Review FNL: Perfect record

Review FNL: Perfect record

¡Feliz Navidad a todo el mundo! Dicho esto, espero que Papá Noel, el Olentzero o quien quiera que sea os haya traído un montón de regalos. A mí me va a tocar esperar a Reyes y aún así no sé yo… Pero bueno, que estamos en Navidad, y también tenemos de regalo otro capítulo impresionante de Friday Night Lights. Cuando parecía que no me podía gustar más esta serie y ser más fan…¡pum! Me van haciendo capitulazo tras capitulazo y aquí estoy, reafirmándome en que esta quinta temporada está siendo una auténtica gozada, y es que mis Lions no me defraudan nunca, cosa que se agradece. Ea, ya he soltado un poco mi pasión por los habitantes de Dillon, así que ya va siendo hora de que me meta un poco con este Perfect Record….que igual perfect no ha sido, como Kingdom, pero casi casi.

Y es que… ¿qué puede esperarse de la semana de la rivalidad, los Panthers, Jason Street (sí, me habéis leído bien, ¡Jason Street!), y la horma del zapato del señor coach, también conocido como Vince's Dad? Pues algo sublime, claro que sí. Es que todo llega… y como no podía ser de otra manera, también los Panthers y los Lions tendrán que jugar algún partido este año. Es increíble, ya casi me había olvidado de los azules, pero han vuelto, y con fuerza y malas artes. Para ir calentando los ánimos al personal, han creado una página web, lionhaters.com (sí, la he buscado pero desgraciadamente no existe), en la que aparecen varios jugadores de los Lions, con todos sus antecedentes penales, que son unos cuantos. Esta página, con la ayudita de la radio, consigue hacer creer a Dillon que los Lions no son más que, y cito textualmente “violentos criminales”. Tela.

AcusadosAcusados

Algo así, como no podía ser de otra manera, provoca un enfado pero más que justificado de todo el equipo, coach inclusive. Enfado y preocupación, que es justamente lo que los Panthers buscan. Así que lo primero que hace Eric es ir a la búsqueda y captura de los entrenadores azules, a dejarles las cosas muy claras. Hago mención a la conversación que están teniendo los entrenadores Panther en el bar cuando llega el coach… si es que son todo chulería y estupidez. Y me retracto a mí misma en este momento: no les he olvidado, es que ahora les tengo una manía que no les puedo ni ver. Si me decís que me iba a pasar algo así hace un par de temporadas, no me lo hubiera creído nunca. En fín, al lío. Taylor les pide que por favor si tienen que meterse con alguien, que se metan con él, que dejen a sus jugadores fuera, y que hagan el favor de apagar esa página. Por supuesto, los Panthers niegan tener nada que ver con la web de marras, pero a regañadientes aceptan cerrarla. Y voy yo y viendo sus caras que me lo creo. El único que me ha dado cierta penilla es Mac McGill, personaje que por cierto hacía muchísimo que no veía, y que me emocionó lo suyo en el ahora tan lejano capítulo de Smash y el racismo en el deporte. ¿Os acordáis? Yo, no sé por qué, es de los que más recuerdo. Pero apaguen o no apaguen la lionhaters.com, el daño ya está hecho, como puede comprobarse más adelante en el entrenamiento. Los jugadores no se concentran, y el entrenamiento no está siendo lo que se dice un éxito. Hora es de que hable un poco el coach e intente calmar un poco los ánimos del herido equipo. Efectivamente, quien sea que haya hecho la página, está cometiendo un delito y I promise you that, el que lo haya hecho será castigado. Entiende que estén enfadados, él también lo está, y que les ciegue la ira pero… ¿es en eso en lo que quieren concentrarse?

Y como probablemente Vince es uno de los que más tiene que preocuparse, debido al interés que tienen las universidades por el, Eric intenta hablar con él personalmente, e intentar convencerlo de que no tiene por qué influir en absoluto toda la basura volcada con su futuro. Pero Vince no lo tiene pero que nada claro, y aquí es cuando aparece Vince's Dad. Y ya me podéis perdonar, pero todavía no he conseguido saber cómo se llama este hombre, si alguien me lo puede decir, muy agradecida… El hombre le recuerda a su hijo una anécdota infantil, en la que Vince se subía a un árbol, y su padre le decía que bajara y le prometía que jamás iba a dejarle caer. Y como veremos, desde luego que se lo ha tomado realmente en serio. Y para animar este ambiente, y os prometo que no me lo esperaba en este momento, ha aparecido el bueno de Jason Street de visita por Dillon. Por supuesto, esa visita es un poco interesada. A Jason le van genial las cosas, se casó por fin con la madre de su hijo, de hecho quieren tener otro, y le han ascendido en su trabajo como agente deportivo. No puede pedir más… O si. Y es que un entrenador de la talla de Taylor no puede pasar desapercibido en el mundo del fútbol americano, y su nombre suena, suena mucho por esos lares. Así que como algunas universidades saben que Jason fue pupilo del coach, deciden que quien mejor que él para ir a hacerle una pero que muy interesante oferta de trabajo.

