Review FNL: Swerve

Review FNL: Swerve

Después del maravilloso capítulo que fue ese Kingdom, en el que todos y
ninguno tenían una importancia tremenda, nos toca volver junto con los
Lions a la rutina de Dillon y sus problemas cotidianos. Y esta vez, los
problemas vienen de la mano de Julie Taylor y sus amoríos
universitarios, de Vince y ese pasado delictivo que quiere enterrar, y
de Luke y la Universidad. Así que volvemos a contar unas cuantas
historias a la vez, y tres historias muy interesantes, por cierto. O eso
me ha parecido a mí. Así que allá que vamos…

Una de los millones de cosas que adoro de esta serie es sin duda cómo puede retratarnos una forma de vida completa de una pequeña ciudad de la América profunda, sin contarnos mucho. Me explico. ¿Cómo comienza el capítulo? Pues sí, comienza con una Iglesia repleta, y con todos nuestros protagonistas, con sus mejores galas, allí. Dos minutos, no hace falta más para recordarnos de nuevo que la religión desde luego está muy presente entre ellos. Claro que este misticismo siempre se va un poco a la porra cuando aparece Buddy por el horizonte, intentando descaradamente juntar a su hijo con Julie. No sé cómo lo veréis, pero no me parece una pareja que pueda tener mucho futuro. Reconozco que sería sorprendente y gracioso, pero por mucho que me divirtiera ese romance, dudo que vaya a suceder.

Por otro lado (que la salida de la Iglesia da bastante de sí), también se encuentran los padres de Luke, con su hijo, instándole a que vaya bien vestido y hablándole de su futura Universidad. Lo que comentaba antes, otra pequeña pincelada de una manera de vivir. Pero claro, después de la conversación de Luke y Vince en plena borrachera, Luke empieza a ver esa Universidad muy lejana. Pero de eso ya hablaremos más adelante, porque de momento me apetece mucho centrarme en la señorita Julie Taylor y su preocupación en forma de profesor universitario y señora, y su reputación allí. Desde luego no se puede decir que esté disfrutando mucho su primer año universitario. Y es que a Julie se le termina el tiempo de estar en casa sin tener que dar demasiadas explicaciones a sus padres, no tiene el coraje de decir el verdadero motivo de su estancia allí, y por lo que parece no tiene absolutamente ninguna gana de volver. ¿Y qué hacer en momentos de desesperación? Pues otra tontería muy grande. Empotrar adrede su coche contra un buzón, para que tarden un poquillo en arreglarlo y concederse otra tregua. En fin. Es que a veces da la impresión de que no conoce a la buena de Tami… Por supuesto que el coche se haya estrellado no tiene mayor relevancia, mientras ella esté bien, esas cosas pasan, y por supuesto no tiene que pagar la reparación, pero….no puede perder más días de clase. Así que Julie oye lo que seguramente más miedo tenía de oír. Tami la llevará a la Universidad esa misma tarde. Jugada maestra, desde luego. Se queda sin coche, y encima tiene que volver a su pesadilla particular, y acompañada de su madre. Evidentemente, eso sí que no lo puede permitir, así que tomando un heladito en una cafetería, a Julie no le queda otra que apechugar con lo que ha hecho, armarse de valor y contar a la señora Taylor el verdadero motivo de su visita. Y desde luego su negativa a volver a la Universidad. “Vaya palazo”, es lo primero que he pensado. Y creo que es casi exactamente lo primero que ha pensado Tami, que se ha quedado casi absolutamente en shock.

Tami en shockTami en shock

Así que después de intentar digerir todo lo que ha oído de labios de su hija, y tener muy claro que pase lo que pase, Julie debe volver y enfrentarse a sus responsabilidades, le toca la difícil tarea de contarle al grandioso Eric toda la historia. Os juro, no sé que me daría más miedo, si ser Julie y contarle a Tami el problema, o ser Tami y contárselo al coach. Y por enésima vez no me queda más remedio que aplaudir a estos dos actores y su increíble química en pantalla. Espero después de esta temporada poderles disfrutar juntos en alguna otra serie, película, o donde sea porque ellos solos pueden absolutamente con todo. Impresionante escena, con una señora Taylor, fiel a sus principios, intentando explicarle a Eric que su hija está destrozada, que hay que ser compasivos con ella, e intentar dialogar, y un Eric, disgustadísimo y por supuesto muy enfadado, con ganas de sangre. Y cómo Tami, intentando no creer que su hija haya podido estropear su coche a propósito, aunque estoy convencida de que en su fuero interno sí que lo sabe, y el coach totalmente convencido de que ha sido así. ¿Y cuándo Eric no tiene razón? ¿Eh? ¿Eh? Y aunque estoy segura de que Tami lo sabe, prefiere asegurarse, así que le pregunta a su hija si lo que sospecha, o más bien afirma el coach, es cierto. Y hasta que no se lo dice Julie, no se convence. Resultado de todo esto: es una pena todo lo que ha ocurrido, y efectivamente siempre siempre querrán a Julie, pero ya va siendo hora de que afronte sus bastantes malas decisiones, todo hay que decirlo, y por supuesto, y sin discusión, va a volver a la Universidad. Aaaaay, si fuera tan fácil…

