Review Fargo: The Lord of No Mercy/The Law of Inevitability

Muchas cosas han cambiado desde que pisamos Fargo la última vez. Nada es como antes. Toca despedirse de algunos personajes, y volver a pensar como se solucionará este embrollo, donde cada vez está todo más enredado. Poneos gorro y botas de montaña. Bienvenidos a Fargo.

Vemos como se hace de día a través de la persiana de una ventana. Bajo la misma está Ray (estamos en su casa), meditabundo, haciendo memoria de lo que Nikki le ha narrado: el suceso con los matones de Varga. Nikki sufre a cada paso que da y se mantiene silenciosa, sin dejar de recordarse en el suelo del lugar herida, desprotegida y sufriendo. Ya no hay chistes, Ray parece estar cogiendo fuerzas para hacer algo, su prometida no termina de reconocerse ante el espejo, y la espera termina. Ray se levanta decidido, comienza a buscar entre los muebles hasta dar con unas balas, saca una pistola del frigorífico, y la carga. Nikki pregunta si está preparado, y el que contesta es el Ray más seguro que hayamos visto, contesta que sí, que van a vengarse. (Este nuevo Ray podría suponer un cambio en el juego para todos).

La voz de Varga nos narra tres historias: un banco que se fue a la bancarrota de un día para otro, como sucedió el asesinato del archiduque Francisco Fernando (dando origen a la Primera Guerra Mundial), y el aterrizaje en la luna (que fue un montaje grabado en unos estudios de Nuevo México. ¿El Área 51 quizá?) ¿Todo esto para qué? Porque se va a hacer historia de nuevo. Varga propone hacerse con 16 aparcamientos más (soltando primas beneficiosas a los dueños, por supuesto) y doblar la empresa en sólo 3 meses. Sy, como es lógico, duda de un movimiento así para ganar dinero sucio, pero Emmit está a favor de Varga puesto que ya tienen las manos manchadas. Varga le dice que no han creado una empresa de aparcamientos, si no un banco. Y cuanto más grande sea el banco, más seguros estarán los dueños. Una metáfora que no hace mella en Sy, preocupado por Hacienda y por los libros, aunque Varga confirma que no son los auténticos libros. Mientras Varga y Sy discuten, Emmit tiene la cabeza en otra parte: la discusión por teléfono con su hermano.

En las oficinas, Hacienda está ocupada con (sorprendentemente) Meemo, que resulta que cuando quiere habla de lo lindo, y en este caso actúa como representante legal de la empresa. Presenta una reclamación quejándose de la investigación donde obliga al funcionario a volver tras el necesario aviso de 30 días, con la documentación y personas que necesita entrevistar. Hasta entonces debe abandonar el edificio de manera inmediata. Cuando termina, Meemo sale al coche donde le espera Yuri, pero está vez el cazador es el cazado y son seguidos por Ray y Nikki hasta el aparcamiento donde tienen el camión, para recoger a Varga. Ray quiere salir a cobrarse venganza, pero Nikki se lo impide pidiéndole paciencia.

Vuelven a casa y llenan la bañera con hielo para que Nikki siga curando sus heridas, pero Ray está preocupado por si su prometida tiene heridas internas, pero ella le dice que no puede ir a urgencias porque la policía esta buscándola. Ray no entiende porque no le ha dejado actuar, pero Nikki le comenta que cree que su hermano está en problemas (pensamiento totalmente acertado como ya sabemos) y desarrolla una teoría que sabemos que es cierta hasta el mínimo detalle sobre lo que le está sucediendo a Emmit. Ray está deseando vengarse, pero Nikki le dice que antes deben conocer la jugada para hacerlo, pide unas aspirinas y sigue tiritando en la bañera.

En la oficina, vemos a Varga con su mondadientes visiblemente nervioso, hasta hacerse sangre (¿Será por costumbre?) y cuando se abre el ascensor vemos salir a nuestras policías favoritas, que vienen a reunirse con Emmit. Varga vigila la conversación sin perder detalle, pero no puede evitar acercarse e interrumpir. De nuevo ponen en la mesa las sospechas que sabemos que son ciertas, con las salvedades de que cada interrupción de Varga parece una excusa mala y no sienta nada bien a Gloria, que no deja de ignorarle concentrada en su caso. Finalmente, preguntan a Emmit, quien se sorprende de que Ray intentase haberle robado (La sorpresa está bien fingida) pero Varga les dice que lo que tienen es una mera conjetura y no hay crimen a la vista, comenta que llamaran si se les ocurre algo nuevo y, literalmente, las echa del despacho y del edificio. Cuando se van, se gira hacia Emmit y comenta sobre las agallas de su hermano. La cosa parece estar a punto de ponerse fea.