Sin embargo, Eric es muy claro. Le gusta su equipo, le gusta su casa, su vida, su familia está contenta y de momento no tiene ninguna intención de marcharse de Dillon. Claro que no ha oído la oferta completa. Oferta que llega por teléfono desde la universidad, (con alguna ayuda de Jason, seguro), en la que quieren a Eric, pero no como entrenador asistente, sino como entrenador principal. Y no van a parar hasta conseguirlo. ¿Será este el futuro de los Taylor? No sería un mal final, desde luego. Por cierto, de aquí a final de temporada hay que conseguir que Jason se haga de los Lions sí o sí. Que sigue siendo pero que muy Panther y el rojo es el color de moda en este momento. De momento, y aunque la visita de Jason es muy interesante, el coach tiene un problema más importante y urgente ahora mismo. Animar a su equipo, y hacerles olvidar todo lo que han volcado sobre ellos. Y como siempre que tiene un problema, allí está Tami para buscar alguna solución, alguna alternativa, que en Estados Unidos por lo que puedo observar, siempre tiene forma de barbacoa. Eso sí, una barbacoa para 300. Sí, sin apetecerle mucho (¿a quien le apetecería?) Tami se ofrece para organizar una barbacoa y además va a tener una ayudante en casa. Julie, claro

El único Panther que se salvaEl único Panther que se salva

Ya que Julie parece que no tiene ninguna intención de volver a la universidad de momento, por lo menos en casa va a echar una mano. Eso desde luego. No parece que se avecinen tiempos muy agradables para Julie, la verdad, porque desde luego en eso sus padres van a ser bastante firmes. Y personalmente creo que se lo merece, porque creo que se está portando como una niña malcriada. No me está gustando mucho Julie esta temporada, la verdad. Y es que en vez de ser humilde con sus padres, o estar arrepentida, absolutamente a todo le pone mala cara, si, incluso a unos cereales, (¡es un drama, no hay tofu!), o a llevar a su hermanita al colegio. Dios mío de mi vida, Julie, si es que además no tienes nada más que hacer. De hecho, este comportamiento suyo es el que desemboca en una de las escenas más tensas del capítulo.

Decidida a que Julie no pierda el semestre, Tami marcha a la universidad a recoger sus libros y sus apuntes, para que al menos estudie en casa. Cosa que como os podéis suponer al bueno de Taylor le sienta bastante mal, ya que es responsabilidad de su hija hacer estas cosas. Y totalmente de acuerdo, como ya he dicho. Y aquí tenemos el primer cara a cara Tami-Derek. En un principio, cuando entra al despacho, Mrs. Taylor no tiene ni idea de cómo es Derek, y simplemente ve a un profesor ayudando a una alumna. Es más, incluso sonríe al verle trabajar. Pero cuando dice las palabras mágicas, “Soy Derek”, de repente a Tami se le cambia totalmente la expresión. Tras un incomodísimo silencio, ella reconoce que es la madre de Julie Taylor y que viene a por sus libros. De una mirada, Derek intuye que esa señora sabe bastante de lo que ha ocurrido, y disimula como puede, preguntando por su hija, y dándole todo lo que necesite para estudiar. Y Tami calla, y observa. Pero no dice nada. El tampoco dice más, no hace falta. Y ella se marcha. Me encantaría saber en qué estaban pensando exactamente los dos. Me sorprende un poco que la señora Taylor, uno de los personajes más dialogantes y guerreros de la serie, se comporte de esta manera, así que me figuro que algún as guarda en la manga. De él me puedo figurar mejor qué está pensando: “Esta mujer lo sabe, y me estoy jugando el puesto”. Veremos, porque esta historia no está ni mucho menos terminada.

