Review FF: Scary Monsters and Super Creeps

Review FF: Scary Monsters and Super Creeps

Y en el sexto capítulo descubrimos que FlashForward es una serie instructiva. Nos ha enseñado que Scary Monsters and Super Creeps es una canción de David Bowie. No, algunos no lo sabíamos. Nos ha enseñado que se puede ligar en un tren de lujo contando la paradoja de Schrödinger. ¿Soy el único que se ha acordado del gran Sheldon Cooper? Ha conseguido que desconfiemos de pegatinas azules con forma de mano. Y nos demuestra que, si alguna vez vemos nuestro futuro, es mejor que se lo expliquemos a nuestra pareja. Íntegro. Todo eso en este 1×06 que cuenta con una de las escenas más interesantes de la corta historia de la serie. Sí, me refiero a la tensa reunión en casa de los Benford. ¿Lo comentamos?

Pues ya está aquí la review…

  • Episodio 1×06: Scary Monsters and Super Creeps
  • Fecha de emisión: 29 de octubre

¿Cuándo aprenderemos los hombres que no podemos discutir con nuestras parejas? Ellas siempre tienen el control. Ellas siempre se sacan de la chistera esa frase clave que desmonta nuestros argumentos más elaborados. En este 1×06 disfrutamos de uno de los momentos más tensos de la serie en Can Benford. Por supuesto, Olivia sale vencedora de la contienda. ¿Y por qué empiezo casi por el final del episodio? Porque me ha gustado el trabajo de Joseph Fiennes en esas escenas. ¡Noticia! Me ha gustado su cara de loco desquiciado mirando a Simcoe. Y me ha gustado su derrumbamiento posterior, en la conversación con Olivia. Y eso que durante el capítulo le he gritado varias veces que, por favor, dejara de susurrar en cada una de sus frases. Empecemos por el principio.

Simon. Simon en un tren de lujo. Simon en un tren de lujo disfrutando de una copita de whysky. Bueno, no sé que era, pero el whysky le da glamour al asunto. El misterioso personaje intenta ligar con una belleza rubia a la que considera culpable del GBO (Global Blackout). Sus razones son bastante convincentes: el universo se quedó ciego de mirarla. No le quitaremos la razón. Para llevársela al huerto, Simon recurre al experimento del gato de Schrödinger, una paradoja que no trataremos de analizar, entre otras cosas, porque el mismísimo Stephen Hawking ha confesado que cada vez que escucha hablar de ese gato, empieza a sacar su pistola. Quedaros con la idea de que el gato, metido en una caja con veneno, tiene las mismas posibilidades de vivir que de morir. La explicación de esta historia se combina con imágenes de Janis en quirófano, debatiéndose entre la vida y la muerte tras el disparo que recibió en el último episodio. Extraño arranque.

La escena en el tren nos sirve para recoger información sobre Simon y tal vez sobre los flashes. Simon es experto en física cuántica. Sí, me niego a pensar que con sólo nociones del tema se pueda acostar con una mujer así. Además hemos visto su flash, en el que aparece cargándose a un desconocido. Simon confiesa que sintió placer al romperle el cuello. Terrific. La segunda vez que vemos a Simon, en la que nos explica su flash, ya retoza junto a la mujer en su compartimento. La tercera vez será al final del episodio, al lado de Simcoe, donde transcurre la acción de la serie. ¡Simon entra en la partida! Por cierto, ya no hay duda de que ellos son los culpables del experimento que “mató a 20 millones de personas”.

Bienvenido, SimonBienvenido, Simon

Habíamos dejado a Janis entre la vida y la muerte. No hay sorpresas: vive. Aunque algunas complicaciones posteriores a su paso por quirófano ponen en entredicho la veracidad de su flash. En una segunda operación, Olivia tiene que recurrir a medicación demasiado agresiva con el útero de Janis. Y recordemos que en su flash, decididamente peculiar, la habíamos visto embarazada de una niña. Recordemos también, ya que hemos contactado con nuestra memoria, que Janis es lesbiana. Me gusta mucho de FlashForward que nos proponga mediante algunos personajes que los flashes se van a cumplir (el de Mark es el mejor ejemplo), mientras no paran de salir trabas para que se produzcan los de otros (Janis o Aaron). ¿Dónde estaremos el 29 de abril?