Todo esto a mi entrenador favorito en el mundo entero le ha dejado tocadísimo, así que intenta meditarlo mirando al vacío en el jardín. Tras otra preciosa, aunque corta conversación con su mujer, en la cual llega a decir que ni siquiera reconoce a la chica que está viviendo en su casa, de nuevo vuelve su carácter a flote, y en una escena en la que se corta la tensión en el ambiente (ay, ¿quién no ha vivido una situación así), ordena y manda que esa misma tarde el coche estará arreglado, que lo paga él, pero que por supuesto Julie se lo devolverá, ya que es su responsabilidad, y que de una patada en el culo ya puede poner rumbo a la Universidad de nuevo. Y se marcha, tras un tímido de Julie, que ha sonado más falso que una moneda de cuatro euros. Por supuesto, la chica no va a hacer ni caso a la orden de su padre, y Eric, ya sintiéndose impotente, intenta llevarla al coche, cosa a la que Julie se opone, encerrándose en su habitación. Durante este rifirrafe casero, por el cual el coach está llegando tarde al partido que le toca esta noche, ocurren dos cosas a mi entender muy bonitas.

Una, que al fin y al cabo, para Eric su familia es lo primero, de hecho esta situación le tiene preocupado hasta el punto de dejar un entrenamiento, y más importante, llegar tarde a la charla previa al partido, y dos, que dado que parece que no llega a la charla motivadora, es el mayor de los Riggins el que se encarga de darla, y se le ve auténtica madera. Es muy pasional, y consigue lo que busca. Es más, como suele suceder en estos casos, Eric llega a tiempo para oír el final de la charla, y se queda sorprendido y complacido de lo que ve. Bien por Billy, sí señor. Me encanta. Y para terminar ya con Julie, creo que en el momento que mejor se ve el desencanto del coach Taylor es justamente al final del capítulo, observando a Gracie Bell dormir, todavía tan pequeña y que tan pocos quebraderos de cabeza le da, y Julie detrás diciendo a su padre que siente decepcionarle. Y el coach ni mira. Vaya final, madre mía…

Mal rollito...Mal rollito…

Por otro lado, que no me olvido, la vida de Vince también dista mucho de ser agradable en estos momentos. Cuando parecía que iba encarrilando su vida, en la que se siente admirado y respetado, tiene una novia magnífica, y parece que va limando asperezas con su padre… vuelve su pasado a relucir. Ese pasado de Vince tan turbio en el cual andaba bastante metido en historias relacionadas con drogas y demás. Y debe pasta, debe mucha pasta. Para ser mas exactos debe 5.000 dólares a uno del barrio que tiene toda la pinta de ser pero que muy duro de pelar. Claro que Vince también lo es, y si está nervioso, prefiere no desmostrarlo. Le explica a su exsocio, o lo que sea, que no tiene todo ese dinero, pero que se lo irá pagando hasta saldar su deuda, y se intenta ir con chulería. Pero eso no le va a valer esta vez, y ya puede empezar a temer por su vida, porque el que le reclama el dinero no parece que se ande con chiquitas, y la conversación de Vince no le convence pero nada. Es muy claro, quiere su dinero, y si no lo tiene, Vince ya se puede ir despidiendo de todo el mundo. Así que acorralado, acude a Jess, la que sensatamente le recomienda que acuda a Eric Taylor (este hombre es un auténtico apagafuegos), pero Vince se lo piensa mejor y prefiere acudir a su padre, un auténtico crack de las calles, para que le ayude. Esta puede ser la auténtica redención del padre de Vince, y por supuesto mejorar muchísimo la relación que ahora mismo tienen. Lo único que le pide Vince, es que no haga nada que pueda costarle la libertad condicional. El padre accede, o eso parece, y le dice que no se preocupe más por ello. No sé, a mi sinceramente me parece que el padre de Vince está intentando realmente conseguir mejorar su relación con su familia y que olviden el pasado, y yo creo que por lo menos, empeño le pone. Claro que debe ser difícil, muy difícil. Total, que no por nada este hombre ha sido el rey de los barrios bajos de Dillon, y no le tiembla el pulso a la hora de ir a por el chantajeador. Muy ¿poética? la escena del estadio, donde está jugando su hijo, y el padre de Vince dejando muy claritas las cosas a el exsocio de su hijo. Se las deja tan claritas que le deja temblando en el suelo, sangrando, y apuntándole con una pistola. Efectivo cien por cien. Que deje en paz a su hijo, que ni se le acerque nunca más, y que si lo hace, se las verá con él. Yo desde luego lo haría… el tema es, ¿lo hará él? Preveo algo bastante interesante para el futuro, aunque no sé por qué, creo que terminará en tragedia. Espero equivocarme.

