Review Fringe: A Better Human Being

Menuda racha de episodios está dándonos Fringe desde que hemos regresado del parón de Navidad. Si el año pasado el primer tramo de temporada fue el más potente, este año podemos decir que la segunda mitad está superando con creces al inicio. A Better Human Being nos ha dado todo lo que necesitábamos: avances en la trama principal, un caso autoconclusivo estrechamente ligado a ella, y un final realmente sorprendente. ¿Lo comentamos todo?

Es obligado comenzar donde lo dejamos la semana pasada: en aquel inesperado beso entre Olivia y Peter (o, mejor dicho, de Olivia a Peter) que nos hacía pensar que “nuestra” Olivia y la de esta línea temporal estaban mucho más unidas de lo que creíamos. Y así es. Como vimos en Welcome to Westfield, los recuerdos de esta Olivia están empezando a mezclarse con los de la original, y la causa, conforme a lo que teorizábamos la semana pasada, es completamente intencionada. Pero de eso ya hablaremos más adelante.

Vamos a ocuparnos del caso autonclusivo. Esta semana hemos conocido a Sean Keenan, un chico esquizofrénico con una extraña cualidad: describir crímenes al mismo tiempo que ocurren. O, al menos, esa es la primera impresión que tenemos (aunque, si tengo que confesar la verdad, en un principio pensé que Sean en realidad estaba dirigiendo a los asesinos desde el hospital). Sin embargo, esto es Fringe y aquí nada es lo que parece. Así que lo que en un primer momento apuntaba a un caso centrado en la captura de una panda de asesinos ha terminado convirtiéndose en un peculiar ejemplo de… ¿interferencia telepática? De verdad, puedo entenderlas, pero me cuesta mucho describir estas cosas.

La cuestión es que el pobre Sean no era sino una pieza más dentro de una gigantesca red de seres dispuestos a lo que fuera con tal de protegerse. Un auténtico panal de abejas, como comenta Walter, capaz de lo que sea para asegurar la supervivencia del grupo. Y, como responsable de todo, una vez más, un científico que se deja llevar más de la cuenta y aspira a crear el “ser humano mejor” que da nombre al episodio. No es la primera vez que Fringe nos ofrece una moraleja de este tipo: jugar a ser Dios es mucho más arriesgado de lo que creemos.

Aunque pienso que el caso no ha sido demasiado espectacular, reconozco que me ha gustado, especialmente en su resolución: aunque había más de 200 sujetos “conectados” entre sí, la muerte de su creador ha supuesto el fin del problema, y, por tanto, el punto y final a los contactos entre ellos. Sin embargo, no tenemos que olvidar que todos esos muchachos siguen ahí, en cualquier sitio, y su existencia no deja de ser una amenaza latente que puede estallar en cualquier momento. Imagino que ha sido esa contradictoria “resolución sin resolver” lo que más me ha llamado la atención.

Por otra parte, y aunque no tenga nada de relevancia, ha sido interesante ver a Astrid y Sean flirteando. No estamos acostumbrados a ver a Astrid de este modo, y resulta muy curioso. Una vez más, ¡reclamamos más protagonismo para ella!

Comentaba al principio que el caso de esta semana estaba muy ligado a la trama principal. Y claramente es así: al igual que Sean, Olivia también está experimentando esa sensación de alojar en su cabeza pensamientos que pertenecen a otras personas, de tener recuerdos que no son los propios, aunque parezcan incluso más vívidos que los originales.

Personalmente, me ha encantado el recurso de usar los flashbacks para que pudiéramos ir “recordando” momentos a la vez que Olivia: Walter a punto de ser liberado de la institución mental, la primera vez que vimos “brillar” a Peter… grandes momentos que nos recuerdan cuánto ha avanzado la serie y cuánto nos ha hecho disfrutar en el camino.

Tras unas primeras pruebas, Walter llega a una conclusión que parece más que aceptable: la suma de la aguda sensibilidad de Olivia y el deseo de Peter por volver a su sitio hacen que Olivia, en cierto modo, perciba los recuerdos de Peter como si fueran los suyos propios. De hecho, incluso llegamos a ver que Walter se siente molesto con su hijo por ello, aunque sepa que no lo hace de manera consciente. El tono de reproche de su voz al decir eso de “Sé lo que estás haciendo” ha sido muy duro.

Sin embargo, aunque esta explicación podría parecer creíble, lo cierto es que la realidad era muy diferente. Hemos visto que Olivia no sólo recordaba cosas que Peter sabía, sino que además había desarrollado sus propios recuerdos, totalmente al margen de él. Los análisis de Walter han confirmado lo que ya sospechábamos: la transformación de Olivia no es sino el resultado del Cortexiphan que se le está suministrando.