Y mientras Tami y Derek juegan al gato y al ratón, Vince's Dad hace lo mismo con unas cuantas universidades. Como ya hemos comentado, desde luego está totalmente decidido a labrar un futuro a su hijo, y para ello, le importa bastante poco hacer oídos sordos a la conversación que tuvo con Taylor capítulos atrás. Se avecina una auténtica lucha de caracteres, que desde luego ha sido lo más interesante y duro de todo el capítulo. Y es que Vince's Dad no ha hecho pero es que ni caso a las recomendaciones, o prohibiciones del coach y ya está hablando con todas las universidades que puede. Es más, ya desde el principio se ven claras sus intenciones cuando intenta regalar a su hijo (con más moral que él), equipaciones de la TMU, que le han dado a él. Pero eso es ilegal, las universidades no pueden hacer regalos, y Vince no quiere aceptarlas. También ha ido corriendo la voz de que la TMU está interesada en su hijo, así que le empiezan a llover ofertas de Florida, Oklahoma y demás sitios. Aparte, no sé a vosotros, pero a mí se me ha llegado a hacer insoportable durante todo el capítulo. A ver, entiendo perfectamente que quiera hacer todo por su hijo y tal, pero oír algún que otro consejo de gente que sabe mejor que él de que va todo esto, no le vendría nada mal. Cosa que por supuesto no hace. Y el coach, por supuesto está viendo indicios, y le dan bastante miedo. Le ve dándole la tabarra a Jason sobre lo bueno que es su hijo sobre el campo, incluso llega a preguntar a Jess si alguien de alguna universidad está intentando contactar con Vince de alguna manera, a lo que Jess, que no parece que sepa mentir muy bien, dice que no. Y el momento cumbre es en la barbacoa.

En serio, he tenido que verlo un par de veces y aún así no sé muy bien cómo contarlo. A Vince's Dad le llaman por teléfono, en plena barbacoa, y Taylor le ve hablando, y se acerca. Evidentemente Vince's Dad corta la llamada bastante rápido (sí, era un ojeador), y el coach le pregunta una duda. Le han pedido bastantes ojeadores de universidades entradas para el partido del viernes… ¿qué está pasando aquí? Y aquí viene la bomba. El padre de Vince le explica que está mirando por el futuro de su hijo (como todo padre haría), y el coach le explica que a ver si no recuerda la conversación que tuvieron hace días, que todas esas cosas deberían pasar por sus manos. A lo que el padre de Vince replica que él no lo recuerda de esa manera. Que recuerda oír hablar al coach, pero que podrá ser todo lo grande que quiera en Dillon, y que tendrá un montón de padres haciéndole caso a todo lo que diga, pero él no va a ser así. Sólo es un entrenador, pero él es el padre. Y eso que quede bien claro. Impresionante. Creo que nunca, y si me cuelo que alguien me corrija, alguien le había hablado de esa manera a Eric. Yo por lo menos me he quedado helada. Y mira que el otro día yo comentaba que me empezaba a caer bien ese hombre, pero igual por mi devoción por el coach, ha bajado enteros. Pero que muchos enteros.

Y llega el día del gran partido. Panthers-Lions, algo que tenía pinta de épico desde el principio. La tensión se palpa constantemente en el ambiente, y Eric le intenta decir por última vez a su equipo que olviden todo lo que han dicho sobre ellos antes del partido, y que hay un compromiso y tienen que ganar. En el otro lado, con calzón azul, Jason Street anima a los Panthers. ¡Grrrrrrr!

Aquí vuelve a salir mi deplorable ignorancia sobre fútbol americano, así que probablemente meteré una, dos, o mil coladas sobre el partido, pero que aún así me ha gustado muchísimo… Los Lions salen muy fuerte, en combate cuerpo a cuerpo, y los pañuelos empiezan a caer al campo. (Los pañuelos, por lo que sé, son faltas, que le dan al equipo contrario cierta ventaja, creo que adelantar unas yardas). Y reconozco que me ha hecho gracia, en un momento del partido se ve como caen pañuelos al campo cual claveles en corrida de toros, por lo que deduzco que se están pasando pero que bastante. De hecho, se están pasando de tal manera que el coach, y no digamos Jason Street, se están empezando a enfadar muy mucho. El único que parece que está en su salsa es Vince's Dad dándole una de sus impresionantes brasas sobre las artes de su hijo a un pobre ojeador que está viendo el partido a su lado. Billy (del que luego hablaré, que no me olvido), tampoco parece darle más importancia al asunto, hasta que le mandan callar, dejándolo bastante cortado. Cuando el partido está para terminarse, y la victoria Lion es bastante aplastante, Eric decide que hay que hincar la rodilla. Supongo que esto será como una manera de terminar un partido sin humillar innecesariamente al adversario, vamos como si vas ganando 8-0 a fútbol y lo lógico es que el árbitro no meta 4 minutos de descuento. Cuestión de honor y ser noble, tiene toda la pinta.

