Review FNL: Always

Review FNL: Always

It's Christmas time in Texas, dice la canción, y arranca la última hora de Friday Night Lights de la única manera posible: con entrevistas. El equipo, la prensa, el pueblo, la presión, la importancia de ganar o perder, de ser Lion o Panther, el microcosmos, la vida en un viernes por la noche, la semana de resaca (ganes o pierdas), el ser o no ser, el anillo. El estatal. State. Todo eso es FNL en su último primer minuto, y lo que nos queda tras eso es aún un mundo porque son los personajes más naturales que te hayas cruzado en la televisión reciente. Esto, damas y caballeros, es la última review de Friday Night Lights, y donde debería decir perdón por el retraso está el primer párrafo emocionado de los muchos que van a venir. Se va mamá, se va FNL

De modo que aprovecharé el segundo párrafo para pedir disculpas por el retraso, porque lo último que merecía Friday era una semana de silencio. Que sí, que si te lo pones a pensar esta ha sido la tónica de la serie, tanto en este blog (la hemos maltratado demasiado para lo mucho que la amamos) como en el resto del mundo (right, NBC?) Pero las cosas han ido como han ido. En mi descarga diré que intenté ver el capítulo el jueves pasado, e incluso intenté hacer la review, peeeero… esto es lo que salió:

Son las 3:30 de la madrugada del viernes y acabo de digerir (a duras penas) el primer tramo de la finale de FNL. Con primer tramo me refiero a lo que va antes de los créditos, antes de esa canción que tiene la mágica capacidad de ponerme los pelos de punta. ¿Qué ha pasado antes de los créditos? Que la doble D ha celebrado una efemérides grandiosa (cumpleaños de un amigo, respect), y que pese a las altas horas de la madrugada y que mañana toca currar, la noche respira sobriedad (mentira), magisterio, cordura… gracias a los Taylor.

Y hasta aquí aguantó Dani despierto. En fin, a lo que vamos: It's Christmas time in Texas

Y mientras colocan el árbol de Navidad, los Taylor discuten, discuten de la manera en que suelen ser las discusiones en casa de los Taylor, relajadas pero serias (e inamovibles) a la vez. Toc, toc, ¿quién es? Matt Saracen

Happy JulieHappy Julie

Matt en estado puro, todo timidez, elevando la moral de los millones de personas con problemas de tartamudez, enseñando la patita por la puerta de los Taylor para recoger a Julie y llevarla al Alamo Freeze e hincar la rodilla y pedirle que se case con él. ¡Zasca! Si la teoría es cierta y la mejor manera de construir una narrativa es ir poniendo las piezas poco a poco para lograr el clímax al final, blablá, aquí los guionistas pensaron para chulos nosotros. Porque, sinceramente, ¡menuda forma de empezar el capítulo! Además, de fondo, una preciosa versión del Heaven de Bryan Adams a cargo de Brandi Carlile. Magia. ¿Hay algo más bonito que los incisivos de Julie Taylor?

Pero recuperando la teoría, vemos que el supuesto clímax no es tal, porque la cosa no es tan sencillo como un sí quiero, y listos. No, estamos ante una de las tramas del capítulo. Claro, no todo iban a ser coletazos de finale, despedidas y demás, había que meter un algo nuevo… y eso es la guerra Matt-Coach. El padre de la potencial novia tiene algo que decir, por mucho que el potencial marido no lo crea así. Man to man, le dice Julie a Matt. Y, madre mía, qué difícil de torear es Eric. La escena de su despacho es muy buena; no recuerdo la última vez que vi reír/sonreír con sinceridad a Eric. Pero lo mejor no es eso, sino la manera que tiene de ir cambiando la expresión, sobre todo cuando de repente se da cuenta de que sí, de que no es una cámara oculta. Matt lo dice en serio, y es hora de ponerse firmes: The answer to your question is no. The answer to your question is gonna be no today, is gonna be no tomorrow, and it will be probably no until the sun burns out, is that clear? Jarl… más claro no puede estar. No tocas a mi hija ni en broma, chaval.

La verdad es que no le encuentro mucha justificación a la tirria que parece tenerle Eric a Matt. Vale, sí, supongo que a ningún padre le gusta que su hija se comprometa a algo tan serio con solo 18 años, pero no me parece normal que le digas al chico que la respuesta seguirá siendo negativa por los siglos de los siglos. Eric se ofende demasiado, y la verdad es que debería darse con un canto en los dientes de que a su niña la ronde alguien con la calidad humana de Matt Saracen. ¿Quizá preferiría a Riggins, con el que luego vemos que hace migas en el entrenamiento?

