Review Dexter: The Getaway

Review Dexter: The Getaway

¿Se puede ser un asesino en serie y un padre de familia? Dexter ha tratado de responder a esa pregunta durante toda la temporada, pasando por diversas etapas que coincidían con sus descubrimientos sobre el Trinity. En principio, fascinado por la vida de Arthur, papá ejemplar de día, Trinity Killer de noche. Al final, comprobando que la vida de Arthur se había fomentado únicamente en la mentira y el miedo, algo que Dexter no estaba dispuesto a aceptar para los suyos. El problema es que nuestro héroe responde a la pregunta inicial demasiado tarde, cuando ya ha pagado un precio demasiado alto. Sí, me refiero a la última escena de The Getaway, tan poética como cruel, tan dramática como impactante. Y sobre todo, tan profundamente triste…

¡Tenemos review! Paciencia, es larga…

  • Episodio 4×12: The Getaway
  • Fecha de emisión: 13 de diciembre

Dexter Morgan se pasó tres temporadas campando a sus anchas por la noche de Miami. Sin obligaciones, más allá de su noviazgo con Rita y las puntuales reclamaciones de atención de su hermana Debra. El resto del tiempo, dedicado a su trabajo y al Oscuro Pasajero, que siempre que llegaba a casa se sentía completamente satisfecho. Aquellos tiempos se esfumaron. Contentar al Oscuro Pasajero se ha convertido en una odisea esta temporada. Harry conciencia Morgan ha advertido constantemente a Dex de que combinar su peligrosa afición nocturna con una vida personal satisfactoria sólo puede originar consecuencias negativas. Dexter se ha ido apartando del código durante toda la temporada hasta ofrecernos una versión ridícula de sí mismo en The Getaway. Y las consecuencias no han podido ser más terroríficas.

Esas consecuencias nacen de los errores de Hello, Dexter Morgan, cuando Dex deja que el Trinity llegue hasta su vida, poniendo en peligro la de sus seres queridos. Todo lo que sucede en The Getaway son las tiritas que Dex intenta poner sobre esas heridas. Y la primera de ellas nos lleva a los instantes iniciales de la finale, en la que nuestro héroe decide aceptar las condiciones del Trinity: desaparecer de su vida. Dexter sigue llevando la delantera en este asunto, porque para Arthur ese Kyle Butler rebautizado es un simple estafador que sólo busca una recompensa económica.

Cuando Arthur sale sonriente del departamento, con la foto de Stan Beaudry como Trinity Killer en las pizarras policiales, Dexter saca su jeringuilla tranquilizante de emergencia y se marcha tras él. No tarda en aparecer Harry para preguntarle por el plan. No lo hay. Y eso es lo que diferencia al Dex de las primeras temporadas de éste, su falta de rigor. La ausencia total de planificación lo convierte en un asesino errático, vulnerable. Salvando las distancias, Dex me ha recordado al Locke más desesperado, que actúa motivado por sus sentimientos, cuando la situación requería la presencia de un calculador Benjamin Linus.

En plena persecución, Rita llama a Dex para exigirle su luna de miel juntos. Después de su beso con Elliott y sus sesiones matrimoniales, la bellísima rubia ha concluido que merece unos días de libertad al lado de su marido. Será el siguiente fin de semana. Dex acepta a 100 kilómetros por hora, a la vez que se carga el retrovisor de un coche y nos demuestra que no es recomendable conducir hablando por el móvil. Mientras tanto, en el departamento, Debra se niega a cerrar el caso del Trinity porque descubre postales de Christine que no coinciden con los archivos de Lundy. O su novio del FBI estaba equivocado, algo que no contempla, o Trinity esconde más oscuros secretos en su nutrida agenda.

Maldito retrovisor...Maldito retrovisor…

Ángel insta a Deb a que se marche a casa, poco antes de confirmar que se va a vivir con Laguerta ahora que son matrimonio. Quedaros bien con esta idea porque no volveremos a saber nada de ellos, como pareja, hasta la quinta temporada. Si Dex está obsesionado con la sangre, Deb lo está con el trabajo. Siempre tiene algo que investigar. En su día libre, decide seguir con el tema de las informadoras privadas de Harry Mujeriego Morgan. Y se pone en contacto con Valerie, una de las preferidas de papá… hasta que apareció Laura Moser. Perdona, ¿quién? Valerie conduce a Deb hasta la casa de los horrores, en la que la hermanísima estuvo a punto de morir a manos de Brian Moser. El impacto es brutal. Pero es mayor cuando Valerie confiesa que Laura tenía dos hijos… Vale, ahora que levanten la mano los que han pensado que el final de temporada sería Deb descubriendo el gran secreto de la serie. Mi mano está alzada.