Pero Vince, con el seso totalmente absorbido por su padre, y sus ansias de triunfar delante de los ojeadores, desoye las órdenes de sus entrenadores, cambia la jugada y hace su famoso pase de 60 yardas (aunque esta vez hace 65), la engancha nuestro galés Ruckle (poco sale este chico, y mira que me gusta), y se marcan otro touchdown. Evidentemente, la cara de Taylor, incluso de Jess, no tiene desperdicio. Es desencanto puro y duro. Creo que todo el partido podría resumirse en el comentario de uno de los entrenadores asistentes hacia el coach: “¡Esto no es lo que somos, Eric!” Y qué razón tiene. Increíble enfado del coach contra Vince, cuando le grita que: “¿Elegiste hacer el mejor pase de tu vida, en este partido, el partido con menos sentido de la temporada? ¿Y tu padre no tiene nada que ver con esto?” A lo que Vince le contesta que sí, que se preocupa por su futuro, gritando también, y se marcha a celebrarlo con sus compañeros. Sin palabras. Eric Taylor, molesto como pocas veces le he visto, luego oye en la radio la vergüenza que ha sido el partido, y habla con su entrenador asistente, para ver si quiere irse a tomar una cerveza. Su entrenador asistente replica que no hay motivo para celebración esa noche. Demoledor Y para terminar esa nefasta (aunque con victoria) noche, aún así al ir a recoger el coche, el coach ve a Vince's Dad, un ojeador y a Vince hablando del partido. Su cara no presagia nada bueno y ya estoy impaciente por ver el próximo capítulo. ¿Soy la única que cree que van a echar fulminantemente a Vince del equipo? Qué largo se me va a hacer hasta el 5 de enero, pero no auguro nada, nada bueno para todo esto.

¡Fuera de mi campo!¡Fuera de mi campo!

Así que visto el panorama, mejor nos metemos en algo más divertido. Y si, me estoy refiriendo a la rocambolesca, surrealista y divertida historia de amor entre Luke y Becky. Y es que Billy, mi nuevo amor tras Buddy (todos mis amores en esta serie empiezan por B y terminan por Y, curioso), como ya comenté en alguna ocasión, tiene una manera de entrenar muy particular, y una filosofía bastante distinta del coach, pero muy graciosa y parece que bastante efectiva. Ha cogido a Luke de pupilo, y realmente, el entrenamiento al que le ha sometido, ha hecho que se me llenaran los ojos de lágrimas de risa. Pero vamos a ver, ¿qué es esto? Le tiene entrenando en su taller mecánico, levantando piezas de sabe dios que, dándole instrucciones con un bebé colgando del pecho, a la vez que bebe cerveza, y hace batidos de un color nauseabundo y un gusto que gracias a Dios no tendré que saborear jamás (o eso espero), y de paso le da consejos sobre chicas.

Indescriptible escena de Luke, tras piropear a Becky, y Billy totalmente anonadado por la moñería que supone todo eso. Y comienza su propia historia. Cómo se ligo a la señora Riggins, la que trabaja en un club de striptease. Comenta cómo el pidió bailes privados con todas y cada una de las chicas del club, excepto con la que le interesaba. Luke, todavía intentando digerir que la esposa de Billy sea stripper, simplemente le hace preguntas de cuándo y como trabaja. Mucho interés, casi morboso, que acaba cortando el bueno de Riggins, para acabar con una verdad universal: si te interesa Becky, pasa de ella, no le hagas ni caso, y verás que bien te va. Consejo que Luke sigue a rajatabla. Se acabaron los “qué guapa estás hoy”, para pasar a la indiferencia más absoluta, o incluso un poco de celos en la barbacoa con Julie. En el partido, y en parte (supongo) gracias a los entrenamientos del gran Billy, Luke hace tal partidazo que incluso a la salida le piden autógrafos. Y Becky finalmente se le acerca, para preguntarle el por qué de su actitud, y Luke confiesa. Se terminan besando y diciéndose que se gustan, y Luke acaba reconociendo que los consejos del cervecero Billy son efectivos. Billy, el nuevo maestro Yoda de Friday Night Lights, sí señor. Así que lo que viene dentro de unos días tiene que ser algo grande. Veremos cómo sigue Julie, Derek, y los señores Taylor, veremos cómo reacciona el coach a la “traición” de Vince y su padre, la relación de Becky y Luke y las sombras que hay por el horizonte (léase Tim Riggins)… Se me va a hacer largo, lo reconozco. Mientras tanto, ¡a disfrutar de lo que queda de Navidad!


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