El caso es que Eric está enfurecido, y llega a casa para comunicarle la buena nueva a Tami en una escena con tintes de comedia: Matt Saracen asked your daughter to marry him. / Julie? / What are you talking about? No, Gracie… Yes, Julie! ¡Grande! De modo que ya la tenemos liada. Los Taylor vs. Los futuros Taylor. Como siempre en esta familia, las cosas toca hablarlas, así que los cuatro se van de cena y aquí es donde una vez más esta serie se gradúa. Porque Eric sigue en sus trece, y Matt también, y lo que dice Julie es tan cierto como bonito. Sois mi inspiración, dice… Pero sobre todo se gradúa porque las expresiones y reacciones de Tami son fabulosas. Sin decir apenas una palabra en toda la cena, sin apenas moverse para algo más que para presenciar el partido de tenis entre su marido y los otros dos, Tami empieza a escuchar lo que dice Eric y lo traslada a la situación que están viviendo a raíz del posible nuevo empleo en Philadelphia, y se desespera. Se levanta y se va, porque el entrenador está haciendo aquello que tanta rabia da: que alguien te dé un consejo que ni él mismo se aplica.

Eric sigue siendo un hacha en lo que al fútbol respecta, e incluso está demostrando un gran tacto en el tema Jess y sus aspiraciones, pero desde luego no se está cubriendo de gloria con toda la trama de Braemore. Para rematarlo, cuando más tarde están ya en casa, Eric se queja de que Tami no habla (¿perdón?) y ella se rinde y anuncia que lo deja, que rechaza Braemore. Mirad especialmente esa cara, la que pone cuando Eric responde que vale, que OK. Mirad esa cara… Y luego mirad la que pone cuando se entera de que Eric va a firmar el contrato con los Panthers ya mismo. Tami rendida. Lo nunca visto… Corrijo: Tami rendida y sin el apoyo de su marido. Lo nunca, nunca visto.

Por mucho que esto sea Friday Night Lights, es decir, una serie que no acostumbra a estar muy azucarada, era de esperar un final feliz para los Taylor. La promo era tramposa en ese sentido, porque juntaba un par de frases que daban a entender que los Taylor tenían aún más problemas internos. Pero al final todo se resuelve. Christmas time: Tami lleva a Gracie Bell a ver a Santa Claus y el regalo no se hace esperar. Se llama Eric y dice que vale, que OK, que nos vamos a Philadelphia

Will you take me to Philadelphia with you, please?Will you take me to Philadelphia with you, please?

¡Oigan! Que no todo FNL son los Taylor… También está la dinastía de los Riggins. Tim y Billy llevan en tensión mucho tiempo. Desde luego, estaba claro que el asunto del taller iba a ser un marrón desde el momento en que el hermano pequeño se mojaba hasta las cejas para proteger al mayor (más que al mayor, al hijo del mayor, porque Tim hace lo que hace por Stevie). Pero también estaba claro que los Riggins iban a acabar bien. Tenían que acabar bien porque Tim, al final, ha demostrado tener más cabeza que su hermano, y porque Billy será lo que sea pero es del tipo de persona con la que no puedes estar enfadada mucho tiempo.

Al final logran entenderse gracias a lo que les separó: Stevie. Cerrando el círculo. Si Stevie fue lo que hizo, indirectamente, que Tim fuese a la cárcel, ahora es Stevie el que hace que Tim se vaya de paseo y se dé cuenta de que Texas forever, de que Alaska está muy lejos. Que vale, que seguro que siempre tendrá cerveza fría (bastará con dejarla en la ventana), pero no podrá llevar sus míticas camisas, deberá cambiarlas por un buen plumón. El paseo (bonding time, lo llama él) con su sobrino le lleva al campo de los Lions, a una bonita charla con Eric (con todas las limitaciones de tiempo y efusividad que implica una charla entre dos tipos como Eric Taylor y Tim Riggins). Luego usa al bebé como cebo, como excusa para visitar a Tyra.

Ay, Tim, mira que tener que recurrir al viejo truco del padrazo para tontear con las chicas… Tim y Tyra, Tyra y Tim, que se irán a bailar con los futuros Taylor, que se tomarán una cervecilla al calor del atardecer, que aceptarán sus destinos separados (Tyra no baja del burro) y que quizá, algún día, estén juntos de nuevo. Cerrando también el círculo.

A brindar, por las parejas que son y por las que (de momento) noA brindar, por las parejas que son y por las que (de momento) no

El que no acaba de cerrar es Vince. El chico de los strikes sabe corregirse, y convoca a Jess a un aparte en el vestuario para decirle un par de cosas que acaban en lágrimas, pero en lágrimas de las buenas. Esta pareja me ha acabado gustando mucho, especialmente ella. Qué lástima que se tenga que ir a Dallas… Para Vince la finale ha significado gloria, pero también darse cuenta de que la relación con su padre nunca acabará de ser del todo normal. Papá Howard acaba yendo al estadio, sí, pero tiene que ser gracias a la mediación de Eric. Qué cerca hemos estado de ver puñetazos en alguna ocasión entre estos dos, ¿verdad? Pues aún así el coach tiene la clase de meterse en el tugurio de turno a darle la entrada al gañán de Mr. Howard. No lo hace por él, claro, sino por Vince, que le ha declarado amor eterno. Hubiera sido genial poder ver al QB liderando al superteam Panther con Eric al mando… En cualquier caso, la mejor noticia para Vince (más allá del anillo, claro) es que su madre tiene las cosas claras y parece enfocada definitivamente a una vida ordenada. Me alegro por ella porque también nos ha demostrado que, con sus debilidades y sus fortalezas, es un gran personaje. Y para Jess, por fin, una oportunidad como entrenadora asistente. Si hubiésemos tenido un par de temporadas más, esta acababa entrenando en alguna universidad

