Review Fringe: Everything in Its Right Place

Tras el episodio anterior, hay que reconocer que a Fringe no le venía nada mal un cambio de dirección. Precisamente por eso creo que ha sido todo un acierto jugar una de las mejores cartas de la serie: el universo paralelo. Ya hemos dicho en más de una ocasión que la existencia del puente entre universos no estaba siendo tan aprovechada como debería, y episodios como el de hoy demuestran que cruzar al otro lado nos sienta muy bien. Al menos eso es lo que me ha parecido Everything in Its Right Place, episodio con nombre de canción de Radiohead, que, por cierto, hace el número 17 de esta temporada. A todo esto, ¿sabéis tras qué episodio renovó Fringe la temporada pasada? Tras el 17, precisamente. No es por presionar, que conste. Yo sólo aviso…

La excusa utilizada ha sido algo así como la “celebración del día de Gene” (enorme con su distintivo del FBI, por cierto). Eso, y el detalle del colgante que Olivia no ha sido capaz de recordar. Pero podía haber sido cualquier otra cosa. El caso es que ya hace unas semanas que Lincoln está totalmente fuera de lugar en este universo, y necesitaba salir de él en busca de su propio lugar. Por eso se ha ofrecido, sin dudarlo, a cruzar al otro lado en lugar de Astrid. No creo que a nadie le haya sorprendido esa decisión, teniendo en cuenta todo lo que hemos visto en los últimos episodios.

Lo cierto es que ha sido muy interesante tener un episodio visto desde su perspectiva. Si no me equivoco (y corregidme si no es así), es la primera vez en la que el protagonismo de Lincoln es tan claro en un mismo episodio. Es la segunda vez que tenemos un cambio de perspectiva evidente en esta temporada (anteriormente ocurrió con Astrid en Making Angels), y, una vez más, no nos ha decepcionado.

Lincoln, que en un principio sólo iba a llevar a cabo un mero trámite de intercambio de información, se ve envuelto en un caso del otro universo que le cambiará la vida para siempre. Si, desde el primer momento, alguien más pensó que en este episodio tendríamos que despedirnos para siempre del Lincoln de las gafas, bienvenido al club. Aunque, a decir verdad, no estábamos tan equivocados…

Como siempre, echar un vistazo al universo rojo es un placer. Y más aún si nos trae buenas noticias, como en este caso: gracias al puente que se creó al final de la temporada anterior, el universo se está recuperando, e incluso se están atreviendo a eliminar el ámbar de muchas de las zonas que anteriormente habían estado en cuarentena. Por eso no resulta extraño que los habitantes de aquel lado consideren a los miembros de la División Fringe como auténticos héroes. Todo empieza a arreglarse, y el aroma a final es cada vez más fuerte…

Otro detallazo (quizás “el detallazo”, con mayúsculas) es la genial discusión acerca de Batman-Mantis. Un comentario muy, muy grande que, sin embargo, como nos cuenta el amigo i-chan en los comentarios de la pre-review, supone un fallo de continuidad. Pero lo vamos a dejar pasar, ¿no? Ha sido tan original… Más que el periódico a lo Harry Potter, desde luego. Aunque ahí tampoco he podido evitar soltar una carcajada, todo hay que decirlo.

Pero no perdamos la perspectiva: el fin de este episodio era darle una oportunidad a Lincoln para descubrirse a sí mismo, para encontrar su lugar. Y así ha sido. Los Lincolns son, quizás, los personajes en los que las diferencias entre alternos son más evidentes. Y precisamente eso es lo que ha llamado la atención de Lee, que ha tratado de encontrar el motivo de lo que les hace tan distintos.

Lo lógico sería pensar que existe un punto de divergencia claro, un evento que marcara la enorme diferencia que existe entre ellos. Y, sin embargo, no es así: hemos visto que sus biografías son prácticamente idénticas. La diferencia radica más bien en las decisiones puntuales, en las pequeñas elecciones que van surgiendo en el camino, y que forjan actitudes diferentes. Eso, o el único elemento que no comparten ambos personajes: haber conocido a Olivia en el momento adecuado. En cualquier caso, en este episodio Lincoln aprende que cada uno es responsable de su propio camino, y lo pondrá de manifiesto al final del episodio.

Toca hablar del caso de la semana, del que aún no hemos comentado nada. Decíamos antes que Lincoln se refería a él como un justiciero al más puro estilo de Batman. Pero, en términos seriéfilos, parece que se acerca más a Dexter: es un cambiaformas que necesita matar para sobrevivir pero que, sin embargo, selecciona a sus víctimas para así evitar hacer daño a ningún inocente.

