la diferencia entre los universos paralelos, se convierte ahora en un punto esencial para los observers, que lo han convertido en poco menos que una fortaleza. La isla de la libertad convertida en una prisión. Qué ironía…

En cualquier caso, debido a las fuertes medida de seguridad, liberar a Michael parece una tarea imposible. Y ahí es donde Olivia hace una propuesta que, inevitablemente, nos lleva a dar un gritito de emoción: hay que liberar al chico a través del otro universo.

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Si hubiera que elegir un puñado de rasgos que caractericen a Fringe, el de los universos paralelos sería, sin duda, uno de los primeros. La serie ha explorado de manera ejemplar ese aspecto, haciéndonos reflexionar acerca de cómo cada una de nuestras decisiones, cada pequeño aspecto de nuestras vidas puede resultar esencial a la hora de forjar nuestra personalidad. Los universos paralelos han sido uno de los grandes aciertos de la serie, y recuperarlos en este final, uno de los mejores gestos que podíamos encontrar. Y es que (y esta es una de las grandes virtudes de la finale), Fringe ha cerrado haciendo homenaje a lo que ha sido, recordando cada uno de sus puntos fuertes, y trayendo de vuelta cada una de sus cualidades.

Y lo ha hecho con maestría, repasando momentos inolvidables que todos teníamos grabados a fuego en nuestras mentes. Estoy segura de que, al activar la ventana al otro universo para comprobar si era seguro, más de uno se ha trasladado a ese ático, años atrás, en el que, junto a Carla Warren, Walter nos mostraba por primera vez el otro lado: “Gentlemen, you’re looking through a window into another world.

Por eso también, entre otras cosas, teníamos que ver el Cortexiphan. Y creo que no soy la única que ha visto un brillo en los ojos de Walter al oír la sugerencia. Por supuesto, usar la sustancia conlleva sus riesgos, algo que Olivia está dispuesta a aceptar. Y algo que, también, nos alegra: la escena en la que Walter inyecta el Cortexiphan nos ha traído de vuelta a la mejor Anna Torv, esa que parecía haber estado aletargada durante buena parte de la temporada y a la que tanto hemos echado de menos. Por unos instantes ha regresado la Olivia vulnerable, esa que trataba de mantenerse fuerte pero que se derrumbaba al enfrentarse al vacío de su apartamento. Esa que nos conquistó hace tanto…

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Y el Cortexiphan funciona. No nos podía fallar a estas alturas. Nos trasladamos al otro lado, a ese universo rojo que tan amenazante se presentaba en las primeras ocasiones pero que, ahora, sin embargo, recordamos con cariño. Imagino que no hace falta que os explique lo que se siente al volver a pisarlo. Habíamos echado de menos a aquellos personajes, y despedirnos en condiciones de ellos ha sido otro regalo.

Hay que decir que tanto Altivia como Lincoln han envejecido muy bien. Y, a pesar del paso de los años, me gusta ver que no hay nada que pueda sorprenderles: “He pasado 21 años encerrada en ámbar.” Bien, de acuerdo. No hay más preguntas.

Por supuesto, Altivia ha vuelto a enamorarnos con esa personalidad tan desbordante que tiene. Un par minutos y es capaz de emocionarnos con su manera de hablar de su familia y de hacernos reír con esa advertencia a su marido: “You can stop checking my young ass.

Lincoln, por su parte, ha tenido el cierre que merecía. La última vez que le vimos, cruzando al otro lado, nos asaltaban las dudas. ¿Sería capaz de adaptarse? ¿Estaba haciendo lo correcto? ¿Encontraría la felicidad que merecía? Hoy, con satisfacción, podemos responder de manera afirmativa a todas estas preguntas. Y es lo mejor que le podíamos desear a su personaje.

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Pero el tiempo apremia, y Olivia tiene que salvar a Michael. El chico sigue tan impasible como siempre, sin decir ni hacer nada que nos pueda dar una pista sobre lo que piensa. Eso sí, está claro que aliarse con Windmark no entra en sus planes. El interrogatorio en el que el observer comienza a sangrar mientras trata de comprender al niño ha sido una de las escenas más extrañas pero a la vez interesantes del episodio.