Y por si fuera poco, y comentamos en el capítulo anterior, no es ésta la única preocupación de Vince. Y es que de borrachera, y con la euforia, todos somos muy simpáticos y todo nos parece bien, pero como ya comentamos en el capítulo anterior, la conversación Luke-Vince, y la Universidad, iba a traer cola dos ibuprofenos más tarde y mucha agua después. Ya sin alcohol en sangre, Luke empieza a reaccionar y se da cuenta de que lo que ha contado Vince huele a chamusquina, y mucho más si Vince le ha reconocido que el coach le había pedido encarecidamente que no le dijera nada de todo el chanchullo universitario. Así que, allá que va a pedir explicaciones a Eric Taylor. Y repitiéndome como el ajo, ¡qué gozada de conversación! Desde luego, el coach puede pecar de muchas cosas (bueno, la verdad es que no), pero no se puede decir que no sea una persona muy clara y que vaya directa al grano. Así que cuando Luke le pregunta el motivo de su negativa a que se enterara del pequeño complot de la TMU con Vince, él le dice muy serio: No te quieren a ti, le quieren a él. Tela. Qué duro de oír tiene que ser algo así. Por supuesto, ante una noticia así, lo primero que hace Luke es negarlo, no puede ser, les quieren a los dos. Pero la experiencia es un grado, y Taylor no se baja del carro. Es así, por mucho que duela, y además pide disculpas por no haberse dado cuenta antes. Yo tampoco me dí cuenta en su día, me tuvieron que abrir los ojos en los comentarios, pido disculpas por ello también…

Y por mucho que Taylor intente explicar a Luke que es un atleta buenísimo, y que ya llegarán más oportunidades, el daño es muy grande, para qué negarlo. Así que allá que va Luke a la búsqueda de Becky, a ver si se quita las penas, a casa de los Riggins, donde se encuentra con Billy. Y no en vano Billy es entrenador de los Lions, y no en vano Billy es un gran aficionado al golf y la cerveza, así que tirando unas bolas y bebiendo unos tragos, hablan sobre el tema. Billy desde luego no es Taylor, y sus métodos digamos que son menos… ortodoxos que el de nuestro protagonista, pero lo que no se puede decir es que no sean la mar de efectivos para subir la autoestima, aunque quizá no tan buenos para conseguir que te fichen en una Universidad. Porque tanto golf y tanta birra, con auténticas verdades de boca de Billy, y con tanta motivación, termina con una llamada a un jefazo de la TMU, básicamente mandándolo a (poned aquí lo que queráis) y un buen aullido de coraje Lion. Sordo se ha debido de quedar el mandamás de la Universidad, eso seguro, pero también se ha debido quedar muy a gusto el bueno de Luke. Y Billy, por supuesto. ¿Y dónde estaba Becky, que no estaba en casa, y que desemboca en todo esto? Pues buscando ropa de trabajo con Mindy (tangas), y de paso charlando un poco. La relación que llevan Mindy y Becky, tras los roces de los primeros capítulos, es fantástica, son como dos hermanas que se entienden, se apoyan y se complementan.

Tras una llamada desde la cárcel de Tim, en la cual ha hablado con su hermano y Becky no ha podido ni decirle hola, Mindy y Becky hablan de Tim. (¿Cuándo sale ya? Se le echa una barbaridad de menos…) Mindy decide que ya va siendo hora de explicarle unas cuantas cosas a su “hermana”. Luke está muy bien, es muy guapo, y además ya han tenido alguna historia antes. Nuestro viejo conocido Riggins no deja de ser un fenómeno que directamente se acerca a cualquier mujer que respire, y que por muchas cosas bonitas que le haya podido decir, se las diría a cualquiera. El mensaje en clave es clarísimo: olvídate de Tim, y céntrate en alguien que te hará menos daño, y que parece que le gustas mucho. Es más, una vez en el bar, Mindy se acerca a Luke y hace de auténtica celestina para que ambos estén juntos. Un poco incómoda escena, ya que la idea de Mindy de hacer de celestina es: tened mucho sexo y pasadlo bien. Pero bueno, aceptamos barco para una posible relación entre ambos, porque desde luego atracción entre ellos existe.

Y ya para terminar, curiosa escena de Becky en el local de striptease donde trabaja Mindy, en el que ve el dinero que puede llegar a sacar ésta en una noche. Esa miradita al dinero y al local desde luego hace sospechar que dentro de poco veremos Becky bailando en una barra americana, o por lo menos intentándolo. Y ahora mismo me pongo a ver el siguiente capítulo porque esta temporada me está gustando una barbaridad, y realmente ya tengo muchísima curiosidad en ver cómo termina todo esto. Ah, qué pena, qué pena me da que ésta sea la última temporada, y qué rápida se me está pasando

Poderoso caballero...Poderoso caballero…


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