Review Fringe: Alone in the World

Siguiendo la costumbre no escrita de comentar las audiencias en las entradillas de las reviews de Fringe, hoy tengo que anunciar una buena noticia (o, como mínimo, una menos mala): los ratings han subido al 1.3, un 10% con respecto al mínimo histórico de la semana pasada. Pero no quiero desviar la atención del episodio hablando de números. Porque Alone in the World se merece que hablemos de él, de eso no cabe duda. Bueno, del episodio y del grandísimo John Noble. Y es que si la semana pasada comenté que apenas le habíamos visto el pelo, hoy ha vuelto en forma para dejarnos con la boca abierta. Qué forma de interpretar… y qué final de episodio… Pasa, pasa, que vamos a comentarlo.

Me gusta la manera en la que se comporta Fringe cuando nos va dejando pequeñas pistas que no percibes en un principio pero que luego cobran sentido al final de un episodio (o tras un segundo visionado). Eso es lo que ha pasado con este Alone in the World, que ha hecho encajar muchísimos pequeños detalles para regalarnos un final apoteósico. Porque hay que reconocer que los diez últimos minutos han sido geniales. Pero no nos precipitemos, que siempre me pasa igual… Vamos a comentar todo el episodio y ya llegaremos al final cuando tercie.

Comencemos por el caso. Tengo que decir que al principio todo el tema del hongo asesino no me ha llamado demasiado la atención. Supongo que me sonaba demasiado a Expediente X (hay algún episodio en el que pasa algo similar, ¿verdad?) y, sobre todo, a la película The Ruins. Que sí, que la rápida descomposición de los cuerpos es curiosa, y ver los cadáveres explotar más todavía. Pero el tema no ha empezado a interesarme hasta que no he visto que existía algún tipo de relación entre el hongo y el pequeño Aaron (¡qué niño más lindo, por cierto!).

Como ya ha ocurrido en otras ocasiones en Fringe (y eso es lo que hace tan especial a muchos de sus autoconclusivos), el caso no deja de ser una alegoría de la situación personal de nuestros protagonistas. Y es que, como decíamos antes, este Alone in the World ha sido la prueba de fuego de Walter, un Walter al que hemos visto en el que posiblemente sea el momento más bajo que podamos recordar. Su personaje lleva varios episodios sufriendo las “alucinaciones” de Peter, y la situación cada vez va a más. Por eso la evaluación psicológica que hemos presenciado al inicio del episodio no podía llegar en peor momento.

Como curiosidad, no es la primera vez que vemos a este doctor. Su nombre es Bruce Sumner, y le conocimos allá por el octavo episodio de la primera temporada, The Equation (qué tiempos aquellos…). En aquel momento aprendimos que era el director de St. Claire’s (el hospital psiquiátrico en el que Walter estuvo encerrado), y que no estaba conforme con el hecho de que Walter hubiera sido puesto en libertad. Como hemos podido comprobar, hay cosas que no cambian…

Aunque el pobre Walter hace todo lo posible por salir airoso de su entrevista, lo cierto es que el doctor no las tiene todas consigo. La libertad de Walter pende de un hilo y el hecho de que Peter trate de llamar su atención cada dos por tres no ayuda demasiado en ese aspecto. Por cierto, John Noble ha estado enorme en la escena en la que trata de convencer a Broyles de que está completamente cuerdo mientras escuchamos el grito de ayuda desesperado de Peter. Su cara de pánico lo decía todo. El problema es que Broyles no se ha llevado una opinón tan positiva.

Decíamos que el caso autoconclusivo ha sido una metáfora del momento que viven los personajes, en particular el de Walter. Y lo hemos podido percibir desde una doble perspectiva: dentro de laboratorio, con la interacción entre Walter y Aaron, y fuera de él (principalmente en el túnel), con la relación entre el hongo y el niño.

Tener a Aaron “encerrado” dentro del laboratorio con Walter nos ha servido para ver el paralelismo entre ambos: los dos son personajes que se sienten aislados del resto del mundo, solos (como adelantaba el título del episodio), y quizás un poco incomprendidos. Además, se complementan a la perfección: mientras que a uno le falta la figura paternal, el otro no ha podido superar aún la pérdida de su hijo. A la fuerza, esa relación tenía que funcionar.

Esta trama nos ha dejado algunos momentos simpáticos, como el instante en el que Olivia le está contando a Aaron que no tiene que tener miedo de Walter y éste aparece con el delantal cubierto de sangre, la genial referencia a Toy Story (disturbing!) o cuando Bishop le cuenta al niño cómo ocurrió la muerte de Peter, y el pequeño le contesta que si no sería mejor que regresara a la institución mental. Por cierto que, como ya apuntábamos en la review de Neither Here nor There, Peter murió al caer al lago congelado. Es a partir de ese momento cuando las líneas temporales (la que conocemos y la que estamos presenciando) comienzan a divergir.

En cualquier caso, a lo largo del episodio hemos podido ver cómo se estrechaban los lazos entre Walter y el pequeño, comprobando una vez más lo perdido que se encuentra Walter al no tener a Peter a su lado. Pero claro, esto es Fringe, y hay que complicar un poco el asunto antes de poder resolverlo.

Comentábamos antes que la relación entre el niño y el hongo era más estrecha de lo que podíamos imaginar en un primer momento. Resulta que el hongo es algo más complejo de lo que cabría esperar: se asemeja más bien a una red neuronal con la capacidad de crear un fuerte vínculo emocional con las personas. Un musgo inteligente, vaya. Lo suficiente como para hacer que el vínculo tenga consecuencias físicas, de manera que lo que le ocurra a él influya en el chaval y viceversa. En otras palabras: no es posible deshacerse de Gus (Gus, Fringe, Gus Fring, Breaking Bad…) sin acabar con Aaron al mismo tiempo.