En su afán por comprender a un ser que posee sentimientos y, a la vez, un desarrollo cognitivo muy superior a todo lo que conocen hace que los observers decidan estudiarle a fondo. Y eso implica, por supuesto, acabar con su vida. Por suerte, Olivia es capaz de llegar a por él en el momento exacto.

Tengo que decir que las escenas del pasillo, en las que Olivia lucha por situarse en uno de los dos universos, mientras ve de manera alternativa lo que ocurre en los dos, me han encantado. Han sabido transmitir a la perfección el caos que había en la cabeza de Olivia, haciendo casi imposible ver qué correspondía a qué. Por suerte, la ayuda de Altivia y Lincoln resulta, una vez más, esencial.

De modo que, acercándonos ya al final de Liberty, Olivia ha conseguido lo que se había propuesto: recuperar a Michael. Sólo le queda despedirse de Altivia por última vez. Y lo hacen sin grandes gestos de emotividad, sin palabras grandilocuentes ni frases memorables. Se dicen adiós con la mirada, porque no hace falta nada más. Al fin y al cabo ambas no dejan de ser la versión de la misma persona. No necesitan decir nada para saber lo que piensan. Lo contrario no habría encajado en su manera de ser. Nos despedimos así, para siempre, del universo rojo, del que tan buenos recuerdos conservamos…

Sólo nos queda mencionar la labor de Donald en este episodio. Gracias a él, todas las piezas de la gymkhana que ha supuesto esta temporada comienzan a cobrar sentido. Con la delicadeza y la precisión propias de un relojero le vemos manipular cada uno de los elementos, que comienzan a cobrar forma. Pero, por desgracia, no todo sale como esperaba: el generador de energía ha sufrido las consecuencias del paso del tiempo, y es inservible.

Por ese motivo, Donald decide visitar a un viejo conocido: December. Si nos preguntábamos qué fue de los observadores “originales”, aquí tenemos la respuesta: los que supieron seguir las instrucciones siguen vivos y viviendo con los demás. December se muestra un poco reticente ante la visita de su antiguo compañero. Pero, a pesar de todo, le invita a entrar a su apartamento. Cierra la puerta, y con ella cerramos el penúltimo episodio de la serie. No sin antes fijarnos en lo simbólico que resulta el número del apartamento de December: 513. El número del siguiente episodio. 5×13. El final.

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El segundo episodio, An Enemy of Fate, comienza justo en el mismo punto, con la visita de Donald a December. La conversación entre ambos nos sirve para dar explicación a algunos interrogantes a los que, hasta ahora, no habíamos sabido dar respuesta. Los doce observers “originales”, los doce que se llamaban como los meses del año, viajaban en el tiempo engañados, pensando que iban a llevar a cabo una misión muy diferente a la real. El problema es que, en cierto modo, salieron defectuosos: fueron capaces de desarrollar sentimientos por los humanos. Algunos trataron de ocultarlos. Otros, como August (ay, August…) y el propio September, no fueron capaces, y se implicaron más de lo debido.

Ahora la situación no ha cambiado demasiado: December, a pesar de sentir cariño hacia los humanos, no se atreve a dar el paso definitivo que supondría la desaparición de los de su propia especie. Donald, sin embargo, está dispuesto a sacrificarse por ellos. “He visto a esta gente y merece la pena salvarles”, dice. Y afirma algo que será clave el resto del episodio: “El destino se puede cambiar.

Sin embargo, December no puede con tanta presión: vencido por la disyuntiva ante la que se encuentra, se rinde y decide acabar con su vida, ahorcándose. Pero no es el único que duda ante la aparición de sentimientos: el propio Windmark se ve embargado por una emoción muy específica, algo que le reconcome y dirige todos sus actos: el odio. Así se lo confiesa a Broyles, al que tortura tanto como quiere después de capturarle. Está claro que los observers, poco a poco, comienzan su autodestrucción: la aparición de unos sentimientos que no saben cómo controlar se convierte, para su desgracia, en su peor enemigo.

