Review Fringe: Anomaly XB-6783746

Ante todo, felices fiestas a todos, y mil disculpas por el retraso. Aunque no es justificación, ya se sabe lo que suele ocurrir en estas fechas: compromisos, celebraciones que se suceden, compras que ocupan buena parte del día… y, al final, ¿quién resulta perjudicada? Pues la review de Fringe, por desgracia. Me tranquiliza un poco, sin embargo, el hecho de que sea el último episodio del año, y que tengamos que esperar aún un poco para ver la próxima entrega de Fringe. Pero no me entretengo más: pasemos a comentar este 5×10, que tiene mucho de qué hablar…

Recordemos que en el episodio anterior recuperamos, por fin, una pieza fundamental del plan de Walter: nos referimos, claro está, a Michael, el niño observer que conocimos en Inner Child. Y en torno a él ha girado todo este Anomaly XB-6783746. Un episodio que, aunque bastante sencillo en términos argumentales (hemos tenido una única trama básicamente lineal), nos ha dejado algunos momentos que no olvidaremos con facilidad.

Debido a la pérdida de memoria de Walter, el hecho de que hayamos recuperado a Michael no ayuda demasiado a nuestros protagonistas al no saber cuál es su función en el entramado organizado para vences a los calvitos. Por eso, lo primero que deciden nuestros personajes es averiguar qué tiene el muchacho de especial. Y la respuesta que obtenemos es, simplemente, impactante: Michael nos es un observer al uso, porque no tiene la tecnología implantada en su cuello. Es, en cierto modo, un “observer natural”. La respuesta a este interrogante nos la dará el propio Windmark más adelante: Michael no es un niño, sino una mutación genética, una anomalía cuyo único fin era el de ser destruido. Sin embargo, alguien lo evitó, haciendo que desapareciera. Aunque es pronto para comenzar a teorizar, da la impresión de que la mano de September tiene mucho que ver con esta misteriosa desaparición. Más adelante profundizaremos más en esta teoría.

El caso es que, al no tener ni idea del motivo por el que Michael resulta esencial en el plan de Walter, nuestros protagonistas tratan de comunicarse con él para ver si así consiguen llegar al fondo de la cuestión. Tarea que, si ya resultaba difícil cuando vimos al niño por primera vez, ahora resulta casi imposible: en cuanto a cualidades comunicativas, Michael es poco más que una tumba, y no muestra signos de empatía por ningún lado. De nuevo, este detalle nos sirve para conocer un poco más al nuevo Walter que se está forjando dentro de la mente del científico: alguien dispuesto a drogar al pequeño, al que no ve como a un niño, sino como al simple sujeto de sus experimentos, un medio para un fin. Frente a esta actitud, encontramos la de Olivia, que se aferra a Michael para, en cierto modo, tratar de superar la pérdida de Etta. Es algo que ya vimos en el episodio anterior (recordemos la escena en la que le da a Michael la taza de chocolate caliente) y que ella misma ha confirmado con sus propias palabras aquí.

Ante la imposibilidad de comunicarse con el niño, nuestros protagonistas deciden pedir ayuda a Nina Sharp, para ver si posee la tecnología necesaria para entender al observer. Esta petición supone un enorme sacrificio para Nina, que ve peligrar la tapadera (y la sólida posición privilegiada) que ha ido construyendo a lo largo de los años. Sin embargo, hay que reconocer que la mujer no duda un instante a la hora de ofrecer su ayuda a sus amigos, aun sabiendo el riesgo que supone para ella.

Pero, claro está, en un mundo como este, tratar de ser un héroe puede salir muy caro, y el caso de Nina es un ejemplo muy claro. Traicionada por su secretaria, Nina se convierte en una fugitiva prácticamente desde el instante en el que responde a la llamada telefónica de Olivia. Por cierto, ha sido muy curioso ver cómo los observers, con Windmark a la cabeza, han recuperado dicha conversación mediante un complejo proceso que, si no me equivoco, consistía en extraer la memoria de las vibraciones que dejó el sonido en los objetos de la habitación. Muy grande: sin duda, ciencia ficción en su sentido más literal.

En un principio, Nina parece ser la solución al principal problema: posee un aparato usado por la resistencia que sirve para leer la mente de los observadores. Pero, como hemos comentado, Michael es especial: tanto, que su cerebro procesa la información de un modo diferente, haciendo imposible llevar a cabo una lectura coherente con la tecnología disponible.

Aquí es donde el episodio ha encontrado su punto más débil: en un intento más por llegar a comprender a Michael, los protagonistas han llegado a la conclusión de que lo que necesitaban era un segundo aparato que, en cierto modo, sintonizara la mente de alguno de ellos con la de Michael. En realidad, diría que todo esto no ha sido sino una excusa sacada de la manga para dejar a Nina y al niño solos en el almacén esperando la llegada de Windmark. Un Windmark, por cierto, muy seguro de que había un topo en la empresa, y que ha interrogado al espía (Hastings) justo en el instante en el que Olivia, Peter y Walter entran en la empresa y precisamente tras el cristal situado en una habitación adjunta al almacén en el que entran. Demasiadas casualidades que, como digo, me han chirriado un poco a la hora de hacer creíble toda esta escena.

