Review Fringe: Brave New World, Part 1

Vista la primera parte de esta finale cuyo nombre nos recuerda a la famosa novela de Aldous Huxley, sólo podemos decir que esto de dividir los episodios en dos partes es un crimen. Y por si la tortura de tener que esperar una semana más para ver la conclusión no fuera suficiente, encima tenemos que hacer frente a un cliffhanger bastante importante. Respuestas. Es todo lo que esperamos para la semana que viene. Respuestas y un buen final que nos sirva para aguantar la espera hasta la próxima temporada. Pero ese ya es otro tema…

Aunque el episodio en general me ha dejado muy buenas sensaciones, reconozco que no ha sido perfecto. Y es que, o yo lo he visto de manera muy crítica, o ha tenido más de un fallo que perdonamos sólo por ser Fringe, pero que empañan mucho el resultado global. Eso sí, hay algo que no puedo negar: el inicio me ha parecido espectacular.

Me gustan los inicios de Fringe, y suelo jugar a “adivinar las víctimas” antes de que ocurran los extraños sucesos que dan pie a cada autoconclusivo. Por eso desde el primer momento daba por hecho que el publicista de Sprint era carne de cañón, y me ha escamado que enfocaran con tanta atención el pasamanos de la escalera mecánica. Precisamente porque me gustan estos inicios, he disfrutado (por cruel que suene reconocerlo) con la combustión espontánea de los transeúntes. Pero lo que de verdad me ha encantado ha sido el momento en el que la señora más observadora del momento se ha dado cuenta de que para sobrevivir debían permanecer inmóviles. Imaginar la situación, la tensión del momento, el estar rodeado de cadáveres y sabiendo que puedes convertirte en uno de ellos con un simple estornudo… me han ganado, de verdad.

Por suerte siempre estarán Walter y compañía para sacar a los civiles de estos aprietos. Es así como conocemos a Jessica Holt (encarnada por la simpatiquísima actriz y fan de Fringe Rebecca Mader), que se ofrece como voluntaria para ser tratada por Walter. Por cierto, estoy enamorada del acento de Mader… Aunque me ha encantado su personaje, en cierto modo he tenido la sensación de que este pequeño caso autoconclusivo ha quedado un poco “ortopédico” con respecto al resto del episodio. Pero al menos nos ha servido para dos cosas: enlazar con la trama de David Robert Jones y descubrir los nuevos poderes de Olivia.

Esto último lo hemos podido comprobar en el laboratorio, donde Olivia ha salvado a Jessica de una muerte segura al conseguir detener el movimiento de los nanobots con sus habilidades. Una actuación muy acertada que, sin embargo, ha dejado muy preocupada a una Olivia que ve cómo sus capacidades crecen a pasos agigantados sin que ella pueda llegar a controlarlar completamente de manera consciente. Capacidades que, por cierto, son destacadas por los glyphs de esta semana, que conforman la palabra “POWERS”.

La vinculación de David Robert Jones con el caso se ha puesto de manifiesto gracias a la grabación de una cámara de seguridad. Ha sido aquí donde, por primera vez, he tenido la seguridad de que Jones trabajaba para alguien más. Y es que, ¿qué mandamás hace el trabajo sucio por sí mismo en lugar de enviar a alguno de sus secuaces a hacerlo? Desde luego, Jones no ha sido la excepción…

Por otra parte, el tema de los nanobots me ha provocado las mismas dudas que a Olivia: si desde el principio el plan de Jones era colapsar los dos universos, ¿por qué provocar esos pequeños ataques puntuales? Por ahora la explicación más clara parece ser que, al haber destruido el puente entre los dos mundos, ya no se pueda crear un tercero, por lo que habría que “desalojar” el que tenemos. Aún así, tengo la sensación de que se me escapa algo en todo este plan…

Pero sigamos avanzando. En el análisis de los nanobots, Walter descubre algo que le deja atónito: William Bell es el causante de su creación. No sé si por casualidad, hemos visto la firma de Bell, que se asemeja mucho a una gran “X”. ¿Una prueba más de que Bell está vinculado al enigmático “Mr. X”? No sería extraño, teniendo en cuanta lo que Walter dijo acerca de él y Olivia en Letters of Transit

En cualquier caso, la firma en los nanobots sólo puede significar una cosa: William Bell está vivo. Vale, es cierto que era algo que entraba dentro de lo posible, y que hasta cierto punto se veía venir. Pero me ha encantado ver a Leonard Nimoy de nuevo en pantalla. Después de tanto anunciar que se retiraba de la televisión, a lo máximo que aspiraba era a oír su voz (como ocurrió hace unas semanas en The Big Bang Theory), pero no contaba con verle actuar de nuevo. Y ha sido una grata sorpresa.

Bell y Jones nos han traído uno de los mejores momentos del episodio, con una conversación sobre el ajedrez cargada de simbolismo. Este juego, que tantas veces hemos visto en la pantalla representando la lucha entre el bien y el mal, vuelve una vez más como manifiesto de los planes de William Bell. Unos planes que han tardado más de veinte años en forjarse, y que han requerido paciencia y una detallada planificación. Ahora, en el momento de actuar, llega la hora de hacer sacrificios. Y toca entregar a la pieza más importante de la partida: el alfil. Aquí, una vez más, Fringe ha jugado con nosotros. Y es que, aunque en español esa conversación pierda parte de su sentido, el hecho de que en inglés el alfil sea un obispo (“bishop”) nos lleva inmediatamente a pensar que Walter es la próxima víctima en el punto de mira de Bell. Pero claro, todo sacrificio implica perder algo propio, no una parte del contrario… De hecho, hasta Jones, el auténtico afectado, tardará un tiempo en caer en la cuenta de que ha dejado de ser una pieza fundamental en el tablero.

