Review Fringe: Five-Twenty-Ten

Vaya ritmo ha cogido Fringe en estos últimos episodios. Yo, que no terminaba de convencerme del todo con el tema de la búsqueda de las cintas, he vuelto a enamorarme de la serie en esta temporada. Y la culpa es (¡quién lo iba a decir!) de Peter. ¡Cómo está la cosa, señores! Pero no digamos nada más por aquí, vaya a ser que se nos escape algún spoiler. Mejor aprovechamos las líneas que nos quedan para avisar de que se aproxima un parón importante: no habrá episodio nuevo hasta el 7 de diciembre. Ahora sí, vamos a lo nuestro…

Si en el episodio de la semana pasada ya nos quedábamos con dudas acerca de los cambios que estaba sufriendo Peter (recordemos que, en los últimos instantes, comenzó a ver alterada su visión), el inicio de este episodio nos ha demostrado que la cosa no queda ahí. La transformación de Peter avanza a pasos agigantados, y se convierte en la trama más interesante de la temporada. Aunque suene irónico (no olvidemos que Peter se está transformando para poder salvar al mundo), me interesa tanto lo que está ocurriendo con él que ni siquiera me importa si el plan de Walter de acabar con los observers avanza o no. Lo sé, no es muy buena señal…

Pero qué queréis que os diga: Peter siempre ha sido mi personaje menos favorito de los tres principales, y Joshua Jackson el actor que menos me convencía. Quizás por eso esta revelación, justo al final de la serie, me está sorprendiendo tanto. Y es que no sólo la trama engancha (que también): Joshua Jackson lo está haciendo a la perfección. Sus gestos, sus miradas, sus tics, el tono de su voz… se está convirtiendo en un observer, y creo que nadie puede negar que lo esté haciendo de manera convincente.

Su transformación, además, nos ayuda a comprender un poco más a los calvitos. Comenzamos a ver imágenes desde su punto de vista, y entendemos al fin lo que September ya nos explicó en otras ocasiones acerca de la manera en la que observaban diversos tiempos a la vez y las ramificaciones originadas como consecuencia de cada minúsculo acto. Precisamente esta capacidad es la que aprovecha Peter para poner en marcha su plan: acabar con Windmark y todos los observers que le reodean. Ha comenzado con sus secuaces, y lo ha hecho al más puro estilo Fringe: recuperando un caso antiguo (el que más, de hecho, al ser el caso del episodio piloto).

Supongo que os habrá ocurrido a más de uno, pero esta manera de controlar los más pequeños detalles para manejar las cosas según convenga me ha recordado bastante a Milo, el protagonista de The Plateau. Me gusta, me gusta mucho este nuevo Peter.

Pero claro, me gusta porque no tengo que convivir con él. Olivia, sin embargo, no está tan contenta. Y es que, aunque en esta temporada tenga prácticamente el mismo protagonismo que Astrid, la chica no es tonta y sabe que algo le ocurre a Peter. De hecho, así se lo confiesa a Farnsworth. Y es más que comprensible… Por ese mismo motivo, la palabra formada por los glyphs de esta semana, TRUST (“confianza”) parece ir dirigida precisamente a ella.

Pero no nos olvidemos de que la trama, poco a poco, continúa avanzando. Siguiendo el patrón marcado por la temporada, hoy tenemos nueva cinta con más instrucciones. En este caso se trata de recuperar dos de los famosos beacons usados por los observers. Ha llovido desde la primera vez que vimos uno de estos aparatos en The Arrival, el cuarto episodio de la serie, y el que a muchos nos enganchó para siempre. Por eso gusta ver que, poco a poco, estos pequeños detalles dan un sentido de continuidad a toda la historia.

Más cosas: en este episodio también descubrimos que, efectivamente, Bell estuvo trabajando junto a Walter hasta que todos los personajes fueron ambarizados. Por eso se encontraba junto a ellos en Letters of Transit. Y, lo que es más interesante, parece ser que les traicionó en el último momento. De ahí que decidieran dejarle atrapado y recuperar únicamente su mano, la única parte de él que realmente iban a necesitar. ¿No es genial que nos den respuesta a estos pequeños interrogantes?

Aunque Bell no ha sido el único viejo conocido al que hemos recordado en este episodio. Ha tocado ver, por fin, a Nina Sharp. ¡Cuánto la echaba de menos! Su reencuentro con los personajes ha sido maravilloso. Ver a Nina emocionada por volver a ver a sus amigos y recordar los ambigua y fría que era esta mujer en los primeros compases de la serie ayuda a que nos demos cuenta de cuánto han cambiado las cosas y de la manera en la que han evolucionado sus protagonistas.

