Review Downton Abbey: Episode Eight

Review Downton Abbey: Episode Eight

Empiezo esta review con un par de buenas noticias. En la emisión de este último episodio, Downton Abbey batió su propio récord de audiencia, congregando nada más y nada menos que a 10 millones de espectadores british. Para los despistados de la sala, con este episodio 8 acaba la tercera temporada, aunque tranquilos, aún nos queda el especial de Navidad antes de lanzarnos a llorar desconsolados y a echar de menos a los Crawley. Otra cosilla: se rumorea que el amigo Julian Fellowes podría estar interesado en hacer una precuela de Downton, contando la historia de cómo Robert y Cora se enamoraron. A mí ya me tiene ganada. Pero antes de pensar en el futuro, ¿te vienes a hablar de este capítulo?

Y todo ha empezado con el cricket (deporte del cual me he dado cuenta de que tengo tanta idea como Moseley). Resulta que todos los años se organiza un partido entre la Casa y el Pueblo, y por lo visto Robert se tomó muy mal la derrota del año anterior y quiere crear un equipazo para este año. La verdad es que cada vez que le ha faltado hacer carteles para reclutar a gente para que jugaran con él…

El que parece que no iba a jugar (para desgracia de Robert), es Thomas, que después de lo que vimos (y sufrimos) la semana pasada, va a ser invitado amablemente a dejar la casa. Carson le comprende todo lo bien que puede comprenderle, pero muy bien por Thomas por no quedarse callado cuando le está llamando engendro de la naturaleza. “i’m not foul“, le dice. Que no es sucio, asqueroso, que no es igual que él, pero que por eso no está mal.

Pero claro, ya estaba por ahí O’Brien para acabar de liar las cosas. Oye, Jimmy, mira, que van a despedir a Thomas pero con referencias. No se lo merece, mira lo que te hizo, que es un depravado y un pecador. Yo que tú hablaba con Carson y llamaba a la poli, porque te lo estás tomando casi que demasiado bien, ¿no, Jimmy? ¿Tú qué opinas? Y como Jimmy es un poco tonto, le hace caso. Mira que eres mala a veces, O’Brien.

Jimmy

La verdad es que el tema de la homosexualidad es muy peliagudo para la época, y creo que todos estamos gratamente sorprendidos de que la mayoría de personajes tengan una mentalidad tan abierta para principios del siglo XX. Que sea realista ya es otra cosa: la verdad es que no tengo ni idea de hasta qué punto la sociedad eduardiana rechazaba o toleraba a los homosexuales, pero me da que no se lo tomaban con tanta filosofía como nos han dejado ver. Menos Robert, que tenía que quitarse a los gays de encima cuando estaba en Eton (si es que es un seductor).

De una manera o de otra, la mayoría de los habitantes de la casa sabían el secretillo de Thomas. Y si no se lo olían, han acabado sabiéndolo durante el episodio. Primero Mrs. Hughes, demostrando que es una mami (aunque es que creo que es imposible ver a alguien llorar bajo la lluvia y que no se te dispare el instinto maternal), y después Bates, cuando Thomas ha ido a hablar con él.

thomas

Y le dice a Bates que le envidia. Que no sabe la suerte que tiene de poder pasear con la persona a la que quiere, mudarse a una casa nueva y disfrutar de su amor, que él daría lo que fuera por poder decir en voz alta a quién ama. Porque eso es algo que él nunca podrá tener, algo con lo que soñará toda su vida con miedo si quiera a pensarlo. Y Bates, ese Bates al que Thomas le hizo la vida imposible desde el momento en que puso su bastón en Downton, se compadece de él. Como creo que hemos llegado a hacer todos en esta última temporada. Quién me lo iba a decir a mí, que siempre le he tenido crucificado.

Por cierto, muy destacable la interpretación de Rob James Collier durante todo el episodio, esa escena en la que Carson le dice que se va a ir si referencias y se ha derrumbado me ha puesto los pelos de punta.