Es más, su muerte ha reflejado la poca importancia que, después de todo, ha adquirido Jones en los planes de Bell. Y es que, como muchos comentáis, no creo que haya sido una despedida a la altura de su personaje. Un villano tan interesante como Jones, que ya nos dejó en la primera temporada de una manera tan espectacular no merecía morir así: atacando a Peter por la espalda y quedando inexplicablemente destruido por un cable eléctrico. Al menos podemos reconocer en esta cuasi-desintegración un guiño a esa primera muerte, en la que también fue cortado en dos. Pero no ha sido suficiente. Menos mal que nos ha dejado con una buena frase que demuestra que se ha dado cuenta del engaño en el que ha estado viviendo: “I was the bishop…”

Aprovechando esta crítica, me gustaría comentar algunos detalles más que me han dejado mal sabor de boca en el episodio. Uno, como ya hemos visto, es el hecho de que un personaje tan inteligente y con tantos medios ataque a Peter por la espalda con una barra de hierro. No va con su personaje. Otro, el papelón de los dos guardias que obligan a Olivia a arrojar al suelo su pistola mientras ve cómo Peter y Jones pelean. ¿En serio? ¿Suelta la pistola y ellos se quedan quietos, tan tranquilos, mientras Olivia juega al Kinect con Peter? Que conste que no me quiero burlar de los nuevos poderes de Olivia. Pero ha sido gracioso, eso hay que admitirlo.

A todo esto, Walter ya ha descubierto que su antiguo compañero está más vivo de lo que creía, y decide comunicárselo a Nina. Ella, como es normal, no le cree: Bell no sólo tuvo un accidente de coche (aunque quizás sería más correcto hablar de “suicidio”), sino que el linfoma que le afectaba no le habría permitido sobrevivir mucho tiempo más. Pero Walter se aferra a un turbio recuerdo de su época en St. Claire’s para confirmar que, efectivamente, la muerte de Bell fue un montaje.

Por ese motivo, ni corto ni perezoso, decide dirigirse al psiquiátrico con la intención de comprobar en los archivos si recibió la visita de Bell. No es la primera vez que regresamos a la institución mental, y no deja de ser llamativa la enorme impresión que el hospital deja en el científico. Por cierto, y como curiosidad, la directora del psiquiátrico no es otra que Samantha Noble, la hija de John Noble. En cualquier caso, la visita a St. Claire’s no da el resultado esperado: como se podía imaginar, William Bell no firmó su visita… ¿o sí? Los más observadores quizás se hayan fijado en que en el día en concreto aparece reflejada la firma de un tal Dr. Simon. ¿Y cuál es el alias que utilizaba William Bell, tal y como descubrimos en Grey Matters? Simon Paris. Como prueba, la foto que tenemos más abajo. Parece que Bell no se ocultó tanto como pensábamos…

Pero como Walter no se percata de este detalle, tiene que recurrir al viejo truco de la tarta de limón. Un efecto llamativo, sin duda, que nos deja un detalle interesante: que a William Bell le encantan las almendras de Chile. Bueno, en realidad eso no tiene la más mínima importancia. Lo relevante aquí es que Walter consigue atar cabos y, por tanto, dar con el lugar en el que se encuentra escondido su antiguo compañero.

Y si antes criticábamos la muerte de Jones, ahora toca hacer otro pequeño tirón de orejas: ¿cómo puede alguien con tantos medios y secretos tener tan poca seguridad? En primer lugar, lo de encontrar la puerta de los almacenes abierta ha sido un golpe bajo. Cualquier cosa habría quedado mejor: una cerradura que forzar, una clave que coincida con alguna fecha del pasado de Walter…. lo que sea. En segundo lugar, la actuación del vigilante: les dice a Walter y Astrid que se marchen y les deja solos. ¡Solos! En medio de una nave repleta de criaturas extrañas que van a sustituir a la raza humana… no puede ser, de verdad.

En cualquier caso, Astrid y Walter han descubierto lo que llamamos el “Arca de Noé” de Bell justo antes de implicarse en una persecución entre contenedores de carga que ha recordado mucho a una escena similar que vimos en el primer episodio de la serie. Persecución en la que Astrid nos ha sorprendido demostrando que ella también sabe pelear en la que nos ha asustado al ser disparada en plena carrera. Sin embargo (por ahora) no tememos por su vida. Astrid vivirá porque la vimos en el futuro de Letters of Transit. Va a sobrevivir… ¿verdad?

Como decíamos en la entradilla, lo de dividir un episodio en dos partes es algo  que no nos gusta demasiado como espectadores. Y es que una semana de espera para llegar a ver la resolución de esta trama es demasiado para la salud. Así que, por ahora, y en los días que nos quedan, nos tendremos que conformar con las últimas palabras de Bell, ese “Hello, old friend” que, seguramente, volveremos a oír en el próximo episodio y que dará pie al momento que tanto tiempo llevamos esperando: el reencuentro entre Walter y William. Por ahora sólo nos queda esperar. Hasta entonces… ¿por qué no seguimos comentando el episodio en los comentarios?

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4.5
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