Review DH: Making the Connection

Llegamos al segundo episodio de la octava temporada de Mujeres Desesperadas y da la sensación de que las cosas suceden bastante rápido, por lo menos en el arranque de esta última tanda de episodios. El título del de esta semana no podría ser más adecuado: conexiones que se crean, pero también que se rompen, entre los personajes del reparto.

Una de las más recientes es, precisamente, una que nunca tendría que haberse hecho: la de Bree y Chuck. Todavía conmocionada tras la lectura de la nota amenazadora en la que se le anuncia que lo que ha hecho el cuarteto de Wisteria Lane lo sabe alguien más, Bree es incapaz de actuar con normalidad ante su novio detective, aunque hay que decir que lo intenta con todas sus fuerzas. Parece que lo distrae con sus armas de mujer, pero no lo lleva con tanta frialdad como había pensado y a Chuck se le está poniendo la mosca detrás de la oreja.

La conexión que se está deshaciendo es la de Carlos y Gaby. Ella, con el egoísmo que la caracteriza, le dice a su marido que llevan 38 días sin usar la cama para nada que no sea dormir, y que esta es la noche para romper el nefasto récord. Carlos, reacio al principio, accede a intentarlo, pero no funciona. Y se nota que lo quería intentar de verdad, porque no le sienta nada bien que le ocurra lo que “les ocurre a muchos hombres” pero no a él. Son los efectos de la culpa, que afectan al señor Solís en el plano físico.

A Susan le afectan en el mental, terreno en el que la Delfino siempre ha sido un poco inestable, y se dedica a cometer pequeñas infracciones y actos desconsiderados para llamar la atención de quienquiera que pueda hacerle pagar por sus malas acciones. Cree que así se sentirá mejor, pero por más que lo intenta no hay manera, y es que da la casualidad de que hoy encuentra a todo el mundo de demasiado buen humor para castigarla.

Una nueva conexión es la que se produce entre Ben, el nuevo vecino, y Mike, que le hace un primer trabajito de fontanería. Resulta que el señor Faulkner es promotor inmobiliario y quiere contratar a Mike para un trabajo que va a poner en marcha. En otra escena veremos como, al descubrir que Mike tiene antecedentes por homicidio, Ben va a su encuentro y le pregunta por qué no se lo había comentado. Ante la sorpresa de Mike, le dice que no debe avergonzarse de lo que hizo si fue por proteger a un ser querido, y que no puede contratarlo pero sí necesitará sus servicios. Veremos a qué se refiere, pero esto huele a chamusquina.

Sin dejar a Ben, tenemos a Renée, que no se rinde en su intento de conquistarlo, e interroga a Mike, al que acaba de ver salir de su casa, sobre qué aficiones podría tener su nuevo objetivo sexual. Resulta que le gusta pasar tiempo con la gente mayor de la ciudad, y la Perry decide fingir que a ella también para poder establecer esa deseada conexión, así que visita a la señora McCluskey, que como sabemos es garantía de escenas de lo más divertidas y frases ocurrentes, y monta un teatrillo para un solo espectador. El truco, sorprendentemente, funciona y Ben le pide salir, así que se la lleva a un lugar donde hay mucha gente comiendo y toda de la tercera edad… solo que no es un restaurante, sino un centro para ancianos donde ellos dos tendrán que servir la comida como acto de caridad.

Incapaz de aguantarlo, Renée se encara a Ben y ambos descubren que tienen un pasado en el que su relación con esas personas que merecen especial atención no fue nada buena. Ahora que se han quitado las máscaras pero que ven que tienen cosas en común, su relación se vuelve más sincera y empiezan a salir. Como ya sabéis, no puedo evitar pensar en Renée sin pensar también en Tom, y… ¿qué pasa con los Scavo?

Pues que Tom y Lynette, que ya han hecho oficial su separación ante los niños (escena que no hemos visto porque se omite), están en plena guerra por ver cuál de los dos progenitores es más “guay” y con cuál quieren pasar más tiempo los pequeños Scavo. Bueno, no tan pequeños, porque… ¿habéis oído el vozarrón que se le ha puesto a Parker? En fin, Tom los está malcriando y Lynette se convierte, como siempre, en la bruja. Esto lleva la ex pareja a discutir, y Tom al principio decide no aguantar más las broncas de quien ya no es su mujer, pero tras un incidente alcohólico en una fiesta de instituto a la que dejan ir a Parker por no decirle que no ninguno de los dos, ambos se sientan a hablar y admiten que no saben cómo gestionar la educación de sus hijos de ahora en adelante.

Volvamos a los Solís: Gaby, bienintencionada como siempre pero también equivocada como siempre, pide consejo al resto del grupo para saber cómo animar su vida sexual, y contrata a una stripper para que le dé clases de baile sensual. Al ver que no podrá dominar los pasos en el tiempo máximo que puede aguantar sin retozar con Carlos se le ocurre montar un numerito ante su marido, que cuando se quita la venda de los ojos (feo detalle por parte de Gaby, como el ex ciego Carlos se encarga de recordarle) y ve a una stripper en su casa no puede dar crédito a lo que está ocurriendo y la cosa acaba mal a pesar de los intentos desesperados de la Solís por arreglar la situación. No se trata de desinterés sexual, sino de la culpa, que no lo abandona ni de día, ni durmiendo, ni cuando intenta acostarse con su esposa.

La única que parece entender a Carlos es Susan, que lleva sus intentos de ser castigada hasta el extremo de enfrentarse a un policía y tirarle la moto al suelo al ver que no le pone una multa ni insultando a su recién nacida hija. Susan y Carlos, que la recoge cuando la sueltan del calabozo, se apoyarán mutuamente de ahora en adelante, ya que no pueden contar con nadie más que entienda lo mal que llevan lo que ocurrió con Alejandro.

A su terreno está llegando también Bree, cada vez más nerviosa por la nota y con Chuck sospechando de su comportamiento. Al final va a hablar con Paul Young, que desde la cárcel le asegura que él no tiene nada que ver con la nota. Al fin y al cabo no tiene ni idea de lo del asesinato del padrastro de Gaby. Bree no quiere darle información sobre por qué ha recibido la amenaza, pero él acaba llamándola para decirle que recuerda haber mencionado la nota original, la de Mary Alice, a la policía cuando confesó el asesinato de la señora Hubert. ¿Y qué detective era el líder de la investigación? Exacto: Chuck Vance. Bree tendrá que hacer el papel de su vida, ahora que sabe que su novio podría conocer su secreto, de manera que aborta el plan de cortar con él antes de que fuera demasiado tarde porque… ya es demasiado tarde.

Así que no es casualidad que Vance se presentara en Wisteria Lane, ni que se liara con Bree, pero… ¿sabe él lo que ha ocurrido? ¿solo está investigando? ¿lo sabe todo y es él quien ha mandado la nota? No está nada claro, solo es circunstancial (recordemos que se enrolló con ella antes de los hechos), pero todavía faltan muchos capítulos y todo esto no será tan fácil de resolver, podemos darlo por seguro.

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