El hecho de no tener el “disparador” de Donald resulta ser un contratiempo que, sin embargo, nuestros personajes superan sin mayor complicación, gracias a Astrid. Sólo a ella se le ocurre aprovechar la energía que los propios observers generan con las “rutas de transporte” que crean para comunicar épocas diferentes. Un punto positivo para Astrid, esa genial mente pensante que, a pesar de pasar desapercibida en la inmensa mayoría de las ocasiones, se ha convertido en un miembro esencial de todo este entramado.

Sin embargo, lo que más nos sorprende de todo esto es, en realidad, la actitud de Michael. Olivia se acerca a él, pidiendo su ayuda, y el chico no responde: se limita a llevarse un dedo a la boca, señal de silencio. ¿Acaso no tiene nada que decir? ¿No hace falta que lo haga, porque sabe que todo se va a resolver? ¿Pide a los personajes que guarden silencio y busquen las respuestas en ellos mismos? Jamás un único gesto había provocado tantas dudas…

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Turno para Walter. Llegados a este punto, el científico sabe que el final feliz que buscan pasa por su propio sacrificio: en el futuro, Michael necesitará un guía, y él está preparado para serlo. De aquí que, antes de ser ambarizado, se inyectara una sustancia que le permitiría hacer el viaje en el tiempo sin sufrir daños. Y de ahí que esté listo para despedirse de sus seres queridos…

Comienza con Peter, que, buscando en el ámbar, encuentra una cinta dirigida a sí mismo. Una cinta grabada años atrás en la que Walter desvela su plan. Le explica que le ha enviado una carta (esa carta…) y que ha tenido que sacrificarse por él. Pero no se arrepiente… “The time we had together I stole.” Cada minuto con Peter ha supuesto disfrutar de un regalo que no le correspondía. Pero no lo cambiaría por nada del mundo. Cuando Walter vaya al futuro, se convertirá en una paradoja, y desaparecerá a partir de 2015, tal y como Peter desapareció hace un par de temporadas. Toda huella de su existencia se borrará. Un enorme sacrificio que Walter acepta sin dudar, por su hijo. Y es que eso es lo que Fringe ha sido siempre: el sacrificio de un padre por la persona a la que más quiere:You are my favourite thing, Peter. My very, very favourite thing.

Para no perder la tradición, vuelvo a reclamar el reconocimiento que John Noble merece y que aún no ha recibido. Y si alguien había conseguido no emocionarse con la escena que acabamos de comentar, no creo que haya podido resistir a la siguiente: la despedida de Astrid. La chica, tan cariñosa como siempre, le dice a Walter que tiene una sorpresa para él: ha encontrado a Gene en el ámbar. Cómo no, nuestra vaca favorita tenía que aparecer en estos últimos episodios. Y de la mano de Astrid, ese apoyo moral que Walter ha tenido siempre. Y así se lo explica a ella, agradecido: siempre ha sabido estar a su lado, animarle cuando estaba triste, y frenarle cuando daba rienda suelta a su imaginación más allá de lo aconsejable. Ha sido su balanza emocional, un pilar esencial para él. Y esta extraña pero inseparable pareja nos ha dejado una de las frases más emotivas del episodio:

– It’s a beautiful name.

– What is?

– Astrid.

Resulta increíble que estas palabras tan sencillas, que fuera de contexto no significan nada, puedan emocionarnos de tal manera. Lo hemos comentado muchas veces: a la hora de hablar de sentimientos, Fringe es única. Y lo ha vuelto a demostrar.

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Walter, por su parte, ha cerrado con quien quería hacerlo. Pero Donald tiene aún algo que decir: ha cambiado de opinión; él acompañará a Michael al futuro. Se ha puesto la otra inyección, la de reserva, y ha tomado una decisión, llevado por sus sentimientos. Quiere a su hijo, aunque no sepa bien cómo comunicarse con él. Pero está dispuesto a hacer lo que sea con tal de salvarle, y cree que acompañarle es el mejor modo posible de demostrarle que le quiere. Walter lo acepta, por supuesto; porque le entiende.That’s being a father.

