Review Falling Skies: Grace

Vaya, vaya, vaya… Queridos seriéfilos, esta semana he descubierto que aún se me puede sorprender. Justo cuando estaba a punto de unirme a la opinión de la mayoría e incluso retrasando el momento de ver el cuarto episodio de Falling Skies, llega Grace y, aunque sea sensiblemente, vuelve a mejorar mi impresión. Y hablando de impresiones, ¿habéis notado que el cielo está cargado de estrellas esta mañana? ¿Y que los aparatos de aire acondicionado sólo forman parte de una conspiración del gobierno para esparcir bacterias extraterrestres? Si queréis saber más, seguidme…

Lo primero que me ha gustado del episodio ha sido, en efecto, el principio. ¿Qué lógico, verdad? Pero por muy redundante que suene, así es. Un skitter vivito y coleando en la jaula, y un Tom que hace acopio de su recientemente adquirido valor. Es una de las pocas cosas positivas que le estoy viendo a la serie, el hecho de que este personaje al menos esté evolucionando de una forma más o menos correcta. Y ahí lo tenemos, mirando al adversario a los ojos y diciendo: “Yeah, I remember you too”. Sería interesante comprobar si este alarde de valentía hubiera tenido lugar con el bichejo fuera de su prisión y en una posición de desventaja, pero algo es algo.

Otro paso positivo que ha dado este cuarto episodio ha sido dar al espectador un poquito más de información sobre los extraterrestres en general. De los skitters hablaré un poco más tarde, pero por lo pronto sabemos que, entre otras muchas propiedades evidentes, el parásito enorme que se implanta en la columna es curativo. A un alto precio, por supuesto, pero oye… que corren malos tiempos y nadie da duros por pesetas. Nos encontramos así con que el hijo de Mike ya no padece la dolencia respiratoria que padecía antes de ser esclavizado. Ahora bien, ni siquiera recuerda ese antes. No sabe quién es su padre. No puede recordar nada. La sustancia que el implante les inyecta no es desde luego fácil de eliminar, y ante esta extraña dependencia y dominación mental, el chico vuelve a colocarse el implante en la espalda con nefastas consecuencias.

He leído algo de esto entre vuestros comentarios y estoy muy de acuerdo en una cosa. Por favor, estamos ante una situación límite. Una situación de alto riesgo, en un estado de guerra. ¿Quién ha sido el alumbrado que ha tenido la idea de dejar sola a la víctima con el prisionero? No podía dar lugar a nada bueno, desde luego. Sobre todo teniendo en cuenta que por más estudios que intenten hacer, aún no comprenden absolutamente nada de sus adversarios. Una situación absurda, claro, pero supongo que de algún modo tendrían que prender la mecha y enseñarnos lo que ocurre realmente con los esclavos (sólo en parte).

En cuanto a la misión de esta semana, al gran iluminado se le ha ocurrido que necesitan motos. Motos. Podrían haber sido boniatos o tangas de leopardo para animar un poco el cotarro. Pero han sido motos. Y no digo que no puedan ser necesarias, ojo, que lo son. Son necesarias por aquello de las misiones, las huídas y las carreras clandestinas sin casco, pero es que la situación ha sido un pelín pintoresca. “¿Puedo ir a recatar ya a mi hijo, señor?”, “No, aún no, necesitamos más motos”.

En cualquier caso, y tonos irónicos aparte, la misión ha servido, como ya he mencionado antes, para aprender un poquito más de esta especie que trae de cabeza a la humanidad (no, no me refiero a las fans de Justin Bieber), los skitters. También ha servido para que nos demos cuenta de la estupidez y el exceso de confianza que están mostrando con Pope, quien, como no, ha tenido que dar la nota un ratito pronunciando comentarios racistas, llamando la atención de los extraterrestres y estorbando todo lo que le ha sido posible. Más clichés. Clichés, clichés, clichés. ¿Se usa mucho la palabra últimamente, no? Clichés. Tanto que el uso de la palabra cliché se está convirtiendo en un cliché y condenándonos a vivir en un agujero lingüístico en el que no hay ascensor.

