Review Fringe: In Absentia

Ya estamos en la segunda semana de Fringe, y por fin estamos comenzando a habituarnos a los cambios introducidos en esta temporada. In Absentia ha sido un episodio importante en este proceso, que nos ha servido para conocer algo más no sólo el mundo de 2036, sino también la manera en la que este contexto ha influido en la vida de las personas. Un episodio que, sin embargo, a la vista de los comentarios, no ha terminado de convencer a todos. ¿Los motivos? Vamos a hablar de ellos. Eso sí, tras el salto… ¿Me acompañas?

In Absentia comienza regresando al flashback que ya vimos la semana pasada, aquel en el que fuimos testigos de la repentina llegada de los observers. Sin embargo, esta semana hemos cambiado de punto de vista, y nos ponemos en la piel de Olivia (que será, de hecho, el personaje que nos guíe en este episodio hacia el descubrimiento de la realidad de 2036). Lo cierto es que me gustan estos flashbacks, y se agradece que podamos ir aprendiendo nuevos detalles del pasado (obviando los pequeños errores de continuidad con respecto a los recuerdos de Peter, que no sabemos si son resultado de la diferencia de percepción de los personajes o, simplemente, errores sin más).

En cualquier caso, en esos primeros pasos del episodio ya se nos introduce el que será el tema principal del episodio: el descubrimiento de la auténtica Etta, la persona en la que se ha convertido en estos años, en ausencia (“In Absentia”, que diría el título) de sus padres. A saber: Olivia va a lavarse las manos y descubre unas fotografías que resumen, de manera muy breve, la vida de su hija. Imágenes que tienen a la chica como denominador común, pero que incluyen a otras personas que le son totalmente desconocidas. Sólo entonces comienza a ser consciente de la realidad: aunque para ella apenas hayan transcurrido un par de meses, su hija ha vivido toda una vida sin ella, y realmente no la conoce.

Ya comentábamos antes que esta trama es la parte más interesante del episodio. Si bien la semana pasada (de la mano de Peter, especialmente) nos sirvió para maravillarnos ante el reencuentro con Etta (sólo hay que recordar las caras de orgullo de sus padres al mirarla), hoy nos enfrentamos con la realidad: no es oro todo lo que reluce, y la pequeña e inocente chica del flashback se ha convertido en una mujer endurecida por las circunstancias y más peligrosa de lo que parece. ¿Creíamos que Olivia era dura? Pues nos quedábamos cortos…

Pero vamos a detenernos aquí un momento y a retomar la trama principal por donde la dejamos la semana pasada: gracias al “unificador de pensamientos” (cortesía de September) sabemos que existe una manera de vencer a los observadores. Sin embargo, la pérdida de memoria de Walter cierra, por el momento, la puerta a la esperanza. Sus vanos intentos por recordar algo sólo le llevan a chapurrear unas frases sueltas en sueco (cuya traducción, según leo, es algo así como “El futuro del mundo depende de ti. El qué, lo he olvidado.”) y en portugués.

Sin embargo (no podía ser de otro modo), existe la posibilidad de recuperar dicha información: sabemos lo cuidadoso que es Walter con todos sus proyectos, y su obsesión con recopilar todos los datos relevantes. De modo que es más que probable que exista un registro de todo. Eso sí, en su viejo laboratorio de Harvard. Claro está, si lo de pasear por la calle libremente ya es un lujo al alcance de todos, colarse en una universidad ocupada por los observers parece imposible. Pero esta incursión ha sido menos complicada de lo que podría parecer gracias a una trampilla oculta en el exterior de la universidad. Trampilla que nos lleva a la siguiente imagen, una de las más polémicas del episodio:

Sin ánimo de entrar en discusiones, tengo que decir que sí, que para mí esta imagen es un clarísimo guiño a Lost (el que quiera comparar, que pinche aquí y compare). Un guiño simpático que, sin embargo, no tiene por qué convertirse en un motivo de discusión: está claro que Lost no inventó las escotillas, pero el plano es demasiado similar como para obviarlo. Y no, quizás no sea la única referencia hacia la serie de la isla en el episodio (la presencia de “Desmond” y “Radzinsky”, las cintas con instrucciones del pasado…), pero tampoco creo que por ese motivo haya que crucificar a nadie. De hecho, si bien he afirmado que el plano de la escotilla me pareció muy claro, no me ocurrió lo mismo con los vídeos “de orientación”. Dicho esto, y sin querer ahondar más en un tema que ya cansa, prosigo con el episodio.

Ha sido agradable volver a ver el laboratorio de Harvard (aunque eché en falta a Gene…), un lugar tan emblemático en esta serie. En cierto modo, ha sido como “volver a sentirse en casa” después de un largo viaje. Hasta los personajes parecían más relajados en ese ambiente (tanto que llamaba la atención la naturalidad con la que hablaban, como si no tuvieran miedo a ser descubiertos allí).

Como era de esperar, Walter sí que mantuvo el registro de las pistas que habíamos comentado. Eso sí, en vídeo, una opción algo más que cuestionable teniendo en cuenta la facilidad con la que podrían estropearse las cintas. Sin embargo, a efectos de la narración, es mucho más fácil mostrar el contenido de unas viejas cintas que releer páginas de notas escritas a mano.

Es aquí donde hace su aparición Manfretti, un miembro de los Loyalists, o partidarios del régimen de los observers. Un pobre desgraciado que comete el error de estar en el lugar equivocado en el momento erróneo, pero que nos servirá para analizar las graves repercusiones que la nueva situación ha tenido en la humanidad.