Estas escenas que acabamos de comentar suponen la calma antes de la tempestad, el único respiro que nos conceden antes de que los hechos se sucedan de manera trepidante hasta su resolución.

Y la acción, precisamente, comienza con uno de los mejores homenajes que se podían hacer de la serie: la recopilación de todos los Fringe Events que Peter y Olivia usar para atacar a los observers y los loyalists. Los hemos ido repasando, y de manera inmediata hemos ido recordando en qué contexto los vimos por primera vez. Hay tantos… que realmente no tiene sentido nombrarlos todos. Sangre, cabezas que explotan, mariposas que cortan como cuchillas, manos con seis dedos… toda una galería de horrores que, lejos de asustarnos, nos agrada. Porque lo recordamos con cariño, y no podemos evitar sonreír…

Y un último detalle de calidad: salvar a Broyles. A pesar de saber que, una vez llevado a cabo el plan, el agente sobreviviría, Peter y Olivia deciden ayudarle. Nadie queda atrás, si puede evitarse. Qué grandes son estos personajes…

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Tras eso, y ya en la calle, la acción se sucede: disparos, persecuciones, observers que flotan (“Because it’s cool”)… y la sensación de que, ahora sí, todo puede salir bien. Pero claro, aún tenemos un cabo suelto: Windmark y su odio visceral hacia nuestros personajes. El observador trata de volver a hacerse con Michael, a pesar de la resistencia de nuestros personajes. Y entonces tiene lugar otro momento increíble:

Olivia se encuentra en el suelo, derrotada, y a pocos metros de ella está la bala que representa a su hija. Tras ella, las luces de la ciudad comienzan a apagarse. No nos cabe duda de que se debe a su enfado, ampliado por los efectos del Cortexiphan que aún corre por sus venas. Es Ability, pero a lo grande. Y, de repente, un coche sale despedido a la velocidad del rayo, aplastando a Windmark. Michael vuelve a llevarle el dedo a los labios, y nosotros nos deshacemos en preguntas: ¿Ha sido él? ¿Ha sido ella? ¿Qué demonios significa ese gesto y por qué volvemos a verlo?

Pero no tenemos tiempo para pensarlo: las balas siguen cruzándose y una, por desgracia, alcanza a Donald. No podrá cumplir su promesa de guiar a Michael. Pero, lo que es peor, no podrá demostrarle que le quiere… o sí. El chico, durante un instante, saca de su bolsillo la cajita de música y hace sonar la melodía que escuchamos la semana anterior. Como el propio Donald explicó, padre e hijo no se comunican de la manera tradicional… pero saben expresarse.

Por desgracia, la muerte de Donald tiene una consecuencia más: Walter debe cruzar el portal para acompañar a Michael. Y lo hace sin dudar. Estaba preparado para hacerlo… Coge de la mano al chico y se dirige a la luz, dispuesto a salvar a sus seres queridos, y al resto a de la humanidad. Dispuesto, una vez más, a sacrificarlo todo. Un gran final para el mejor personaje de esta serie. Un enorme final para el mejor actor.

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Fundido en negro. Luz, un diente de león… estamos de nuevo en esa escena que nos llevan anunciando desde el inicio de la temporada. La conocemos de sobra. Nos la sabemos de memoria. Peter, con los brazos abiertos, llama a Etta, que se acerca corriendo hacia él. Y entonces, sólo entonces, se lleva a cabo ese abrazo inconcluso que nunca había llegado a darse. El plan ha funcionado. Nuestros personajes han conseguido la felicidad por la que tanto han luchado.

