Review Falling Skies: Silent Kill

El ser humano (o al menos el reducido sector que utiliza el cerebro y ve más allá de sus narices) camina por la vida en una perpetua búsqueda de la verdad. ¿Y qué es la verdad? Son tantas las definiciones proporcionadas para el término y, el concepto en sí, abarca e implica tanto, que ni siquiera Google puede ayudarnos. Verdad es la palabra más grande a la que nos enfrentaremos nunca. Mi palabra favorita. El problema de la verdad es que su existencia es relativa y cambia de un individuo a otro. Mi verdad no es tu verdad, ni tampoco la de aquellos que están poniendo los ojos en blanco en este momento. La verdad es cuestión de percepción. Aquello de “dime la verdad” es un chiste. ¿Qué verdad quieres?, la tuya o la mía… Y al final no llegamos a nada. La que es para mí la serie más grande de todos los tiempos, me enseñó, entre otras muchas cosas, que “la verdad está ahí fuera”, pero que sobre todo se encuentra dentro de cada uno de nosotros. Y suelto toda esta parrafada porque para mí, la verdad, en este preciso instante, es que con Silent Kill, Fallling Skies ha mejorado notablemente. Vuestra verdad será otra, pero la mía, se encuentra en la review

No exagero (a lo mejor sí, pero a quién le importa) si digo que por primera vez he visto un capítulo de Falling Skies realmente entusiasmada. Y me alegra, porque llevo una semana asistiendo a terapia por culpa de la palabra cliché. “Hola, me llamo Irene y tengo pesadillas con la palabra cliché”. Bueno, en realidad dije “Hola, me llamo Cliché y tengo pesadillas con Irene” (muchos labios han pronunciado estas palabras), pero la intención lingüística es lo que cuenta.

El episodio de esta semana ha sido como una partida de Risk. La clave está en Australia. No, no, no, ya me tiran suficiente papel higiénico ardiendo como para invocar a la cofradía del chicle. El caso es que ya tocaba rescatar a Ben y planear una estrategia no ha sido nada sencillo, así que hay que reconocer que, tras varios palos de ciego, la elegida ha sido bastante acertada. Pero vayamos por partes.

Este quinto episodio ha sido bueno, en general, para los personajes. Hemos sabido algo más de todos ellos y, sobre todo (gracias, gracias, gracias), hemos sufrido una baja. Y es que no me digáis que el doctorcito os despertaba simpatía, porque a mí se me han iluminado los ojos al verlo fiambre. Qué queréis que os diga, lo ha provocado él. Estoy plenamente segura de que, aunque su intención no era morir, obviamente, pretendía ser atacado para demostrar que tenía razón. Al menos eso es lo que hacía yo en el zoo con los leones cuando quería que me compraran cacahuetes, apuntarles con una linterna a los ojos. En fin, una boca menos y no voy a llorar por él.

Rick va poco a poco volviendo a la normalidad. Aún no encaja bien lo que ha pasado ni termina de sentirse parte de los suyos, pero lo cierto que su corta aparición en el episodio ha sido importante para el rescate de los niños. Se lo deja bien claro a Hal: “They’ll kill you all”. Y hablando de Hal, este personaje ha ganado muchos puntos esta semana. Para empezar, la estrategia propuesta ha sido bastante mejor que la que proponía su padre. Además, podremos considerarlo un niñato muy prototípico que va de malote pero con buen corazón, pero una cosa hay que reconocerle, y es que esta semana le ha echado un par de bemoles al asunto. Así que, colocándose el dispositivo extraterrestre en la columna, se ha hecho pasar por uno de los chicos, dando la oportunidad de rescatarlos a todos, y acabando con el skitter.

Por cierto, sobre éstos, hemos aprendido un par de cosas importantes esta semana. Ya nos habían mostrado cómo duermen, ahora también sabemos que para matarlos hay que atacar a su paladar. Más curioso aún ha sido ver cómo se posan sobre los niños mientras éstos duermen, como si fueran sus crías, como una gallina que incuba sus huevos. La verdad es que esto me ha despertado sensaciones muy ambiguas. Por una parte, este gesto indica una protección y un instinto bastante maternales, pero por otra parte, hace dos semanas los vimos disparar y matar a un grupo de estos niños, con lo cual no queda muy clara la intención. Habrá que esperar un poco. El caso es que Ben está con los suyos, cosa que no esperaba ver hasta final de temporada. Y por cierto, ¿por qué él sí recuerda?

Como ya he mencionado, este ha sido un buen episodio para ir conociendo a los personajes. Creo que estaréis de acuerdo en que la doctora Glass también ha evolucionado, y francamente, me gusta lo que he podido ver de ella. En primer lugar vemos que también ha perdido un hijo, y eso la llena de una rabia que hasta ahora se había visto más que contenida. El problema en estos casos suele ser que, cuando uno estalla, estalla de verdad. Para mí al menos, el momento en que mata al skitter ha sido sublime. Rabia y valor, es lo que he visto, porque no pienses que me ha resultado difícil hacerlo, sólo he tenido que pensar en mi familia. Y después una de las imágenes que más me han gustado del episodio. Llena de simbolismo. Un recorte de periódico que reza “They come in peace?” en el que la doctora ha dejado su huella. Manchada de sangre. Manchada de sangre como esa colonización. Se ve también claramente que el personaje se exige mucho, ya que, aunque consigue salvar a cinco de los niños rescatados, se mortifica por haber perdido a uno de ellos. Parece que también empieza a verse algo de ese previsible romance que Glass y Tom tendrán en algún momento. Previsible e inevitable.

Margaret empieza a abrirse camino en esa sociedad que han creado los supervivientes, al parecer. Lo cierto es que es un personaje que me gusta. Muy al estilo de Karen (por cierto, mantienen un gran interés por salvarla…), pero con motivos de verdad y más madurez. Consiguió salir de un cáncer, y ella sí que no es una girly girl. Pero de verdad. Parece que empieza a tener una especie de rollo, también muy previsible, con Hal. Francamente, espero que paren esto porque no los quiero juntos. Es un crío a su lado en todos los aspectos.

En cuanto al jefazo, lo único que nos han dejado ver es que perdió a una hija, y que la recuerda al escuchar cierta canción. Los fantasmas nos acechan a todos. Nadie está a salvo.

Many rivers to cross
But I can’t seem to find my way over
Wandering I am lost
As I travel along the white cliffs of dover

Many rivers to cross
And it’s only my will that keeps me alive
I’ve been licked, washed up for years
And I merely survive because of my pride

En cuanto a la fiesta del bebé… bueno, creo que ha sido un momento bastante menos justificado que el final del episodio anterior, y que me ha subido al azúcar a niveles desorbitados. Aún así creo que ciertas escenas de esa índole son necesarias por parte de los guionistas para atraer a un cierto tipo de público.

En general, creo que con este último episodio la serie ha mejorado de manera notable. No es que de repente se haya convertido en lo mejor de todos los tiempos, pero va avanzando y he disfrutado el capítulo mucho más que los anteriores. Si continúan con esta dinámica, me doy por contenta. Seguiré con vosotros en las duras y en las maduras. Y recordad, “la verdad está ahí fuera”.

Nota del autor
3.5
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