Una de las cosas que hemos aprendido esta semana de los skitters es que duermen como murciélagos. Resulta más gracioso que curioso, ya que por su anatomía hay como un centenar de posturas para el descanso mil veces más cómodas. Pero no, ellos duermen como murciélagos, cosa que se ha podido ver unas cuántas veces antes (así, que se me ocurran, a bote pronto, tenemos al bichejo de Jeepers Creepers, al abuelo de los Munsters, al hombre murciélago de Patience en The X Files, y a Marilyn Manson). La cuestión es que si ponemos una caja de donuts delante de Homer Simpson éste empezará a babear y no tendrá más remedio que atacar. Con Pope ha pasado igual, sólo hay que cambiar los donuts por skitters. Desde el primer momento sabemos que va a hacer de las suyas y a poner en peligro la misión, cosa que ha quedado clara en el momento en que ha escapado y ha calcinado de una sola vez a los bichejos. Menuda forma de despertar, luego  nos quejamos de las melodías taladrantes de los despertadores.

Tom y Hal han vuelto a protagonizar una de esas forzadísimas escenas familiares que tanto nos gustan a todos. Esta vez, por culpa de Karen. Y es que el nene echa de menos a su novia y un llavero hortera ha despertado su recuerdo. Porque la chica no es una girly girl, no. Cosa que no es difícil cuando se tienen dieciséis años, una chupa de cuero, una moto, y modales poco adecuados (me recuerda a mí, sólo que sin la moto).

El pequeño Matt nos ha traído escenas un poco más sustanciosas, todo hay que decirlo. El pobre empieza a desesperarse porque no lleva muy bien lo de esperar a que la familia que le queda vuelva de la batalla día tras día. Además, mientras los demás niños empiezan por desgracia a aprender el maldito arte de la guerra, Tom se empeña en sobreprotegerlo y tenerlo entre algodones. Es comprensible, por supuesto, supongo que ningún padre quiere a su hijo de ocho años con una recortada. Aún así, en tiempos desesperados… ya sabéis como termina. Así que el pequeño se ve de pronto con el pasatiempo de las comunicaciones, y descubrimos así que cuando el skitter se pone nervioso la radio capta una frecuencia, ya que lleva un transmisor en la cabeza (de hecho lo vemos hablar a través de Rick).

En cuando al final del episodio… ni siquiera me atrevo a hablar de él. Bueno sí, voy a hacerlo. Me parece típico, típico, típico y tan manido que… en fin. La cuestión es que por otra parte encaja y tiene sentido, y eso es innegable. Es frecuente que en situaciones de desesperación la gente pierda la fe (comprensible, nunca entenderé cómo se puede estar hasta el cuello y pensar que aún así alguien te está cuidando), pero más frecuente aún es agarrarse a cualquier cosa, llámese Dios, llámese X. Tiempos desesperados, como ya he dicho, y haya gustado más o menos, la escena tiene sentido.

A pesar de las críticas que he hecho al episodio y de ese uso reiterado de la ironía que me caracteriza, de verdad creo que la cosa ha mejorado un poco. No tanto como para afirmar que a partir de aquí se va a convertir en una gran serie, pero es cierto (es mi opinión, al menos), que el episodio ha mejorado sensiblemente con respecto a la semana pasada, y que al menos se nos está empezando a dar algo de información y de acción.  Se aceptan (más) opiniones en contra…

 

Nota 1: Quien escribe esta review no se responsabiliza del trabajo de los guionistas, productores y directores de la serie.

Nota 2: Me declaro fan ferviente de Marilyn Manson. El comentario de arriba no es más que un chiste estúpido que hace más alusión a los juicios fáciles y a los (oh no, otra vez no) clichés que a la condición del señor Brian Warner.

Nota 3: La marca Donuts no me paga por hacerles publicidad en este espacio.

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