A todo esto, Dex ya ha dado con Arthur, le ha clavado la inyección tranquilizante y lo ha subido a su furgoneta. Las cosas vuelven a estar en su sitio, excepto para el tipo del retrovisor roto, que llega con la policía hasta donde está Dexter en faena. En mi opinión, esta es la parte más irreal de The Getaway, ya que es prácticamente imposible que el agredido persiguiera a Dex, y aunque tomara su matrícula, algo factible, los policías no tendrían tiempo de encontrar a Dexter con tanta velocidad. ¿Es fruto de la casualidad? Es posible. La cuestión es que Dex, estresado por tener a Arthur dormido en su furgoneta, pierde los nervios con el hombre del retrovisor, al que acaba agrediendo cuando éste lo intenta grabar con el móvil. ¿A quién le gusta que le graben? ¡A nadie! Nuestro héroe confirma lo que os comentaba al prinicipio: se ha convertido en una versión ridícula de sí mismo. Sin planificación, perdiendo los papeles y poniendo en peligro el futuro de mucha gente, ya que el Trinity despertará más pronto que tarde.

La siguiente escena resulta especialmente chocante, ya que vemos a Dexter entre rejas. Es muy posible que el final de la serie tenga esa misma estampa, o la de nuestro héroe caminando hacia el corredor de la muerte, pero no esperaba verlo en esas condiciones por romper un retrovisor. Si los policías supieran a quién tienen entre rejas… En prisión asistimos a una de las escenas más interesantes de The Getaway. Harry reaparece para abroncar a su hijo por la situación en la que se encuentra, recordándole que no puede combinar familia y asesinatos, remitiéndose a las pruebas. Es un Harry insistente, que advierte con especial vehemencia. Dex asegura que quiere matar al Trinity por su familia. Y se empieza a cuestionar la presencia del Oscuro Pasajero en su vida.

Volvemos al departamento, que se ha puesto las pilas con el caso del Trinity y ha llegado a la misma conclusión que Dex hace una semana: no son tres, son cuatro víctimas, los niños inician el ciclo. Quinn recuerda que Scott Smith, un niño de 10 años, estuvo desaparecido hace unos días. Y Deb deja su día libre para hablar con el crío, al que le confiesa su experiencia como secuestrada de Brian Moser. El pequeño no recuerda demasiado de su cautiverio, pero aporta una pista decisiva para encontrar a otros niños que no tuvieron tanta suerte como él. Una pista que podría conducir a la policía hasta el hogar de Arthur…

Casas solidariasCasas solidarias

A todo esto, Debra ya ha investigado sobre esa tal Laura Moser. Y ha descubierto que tenía otro hijo llamado Dexter Moser. Zas! Cuando ha visto el nombre, todos esperábamos un fuck! histórico, pero creo que ni le salían las palabras. El inspector Matthews, el único del departamento que trabajó con Harry, confiesa toda la historia a Debra. La historia real: Harry recogió a Dexter de un contenedor del puerto lleno de sangre. Había dos hermanos, uno de ellos se convirtió en el Ice Truck Killer, el otro en un brillante analista de sangre de la policía. Jennifer Carpenter saca su enorme repertorio de expresiones que denotan sorpresa, tristeza, confusión y perplejidad. Y se marcha a por su hermano…

¿Y dónde está Dex? En el coche de Rita, que ha venido a buscarlo a comisaría. Rita confiesa su sorpresa por las últimas acciones de su marido (romper una luz, pegar a Elliot, encararse con la policía). Y Dex habla de una oscuridad que aparece en su vida y que lo convierte en un hombre terrible. Rita se ríe de esas afirmaciones y reafirma su compromiso matrimonial. Dex ya no tiene dudas de que su familia y la de Arthur no tienen nada que ver porque él y Arthur son la noche y el día. Por cierto, después de esta bonita charla conyugal, Dex regresa a la furgoneta donde está Arthur… perdón, donde estaba Arthur. El Trinity ya está en casa, cogiendo dinero, joyas y todo lo que tenga valor de su familia para empezar una nueva vida lejos de Miami. Eso sí, antes de irse quiere escarmentar a ese tal Dexter Morgan que ha arruinado su vida de cartón piedra.

