Review Fringe: Enemy of My Enemy

Está claro que el año nuevo le ha sentado de maravilla a Fringe: por segunda semana consecutiva nos ha regalado un episodio de esos que tanto nos gustan, capaces de combinar una buena trama con escenas emotivas y aún así dejarnos con la boca abierta. Enemy of My Enemy me ha intrigado, me ha emocionado, e incluso me ha repugnado en algunos momentos. Ya sabemos que Fringe es buena cuando muestra sus episodios autoconclusivos, su seña de identidad. Pero asciende a magistral con capítulos como este. ¿Estáis de acuerdo?

Si bien el regreso de David Robert Jones ya se había hecho oficial la semana pasada, podemos decir que Enemy of My Enemy ha sido el episodio en el que realmente se ha lucido como personaje. No sé si es que ha pasado mucho tiempo desde el final de la primera temporada y ya he olvidado cómo era, o si es que Jones se ha presentado en su versión mejorada en esta temporada, pero el caso es que me ha gustado muchísimo más de lo que recordaba. Como ocurre con la mayoría de las series, el nivel de Fringe depende mucho de la calidad de sus antagonistas. Y Jones es de lo mejor que ha pasado por la serie, está claro.

Como buen maestro de ceremonias, su personaje ha orquestado toda la trama del episodio a su antojo, manejando a los miembros de las divisiones Fringe (sí, por fin, a ambas de manera conjunta) como y cuando ha querido. Desde el primer momento, en el que se entrega con la intención de hablar cara a cara con Walternate, queda patente que es el tipo de persona que siempre guarda un as debajo de la manga antes de actuar.

Comentaba al principio que algunos detalles del episodio me han repugnado. Me refería principalmente a la muerte de la shapeshifter que vemos en el laboratorio de Jones y, por supuesto, a la escena del hospital (en concreto a la dichosa mano que aún me provoca escalofríos). El mensaje de Jones no puede ser más claro: tiene un objetivo y está dispuesto a hacer lo que sea para conseguirlo. Lo que sea.

Uno de los grandes aliados de Jones en el episodio ha sido Alt-Broyles, que le ha proporcionado toda la información que necesitaba para evitar todos los esfuerzos de la división Fringe por detenerle. Sigo dudando de si este Broyles es un shapeshifter o si simplemente se ha cambiado de bando (opción por la que me inclino algo más que la semana pasada). En cualquier caso, es evidente que su ayuda ha sido vital en el episodio.

Sé que todos hemos visto el capítulo, y quizás resulte algo tedioso detenerse en escenas que no tienen demasiada importancia. Pero tengo que decir que he disfrutado como una niña pequeña viendo cómo Jones engañaba a los agentes con el truco de regalar dinero a todos los transeúntes para poder evitar que le siguieran con la señal del localizador. Esa forma de jugar al ratón y al gato, con Jones siempre un pequeño paso por delante de los demás, le ha sumado mucho interés al episodio en general.

Si podemos sacar alguna ventaja de esta escena es que Lincoln ha comenzado a sospechar que hay un espía entre ellos, y así se lo ha comentado a Altivia. Me gusta Jones, pero no me gusta ver cómo Alt-Broyles engaña a nuestros personajes (y aún quiero saber con qué fin), así que espero que le descubran pronto. El problema es que Walternate ya le ha advertido de que sospecha que hay un espía en el departamento, con lo que imagino que el coronel se andará con pies de plomo a partir de ahora.

Por suerte, “los buenos” cuentan con una variable que Jones no había previsto: el propio Peter, que no tiene un lugar propio en esta línea temporal, pero que conoció a nuestro antagonista en su línea original. El hecho de que Jones se pusiera nervioso al hablar con Peter indica que, realmente, el joven Bishop es el único capaz de detenerle. Si ya lo hizo una vez, ahora no tendría por qué ser diferente.

Sabemos que Peter cuenta con ventaja (posee información que no habría sido capaz de conseguir sin su experiencia previa en la línea temporal original), pero hay que reconocer que ha andado de lo más espabilado a la hora de predecir los movimientos de Jones. Hasta Altrid se ha quedado de piedra con él. Cool…

Como el resto de la trama relacionada con Jones, todo lo que ha ocurrido en la recta final del episodio ha sido muy intenso: si bien por momentos hemos pensado que Peter y cía. habían logrado adelantarse a la mente del villano, pronto nos hemos dado cuenta de que en realidad estábamos en el universo equivocado. Lo cierto es que contar con dos universos es una ventaja a la hora de obtener recursos argumentales, y Fringe sabe muy bien cómo aprovecharse de ello.

Ha sido imposible no recordar el final de la primera temporada: los cambios de universo de Jones, el vehículo divido en dos… Sé que ya lo he dicho antes, pero me reafirmo en mi idea de que Enemy of My Enemy ha sido un tributo a la auténtica esencia de la serie.

