Review Downton Abbey: Episode One

Review Downton Abbey: Episode One

Isis pasea al lado del Conde. Las ventanas se abren. Las campanas resuenan. Las criadas suben al piso superior. La tetera hierve. Se colocan los platos. Se encienden las lámparas. La casa se despierta. Y nosotros sonreímos porque Downton ya está aquí. Pedazo de episodio que se han marcado, ¿verdad? Pasad, pasad, y comentarlo conmigo.

Yo creo que aún estoy llorando de emoción desde que vi el episodio. Cuántas cosas han pasado y qué bien que está hecha esta serie…

Primavera de 1920. Nos situamos tres o cuatro meses después de aquellas Navidades en las que Matthew y Mary (por fin) se comprometieron. Y nada más empezar el episodio vemos que esta parece ser la de verdad. Flores, párrocos, vestidos e invitados. Nuestra parejita se casa. Quién se lo iba a decir a Mary cuando pensaba que él era una bestia marina; y quién se lo iba a decir a Matthew cuando era simplemente un abogado de Manchester.

Este episodio ha estado marcado por el cambio. Ese cambio del que tanto se habló la temporada pasada, después de la guerra. Ahora la inagotable Mrs. Hughes tiene canas. Ahora Thomas, convertido en ayudante de cámara, ya no es Thomas, es Mr. Barrow. Y los Crawley tienen un yerno que antes era su chófer.

Y es seguro que estos cambios irán a más ahora que nos hemos enterado de que Robert, invirtiendo algo así como todo su dinero y el de su esposa en los ferrocarriles canadienses, lo ha perdido todo. O si no todo, bastante más de lo que una familia como los Crawley necesita para llevar el estilo de vida que lleva. Me ha gustado mucho la escena en la que Robert se derrumba delante de Cora, da gusto ver cómo el matrimonio de estos dos parece seguir viento en popa, después de las turbulencias de años pasados.

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La crisis ha llegado a Downton Abbey, aunque de momento pocos lo saben. Por eso pueden contratar a un nuevo lacayo, pero no a una ayudante de cocina que ayude a Daisy a sentirse realizada. Suerte que el orgullo solo le dura hasta el final del episodio.

Alfred, el nuevo lacayo y sobrino de O’Brien, llega a una casa donde se le cuestiona por haber sido entrenado en un hotel. Pero el muchacho, aunque sea demasiado alto, parece bien dispuesto a trabajar. Y si Carson se fía, yo me fío. Eso sí, a Thomas no le hace demasiada gracia la presencia del joven, como no deja de recordarle a su amiguita O’Brien. ¿Tendremos crisis en el club de fumadores?

Con Mary y Matthew ocupados planeando la boda (y también la noche de bodas al parecer), y Edith cada vez más echada para adelante para conseguir lo que quiere (bien por ella), nos queda la tercera hermana Crawley en discordia. Lo que pasa es que esta hermana se ha cortado el pelo, está embarazada, y vive en Irlanda. Ah, y se ha casado con el chófer.

Ya sabemos que el conde accedió a no cortar el grifo a su hija pequeña, pero en cuanto los vemos aparecer se nota que estos dos viven una vida completamente diferente a la que se vive en Downton. Sybil sigue siendo Sybil, pero de pronto Branson se llama Tom. Y no quiere cambiarse para la cena, y adora despotricar sobre la política de Irlanda durante los postres.

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Estos cambios son mejor acogidos por unos que por otros. Robert se muerde la lengua y Carson le fulmina con la mirada y rompe copas; pero el resto parece más que dispuesto a aceptar a Branson en la familia.

Claro que quizás ese sea el problema, que Branson no quiere entrar en la familia. Porque Sybil sabía a lo que se enfrentaba al casarse con Tom, pero no estoy muy segura de que Tom también lo supiera. Es como dice Sybil: en Irlanda solo son el señor y la señora Branson; en Downton, son un cotilleo con patas. Mr.Carson dice que el ex -chófer va a tener que aprender las reglas del juego, pero no estoy muy segura de que quiera aprenderlas. Supongo que la solución estará en ceder un poco por ambas partes: Branson ha demostrado que no está dispuesto a cambiar, pero creo que inevitablemente tendrá que hacerlo si quiere ganarse el respeto la familia.

La cena en la que Branson es drogado por un ex – pretendiente de Sybil es un gran ejemplo de esto. Porque a pesar de que actuara bajo los efectos de alguna sustancia, en el fondo sabemos que ese sentimiento de ira contra los opresores está ahí. Y cuando toda tu familia política y sus amigos son nobles, será necesario por ambas partes encontrar una manera de restaurar el equilibrio. Matthew es de los primeros en aplicarse el cuento, nombrando padrino a su concuñado. Por cierto, geniales las dos conversaciones que han tenido en el capítulo: unidos en esa locura que puede llegar a ser casarse con una de las hermanas Crawley.