Recapitulamos, porque The Getaway ha puesto la quinta marcha en el minuto uno y no la ha abandonado hasta las dramáticas escenas a cámara lenta del final. Debra sabe que Dex es hermano del Ice Truck Killer. Y también sabe que, gracias a su aportación, el departamento de Miami sigue la pista al verdadero Trinity. Dexter ha perdido la enésima oportunidad de matar a Arthur, que está recogiendo sus pertenencias para escapar. Y Rita tiene miedo de perder a Dexter, al que aconseja que venza a la oscuridad. No es fácil dejar a un lado los demonios. Y menos cuando éstos necesitan sangre para vivir y muerte para ser felices. Ante tal confesión, Dexter nos ofrece su versión más humana e incluso nos plantea si se ha encontrado en su interior con algún sentimiento. Nuestro héroe profesa el abrazo más tierno y sincero a Rita, a la que obliga a marcharse un día antes a su luna de miel. Mi sensación es que Dex estaba planeando su último gran golpe antes de retirar al Oscuro Pasajero: matar al Trinity.

Un revolcón históricoUn revolcón histórico

El problema es que para matar a alguien, por norma, debes saber dónde está. Y Arthur es francamente escurridizo, su currículum lo demuestra. La primera parada, y la última, será en casa de los Mitchell. Por cierto, terrorífica vida la de esta gente, siempre sumida en la incertidumbre de un hombre desequilibrado al que tienen miedo. Dexter llega al lado de Jonah y compañía sólo unos minutos antes de que lo haga el cuerpo de operaciones especiales de la policía de Miami. Sí, los cadáveres de los niños han conducido al departamento hasta Arthur Mitchell. Dexter se esconde en el ataúd (what the frak!) a medida que había construido Arthur. Y disimula su presencia ante la policía en una escena que, con sinceridad, es poco creíble.

Lo importante: Debra y Dex, cara a cara. Y por primera vez desde que empezó la serie, Debra sabe quién es Dexter. Entededme, no sabe que le gusta plastificar a la gente, poco antes de cortarlos en pedazos, pero sí sabe que se bañó en la sangre de su madre y que su hermano, un tal Ice Truck Killer, la secuestró para matarla. Debra no desconfía de que entre Dexter y Rudy Cooper puedan existir similitudes, está triste por su hermano, por la mentira que le ha tocado vivir y por la crueldad de la situación. La confesión, preciosa, no sigue la línea que algunos esperábamos, ya que Debra en ningún momento duda de su hermano. Dex hace el papelón; recordemos que él lo sabe desde hace años. Y Jennifer Carpenter le regala un I love you tan real que nos hace pensar que son marido y mujer en la vida real. Insisto: precioso.

La policía hace su trabajo en casa de Arthur. Y los Mitchell se marchan detenidos por encubrir a papá. Tercera escena que pone los pelos de punta de The Getaway: Dexter se imagina a Rita y los niños en la situación que están los Mitchell. La próxima vez que se vuelvan a cruzar imágenes, al final del capítulo, ya no habrá marcha atrás. La advertencia llega demasiado tarde:

Lo que podría pasar...Lo que podría pasar…

Arthur ya está en casa de Dexter, pero en el apartamento que tiene alquilado a su hermana. La importancia que se le dio a este tema durante los primeros episodios cobra sentido en The Getaway. El hecho de que Dexter mantuviera su apartamento a espaldas de su familia les ha salvado la vida. O al menos eso es lo que sucedería con el 99% de los asesinos. Pero durante toda la temporada hemos insistido en que Arthur es el villano más terrible contra el que se ha enfrentado nuestro héroe. Y también el más infalible, aunque por un momento nos hayan hecho creer que la temporada acabaría con sonrisas.

Sonreímos al ver a Cody y Astor salir en dirección Disneworld con sus abuelos. Sonreímos al ver a Rita en un taxi, en dirección a ese spa que compartirá con Harrison y con Dexter, sólo unas horas después. Y sonreímos, por qué no decirlo, al ver a Arthur por las calles de Miami con su Mustang. No sé si soy el único, pero me apetecía alargar la historia del Trinity, básicamente porque John Lithgow es un secundario para no perder de vista. Sonreía yo. Sonreía Arthur. Sonreía Dexter. Y sonreíamos todos, porque eso era precisamente lo que querían los guionistas, que incluso nos han puesto una imagen del futuro de la familia Morgan, unida y celebrando el primer cumpleaños de Harrison. Traidores…

La sonrisa se corta poco después de que el caso del Trinity pase a manos del FBI. Y de que Debra les recuerde su incompetencia, que provocó la muerte de Lundy. Un pequeño desahogo para esta sufridora. El motor del Mustang se detiene. Y cuando Arthur mira el motor, Dexter ya está mirando a su cuello, vestido con ese verde militar de las grandes citas, para clavarle la inyección del sueño. La siguiente imagen, tantas veces repetida, sitúa a Arthur Mitchell desnudo y cubierto de plástico en alguna habitación en mitad de la nada, rodeado de fotografías de sus crímenes. Y con Dexter al lado, con su instrumental quirúrgico dando palmas. Ha llegado el gran momento de la temporada. La obsesión de Dex, satisfecha. Trinity no será diferente a Rudy, a Lyla o a Miguel Prado. Y su descanso eterno, como predijo Dexter hace algunos episodios, es el fondo del mar.

