Review Fringe: And Those We’ve Left Behind

El 1,1 que han marcado las audiencias esta semana sigue minando nuestras esperanzas, y el “final forzado de Fringe” cada vez parece una realidad más cercana. Es inevitable fijarse en estas cifras a la hora de comentar la serie, aunque sé que no debería ser así. De modo que, como siempre, trataré de olvidarme de los datos de audiencia y centrarme en un episodio que merece toda la atención. Podrá haber gustado más o menos (yo estoy en el primer grupo), pero hay que reconocer una cosa: And Those We’ve Left Behind contiene toda la esencia de Fringe. ¿Estáis de acuerdo?

Reconozco que mientras veía el episodio he disfrutado muchísimo: me ha gustado la trama, me han encantado los personajes, y me ha alegrado mucho volver a ver a Peter trabajando codo con codo con Olivia. Pero ahora, al sentarme para pensar más detenidamente en lo que hemos visto, me embargan algunas dudas. Y es que, aparte del desconcierto que han generado las palabras de Peter hacia Broyles al final del capítulo (y sobre las que volveremos más adelante), tengo la sensación de que no termino de ver hacia dónde se dirige esta temporada. Imagino que se solucionará dentro de poco (aún estamos en el primer tercio), pero estoy bastante despistada. Dicho esto, vamos al episodio en sí:

Lo primero que nos llama la atención es ese sueño de Peter que abre el episodio. Y llama la atención precisamente por varios detalles: el primero, el anillo de casado que tiene en su mano derecha y que nos recuerda al futuro que vimos en la finale de la segunda temporada. En segundo lugar, el hecho de que le diga a Olivia que “le costó tres años tenerla”. ¿Se refiere a lo más obvio – las tres primeras temporadas de la serie que ya conocemos -, o hay algo más en esa afirmación? También podríamos pensar que el “sueño” es en realidad un nuevo salto temporal como los que vemos realizar a Peter a lo largo de todo el episodio. Pero en ese caso lo que no nos cuadrarían serían las palabras de Olivia: “Tú, Peter. Tú eres el problema.” Tras ver el episodio es imposible no relacionar esta frase con lo que Peter le comenta a Broyles al final. En cualquier caso, una escena muy interesante…

La parte “autoconclusiva” de And Those We’ve Left Behind en un primer momento parece enlazar con el peculiar déjà vu que sufrió Olivia al final del episodio anterior. E, indirectamente, es lógico relacionarlo con Peter y su reciente aparición. Como punto positivo, me ha gustado mucho la manera en la que han representado todos los saltos temporales que hemos visto en el episodio: el “incendio” repentino en el piso, la aparición del tren, la burbuja de agua en el túnel subterráneo… muy potentes visualmente en todos los casos, y muy efectivos a la hora de sorprender, que era de lo que se trataba.

Sin embargo, el hecho de que estas anomalías produjeran exactamente un salto de cuatro años hacia atrás y en puntos muy aislados ha sido lo que nos ha indicado que eran un fenómeno diferente a lo que le estaba ocurriendo a Peter (y a lo que nos referiremos más adelante). Es precisamente Peter el que descubre que las anomalías temporales deben estar causadas por alguien, al observar que se ha producido radiación neutral. Aunque esto no lo he entendido, lo compro, y me quedo con la conclusión: alguien está provocando los saltos temporales, y tenemos que descubrir quién es.

Para ello ha sido esencial la colaboración de Walter, que ha descubierto el patrón oculto tras la aparición de los sucesos (el número de Fibonacci, tan presente en los glyphs de la serie). El personaje de Walter ha seguido la tónica que vimos en el episodio anterior, negándose a aceptar a Peter como su hijo y evitando cualquier tipo de acercamiento a él. De hecho, esta frialdad es uno de los motivos que ha llevado a las palabras finales de Peter. Pero no nos despistemos, y vamos a volver a la causa de las anomalías temporales.