Está claro que esto es la guerra, y que los que no son tus aliados están, simplemente, contra ti. No hay medias tintas, y así es como lo ve Etta, que ha crecido en un mundo en el que la gama de colores se reduce al blanco o negro. Su naturalidad al torturar a Manfretti hace que nos demos cuenta por primera vez de la realidad: esto no es un juego; o tú, o los demás.

Por supuesto, Olivia se horroriza ante esta perspectiva. Siempre hemos sabido que Dunham era una mujer fría que no se dejaba llevar por sentimentalismos. Pero, ante todo, ha actuado siempre teniendo muy claro dónde están los límites entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto. Y torturar a un pobre diablo que pretendía alimentar a unas palomas no entra dentro de lo que considera aceptable.

Pero claro, es fácil hablar cuando no te has criado en ese contexto. Son las circunstancias las que nos llevan a actuar así, eso está claro. De otro modo no existirían las guerras, y mucho menos las atrocidades que se cometen en ellas. Gente que asesina a sus hermanos, amigos enfrentados por ideas de otros… cuando tu única intención es sobrevivir y proteger a los tuyos, todo lo demás se vuelve relativo. Y así es como lo explica Manfretti, que se alía con los observadores por miedo, y por poder asegurarle un futuro a su hijo.

Es Olivia la que ha conectado con él, quizás motivada por la similitud que siente al ver que ella, en cierto modo, también perdió a su hija por culpa de los observers. Y le promete que le visitará y le dirá que deje de esperar en vano a su padre cada día. ¿Se cumplirá esa promesa en el futuro? Ya lo veremos.

Desde un punto de vista más práctico, Manfretti también se convierte en una pieza clave para nuestros personajes: necesitan energía para poder recuperar la cinta de vídeo, y Manfretti es el único con una clave de acceso que les permita obtener dicha energía. Disfrazar a Peter como un Loyalist ha sido un gran acierto (aunque aún no he perdido la esperanza de verle sin pelo), y me ha alegrado mucho que – a pesar de lo que nos han dado a entender – no haya sido necesario quitarle un ojo a Manfretti para poder acceder al edificio.

La visita de Peter y Etta a los pisos superiores nos ha servido para conocer más información. Por ejemplo, sabemos que ahora los observers tienen números (hasta ahora los conocíamos por los diferentes meses del año), y que están realizando duros experimentos con los humanos. Muy al estilo nazi, sin duda. Prueba de ello es la imborrable imagen de la cabeza de Simon, separada del resto del cuerpo, pero capaz de parpadear de manera autónoma… Está bien que Fringe no escatime en detalles como este que, al fin y al cabo, siempre han sido su seña de identidad.

La reacción de Etta al ver a su antiguo jefe es una de las pocas señales que, a lo largo del episodio, nos muestran que, a pesar de las apariencias, Etta sigue siendo humana. Detrás de esa capa de crudeza forjada a través de los años, la chica sigue dejándose llevar por sus emociones, y se aferra a sus sentimientos. Prueba de ello es la bala que conserva y que guarda con tanto cuidado. No sabemos a quién pertenece (en un primer momento pensamos que podría ser de Olivia, pero no parece así), aunque estamos deseando saber qué historia se oculta detrás de ella.

Es precisamente a este lado más humano de Etta al que apela Olivia cuando le pide que tenga compasión con Manfretti. Y aunque ella al principio no entiende por qué ha de tenerla, termina comprendiendo el porqué de lástima que se aprecia en los ojos de su madre; el miedo a lo que los observers se han llevado.

El final del episodio es, pues, una reconciliación entre madre e hija: conseguido el objetivo (en este caso, obtener la información necesaria para conseguir las cintas), no hay por qué causar más dolor. Eso es lo que Etta descubre por primera vez en su vida, dejando marchar a Manfretti (a pesar de que éste le había ocultado la verdad sobre su hijo para evitar que se sintiera culpable).

La tenacidad de Olivia, pues, salva a los dos personajes en este episodio: hace que Etta se dé cuenta de que hay ciertos límites que no se deben cruzar, y ofrece un rayo de esperanza para Manfretti, que, por primera vez, comienza a creer que hay una posibilidad de ganar. Siembra la fe (“FAITH”) que subrayaban los glyphs a lo largo del episodio.

Recuperada la energía en el laboratorio (al ritmo de The Moody Blues), Walter y Astrid por fin consiguen extraer la preciada cinta (¡Beta, cómo no! ¿Quién iba a ser tan vintage como Walter?). Y la información que contiene no sé si me termina de convencer… ¿Se va a convertir el resto de la temporada en una búsqueda de las bolas de Dragón, pista a pista? Dicho así no suena demasiado emocionante… aunque cuadra con el carácter autoconclusivo de la serie en gran parte de su recorrido. Un episodio, una cinta. No termina de llenarme… Por supuesto, habrá que ver cómo evoluciona esta idea antes de juzgarla demasiado pronto.

Pero eso será a partir de la semana que viene. Por ahora, nos quedamos con In Absentia. Si la semana pasada sirvió como preámbulo a la temporada, este episodio ha sido la introducción a la auténtica trama principal. Esperaremos con ansias el siguiente para ver cómo evoluciona la cosa. Hoy, la verdad, me quedo con muy buen sabor de boca: Fringe se crece cuando se trata de explorar la personalidad de los personajes, y este acercamiento necesario entre Olivia y Etta lo han llevado de manera impecable. Por ese lado, nada que objetar. Claro está, esa es solamente mi opinión… ¿cuál es la vuestra?

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