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Hablemos ahora de Anna y Mr.Bates. La pareja más tierna de Downton no atraviesa sus mejores momentos. Suele pasar cuando uno de los miembros de la pareja está encerrado en la cárcel. La criada no quiere que esto sea así, así que está rebuscando entre todos los papeles y cartas de Vera, para encontrar algo que exculpe al pobre Bates. Lo malo de esta trama es que tenemos a Bates alejado de Downton y del resto de personajes. Espero que lo sepan llevar bien, porque tener un mini spin-off de Bates y sus aventuras carcelarias puede llegar a cansar. De momento, Bates a animado a Anna a proseguir con su vida, mientras siguen intentado encontrar una manera de volver a estar juntos y ser felices. Y estos dos se lo merecen.

Como Mary y Matthew. Porque eso lo tenemos claro desde el primer momento en que se vieron. Pero, a pesar de todo, tenemos una pequeña crisis pre-matrimonial: porque el padre de Lavinia, que murió poco después de su hija, había nombrado posible heredero a Matthew. Él, que tiene un don para heredar cosas por casualidad, no quiere ni oír hablar del dinero. Pero cuando Mary se entera de que su padre lo ha perdido todo, ve en este dinero un regalo del cielo. Matthew no opina lo mismo. No ve bien eso de quedarse con el dinero de la familia de la chica a la que “engañó” con Mary para dárselo a la familia de Mary. Y ahí es cuando ella explota, porque se da cuenta de que Matthew aún no piensa como un Crawley. Que preferiría hacer caso a su honor antes que salvar a la familia de la bancarrota. Y que si no están de acuerdo en esto, cómo lo van a estar en todo lo demás.

Francamente, entiendo que Mary se desespere porque piensa que su futuro marido no está de su parte. Pero es que todos sabemos cómo es Matthew, que iba a casarse con Lavinia porque, simplemente, estaba mal no hacerlo. Que cierra los ojos cuando Mary le dice que lo haga. Y no hace trampa. Es todo un Stark, nuestro querido Matthew.

Evidentemente, esta trama no acabará aquí, porque creo que el dinero de los Crawley será uno de los temas claves de la temporada. Pero ya lo resolverán, y como bien dice Matthew, lo harán juntos.

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Soy muy fan de Matthew y Mary, así que este episodio ha sido una alegría tras otra. Esas miradas que intercambian. Esas sonrisas al encontrarse. Ese sentimiento palpable de, como dice Branson, que ninguno podrá ser feliz mientras no estén juntos. Y esto es así. Por eso Matthew va a Downton el día antes de la boda para dejárselo clarito a Mary. Que se va a quedar allí mismo, con ella. Y que necesita besarla. Y la deja con una sonrisa en los labios y un “buenas noches” que todos sabemos que significa te quiero.

Así que aquí estamos, listos para la boda. Pero no puedo olvidarme de una de las más ilustres invitadas: Martha Levinson, aka la madre de Cora, aka Shirley McClane. Que es justo como pensábamos que iba a ser. Ácida. Sarcástica. Directa. Vamos, la pareja perfecta para la Condesa Viuda, que se acuerda de lo que le gusta ser británica cada vez que la ve. Preveo grandes momentos entre estas dos, y estoy deseando verlos.

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Y, por fin, llegamos a la boda. Creo que el momento en el que Mary ha bajado las escaleras, preciosa en su vestido de novia, ha sido cuando he empezado a llorar. Qué le voy a hacer, soy una sensiblera. Pero es que ver las caras embelesadas de sus dos papis (Robert y Carson), cuando la han visto; y el pueblo aclamando a su hija predilecta, y Matthew sonriendo al verla caminar hacia él…Cómo me alegro por ellos, después de todo lo que han pasado.

Cómo me gusta todo. La recién estrenada amistad entre Branson y Matthew, cada frase que Violet suelta por la boca, que Edith esté cogiendo algo del espíritu emprendedor de sus hermanas, que los Crawley acepten un poco más a Branson y Branson a los Crawley…Hasta esa frase en el altar, Matthew contento y aliviado, y Mary feliz porque odiaría ser predecible. Qué ellos es esa frase…

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En fin, creo que para ser mi primera review ya he escrito suficiente. Estoy muy contenta con el regreso de la serie, pero es que creo que es imposible no acabar el episodio sonriendo como un bobo. Y lo mejor de todo es que aún nos queda toda la temporada por delante.

Ahora es vuestro turno: ¿Opiniones? ¿Comentarios? ¿Críticas? ¿Dinero para mi campaña para comprarme un Branson y un Matthew? Todo aquí abajo…

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4.5
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