Review Downton Abbey: Episode Six

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Esta semana dos noticias relacionadas con Downton han aparecido en internet. La primera, es que la televisión griega que emitía el primer episodio de la serie censuró el beso gay entre Thomas y aquel caballero invitado, desatando, como es lógico, la polémica. La segunda, aunque aún falta confirmación oficial, es la noticia de que la cuarta temporada se empieza a grabar en Febrero (o eso ha dicho Allen Leech aquí), así que prácticamente seguro tengamos al menos un año más con los Crawley and Co. (¡Alegría!)

Después del intensísimo episodio de la semana pasada, este capítulo tenía que encauzar todo de nuevo. ¿Te vienes a ver si lo han conseguido?

Este episodio, como decía en la entradilla, tenía la difícil misión de encajar después de todo lo que ocurrió en el anterior. Porque no pueden olvidarse de ellos (es más, a mí me sentaría mal que no hubiera llantos y odios), pero tampoco puede ser esto un drama constante que nos haga deshidratarnos a lágrimas semana tras semana. En mi opinión, han sabido encontrar el equilibrio de una forma más que correcta.

Porque, ¿cómo están los Crawley después de perder a su pequeña? Pues cómo van a estar. De luto, luchando por parecer enteros, tratando de sobreponerse. Se nota en los ojos brillantes de Branson, en la mirada aún triste de Thomas, en la voz rota de Cora. Porque no, la muerte de un hijo nunca se acaba. Y menos cuando piensas que el responsable fue tu marido.

Porque así están las cosas entre Robert y Cora: ella, imponiendo la ley del silencio y respondiendo a herir; él, con el rabo entre las piernas y tratando de ganarse un perdón que no está del todo seguro de merecer. La escena que abre la review, en la que Cora básicamente le ha acusado de matar a su hijita, ha sido como un puñal. Si se lo merece o no, ya es otro tema.

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Robert se está viendo sobrepasado por las circunstancias, y no solo por su mujer y la muerte de Sybil. La escena en la que escandalizado va a la Crawley House es un buen ejemplo de ello, cuando todas le miran y nadie le obedece. O después, cuando en el asunto del bautizo de su nieta no piensa dar su brazo a torcer; y ni siquiera quiere oír a Matthew cuando le habla de la administración de la casa. Nosotros lo sabemos, y Mary lo sabe, pero parece que el conde no se da cuenta. Te estás quedando solo, Robert. El mundo ya no es el lugar que tú querrías que fuera, y más te vale adaptarte, o te dejarán atrás.

Volvamos a la cena en la casa de Mrs. Crawley, que tan animado final ha tenido. Ethel, que tendrá todas las buenas intenciones del mundo, pero cocinar lo que se dice cocinar no sabe, se empeña en hacer algo que merezca la pena y que la reconcilie un poco con Izobel. Por eso pide ayuda a Mrs. Patmore, que aunque sea mandona y exigente, todos sabemos que es un pedazo de pan. Y además de ayudar a Ethel, se enfrenta a Carson cuando se ve descubierta con una fuerza que muy pocos personajes mostrarían ante una regañina del mayordomo. Muy bien por Ethel, que está demostrando lo que vale, y muy bien por Mrs. Patmore, porque a ella no le gruñe nadie.

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Y ya que estamos con el servicio, comentemos nuestra figura geométrica amorosa de Downton. Poca novedad en este aspecto, la verdad. Genial ese comentario de Mrs. Patmore de que “todos estáis enamorados de las personas que no debéis”. Y así pasa lo que pasa, que Ivy va a trabajar con maquillaje, a Daisy le falta tiempo para enseñar a Alfred a bailar el Foxtrot, y Thomas sigue con esos incómodos tocamientos a Jimmy. Miedo me da como pueda acabar esto.

Daisy ha tenido un poco más de protagonismo esta semana, ya que ha ido a visitar a Mr. Mason, el padre del adorable William, y su suegro. Y el bueno de Mr. Mason tiene una oferta para Daisy: que se quede con la granja. La verdad, sería un final interesante para nuestra ayudante de cocina, que le permitiría ser dueña de su propia vida y asegurarse un futuro fuera de la servidumbre. Pero me daría pena dejar de verla en la serie, así que espero que de momento se quede en las cocinas.

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Y otro al que parece que (por fin) veremos más, es a Bates. Porque, aunque como todos temíamos, Mrs. Bartlett ha cambiado su testimonio, Bates asegura que puede hacerle cambiar de opinión. No hagas ninguna locura, dice Anna, así que Bates coge una cuchilla y casi degüella al tal Craig. En fin. Al menos parece que ha funcionado, que van a desestimar el caso, que nuestro Bates vuelve a casa. Por fin. Y si me alegro por él, me alegro más por ella. Porque me ha emocionado ver que se emocionaba cuando Mary ha dicho “nosotros”. Porque la sonrisa que tenía al recibir la carta podría iluminar una ciudad entera. Porque necesitábamos buenas noticias en Downton. El problema, si es verdad que Bates vuelve, es qué hacemos con Thomas. Futuro negro para el actual ayuda de cámara, me temo.

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La semana pasada no mencioné la mini trama de Edith y los periódicos, pero con todo lo que pasó, confió en que me perdonéis. Y parece que la cosa va viento en popa, que Edith, a pesar de la desaprobación de toda su familia (quitando a los cuñados), va a seguir este camino de mujer moderna y sufragista. Bien por ella.

Hablemos de Tom. Un Tom que se ha quedado sin lo único que le ataba a esa casa enorme a la cual no pertenece. El futuro parece incierto para el antiguo chófer, porque no ve su vida en Downton, pero tampoco sabe muy bien qué hacer con su hijita si se pone a trabajar. De momento, el asunto que ha levantado llagas es el del bautizo. Aunque realmente parece que es a Robert el único al que le importa, creo que aquí el que tiene que decidir es Tom. Porque la pequeña es una Branson. Una nueva Sybil Branson que nos hará recordar a su madre cada vez que la veamos. De todas maneras, el conde parece haber recapacitado gracias a las palabras de Mary, así que parece que tendremos una niña católica, aunque ellos vaya en contra del Imperio Británico.

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Un par de detalles que me han gustado. Esa conversación Matthew y Tom, demostrando la buena química que tienen estos concuñados. Y la escena de Matthew y Mary en la que acuerdan no dar nada por sentado y se juran amor eterno y esas cosas. Pero es que hacía tiempo que estos dos no me sacaban una sonrisa tan sincera, y me ha alegrado mucho.

Acabamos con los tejemanejes de Violet, que, desde las sombras, es capaz de arreglar ella solita a toda la familia. Una mentirijilla piadosa, es lo que le pide al Dr. Clarkson. Una mentira que haga que Cora no culpe a Robert, que una al matrimonio para afrontar esto de la única manera posible. Juntos. Y después de ese llanto desolado y ese sincero abrazo, parece que lo vamos consiguiendo. Aunque ahora sea una pequeña tirita, mañana puede ayudar a los condes a encontrar la paz que necesitan para sobreponerse lo mejor que puedan.

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Y eso es todo por ahora, queridos amigos. Un capítulo difícil por todo lo que tenía que hacer, y que en mi opinión, lo ha conseguido con creces. Y a partir de la semana que viene parece que acabamos con el spin-off carcelario, que la situación de Thomas se complica (en serio, últimamente se está llevando más palos de los que creo que merece), y que los Crawley han encontrado una manera de estar juntos.

Y como siempre, lo más importante. ¿A vosotros qué os ha parecido el episodio?

 

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