El hacer daño a cualquier ser humano inocente, aunque sea por un bien mayor, ya es una decisión durísima. Pero si en la ecuación metemos a un niño, la cosa se complica aún más. Aunque a Olivia le cuesta aceptar la idea (ya hemos visto en otras ocasiones lo protectora que es con los pequeños), Walter ni siquiera se plantea el hecho de dejar morir a Aaron. Al ver reflejado en él al hijo que perdió, está dispuesto a hacer lo que sea por salvarle la vida, aunque eso suponga someterle una lobotomía. El momento en el que ha gritado eso de “¡Vais a matar a Peter!” demuestra hasta qué punto se ha tomado la vida del pequeño como algo personal. Y, desde luego, esta vez no estaba dispuesto a perderle.

Por suerte la solución era bastante más fácil: ya que el vínculo entre Aaron y Gus se había forjado gracias al sentimiento de soledad que ambos compartían, sólo hacía falta romper esa unión. En otras palabras, lo único que Aaron necesitaba era sentirse querido, nada más. Y Walter ha podido salvarle gracias a eso. Sí, entiendo que haya sido una resolución muy sensiblera para mucha gente, pero la verdad es que a mí me ha gustado. El llanto de Astrid, mezclado con el de un Walter al borde de sí mismo ha conseguido emocionarme más que todo lo que había visto hasta el momento en el episodio.

Roto el vínculo, lo de acabar con Gus ha sido coser y cantar. Ya dije antes que el hongo, más allá de su “aspecto inteligente” tampoco ha sido precisamente santo de mi devoción. Y para rematarlo, esa especie de brazo biónico que ha sacado al final para matar al científico lo he visto fuera de lugar… pero bueno, al menos ha funcionado para introducir a Aaron y para darle a Lincoln unos segundos más en pantalla.

Nos acercamos ya al final del episodio. Comentaba al principio que a lo largo de todo el capítulo nos habían dado pistas en las que se adelantaba lo que íbamos a ver en la escena final, aunque yo no he sido capaz de darme cuenta: la consulta con el psicólogo, la soledad compartida con Aaron, la idea de extraerle al pequeño una parte del cerebro para salvarle, las continuas referencias a la locura de Walter… Bishop, movido principalmente por su miedo a volver a ser encerrado en St. Claire’s, decide acabar de una vez por todas con sus alucinaciones, sacarse a Peter de su cabeza. Y quizás lo más duro haya sido ver la forma en la que lo ha intentado: mediante una lobotomía, ni más ni menos.

Lo de que a Walter se le extraigan partes del cerebro no es nada nuevo: ya pudimos comprobar en Grey Matters que es una de las opciones que nuestro protagonista contempla ante situaciones complicadas. Pero imaginar el grado de desesperación que debe sentir el pobre hombre para llegar al punto de herirse de ese modo… ha sido muy, muy duro. Y lo peor es que, mientras lo hacía, era completamente consciente de su decisión: no hemos visto a un loco actuando, sino a un hombre completamente cuerdo pero al límite. Y esa mezcla de compasión y horror que me han hecho sentir las imágenes me ha roto el corazón. Corriendo el riesgo de cansar, repito una vez más: qué grande John Noble, qué forma de actuar…

Lo mismo puedo decir de Anna Torv: no nos ha hecho falta ver a Walter llevando a cabo su decisión; el sonido del golpeteo del martillo y la cara de pánico de Anna han sido suficientes para transmitir lo que estaba ocurriendo. La forma en la que Olivia ha tratado a Walter demuestra el cariño que siente hacia él: en lugar de increparle ha tratado de consolarle, de hacer que se desahogara con ella compartiendo sus preocupaciones.

Y así hemos llegado a la gran revelación del episodio: Olivia también ve a Peter. Es algo que nos habíamos planteado en los dos episodios anteriores, y que, por fin, ha quedado confirmado. Me alegra muchísimo saber que ella también le ve por dos motivos: por un lado, demuestra la importancia del vínculo entre Peter y Olivia; por el otro, evita que todo el mundo piense que Walter está realmente loco. Y es que su cara de alivio al comprender que no eran alucinaciones suyas es imposible de describir.

El hecho de que nos hayan enseñado a Olivia dibujado a Peter y buscando su rostro con el programa de reconocimiento facial al principio del episodio me ha encantado. Y me ha gustado, precisamente, porque yo no me he dado cuenta de ese detalle hasta que he revisionado el episodio.

En cualquier caso, hemos dado, por fin, el paso definitivo hacia la búsqueda de Peter. Nuestros personajes ya saben que el joven con barba existe, y están decididos a encontrarle. Las palabras finales de Walter lo describen mejor que yo (por cierto, ya tenemos una de las grandes citas de la temporada, sin lugar a dudas): “Una visión compartida como esta. ¡Debe ser real! Y si es real… tenemos que encontrarle.

Unas palabras llenas de esperanza para un episodio en el que, como ya he dicho, el caso autoconclusivo no me ha parecido nada del otro mundo. Pero el tramo final me ha merecido la pena por completo… Es de esperar que en los próximos episodios podamos ver un avance en la búsqueda de Peter. Por cierto, como último detalle, los glyhps de esta semana formaban la palabra “Reborn”. ¿Se refieren a que vamos a volver a ver “nacer” a Peter dentro de poco? ¿O acaso hacen referencia a las recién renacidas esperanzas de Walter? Habrá que seguir viendo los episodios para comprobarlo. Por lo pronto, el título del próximo ya promete… Pero antes de centrarnos en él, aún queda mucha gente por compartir sus impresiones sobre Alone in the World. ¿Os animáis con los comentarios?

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