Varga sigue el procedimiento habitual de buscar en internet sobre las posibles víctimas, pero aquí topa con la horma de su zapato al dar con una persona que no tiene redes sociales (y un problema de no comunicación con la tecnología) y una comisaria que no tiene ordenadores. Por ello manda a Yuri a investigar sobre el caso de manera discreta, mientras que Meemo, que estaba encargado de vigilar la reunión con la viuda Goldfarb, (recordad que aquí se sabe todo) debe buscar a Ray y a Nikki para, lógicamente, acabar con ellos de una vez.

Mientras, en casa de Ray, justo en el momento en que él va a servir una bebida caliente (gracias Sheldon Cooper por semejante descripción) a Nikki, llaman a la puerta lo que despierta la alarma en ambos. Ray saca la pistola y se esconde para vigilar, cambiando de ubicación sin cesar. Son nuestras policías las que están buscándole, sin éxito parece ser. Esto lleva a Ray a tomar la decisión de irse de la casa cuanto antes, saliendo de noche a un hotel donde aceptan efectivo. Pero no pensaréis que es tan sencillo: un coche enciende unas luces y les sigue cuando se van (no es muy difícil adivinar quién es su conductor). Al llegar al hotel, Nikki acaba las aspirinas y pide más, Ray no lleva dinero y Nikki sugiere cogerlo de la bolsa del banco, pero… Ray se ha olvidado por completo de ella, así que deja a su prometida en el hotel y él se va a por el dinero, sin saber que Meemo está muy cerca acechando desde la máquina de hielo (¿En un hotel nevado de Minnesota?).

Ray vuelve a casa, donde tras asegurarse de que nadie vigila, entra en la casa (aunque vemos luces encendidas). Dentro le espera alguien sentado entre las sombras: su hermano Emmit. Viene a rendirse a Ray, aceptará darle lo que quiera a cambio de que dejen atrás todos los malentendidos y los delitos, criticándole el feo de tirar las cenizas del perro Laverne. Ray sólo quiere su sello. Emmit no lo entiende porque siempre le ha ayudado en todo: a pagar la casa, el coche, etc, pero Ray le dice que no es menos que él. Emmit sólo quería protegerle, pero ya da igual. Coge el cuadro donde está el sello y se lo ofrece a condición de poner fin a las disputas. Ray le dice que no puede darle algo que le pertenecía y se lo intenta devolver, cosa que Emmit no acepta, dando pie a una pequeña pelea que acaba con Emmit golpeando inocentemente el cuadro hacia Ray, que se le rompe en la cara con el cristal en varios pedazos. Recordad que he dicho inocentemente, porque nunca sabes cuales serán las consecuencias de tus actos: Ray se ha arañado con varios de ellos, pero tiene uno más grande clavado en el cuello. Emmit le pide que no se lo quite, pero su hermano no escucha y al retirarlo comienza a desangrarse sin parar hasta quedar tumbado en el suelo con Emmit como único testigo silencioso de su muerte.

Un instante después, llama por teléfono a la única persona que cree que puede ayudarle: Varga, este en su mundo de música clásica y extraños comportamientos (siempre he pensado que Varga me recordaba a alguien, pero no sabía realmente a quien hasta que no le he visto tumbado sobre el suelo como único colchón. Eso junto a su dentadura ha traído a mi mente al Nosferatu de Murnau en viva imagen). Emmit le dice donde está y nada más colgar, se pone a llorar.

Nikki mientras tanto ha salido a por hielo, pero Meemo no la espera ahí (sería muy evidente), si no que se ha colado en la habitación y la espera con un cable de acero en las manos dentro de la ducha. Recibe una llamada, y para cuando Nikki llega (tras revisar la habitación armada con una percha) ha desaparecido.

Volvemos a encontrar a Meemo está en casa de Ray, “ayudando” cuando Varga llega. Este comienza a organizar las cosas, pidiendo a su sicario que se lleve el marco y el sello, pero deje el cristal. La coartada será simple: Ray ha sido asesinado por su novia ex-convicta, ya que él abusaba de ella golpeándola en zonas no a la vista y ella se cansó. Emmit está en shock, pero Varga le pregunta donde debería estar y le manda para allá, diciéndole que entre por la puerta cercana al baño para que nadie pueda saber a qué hora llego. El mellizo intenta excusarse por lo que ha hecho (necesita sacarlo de su interior), pero a Varga le da igual y le dice que nadie pretende hacer daño cuando mata.

El primer capítulo de esta doble review termina con Gloria en el coche repasando la conversación con Emmit y Varga, decidiendo que debe arriesgarse y enviando un mensaje a la agente López: va a volver a casa de Ray ahora mismo. ¡Ten cuidado, Gloria!