Volviendo a comparar con otra serie, no he podido evitar acordarme de los cylons de Galactica: Canaan ha demostrado ser una criatura “artificial” que, sin embargo, desarrolla unos principios que escapan a los planes de su creador, David Robert Jones. Pero, a diferencia del caso anterior, aquí hay que decir que el cambiaformas siempre fue humano, y que quizás sea ese vínculo el que le lleva a actuar según unos principios morales.

A decir verdad, la aparición de Canaan ha sido un golpe de suerte para la División Fringe de aquel lado: la Nina Sharp “malvada” ha sido desenmascarada y detenida, y los shapeshifters de Jones están localizados. Por cierto, ¿alguien más piensa que ha sido un fallo que lo del universo azul no alertaran a los del rojo de que Nina colaboraba con Jones? Está claro que la comunicación entre ambos universos no es su punto fuerte… Y una última duda: ¿era realmente necesario ponerle ese pelo a Nina?

En cualquier caso, aparte de Jones, el único eslabón suelto que nos queda por ahora en el universo rojo es Alt-Broyles, el gran traidor de la División. Aunque da la impresión de que es sólo cosa de tiempo que sea desenmascarado.

Como decía, una resolución prácticamente perfecta. Si no fuera por algo que ha empañado completamente cualquier sensación de triunfo que hayamos podido sentir: la muerte de Alt-Lincoln. El pobre ha sido una víctima colateral de los planes de Jones, pero una baja muy importante para la serie. Aunque apenas le hemos visto en esta temporada, no podemos olvidar que en la línea temporal original le conocimos mucho antes que a su versión gafapasta.

Ha sido una muerte extraña, hay que reconocerlo. Pocas veces un personaje tan importante muere fuera de la pantalla. Al menos, si el actor sigue a bordo. Pero en este episodio en el que hemos compartido la perspectiva de Lincoln, Fringe ha sido fiel a esta premisa hasta el final. Así que, al igual que Lee, no hemos vivido su muerte en primera persona, sino que nos hemos enterado a través de terceros. Y ahí es donde Anna Torv ha jugado un papel esencial. Esa Anna Torv que interpreta tan bien papeles diferentes que incluso nos hace detenernos a pensar si la hemos visto en el episodio, sólo porque apenas si hemos visto a su versión rubia.

Hay que reconocerlo: ha sido Altivia la que nos ha tocado la fibra sensible al enterarse de la muerte de su compañero. El gesto de dolor de ese rostro prácticamente inmutable (recordemos que el propio Alt-Lincoln reconoce que ella es la más fuerte de los dos) ha servido más que cualquier escena lacrimógena que mostrara una interminable (y quizás, poco creíble) agonía.

Reduciendo más de lo debido, podríamos decir que todo el episodio estaba destinado únicamente a la decisión final de Lincoln. Lo que ha ocurrido le ha llevado a darse cuenta de que lo que cambia a las personas radica más en lo que haga cada uno por sí mismo que en lo que ocurra a su alrededor. Sabiamente, Lincoln ha decidido quedarse over there, en un universo que, ahora sí, tiene un hueco para él. Un universo sin Peter en el que, quizás, haya encontrado a su propia Olivia. Me alegro por él, aunque no estoy del todo segura de si era necesario acabar con un Lincoln para buscarle su sitio al otro. En cierto modo, ahora todo está en su lugar, como rezaba el título del episodio.

Dejándonos con un gesto extraño, a medio camino entre la sonrisa y la tristeza, podemos afirmar que, en caso de que la serie fuera cancelada, este sería un final más que aceptable para estos personajes. Aunque, claro, aún quedaría por atar el cabo suelto de Alt-Broyles. Una vez más, la sensación de final flota en el aire…

En definitiva, no tengo quejas sobre el episodio. No puedo tenerlas. Aunque me gustaría pensar que esta sensación de final que hemos presenciado no signifique que no volveremos a ver al universo rojo en lo que queda de temporada. Aparte de eso, tengo poco más que añadir. A excepción de la palabra formada por los glyphs de esta semana, “DREAM”. ¿Tendrá algo que ver con el próximo episodio? ¿O se refiere al sueño de Lincoln, que por fin parece haberse cumplido? Cada cual que interprete lo que vea… Yo, por mi parte, ya he compartido mi opinión sobre el episodio. ¡Ahora estoy deseando leer la vuestra!

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