Y aquí es donde entra en juego Nina Sharp, a la que hemos visto experimentando con Olivia durante gran parte de la temporada. Como era de esperar, Walter decide ir a hablar con ella, la única persona que posee unas muestras de la sustancia. Y junto a él también va Lincoln, que ya ha vuelto de visitar a sus familiares, pero que ha quedado relegado a un segundo plano debido al avance de la relación entre Peter y Olivia. Ya se sabe: “El que fue a Sevilla…

La visita a Massive Dynamic nos deja un detalle muy, pero que muy interesante: se han esforzado en mostrarnos las dos manos de Nina Sharp, demostrando que a esta versión no le falta ningún brazo. Sin embargo, al ser la primera vez que vemos a Sharp sin guantes esta temporada (si no me equivoco), no podemos saber con seguridad si es que en esta línea temporal no perdió la mano, o si estamos viendo a una versión distinta. En cualquier caso, la mujer a la que hemos visto aún tiene muchas cosas que explicarnos…

Antes de hablar de la escena final, vamos a detenernos un poco en la relación entre Peter y Olivia. Lógicamente, desde el beso del episodio pasado las cosas han cambiado. Por un lado, los dos quieren seguir adelante. Por el otro, saben que no deben hacerlo. Sin embargo, los recuerdos de Olivia no ponen las cosas nada fáciles. La tensión entre ambos ha sido más que evidente a lo largo de todo el episodio. Y el mejor ejemplo, sin duda, la escena en la que Olivia descubre la cicatriz de la mano de Peter. Es increíble cuánto pueden transmitir con tan poco. Mención especial obligada a la banda sonora que, una vez más, nos ha puesto la piel de gallina.

Así que el beso final en el coche era algo que no nos ha cogido por sorpresa a ninguno. Una escena, por cierto, que sirve para que Peter se redima por su “gran error” de la temporada pasada, diciéndole a Olivia que al mirarla a los ojos sabe que es realmente ella. Un gran guiño a Marionette, cosa que tampoco debería sorprendernos demasiado, teniendo en cuenta que ambos episodios comparten a Joe Chapelle como director. Pero, aún así, un gran detalle.

En cualquier caso, Peter y Olivia por fin se encuentran en el punto en el que tenían que estar. Con la convicción cada vez más fuerte de que está donde debía, Peter no ha podido evitar dejarse llevar. Parece ser que, sin importar el universo o la línea temporal en la que se encuentren, ambos están destinados a unirse. Muy bonito todo. Demasiado bonito para ser Fringe. Tanto, que imaginábamos que la cosa no podía acabar bien, como de hecho ocurre.

Y, ahora sí, llegamos a la escena final. Olivia desaparece misteriosamente en la gasolinera (¿En serio? ¿”Tengo que hacer pis”?) y despierta maniatada en una silla y con una sorprendente compañera de celda: Nina Sharp. En serio, si alguien sabe qué es lo que está pasando aquí, que venga y lo explique, porque yo no soy capaz de darle un sentido a este berenjenal. Así que lo que viene a continuación son, una vez más, teorías sin sentido que no tienen la más mínima validez. Pero es que me gusta tanto darle vueltas…

Supongamos por un momento que la Nina Sharp que está sentada frente a Olivia es “la de verdad”, la que crió a Olive desde pequeña y vimos al principio de la temporada (“Tita Nina”, para que nos entendamos). Y, sólo por un momento, vamos a pensar que realmente se preocupa por Olivia y la quiere. Eso significaría que la Nina Sharp que se encuentra ahora mismo en Massive Dynamic con Walter y Lincoln es la que ha estado suministrando el Cortexiphan a Olivia, y que lleva bastante tiempo suplantando a la Nina Sharp verdadera.

De ser así, la “Nina suplantadora” es la que se comunicaba con Alt-Broyles y con Robert David Jones en Enemy of My Enemy. La cuestión ahora es… ¿qué o quién es exactamente esta Nina Sharp? Se me ocurren dos opciones: o bien es una shapeshifter (en cuyo caso suponemos que Jones es el máximo responsable) o bien estamos ante la versión alternativa de Nina Sharp (¿Alt-Nina?). Sinceramente, que nunca hayamos oído hablar de la Nina del universo rojo es algo que me extraña, además de un detalle que no puede pasar por alto así como así. Desde este momento puedo confesar que si Nina Sharp (en cualquiera de sus versiones) fuera “la villana” de la historia no me molestaría en absoluto. Me encanta su personaje, y la ambigüedad que desprende la hace mucho más interesante. Nina siempre ha estado un poco a la sombra, y si ahora Alt-Nina (un personaje que no ha aparecido nunca pero que, inconscientemente, siempre ha estado ahí) le diera un giro a la historia, me alegraría.

Existe una segunda opción, y es que la mujer atada frente a Olivia esté fingiendo, y en realidad no haya sido secuestrada. Quizás esa Nina sólo trate de ganarse la confianza de Olivia para alguna finalidad que por ahora desconocemos. Como decía, la ambigüedad del personaje nos obliga a no poder descartar ninguna posibilidad. ¿No es eso genial?

En cualquier caso, la intriga ahora mismo es enorme. Y, por si fuera poco, es el momento de añadir otro nombre a la ecuación: el de Henry (es la palabra que han formado los glyphs esta semana). Una vez más, surge la duda: ¿a qué Henry nos estamos refiriendo? Por un lado, está el taxista (al que me encantaría volver a ver). Por el otro, el bebé de Altivia, al que no podemos olvidar, y uno de los puntos de divergencia más importantes con respecto a la línea temporal original. ¿Por cuál apostáis vosotros?

Como decía al principio, A Better Human Being nos ha dado todo lo que podíamos pedirle. Y, por si no fuera suficiente, el próximo episodio (“Winter Finale”) promete ser épico. Pero de eso ya hablaremos en un par de días. Aún tenemos tiempo de comentar el último episodio. ¿Os animáis?

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