Nos encontramos en casa de Emmit, en un maravilloso ambiente navideño… hasta que Varga saca una navaja para abrir los regalos que hay bajo el árbol de la familia de Emmit. Al mismo tiempo, Gloria y Winnie descubren el cadáver de Ray (¿tanto tiempo ha pasado para que este pálido y con moscas?). Nikki sigue esperando en el hotel, cuando va a llamar por teléfono, tocan a la puerta, pero no se fía. Hace bien, al segundo entra la policía buscándola, mientras intenta huir por la venta sin conseguirlo, mientras Meemo es testigo de todo. ¿Y nuestro Caín? Pues en la reunión de negocios con la viuda Goldfarb, que enseguida entabla lazos con Emmit, que parece disimular bien lo que ha sucedido hace un instante.

Nikki está esposada en la sala de interrogatorios de la comisaria de St. Cloud, y a pesar de nuestra apatía, el encargado de interrogarla es el jefe Damnick. Le enseña una foto de Ray muerto, que Nikki no tarda en apartar. Sorprendentemente, Damnick se ciñe a la historia que contó Varga en el episodio anterior. Nikki se niega a hablar y pide un abogado, pero Damnick no se lo recomienda porque todo apunta a ella como la asesina y su mejor baza es llorar y confesar que sufría malos tratos. Damnick se marcha y deja a Nikki la foto, que tras observarla una segunda vez se da cuenta de algo que a nosotros nos es ajeno.

Burgle y López esperan mientras los jefes se reúnen y finalmente las convocan dentro. Deben abandonar el caso, que ahora queda bajo la jurisdicción de homicidios de St. Cloud. López debe volver a tráfico inmediatamente (básicamente, la echan de la sala), pero Gloria hace valer un poco sus dotes de jefa (por ahora) y detalla al jefe de St. Cloud lo que sabe del caso, ante los hirientes menosprecios de Damnick. El resultado es, una vez más, indiferencia hacia ella. Cuando sale le dice a Winnie que vaya a buscar a Emmit para decirle que Ray ha muerto y observar su reacción, mientras ella interrogará a Nikki. Damnick sale antes de que esto ocurra para decirle que o se coge vacaciones, o la despide. Ella finge cogerlas, pero tampoco consigue interrogar a nadie, ya que el vigilante no la deja pasar por mucho que lo intenta.

En Eden Valley, Donny está revisando su página de contactos (¿ya existía Tinder en 2010?) y recibe una llamada para que salga a trabajar. Se deja la pistola sobre el mostrador, cierra la puerta y en el coche descubre lo que se ha dejado. Vuelve al edificio y (sorpresa) la puerta está abierta. Apoyado en una estantería está Yuri leyendo un libro. Donny le pide que se marche, y el ruso le dice que ya se ha ido, que es su imaginación y está hablando sólo. Cuando Donny intenta replicar, Yuri agarra su fusta y le dice que no sea un loco, que coja lo que ha venido y se marche. Donny agarra la pistola, duda que hacer, Yuri le repite que se marche, y lógicamente, ¡Donny se marcha! Al poco, sale Yuri con el expediente de la muerte de Ennis y lo deja junto a algo que no había reconocido en el capítulo anterior: una capucha de lobo, que se asemeja al extraño rostro animal que vimos hace un par de capítulos entre una misteriosa niebla.

Mientras tanto, en la reunión, Emmit se comporta con mucho descaro, siendo sarcástico y con un ritmo de ataque al mundo muy elevado. Da consejos a la viuda sobre las personas que irán detrás de él por el dinero, sin cesar ni un momento, mostrándose apático contra la humanidad. Sy se da cuenta que Emmit no está bien, pide la cuenta para irse, pero en ese momento descubre que la agente López está allí y va a descubrir que quiere. Para Emmit no existe nada más: el momento ha llegado. Sólo oímos sus latidos y antes de que Winnie pueda decir nada, exclama con seguridad que lleva allí desde las 18 tomando copas (Enhorabuena Emmit, has conseguido ponerte como sospechoso número 1 con una sola frase). La reacción de Emmit es desmesurada y llena de tropiezos, equivocaciones, enredo, poca tristeza y ninguna empatía. Sy intenta salvar la situación, con dificultad, hasta que consigue llevarse a Emmit. Todo parece cerrado ya, salvo porque la agente López quiere hacer un par de preguntas a la viuda Goldfarb sobre los individuos que estaban con ella.