Se cierra el cicloSe cierra el ciclo

Mención especial, oooobviamente, a la conversación final entre Dex y el Trinity. ¿Quiénes son? Dexter cree haber encontrado una respuesta a la pregunta que sostiene la temporada y con la que iniciábamos esta review. Ha conseguido ser un ejemplar padre de familia, con sus hijos en Disneyworld y su mujer en un spa, mientras lo combina con su peculiar afición al asesinato. Dexter ha ganado. Y el jaque mate llega con el mismo martillo con el que Arthur cerraba su ciclo, sólo que esta vez se cierra para él. Un tren de juguete y la canción favorita de Arthur convierten la escena en pura poesía. Echaremos de menos a Arthur, el mejor villano que ha pisado Miami.

Satisfecho el Oscuro Pasajero, a Dexter le toca cumplir con sus obligaciones familiares, que deben llevarlo a su ansiada luna de miel con Rita. Al llegar a casa para coger la maleta (de ropa, no de cuchillos), Dex descubre que Rita ha dejado un mensaje para decir que se había olvidado el pasaporte. Cuando Dex llama a su esposa, el teléfono suena en un cajón de casa. Y Dexter, tú y yo abrimos los ojos con tal fuerza que duele, el corazón empieza a palpitar como si quisiera provocar un terremoto y nuestros peores augurios se hacen realidad con el llanto desconsolado de Harrison. No puede ser. Y me lo repito una y otra vez: no puede ser, no puede ser, no puede ser…

Pero es. Arthur ha estado allí. Y ha destrozado la vida de Dexter atacándole a su único punto débil: su familia. La imagen siguiente tiene voz. Y expresa con más dureza cualquier cosa que servidor pueda decir:

Dramático, cruel, tristeDramático, cruel, triste

Rita es la víctima de Arthur, pero también de la insolencia de Dexter, de su traición al Código y de su obsesión por ser una persona normal, cuando en realidad es un monstruo. Los monstruos no tienen adorables mujeres, ni entrañables y preciosos hijos. Los monstruos viven solos y alejados de cualquier relación social, porque su presencia pone en peligro a todo lo que le rodea. Harry tenía razón. Dexter no tenía un plan. Y su pantomima para atrapar a Arthur sólo podía acabar con una desgracia. De dimensiones colosales. Contener las lágrimas es un reto, gritar de desesperación una necesidad.

La última escena, poética, cruel, encarnada, traza un preocupante paralelismo entre el momento más dramático de la vida de Dexter, en aquel contenedor lleno de sangre, con la de Harrison, en las mismas circunstancias y con el cadáver de Rita al lado. Un Dexter descompuesto aleja al niño de la escena, como hizo Harry en su día con él mismo. La precisión de la escena es apasionante. La poesía de la situación, terrorífica. Salvando las distancias, la narración se asemeja a la escena de la ópera de Battlestar Galactica, en la que todas las piezas encajan, excepto las de tu mandíbula. Sin duda, el final más bien hilado de la historia de Dexter. El problema es que en la bañera llena de sangre se marchita Rita sin aliento, sin ilusiones, sin vida. Llorar por Rita es un compromismo con la historia de la serie, en la que ha interpretado a un personaje crucial.

No sé por dónde irán los tiros en la quinta temporada. No lo saben ni los guionistas. Y en el fondo, me da igual. Me apetece recrearme en la inmensidad de esta serie, a la vez que recuerdo cada una de las sonrisas de Rita, su confianza ciega en nuestro oscuro héroe y su capacidad para sobreponerse a la crueldad de la vida. Rita era el contrapeso que inclinaba la balanza de Dexter hacia el lado más humano, así que es de suponer que el futuro sea negro, guiado por el Oscuro Pasajero. Es momento de estar tristes, de llorar la desaparición de un personaje irrepetible. Y de recomendar Dexter. Porque la cuarta temporada es, seguramente, lo mejor que ha visto cualquier pantalla de televisión en 2009.


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