Review Downton Abbey: Episode Seven

Thomas

El otro día leía un artículo de Jessica Fellowes, sobrina de Julian, y escritora del libro The Chronicles of Downton Abbey, en el que decía que podía ver la inspiración real de los personajes de la serie en miembros de su familia. Así, el indómito espíritu de su abuela se veía reflejado en Mary; el firme genio de su abuelo en Robert, y el carácter legendario de una tatara-tía en Violet. No sería divertido ni nada haber crecido en esa familia… También hablaba de la inspiración real para el personaje de O’Brien: una criada que consiguió echar a toda la familia y amigos de su señora, mientras ésta la seguía amando y pensaba que era la única que la quería… Miedo me da que saquen ideas de aquí. Después de esta parrafada, ¿te vienes a comentar el capítulo siete?

Pues aquí estamos una semana más, a falta de un capítulo (y un especial de Navidad) para acabar la tercera temporada, que, creo que estaréis de acuerdo conmigo, está teniendo un nivelón.

¿Y cómo están las cosas por Downton? Pues la primera y más alegre noticia que tenemos es el Retorno de Bates (así, a lo ESDLA). Porque por fin, después de un tiempo que se nos ha hecho eterno, tenemos al valet de vuelta a la casa y a los brazos de su mujer, a la que Bates da las gracias porque sabemos que sin ella nada de esto hubiera sido posible. Sin esa fe inquebrantable que la buenaza de Anna ha tenido siempre en su Bates, desde que allá por la primera temporada le dijo que le quería. Así que ahora puede disfrutar de los reencuentros, de los viejos amigos y de los nuevos, de los libros, de imaginarse un futuro cálido en una casita junto a su esposa. Y todos contentos.

Coche

¿Todos? No. Thomas is not amused, porque todo el mundo da por hecho (y he de decir que yo incluida) que el puesto de ayuda de cámara pertenece legítimamente a Bates. Pero claro, ¿qué hacemos? ¿degradamos a Thomas a lacayo? ¿le echamos sin haber hecho nada malo? Revenge is sweet, dice Bates…pero a mí no me hace gracia. Porque mira que Thomas ha sido retorcido, manipulador, ha liado las cosas como ha podido y más, y a veces simplemente por fastidiar, pero ahora…me da pena. Me compadezco de él, porque en estas tres temporadas hemos podido ver, aunque fuera a costa de golpes y casi de reojo, lo mal que lo ha tenido que pasar este hombre toda su vida, sintiéndose y sabiéndose diferente, escondiendo su verdadera personalidad, abriéndose paso en un mundo que no le quiere. ¿Justifica esto todas las putadas que le hemos visto hacer? No lo sé. Pero también sé que ya no le juzgo tan a la ligera.

Porque, ay Thomas, esta semana la has liado un poco parda. Y mira que lo vinimos venir. Que cuando O’Brien sonríe de esa manera, sólo es por una cosa. Que a todos nos hace ilusión que nos digan que la persona que nos gusta habla de nosotros. Que a veces vemos cosas sólo porque queremos verlas. Y después de pensárselo, de repasar en su mente todos los momentos, de recorrer de arriba abajo su habitación incapaz de dormir, va a la habitación de Jimmy. No, no, no, no, pensaba yo mientras le veía meterse a escondidas en la cama del lacayo. Porque sabíamos cómo iba a acabar. Y esto puede traer consecuencias muy, muy graves.

Dejemos un momento este tema para hablar de Edith, que se ha cansado de ser invisible. Que ha decidido que va a salir al mundo y hacerse notar, y para ello (después del útil apoyo de su abuela), se ha marchado a Londres y ha aceptado un trabajo de periodista. Y supongo que no he sido la única que ha notado que el editor estaba muy contento de que Edith aceptara el trabajo. Parece que tenemos un nuevo Stralan a la vista, aunque este parece bastante más espabilado. Eso sí, no sé por qué razón a Edith le encuentran todos estos novietes casi del IMSERSO…

Edith

Seguimos con el lío de Ethel, porque si creíamos que después de la fiesta de la semana pasada todo iban a ser alegrías, nos equivocábamos. Porque se ha corrido la voz, y a partir de ahora, cualquiera que se relacione con ella, automáticamente se mete en su mismo saco. Diría que me parece exagerado, pero sabiendo cómo somos los humanos, en realidad no me extraña para nada. Y claro, ante las pesquisas de la condesa viuda, nos entra la duda que siempre nos entra con Isobel. Hasta que punto hace las cosas que hace para ayudar al prójimo, o para hacer lo que ella considera que debe hacerse sin tener en cuenta la opinión de nadie más. Y me da que al preguntarle a Ethel al final del episodio que si es feliz, Mrs. Crawley también se lo está preguntando. Me gusta Ethel y tenerla en la serie, pero sí que es cierto que empezar de cero le vendría bien.