Una vez llegan a casa de Emmit, Sy intenta organizar las cosas para enterrar a su hermano, pero Emmit no escucha, la paranoia en él es enorme y no confía en nadie. Acusa a Sy de la misma teoría que Varga le metió en la cabeza (si este hombre no es una enfermedad, no sé que será) que Ray y él estaban compinchados, a lo que Sy le responde que tendría que estar muy loco para renunciar a ganar millones por aliarse con Ray y ganar sólo miles. Además le recuerda que puede confiar siempre en él. Por eso es necesario vender la empresa a la viuda y librarse de Varga (¿En serio pensáis que os dejaría iros si eso pasase?) a pesar de no querer meter a la viuda en ese juego. Emmit no sale del coche convencido y ni siquiera acepta que llame a Stella para ver si puedan reconciliarse, porque ahora mismo quiere estar sólo. Aunque sabemos desde el principio del capítulo que no está sólo en casa.

Varga pregunta a Emmit como se siente, y la respuesta no es para nada la que esperamos: libre. El villano cuenta como su madre le cantaba una nana cuando tenía pesadillas, lo que acaba con Emmit llorando desconsolado al fin. Sy (que avanza a pasos agigantados para convertirse en mi personaje favorito de esta temporada) llega a casa también y mientras su mujer le ayuda a quitarse la chaqueta, también comienza a llorar, con una frase demoledora que hemos pensado todos en algún momento:

“El mundo está mal. Parece mi mundo, pero es diferente.”

Volvamos a St. Cloud, donde Gloria intenta ver a Nikki, pero cada vez le piden más formularios (comienza a parecer la oficina de los locos de Astérix y Obélix). Nikki, entre tanto, está sola en las celdas cuando se apaga la cámara y entra un policía que dice buscar contrabando, esposa a Nikki, y saca una jeringuilla. Cuando está a punto de clavársela, entra Gloria salvando a la chica, pero no pudiendo impedir que se escape el asesino. Esto trae una nueva reunión con los jefes, donde a la vista de lo que acaba de pasar, quizá Gloria sí que tenga razón y haya más cosas por descubrir. Gloria se ha ganado un ticket exprés para interrogar a Nikki.

Esta no quiere que hagan la autopsia a Ray, pero no pueden garantizar algo así. Gloria le dice que no cree que haya sido ella, pero no está segura. Nikki sólo dice una cosa para poder ayudarles: sigue el dinero y encontrarás al asesino. Gloria se lo agradece, pero Damnick le da malas noticias: le han revocado la condicional y debe volver a la cárcel. Gloria promete ir a verla y llevar pastel para que puedan hablar de Ray tranquilamente. Nikki, demostrando que confía en ella (más aún tras salvar su vida), le pide que sea un pastel de crema de coco.

En los últimos minutos asistimos al camino de Nikki hacia la cárcel, como la sacan de comisaria, como la suben al autobús y la sientan al lado de…, un momento, ¡si es Mr. Wrench! (el asesino sordomudo de la primera temporada). El autobús se va y recorre su camino sin incidentes hasta que alguien se interpone en la carretera y le obliga a salirse para no atropellarle. Ese alguien no es otro que Yuri, llevando su capucha/máscara de lobo, que ya de sobra conocemos. Mientras, Nikki está inconsciente, aprovechan para abrir el bus sin saber que les deparará el mañana a todos los presos del autobús…

Lo primero es pediros disculpas por el atraso en la review. Junio es un mes criminal y al final me ha sobrepasado hasta no cumplir con mis obligaciones para con ustedes. No volverá a pasar, tienen mi palabra.
En cuanto a los capítulos, se ha dado completamente la vuelta a la tortilla. Nadie esperaba la muerte de Ray y esto pone en otro plano todo el misterio que rodeaba la temporada. Las cosas se están poniendo cada vez más difíciles, y a pesar de que está habiendo menos muertes que en temporadas anteriores, las que han sucedido, han sacudido por completo a los personajes, y esta nueva parece ser ya un punto de no retorno hacía más hostilidades.

Varga sigue probando ser un personaje despreciable y vomitivo (no me toméis a lo literal) pero tremendamente fascinante, consiguiendo que queramos verle morir pero a la vez no dejar de verlo en pantalla con sus salidas de tono. Al igual que Sy, al que deseo que consiga triunfar y sea él la mano ejecutora de Varga.

Ojalá la recta final de la temporada (tres capítulos ya) nos traiga un montón de momentos para recordar, donde la comedia no impida el baño de sangre que se avecina.

¡Nos leemos en la próxima review!

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2 comentarios

  1. kazuya

    Excelente serie y minuciosa review, Paco. Es una delicia tener propuestas como este Fargo. Personalmente, cada temporada me parece extraordinaria. Si os han parecido sorprendentes los giros de este episodio… esperad a ver el siguiente… un capítulo de una tensión excepcional. No diré más…

    • frankie

      yeah !! el 3 x 08 es PuroFargo!!!
      brutal

      Gracias x la review !! y por recordarnos quien era MR.WRENCH!!! puntazo, y mira q me era familiar pero la cara en el bus no parecía, luego ya si

      Varga es odioso si pero GENIAL!

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