Pero sigamos adelante: consciente de que ha sido descubierta, Nina decide esconder a Michael para evitar que Windmark se haga con él. Es entonces cuando descubrimos que el pequeño no requiere de ningún artefacto para hacerse entender: basta con que coloque su mano en la mejilla de Nina para que esta comprenda todo lo que necesita saber. La cara de la mujer resume a la perfección la sorpresa y, a la vez, la satisfacción que siente tras este primer contacto con él.

De hecho, esta experiencia cuasi-mística también le infunde el valor suficiente para apoyar a los suyos hasta el final. Magníficas sus últimas palabras, explicando a Windmark que el tener sentimientos les hace superiores a los observers, y genial y digno de alabanza su último gesto de sacrificio: suicidarse para evitar ser leída, asegurando, de este modo, que, por su parte, el plan sigue a salvo. Escenas como esta nos hacen mantener la fe en los seres humanos, a los que, contra todo pronóstico, seguimos considerando capaces de derrotar a los observadores. Y es que no hay que subestimar el poder de las emociones. De hecho, esta es la clave del episodio: la capacidad para sentir (“SENSE”, según indicaban los glyphs), una habilidad que los observers ignoran por completo, y que les acerca más a los animales que a los seres humanos.

Llegamos, por fin, a la última escena del episodio: cuando Olivia, Peter y Walter regresan al almacén, ya no queda nadie. Windmark y los suyos han desaparecido, y el único rastro de su presencia es el cadáver de Nina, frente al que Walter llora desconsoladamente (algo que, quizás, hemos echado de menos en Olivia; al fin y al cabo, no lo olvidemos, Dunham se crió con Nina en esta línea temporal, y en teoría ambas tenían un vínculo muy fuerte).

Sin embargo, la muerte de Nina no ha sido en vano: Michael, escondido, ha pasado desapercibido para Windmark, y sigue siendo el as principal que Walter esconde bajo su manga. Para sorpresa de todos, el pequeño hace algo que jamás habríamos podido imaginar: llora ante el cuerpo de Nina, dejando caer una lágrima que pone de manifiesto la diferencia que existe entre él y el resto de los observers. Michael es capaz de sentir y de expresar dichos sentimientos, aunque lo haga a su manera. Un instante delicado, íntimo y emotivo que nos ha dejado con el corazón en un puño.

Pero la cosa no queda ahí: decidido, Michael se dirige hacia Walter y hace con él lo que un rato antes había hecho con Nina. Acaricia su mejilla y deja que, de este modo, comprenda todo lo que necesita saber. Los recuerdos se suceden en la mente de Walter y, por primera vez en mucho tiempo, cobran sentido. Son muchos y muy importantes los momentos que hemos visto en ese rápido e intenso flashback. Pero, como no podía ser de otro modo, tenemos que centrarnos en el que, para nosotros, ha supuesto la gran revelación del episodio: Donald es September. September es Donald.

Hay dos modos de interpretar este descubrimiento, dependiendo de a quién consideremos anterior: si a Donald o a September. Si consideramos que el “original” fue Donald, podemos pensar que, como miembro de la resistencia, accedió a convertirse en observer (algo similar a lo que hizo Peter, implantándose la tecnología en su cuello) para así comprender la manera de actuar de los observadores y poder vencerles desde dentro.

Sin embargo, me parece mucho más convincente la otra opción: Donald no es sino un observador (September) convertido en humano. De hecho, recordemos que September le explicó a Peter el origen de los observadores, algo que sólo podría haber presenciado siendo uno de ellos. Cabe la posibilidad, entonces, de que, a través de la observación continuada, September desarrollara un vínculo emocional con nuestros protagonistas que, a la hora de la verdad, le llevara a posicionarse a su favor frente a lo ocupación de los calvitos. September, pues, habría sido una especie de ángel de la guarda encargado de velar por la seguridad de nuestros personajes, con el fin de que, en 2036, pudieran vencer a los observadores.

Si en algún punto del pasado September se volvió humano (esto es, Donald), eso explicaría por qué no le hemos vuelto a ver en esta temporada, escondido en los rincones más insospechados como antaño. Además, implicaría que los observadores pueden reconvertirse en seres humanos, lo que les haría más vulnerables frente al plan de Walter.

Otro detalle importante (y, quizás, polémico) del episodio es la frase de September que escuchamos en el flashback de Walter: “El chico es importante. Debe vivir.” Unas afirmaciones que hemos escuchado en más de una ocasión pero a las que siempre habíamos dado un significado diferente: la última escena da a entender que no se refieren, como creíamos, a Peter, sino a Michael. Eso apoyaría la teoría que acabamos de comentar, e implicaría que, desde la primera temporada, September era consciente de que Michael sería esencial en el plan último de Walter. Por eso, como comentábamos al principio, habría sido él el responsable de esconder y proteger a Michael para dicho fin.

En cualquier caso, responderemos a estas y otras cuestiones tras el regreso de la serie en enero. Y lo haremos, por desgracia, iniciando el último tramo de vida de la serie. Mientras tanto, seguiremos teorizando y comentando lo que podamos. ¡Disfrutad de las fiestas! Nos vemos tras el (último) parón…

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