Tiene que haber una manera, dice Bates, una manera de que O’Brien rectifique y le meta a Jimmy en la cabeza que mejor que se esté calladito. “Her Ladyship’s soap”. Tres palabras han bastado para que O’Brien se haga caquita, y se acuerde de Cora resbalando y perdiendo a su hijo no-nato. No ha tardado nada en volver a hablar con Jimmy, que éste se echara atrás con lo de avisar a las autoridades, y que Thomas no solo se quede, si no que le asciendan a sub-mayordomo. Y yo que me alegro. Aunque creo que Bates no tanto.

da

Hablemos ahora de la nueva adquisición de Downton: Rose, esa chiquilla que ha llegado a ritmo de jazz y que nada más aparecer ha provocado en mí una reacción que luego Edith ha llamado instinto. Cuidadito. Porque eso de que estaba deseando mudarse a Yorkshire ha sonado a mentirijilla, pero ya lo de llevadme a Londres sin que se enteren mis padres que es una sorpresa tenía un cartel luminoso de “NO TE FÍES” escrito encima. Y es que a la muchacha le ha faltado tiempo para cambiarse, coger un taxi, y welcome to cabaret. Suerte que tenemos a Matthew, Edith y Rosamund (que parecían  pulpos en un garaje), para controlar al angelito. A Matthew le ha bastando un baile para convencer a Rose de que plante al hombre casado y se porte bien, a cambio de su silencio. Si es que a veces se me olvida que es abogado. Por desgracia (o no), Violet se entera de todo, y parece que, de momento, la mandamos a Escocia.

baile

¿Y qué hacían Edith y Matthew por Londres? Pues la primera ligar trabajar y el segundo cotillear. Hablemos de ello. Edith está entusiasmada con su nueva ocupación, y claro, si encima el editor se las suelta de esa manera cada vez que la ve, pues ya tenemos a la mediana Crawley en las nubes. Y como Mark Zuckerberg y su creación no aparecieron hasta un siglo después, Edith hace sus averiguaciones por teléfono. Y resulta que el amigo editor está casado al más puro estilo Mr. Rochester: con una loca de la que no puede divorciarse. El hombre me cae bien, pero qué tino tiene Edith para fijarse en quién menos le conviene…

Y Matthew, con la excusa de “ir a hacer recados”, pide cita con un doctor experto en fertilidad que cree que también está tratando a Mary. La verdad es que no sé si pretendían que dudáramos de las intenciones de Mary con tanto secretismo, pero yo no me lo he tragado ni por un momento. Lo que no sé es por qué ella no ha ido a contárselo a Matthew directamente, cuando lleva meses convencido de que no pueden concebir por su culpa. Sea como sea, el problema de Mary ya está solucionado, y ya no hay nada que se oponga a que rellenen todas las habitaciones de Downton con pequeños príncipes.

mary

Nos queda Ethel, a la que parece que vamos a tener que decir adiós. Ya sabéis que me gusta mucho la evolución que ha tenido, pero creo que este final es el mejor que le podían dar dadas las circunstancias. Cerca de su hijo, y formando parte de su vida. Si no sabemos nada más de ella, yo al menos pensaré que camina con la frente bien alta mientras disfruta de ver crecer a su Charlie…

ethel

Y por fin llegamos al famoso partido de cricket, en una escena que me ha recordado a la fiesta de la finale de la primera temporada. No me digáis, si es que iban todos tan monos de blanco…Y aquí cerramos prácticamente todas las tramas del episodio y de la temporada.

Thomas se queda y Jimmy se retracta, O’Brien se escarmienta (a ver cuánto dura), Anna y Bates disfrutan de estar reunidos, Matthew y Mary se aseguran de ser la pareja más adorable de la serie. Robert y sus yernos forman, tras el fantástico discurso de Tom, el nuevo poder de tres (el primero fue el de las Embrujadas, of Course) para llevar la casa, Rose es enviada a Escocia, y Branson y la pequeña Sibbie se quedan a vivir en Downton. Como Sybil hubiera querido. Ah, y vemos a Moseley jugar al cricket, que era la trama que más intrigada me tenía con diferencia.

Todos felices, todo muy Happy Ending, y yo con la sonrisa boba en la cara, pero me ha encantado. Que estos personajes se merecen un poco de sol, un poco de felicidad después todo lo malo que hemos pasado esta temporada. Mucho me temo que en Navidad volverá el drama a la casa, pero mientras tanto, podemos sonreír al pensar que las cosas en Downton, por una vez en la vida, van exactamente como tienen que ir.

Y para matar el tiempo hasta Navidad, ¿por qué no me contáis qué os ha parecido el episodio?

PD: McGonnagal, lo siento pero no nos engañas…

maggie

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