Ya en casa, Peter revisa el correo. Y hay dos cartas importantes. Una va dirigida a nosotros, en la que se nos agradece el apoyo recibido a lo largo de estos años. Fringe debe mucho a los fans, y no lo han olvidado. La otra es para él. Es de Walter, y contiene el mejor mensaje que podíamos esperar: el tulipán blanco. El símbolo más poderoso de la serie, originado en uno de los mejores episodios de Fringe. Ese mensaje que le dio a Walter la fuerza necesaria para seguir adelante, y que ahora posee su hijo. Si me hubieran pedido elegir un símbolo más emotivo para cerrar la serie, no habría sido capaz de decantarme por ningún otro.

Peter lo mira,  extrañado, y su gesto cambia de repente. ¿Ha recordado? ¿Sabe qué es lo que está mirando? Cada uno podrá dar a ese último gesto la interpretación que desee. Y nadie podrá desmentirlo. Yo, por mi parte, sólo puedo ofrecer la mía. Creo que, en ese mismo instante, Peter tiene un déjà vu. Y, si me lo permitís, voy a citar unas palabras del propio Peter. No corresponden a este episodio sino, precisamente, a White Tulip. Dicen así:

Yeah, I read that déjà vu is Fate’s way of telling you that you’re exactly where you’re supposed to be. That is why you feel like you’ve been there before. You are right in line with your own destiny. (Sí, leí que un déjà vu es la manera que tiene el destino de decirte que estás exactamente donde se supone que debes estar. Por eso te sientes como si hubieras estado ahí antes. Estás en la línea correcta con respecto a tu propio destino).

Estas palabras no pueden ser casualidad. Peter recuerda, y sabe que está exactamente donde debe estar. Todo ha salido como debía. Fringe no tiene nada más que decir. No hace falta que diga nada más…

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Ya está, se acabó. Fringe ha cerrado sus puertas para siempre, después de cinco años. Ha dado lo máximo que ha sabido. Desde el punto de vista argumental, sabemos que no ha sido perfecto. Siempre quedan lagunas, punto por resolver, pequeños errores que preferimos ignorar… aunque seamos conscientes de ellos.

Entonces, ¿por qué he decidido darle la máxima puntuación? Porque, sinceramente, estoy más que satisfecha con él. Fringe ha cumplido. No nos dio grandes promesas, y no ha tenido que pagar el precio que ello conlleva. Ha sido honesta consigo misma, y nos ha dado un final que ha supuesto un auténtico homenaje a su esencia. Y a los espectadores que, fielmente, la hemos seguido a cada paso. Fringe ha sido coherente, y es lo mejor que podíamos pedirle.

Después de cinco años, ha sabido cerrar sus tramas sin perder la esencia de lo que era; de lo que es. Si alguien me pregunta si ha merecido la pena, mi respuesta será un rotundo sí. Seguir Fringe durante estos años ha sido una experiencia inolvidable, y siempre la recordaré con cariño.

Por último, no puedo despedirme sin dar las gracias. Gracias, en primer lugar, a TodoSeries por la oportunidad de encargarme de Fringe y por el enorme voto de confianza que depositaron en mí hace ya unos años. Y gracias, por supuesto, a vosotros, los lectores, que cada semana habéis animado los posts de la serie con vuestros comentarios, haciendo esta experiencia algo mucho más rico de lo que jamás habría esperado. A todos… gracias.

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301 comentarios

  1. Chulon

    Buen final de temporada. Me ha parecido floja en general y bastante innecesaria. Creo que esta trama de la invasión nunca debió existir, pero al menos se ha cerrado bien con 2 capítulos llenos de detalles a los espectadores.

    Lo que no me ha gustado nada es que las verdaderas razones de los observadores nunca fueran descubiertas. ¿Invadir el pasado para qué? Invadieron esa época porque era el momento de mayor probabilidad de éxito, pero no explican nunca en qué debían tener éxito. Nunca se sabrá…

    Adiós Fringe!

  2. […] y es un hombre demasiado adorable para no perdonarle. Y si no, recordemos su despedida en el último episodio de la serie: “You are my favourite thing, Peter, my very favourite thing”. Llorásteis, […]

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