isobel

Violet ha abierto los ojos de Isobel, y de unas cuentas personas más en este episodio. Porque no es que le hayan cambiado las pastillas, es que cuando quiere, puede hacer que sus retorcidos planes arreglen todo lo que pasa a su alrededor, y casi sin que se den cuenta. Así nos vamos al tema de la gestión de la casa, y de esa mini-guerra que se ha montado entre Robert, que se siente desplazado, y Matthew, que no entiende por qué no le quieren hacer caso.

El cambio y la tradición, uno de los temas principales de la temporada y casi de la serie. Por un lado tenemos al equipo de Robert y a Jarvis, el administrador; y por otro a Matthew, apoyado por Murray y por Branson (de esto se pueden sacar camisetas fijo). Robert predicó que ahora eran una monarquía dual, pero por cómo actúa, vemos que mucha gracia no le hace. Y al tal Jarvis menos, que en cuanto oye la palabra “cambio” huye como si no hubiera mañana.

Matthew

Matthew la ha liado un poco, pero suerte que tiene a Mary para convencerle de que puede hacer lo que se proponga. Y suerte, una vez más, a Violet, que ve la solución mucho antes que cualquiera que los demás. Branson, una vez más. Así no tiene que irse con ese hermano a trabajar a un taller (me da que Tom se quedó con todos los genes buenos, por cierto…), así la nieta puede crecer correteando por los pasillos de Downton, así es como Sybil lo hubiera querido. Y así se queda: Tom para los Crawley, Branson de nuevo para Violet, y Mr. Branson ahora para Carson al haber defendido a Cora ante su hermano. Muchos minipuntos y unas buenas perspectivas de futuro para Tom.

No quiero dejar sin comentar esas dudas que corroen a Matthew sobre su capacidad de tener hijos, y esos “si alguna vez tenemos niños”. Suerte que Mary es fuerte como ella sola y sabe sacarle siempre una sonrisa y aliviar un poco sus dudas. Aunque si estos dos no pudieran tener niños, se abriría una nuevo abanico de posibilidades…

Nuestro romance servant avanza a paso de tortuga, y con bastantes planchazos. El que se lleva Ivy ante el comentario de Alfred sobre que Jimmy no la quiere, el que se lleva Alfred por hacerse la idea equivocada, todos los que se lleva Daisy desde la distancia. No sé muy bien cómo va a acabar la cosa, pero me da que bien no va a ser.

ivy

Y claro, volvemos de nuevo al asunto de Thomas. Porque en ese momento del beso a Jimmy, en esos gritos y ese casi puñetazo que se lleva el ayuda de cámara, Alfred estaba presente. Y con la guerra que se traen los dos lacayos, la lista de bajas puede ser alta. O’Brien ha conseguido lo que quería, que Alfred se confesara a Carson y reprendiera a Thomas, y la verdad es que no sé muy bien para qué. Ha quedado claro en esa conversación entre el mayordomo y Thomas: para ellos, va en contra de las leyes de la naturaleza y de los hombres. Y eso significa que no sólo le pueden echar de su trabajo, si no que le pueden meter en la cárcel, y que a ver cómo rehace su vida si se sabe del asunto fuera de la casa. Veremos, porque me da que Thomas puede hacer cualquier tontería y no me gusta un pelo. Espero que al menos O’Brien esté contenta, ha conseguido hundir en la miseria al que era su único amigo por un enfado que estoy segura ni recuerdan por qué se inició.

jimmy

Así que así dejamos las cosas para la semana que viene. Una periodista, un abogado y un mecánico reconvertido en administrador. Ganamos un Branson, y quizás perdemos un Thomas. Alfred y Jimmy siguen en guerra, Isobel se replantea su manera de hacer las cosas, y Robert parece abrazar un pelín más el cambio que todos sabemos que es necesario para sobrevivir.

Los finales de temporada suelen ser intensos: una guerra mundial en la primera temporada, y la muerte de Lavinia y la “separación” de Mary y Matthew en la segunda, así que miedo me da lo que pueda pasar en la tercera. Pero, por todos los Dioses de Kobol, creo que hemos tenido suficiente drama esta temporada…

Al final, sea como sea, solo nos quedará una certeza. Que Violet nunca se equivoca. 

PD: ¿Un católico?¡Quítamelo, quítamelo!

Ahora os toca a vosotros, amados downtonianos (?), ¿qué os ha parecido el capítulo?

 

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