Las otras dos tramas del episodio vuelven a estar protagonizadas por los ídolos de mi compañero Dani: Mark y Demetri. Demetri sigue obsesionado con encontrar culpables. No lo culpo. No ha visto nada en su flash y la última persona que confesó lo mismo acabó con un disparo entre ceja y ceja. El ataque de la banda china que sufrieron en el pasado episodio es su punto de partida. En esta ocasión contará con la ayuda de Al Gough, cuyo flash nos lo presentaba investigando el caso Rutherford dentro de seis. El problema es que ese caso todavía no existe. Pues vamos a crearlo.

En la morgue, donde Demetri estará dentro de cuatro meses, descubren una pista en forma de mano azul. El mosaico de Mark ya había alertado de esa pista, asociada con la localidad o la calle Baltimore. Y el mosaico no se equivoca. Demetri y Al siguen un reguero de pistas en forma de manos azules que los conduce hasta una casa donde se acaba de cometer un crimen. El sistema para llegar a la casa de los horrores me ha parecido algo infantil, pero como estamos en Halloween vamos a dejarlo ahí. En el lugar del crimen encuentran la documentación del señor Rutherford. Y ya tenemos a Gough metido en el caso que lo mantendrá ocupado los próximos seis meses. Una prueba más de que los flashes, en esta ocasión, podrían ser ciertos. Por cierto, la mano era la pista que aparecía escondida en la breve intro de presentación.

La mano azulLa mano azul

Mark, Olivia y Simcoe, con Dylan como estrella invitada, son los protagonistas de la mejor trama del episodio. El triángulo amoroso se ha reunido en casa de los Benford, para disgusto de Mark. El culpable de ese encuentro es Dylan, que se niega a volver a su casa porque en el flash Charlie le ha dicho, en el hogar de los Benford, que está en su casa. Y claro, el chaval lleva un lío de la leche. ¿O no tanto? Sé que es duro desconfiar de un niño. Y más de un niño autista. Pero su mirada me da mal rollito.

Detengámonos en esa magnífica reunión. Dylan se cuela en casa de los Benford ante el desconcierto de Nicole, que llama a Mark. Perdón, se me ha olvidado decir que estamos en Halloween, noche de disfraces, que le da un toque más surrealista al conjunto. Mark llega a casa y consigue contactar con el hospital, que avisa del paradero del niño a Simcoe. Lloyd entra en su hogar y recuerda las estancias. Sí, nos han vuelto a poner su flash, pero esta vez con sentido. Mark lo mira con recelo. Se presentan. Y Mark empieza a mirarlo con cara de odio. Reconozco que me ha parecido cautivadora la expresión de Fiennes ante Simcoe. Sus ojos me decían que estaba deseando saltarle el cuello y retorcérselo. Yo lo habría hecho…

A todo esto, Olivia aparece en casa disfrazada. Y nos regala su expresión más desencajada al ver al hombre que ama y al que supuestamente amará en seis meses sentados en el sofá de casa. Simcoe empieza a enterarse del asunto. Incluso reconoce la voz de Olivia, ya que no la había llegado a ver, como la mujer que lo acompaña en el flash. Benford estalla: “te vas y no vuelves”. Simcoe saca su lado más caballero y le tiende la mano a Mark, que se la estrecha con cara de no querer volver a ver en la vida. Si no supiéramos que Simcoe está relacionado de alguna manera con los flashes, no desconfiaríamos tanto de él. El problema es que sabe mucho más de lo que hace creer a los Benford.

Rómpesela, MarkRómpesela, Mark

Las consecuencias del huracán Simcoe no tardan en llegar. Típica conversación de pareja en la que el hombre se muestra celoso por la actitud de su chica. Claro que, en este caso, la actitud de la chica tendrá lugar en el futuro. Buen cara a cara, en el que Olivia ha recurrido al mensaje de texto que recibió en el que le informaban que Mark estaba borracho en su flash. Un golpe bajo. Mark ha acabado confesando, a la vez que lanzaba la frase que mejor resume su relación: “no me condenes por algo que todavía no he hecho”.

El capítulo concluye con Across the Universe (The Beatles) mientras vemos a los personajes en periodo de reflexión. La canción no para de repetir que Nothing's gonna change my world (nada cambiará mi mundo), pero tengo la sensación que esos 2 minutos y 17 segundos ya la han cambiado…

¡Ah, casi se me olvida! Hemos vuelto a ver a nuestro amigo ante la desconcertada mirada de Aaron Wan Kenobi:

Canguro, Aaron. Aaron, canguroCanguro, Aaron. Aaron, canguro

Nota del autor
3
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