Es aquí donde el episodio se acerca mucho a uno de los capítulos más entrañables de la historia de Fringe: White Tulip, al que ya nos hemos referido en más de una ocasión (sí, siento debilidad por ese episodio…). Los paralelismos son muchos, empezando por el argumento: la obsesión de un hombre por conseguir controlar el tiempo para así poder salvar a la mujer a la que ama.

El caso en sí me ha encantado, a pesar de que al compararlo con White Tulip, en mi opinión el de esta semana salga perdiendo: la química entre Kate y Raymond, los protagonistas, ha sido espectacular (no en vano ambos están casados en la vida real, y eso se tenía que notar), y el ver una situación tan real como dura (por desgracia, el Alzheimer es más común de lo que nos gustaría) ha dado resultado.

En el momento en el que hemos conocido a los protagonistas, Kate estaba a punto de dar con la solución a sus problemas, y Raymond había desarrollado su invento lo suficiente como para alargar el salto temporal a 47 minutos, un número que ya hemos visto muchas veces en la serie y que parece ser uno de los favoritos de J.J. Abrams. No es casualidad que el sistema de Raymond sólo comenzara a funcionar después de la aparición de Peter, que seguramente ha alterado las leyes del tiempo en ese universo.

Un nuevo elemento que también ha servido para hacer referencia a White Tulip es la jaula de Faraday que Peter ha tenido que llevar puesta para poder entrar a la casa de Kate y Raymond. En aquella ocasión fue Alistair Peck (el protagonista del episodio) el que llevaba uno de estos aparatos insertado en su cuerpo. Por suerte Peter no ha tenido que hacer lo mismo, aunque sí ha tenido que clavarse parte en su cuello.

Ya dentro de la casa, y con Peter como testigo privilegiado, asistimos a la conversación entre el matrimonio en la que Raymond le explica a una horrorizada Kater el motivo por el que resulta tan necesario que ella resuelva las ecuaciones. Pero, si hace un momento hablábamos del amor incondicional de Ray hacia su mujer, podemos decir lo mismo con respecto a la propia Kate: aun siendo consciente de que está en su mano curarse y poder disfrutar de mucho más tiempo al lado de su marido, decide sacrificarse por él y darle la oportunidad de poder vivir su propia vida. Es curioso que lo único que parece importar a Kate es asegurarse la inmunidad total para Raymond, hecho que sólo cobra sentido completo cuando descubrimos que ha borrado todas sus fórmulas físicas y, con ellas, cualquier posibilidad de recuperación.

Kate, sin embargo, no se ha marchado sin más: le ha dejado a Raymond una breve nota resumiendo, en pocas palabras, todo lo que siente por él y los motivos por los que decidió no formar parte de su causa. Una nota “del más allá” que nos recuerda irremediablemente a aquel tulipán blanco que Walter recibiría en su momento y que le daría las fuerzas necesarias para seguir adelante. Desde luego, este episodio ha sido un claro autohomenaje a uno de sus mejores capítulos. Y no me ha sobrado para nada.

Junto a esta trama hemos tenido otro foco principal, esta vez centrado en Peter. Como mencionábamos anteriormente, Peter comienza a experimentar pequeños saltos temporales que en un principio parecen estar relacionados con el caso autoconclusivo que acabamos de comentar. Sin embargo, a medida que avanza el episodio nos damos cuenta de que son fenómenos completamente aislados, y que lo que le ocurre a Peter no tiene nada que ver con el caso que está investigando.

Uno de los comentarios más generalizados con respecto a esta trama es el hecho de que a mucha gente le recuerde a The Constant, uno de los episodios más memorables de Lost. No hay duda de que la forma en la que se han producido los saltos temporales recuerda mucho a la manera en la que la mente de Desmond viajaba en el tiempo tratando de encontrar una constante a la que aferrarse. Sin embargo, al contrario de lo que le ha ocurrido a Peter, Desmond supo dónde encontrar a su constante, y nos ofreció una de las escenas más románticas (y lacrimógenas) de toda la serie.