Gracias a Nina nuestros personajes han podido acceder a los antiguos almacenes de Bell y encontrar los dos objetos que iban buscando. La visita al sótano ha sido muy interesante. Por un lado, Walter ha recuperado su vinilo de David Bowie, con lo que nos ha podido brindar un “final musical” excepcional. Como curiosidad, el título del álbum es “The Man Who Sold the World” (“El hombre que vendió al mundo”), una clara referencia a la actitud que tuvo Bell al final de su vida.

La visita también le ha dado sentido al título del episodio, que correspondía con la contraseña que Bell utilizaba siempre. Como ya comentamos el otro día, estos números han aparecido en la serie en varias ocasiones (la primera de ellas en Jacksonville, donde se forjó una teoría acerca de la coincidencia de los números con una fecha real). Desde luego, este episodio ha funcionado a la perfección ofreciendo guiños hacia el pasado. Una manera excelente de compensar a los espectadores más fieles y atentos, sin duda.

Nina Sharp no sólo ha contribuido al episodio proporcionando la tecnología que necesitaban los personajes, sino que también ha ayudado muchísimo a Walter. Como ya sabemos, a Bishop le preocupa que, ahora que su cerebro está completo (recordemos que, en Letters of Transit, se lo vuelven a sanar), pueda volver a convertirse en el temible hombre que solía ser en el pasado. Sin embargo, se aferra a la idea de que Peter puede evitarlo.

Nina es, precisamente, la que le hace poner los pies en el suelo con respecto a esa idea: ni siquiera el amor es capaz de evitar algo así. Lo sabe por experiencia propia, ya que no pudo hacer nada por William Bell en su momento. Y aquí es donde Walter pronuncia una de las frases más crueles que hemos podido oír de labios de este personaje: “Nunca te quiso”. Pobre Nina…

Por eso cuando, en la caja de seguridad de Bell, Walter encuentra una foto de Nina Sharp, descubre que las cosas no son tan simples como pensaba. Bell realmente quería a Nina, pero aquello nunca fue suficiente. Aunque al menos ahora Sharp tiene la satisfacción de saber que sus sentimientos sí eran correspondidos.

Las buenas (aunque tardías) noticias para Nina son, sin embargo, malas nuevas para Walter, que es consciente de que nadie puede detener el proceso que ha iniciado. Por ese motivo le pide a Nina que, una vez más, hurgue en su cabeza. No sabemos aún qué decisión tomarán a este respecto, pero tampoco me vuelve loca la idea de que vuelvan a toquetear el cerebro de Walter. Tanto quitar y poner trozos ya parece un poco ridículo. Además, esta incipiente transformación también tiene mucho interés (a pesar de que, con los ojos cerrados, prefiero a nuestro Walter).

Llegamos por fin al final del episodio, una escena escalofriante que, como mencionábamos antes, se mueve al ritmo de Bowie y que nos intercala imágenes de varios personajes. Aunque, sin lugar a dudas, lo más interesante es lo que ocurre entre Peter y Olivia.

Ella, llevada por las sospechas que ha ido acumulando en los últimos días, entra al piso de Etta y allí descubre las pizarras con el plan de Peter. Pero lo más curioso es que, en lugar de tratar de disimular, Peter se limita a describir, de manera parca, lo que está haciendo. Con naturalidad, como si no tuviera mayor importancia. Le cuenta lo del implante, y le explica la manera en la que es capaz de observar el tiempo. De hecho, incluso se anima a repetir junto a ella lo que está pensando. Igual que en su día hizo September con él mismo.

Olivia, por supuesto, se asusta ante lo que acaba de descubrir. Si tenía miedo de que Peter se alejara de ella, sus peores temores se han visto confirmados. Peter es cada vez menos “humano” y se va asemejando poco a poco a los observadores. La forma de pensar ya ha cambiado, y la transformación física ha comenzado: si a lo largo del episodio sus gestos y expresiones eran evidentemente diferentes, al final hemos descubierto que ha comenzado a perder el pelo. Su transformación completa parece cosa de poco tiempo.

Sin embargo, da la impresión de que no es algo que le preocupe. Peter tiene un objetivo muy claro: matar a Windmark. Y todo lo demás es secundario. Realmente este final ha sido escalofriante…

Con escenas así, es imposible no enamorarse de Fringe, ¿verdad? La cosa no puede estar más interesante, y lo único malo de este episodio es que le sigue un parón. ¿Seremos capaces de soportar la espera?

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