Qué mejor prueba de ello que el cierre (momentáneo) de esta trama con una imagen que llevábamos tiempo esperando pero que, por fin, ha dado sus frutos. Me estoy refiriendo a las dos divisiones Fringe sentadas en torno a una mesa y dispuestas a colaborar entre ellas para derrotar a un enemigo común (el “Enemy” al que se hacía referencia en el título del episodio). La foto de familia, sin embargo, no es perfecta: sobra el Broyles traidor que se ha vendido al enemigo y falta nuestro Walter, o al menos la versión de él que conocemos y que hemos aprendido a querer en las tres primeras temporadas.

Está claro que no hemos asistido a la última aparición de David Robert Jones, y eso sólo pueden ser buenas noticias. Aunque, hablando de novedades, más de uno nos hemos quedado de piedra al comprobar que Nina Sharp no sólo está implicada en ello, sino que es la persona a la que obedece Jones. Qué es lo que pretende es algo que aún no sabemos, pero parece bastante claro que la sustancia que le inyecta a Olivia con frecuencia y que tantos dolores de cabeza le provoca está relacionada con ello. Con Jones como puente entre los dos universos y Alt-Broyles como fuente inagotable de información valiosísima en el otro lado, Nina se ha asegurado unos aliados muy fuertes. Dentro de poco veremos si esta alianza tiene algún punto débil. Yo, mientras tanto, confieso que doy saltos de alegría tras haber descubierto la implicación de Nina: su personaje me gusta muchísimo y a menudo tengo la sensación de que está siendo desaprovechado en la serie. Así que saber que va a contar con algo más de protagonismo me parece una noticia estupenda.

Pero el episodio no sólo ha dejado espacio para la acción más desenfrenada. También ha hecho un hueco al drama, ofreciéndonos dos escenas que, al menos a mí, me han parecido realmente emotivas.

La primera de ellas es la conversación entre Elizabeth Bishop (o, más bien, su versión alternativa) y Walter. O quizás podría denominarlo como el derroche de talento de Orla Brady y John Noble. Ambos han logrado una escena redonda y emocionante que no resulta fácil describir. Las emociones de Walter al ver a su mujer sabiendo que no es ella, esa mezcla de alegría, amor y dolor en su rostro, ese miedo a hablar por temor a romper el encanto de tenerla frente a él… Que alguien sea capaz de transmitir todo eso y mucho mas con una simple mirada es algo digno de admiración.

Esta escena ha sido, en parte, un mensaje directo a los espectadores más fieles, a aquellos que, semana tras semana, hemos ido desentrañando el embrollo de la cabeza de Walter y ahora, cuatro años después de conocerle, somos capaces de sentir lo mismo que él al ver a la viva imagen de su mujer.

No sólo con eso se ha visto recompensado el espectador en dicha escena. Y es que, una vez más, hemos regresado, aunque sólo fuera por unos instantes, al maravilloso White Tulip. Si en nuestra línea original Walter recibió la señal del perdón a través de un tulipán blanco, en esta ocasión la flor se ha hecho algo más de rogar, aunque por suerte el resultado es igualmente positivo; esta vez “el tulipán” se han encarnado en Elizabeth, que le ha perdonado a pesar del dolor que le causó, y que le ha visitado con un único fin: conseguir que Walter ayude a Peter a regresar a su línea temporal. Como no podía ser de otra forma, Walter ha accedido a pesar de sus reticencias.

El otro gran momento del episodio ha sido la conversación entre Peter y Walter, en la que el último le revela a su hijo que, por fin, está dispuesto a ayudarle. Claramente, y a pesar de lo adverso de las circunstancias, Walter sigue teniendo el mismo corazón bondadoso del personaje que conocemos. Así que, superando todos sus miedos y dispuesto a enfrentarse a sus fantasmas del pasado, le ha prometido a Peter que le ayudará en lo posible. La respuesta de Peter ha sido perfecta:

“I just spent the last several days with the other Walter. And I was very surprised to learn that he’s not the man that I thought he was. But I am not at all surprised to learn that you are.” (“Acabo de pasar unos días con el otro Walter. Y me sorprendió mucho ver que no es el hombre que pensé que era. Pero no me sorprende en absoluto ver que tú sí lo eres.”)

Con esto acabamos el repaso a Enemy of My Enemy, posiblemente el mejor episodio de la cuarta temporada hasta la fecha. Aunque es cierto que este 4×09 estaba destinado a ser el primer episodio de 2012 (y el hecho de estar en los “extremos” a menudo influye en la calidad de los episodios), espero y deseo firmemente que este nivel se mantenga durante el resto del año. Sólo me queda comentar que los glyphs de esta semana han formado nada más y nada menos que la palabra “DEATH”. Ahí es nada. Aún quedan unos días para que podamos ver el próximo episodio (si es que para el viernes aún se puede entrar libremente a internet), así que quizás merezca la pena que nos sigamos compartiendo nuestras impresiones sobre este en los comentarios. Yo ya he puesto la mía… ¿cuál es la vuestra?


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