Buenas noticias también para Becky, que deja atrás la etapa Tim y abre total y definitivamente la de Luke. Qué grande eres, Cafferty, aceptando tus errores y yendo a casa de Becks con ese ramo y ese osito… ¡y qué grande la intervención de mamá Cheryl! He's a sweetheart. As long as he learns how to wear a condom. Hala, toma suegra. Becky y Luke me siguen pareciendo la menos buena de las parejas de la serie, al menos de esta última hornada, quizá porque les ha faltado tiempo en pantalla, pero me alegro de que terminen juntos. Son dos buenazos…

Y nos vamos al partido

Qué gran plano...Qué gran plano…

Siempre hemos dicho que FNL resuelve muy bien los partidos, y esta vez yo creo que era imposible hacerlo mejor. No han metido mucha voz en off, y lo considero un acierto. Al fin al y cabo, los guiones de este tipo de partidos (ya sea fútbol americano, fútbol, baloncesto o cualquier deporte en ficción) suelen ser iguales: desastre inicial, remontada, final apretado y resolución feliz. Aquí todo eso viene adobado con la siempre genial música escogida, y ni siquiera vemos el final del partido, sino que la última bola lanzada por Vince como lion se mezcla con una de las que usan, ocho meses después, los Pemberton Pioneers. Sí, el nuevo equipo de Eric Taylor, los Pemberton Pioneers. Y con esa música de fondo empezamos a repasar qué ha sido de todos.

Los Lions ganaron el estatal, como da fe el anillo del ahora QB de los Panthers, Vince. Los azules han fichado también a Buddy Jr, y a Tinker, y a Billy. Y, cómo no, al mejor hombre de banda posible: Buddy. Siento decir que he echado mucho de menos un poco más de Buddy en esta finale… En fin, sigamos. Vemos también el desmantelamiento de los Lions, 2010 State Champions. Vemos a Luke enrolándose en el ejército, una auténtica sorpresa que confirma que no todo es de color de rosa, y que no ha habido fútbol universitario para él. Pero sí Becky… Hay Chicago para los nuevos Taylor, y hay una libreta donde corregir jugadas para la casi pionera Merriweather. Hay un nuevo viejo lema en el vestuario de los Panthers, que siempre recordarán lo que fueron con Eric Taylor, y lo que significa perder a Eric Taylor. Hay cuatro maderas en un descampado, cuatro maderas que siguen forjando la buena hermandad, por fin, de los Riggins, y que en breve serán más que cuatro maderas, que mañana serán un techo, quizá incluso un hogar cuando Tyra Collette aparezca para compartir cervezas y sueños con Tim Riggins.

Hay un entrenador vestido de verde con un equipo de novatos delante, que no saben la fórmula (no saben decir, aún, can't lose!), pero que pueden darse con un canto en los dientes porque tienen por delante mucho que aprender. Y hay una mujer que viene caminando por la banda, con sus mejores galas (esos tejanos, esa chaqueta, así es como hay que recordar siempre a Tami Taylor), porque es feliz junto al entrenador vestido de verde. Y se van a casa, porque es hora de que esto acabe.

Fin. Se fue Friday. Podríamos decir que ha sido una finale sin apenas sorpresas, que hemos visto a Landry muy poco tiempo, que… sí, que no ha sido una finale perfecta, pero casi. Ha sido prácticamente como a todos nos hubiera gustado que fuese, y nos ha emocionado (seguro, estoy seguro) como prácticamente ninguna serie lo puede hacer. No hay humano que se resista a las pinceladas de humanidad de la abuela Saracen, por ejemplo, orgullosa ella de ceder su vestido de boda a la joven Julie. Se nos ha acabado, para siempre (Always), la serie que millones de personas no saben que se han perdido. Espero que todos vosotros la hayáis disfrutado tanto como nosotros…

Y nada más, os dejo con una última imagen de los Taylor, y con dos palabras. Una para el maestro Martínez, que a toda prisa se ha convertido en Panther y Lion y Pioneer y luce tan orgulloso como nosotros el anillo de campeones (¡descansa y recupérate!); otra para Nerea, que ha recorrido con nosotros a golpe de review esta última temporada de la única manera en que se puede tratar a Friday: con mucho cariño.

Clear eyes, full hearts, can't lose!

Qué gran plano...

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