Peter, por el contrario, sigue sin encontrar ese lugar al que aferrarse. En el mundo en el que se encuentra, aunque todo es aparentemente igual, las cosas han cambiado: conseguir la confianza de Walter por ahora parece una causa perdida, y la actitud de Olivia, aunque algo más cordial, dista mucho de lo que nos gustaría ver. A lo largo del episodio Peter reflexiona sobre estas ideas, y suponemos que presenciar la historia de Kate y Raymond le lleva a convencerse del todo: no está en el sitio al que pertenece, y va a hacer lo que esté en su mano para cambiar esa situación.

De forma muy resumida, eso es lo que le dice a Broyles. Ahora bien, de ahí podemos extraer varias interpretaciones. La más “lógica” parece indicar que, como consecuencia de su desaparición, el mundo (para entendernos, el universo azul) que conocíamos es muy diferente al original. En ese caso, para recuperar lo que ha perdido, Peter tendría que evitar de algún modo las consecuencias derivadas de su “borrado” por parte de los observers.

Pero claro, esto es Fringe, y las cosas no suelen ser sencillas. De las palabras de Peter también podemos concluir que el universo “ámbar” que estamos viendo esta temporada no es el que conocíamos originalmente, sino un tercer (cuarto si tenemos en cuenta la versión ámbar de over there) universo que se parece muchísimo al nuestro. En ese caso, Peter tendría que cruzar a su universo original para poder solucionar sus problemas. Detalles como el hecho de que Broyles nunca haya identificado a los observers (cosa que sí ocurrió en la línea original) nos puede llevar a pensar que, efectivamente, no estamos en el universo que creíamos. Pero, de ser cierta esta hipótesis, ¿existiría aún el universo azul? Quiero decir, al final de la tercera temporada, el observer borra a Peter de su universo. De modo que aunque Peter consiguiera viajar allí (si es que no lo ha hecho ya), eso no nos asegura que la reacción de los personajes vaya a ser diferente de la que estamos viendo en estos últimos episodios. Qué complicado es todo esto…

En cualquier caso, me gusta la idea de que Peter no se conforme con lo que ve, y que intente volver a poner cada cosa en su lugar. No me gustaría terminar la serie sin regresar a nuestro universo original tal y como lo conocemos. El final del episodio también ha resultado bastante llamativo: Peter se muda a “su casa” (por cierto, muy divertido el gazapo de la maravillosa tele de plasma) y mantiene una interesante conversación con Olivia en la que ella le anima a que trate de encontrar a la versión de sí misma a la que ama. Da la impresión de que esta Olivia está bastante segura de que Peter debería haber regresado a otro universo. Y todo parece indicar que a partir del próximo episodio ese será el objetivo principal de Peter.

Por último, queda señalar un par de detalles curiosos: el primero es el aparato que utiliza Astrid para medir la radiación durante la investigación del caso, y que, como podemos ver reflejado en las instrucciones que le va leyendo Walter, proviene del otro universo. De hecho, es el mismo aparato que vimos usar a Lincoln en Over There, part 1. Por otra parte, en la última imagen del episodio vemos a Peter, en su casa, sosteniendo un avión de juguete que no es ni más ni menos que el regalo que eligió en la juguetería en el episodio titulado “Peter”. Y para terminar, como siempre, la palabra formada por los glyphs esta semana: LIVING. Lo interesante es que se puede combinar con la que apareció en el episodio anterior para formar “Still Living” (“aún vivo”), una afirmación que puede dar mucho juego: ¿quién sigue vivo y es lo suficientemente importante como para que se anuncie de este modo? Tendremos que esperar para verlo. Mientras tanto, como siempre, tenemos tiempo para comentar el episodio de esta semana. ¡Seguimos hablando en los comentarios!


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