Review Dexter: The Dark… Whatever

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¿Sabéis cómo se convierte un ordenador portátil en uno de mesa? Levantándolo desde la pantalla. Basta con que la pieza de sujeción esté un poco suelta para quedarte con un monitor y una “torre” de lo más ligera. Una maravilla… excepto por el detalle de que no funciona. Os lo digo por experiencia, que el miércoles pasado me quedé sin ordenador, pero también para justificar el retraso en la publicación de esta review. Y al que le parezcan excusas de mal pagador… tiene razón. Pero que se lo pregunten a mi ordenador… ¡vamos con Dexter!

  • Episodio 7×10: The Dark… Whatever
  • Fecha de emisión: 2 de diciembre

Lo sabe Michael C. Hall mejor que nadie: Everything. Everyone. Everywhere. Ends. Ese era el lema de Six Feet Under, la serie en la que Hall se dio a conocer interpretando a David Fisher, un gay reprimido que se veía obligado a dirigir un negocio familiar que… bueno, esa es otra historia que sin duda debéis ver. Lo que quiero decir es que, por primera vez desde que arrancó Dexter, y a pesar de que se estableció una fecha de cierre (2013) hace varios meses, en The Dark… Whatever he tenido la sensación de que llegamos al final. De que esto se acaba. Y me ha invadido un sentimiento de nostalgia que se apoya sin duda en uno de los puntos fuertes de la séptima temporada, que curiosamente era un déficit histórico de la serie de Showtime: la memoria. La serie está recuperando trama e imágenes de los dos primeros años y con ello se recuperan las buenas sensaciones en una temporada que empezó muy fuerte, pero que viene siendo algo irregular en las últimas semanas. En fin, que todo se acaba, que eso ya lo sabíais, pero que por primera vez lo he notado de verdad. ¿A alguien más le ha pasado?

Viniendo de donde venimos, no me atrevo a decir que la séptima temporada haya dado un bajón en las últimas semanas. Lo que sí que creo es que en un momento puntual de la misma se tomó una mala decisión. Los primeros capítulos se centraron en la relación Debra-Dexter, en cómo la hermanísima debía gestionar un descubrimiento tan exageradamente importante y en cómo ese descubrimiento afectaba al día a día de Dexter. Y la serie lo hizo bien. Jennifer Carpenter y Michael C. Hall lo hicieron muy bien. A partir de ahí, había dos caminos. Uno, en el que Debra y Dexter trabajaban juntos, una de día y el otro de noche, como grandes justicieros de Miami. Estuvimos a punto de cogerlo, Ray Speltzer puede dar fe desde el más allá, pero al final dimos un volantazo para ir en otra dirección. Puede que fuera la llegada de Hannah, que hizo que Debra sacara las uñas, o puede que fuera esa absurda confesión de amor, la cuestión es que Debra se alejó del Oscuro Pasajero. Y mientras se cerraba esa puerta, se abría otra que posiblemente hemos visto más clara que nunca en este 7×10: Debra contra Dexter. Ese es el futuro que le espera a la serie, posiblemente el más razonable teniendo en cuenta el puesto que ocupan uno (asesino) y otra (policía). En definitiva, con lo bien que trabajamos la relación entre hermanos, todos esos sentimientos y frustraciones, noto que a esta segunda parte de la temporada le falta algo.

Dicho esto, The Dark… Whatever se une a la lista de buenos capítulos de la serie. Será, por siempre, el episodio en que Dexter no hizo lo que debía, sino lo que quiso. No mató al pirómano, que sí encajaba en su Código, y se fue a por Clint McKay, cuyo mayor pecado era ser un mal padre y un timador. Asistimos, por lo tanto, al primer asesinato virtual de la historia de la serie: Dexter matando al Oscuro Pasajero. No será flor de un día, pero Dex ha empezar a negar una realidad que él mismo había construido a base de mentiras, que por repetirse muchas veces se habían convertido ya en una verdad incontestable. Pues bien, puede que el Oscuro Pasajero no exista, que la historia de la sangre entrando en su cerebro no sea más que una pantomima para justificarse y que, como dice Harry antes de desvancerse (por primera vez en la serie), ese monstruo interior no sea más que el reflejo de su traumática experiencia infantil.

It’s much more scary to think the Dark Passenger is no more real than I am.

Da miedo pensar que el Oscuro Pasajero no sea real, pero es que estamos en un momento de la serie en que suceden cosas que asustan. Por ejemplo, la lenta pero segura investigación de Laguerta. Maria ya no se corta un pelo en señalar con el dedo a su principal sospechoso, que es el señor que da nombre a la serie. Y el arsenal de información que posee Matthews sobre los Morgan está acelerando el proceso, que ya tocaba. El ex jefe de policía está ahí para alargar la inevitable realidad del Departamento de Miami intentando dar caza a Dexter, que posiblemente veremos el año que viene. Por la amistad que le unió a Harry, Matthews tendrá alguna que otra charla con Dexter sobre el asunto del Bay Harbor Butcher, lo que pondrá al analista de sangre en la pista… y puede que a Maria encima de una mesa. Me intriga cómo se va a resolver este asunto y qué daños colaterales van a haber, pero es evidente que la bomba está a punto de explotar. Llegados a ese punto, veremos qué mujer, Hannah o Debra, decide estar al lado de Dexter. Por cierto, ¿sólo Debra sabía que Brian Moser, el Ice Truck Killer, era el hermano biológico de Dexter? ¿No se leyó Laguerta los detalles de aquella investigación o es que se taparon de alguna forma? Para Maria, en cualquier caso, ha sido la prueba definitiva de que Dexter es lo que Doakes nunca fue. Ahora falta la prueba de verdad, la que lo pueda incriminar.

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Echo de menos a la Jennifer Carpenter de los primeros episodios, sus oceánicas lágrimas y sus insistentes fucks, aunque no nos podemos quejar con Yvonne Strahovski. Sin voluntad de compararlas, la actriz australiana está completando magníficas actuaciones, por encima de lo que muchos esperábamos de ella. Esta semana se ha lucido gracias a la intervención de su encantador padre (Jim Beaver), que ha resultado ser el tipo que le facilitaba información de Hannah a Sal Price… y a la propia Debra. La jefa del Departamento le tiene muchas ganas a Hannah, así que seguro que se deja la piel buscando a la única mujer que puede meter a la rubia entre rejas. Esa será la chispa que prenda el fuego de la batalla entre Dex y Deb, seguramente. Y hablando de fuego (qué bien traido, ¿verdad?), si los guionistas se creen que con un pirómano de pacotilla nos vamos a olvidar de Isaak Sirko… lo llevan claro. Cuando decía antes que la serie había tomado decisiones equivocadas, sumad la de deshacerse de Isaak.

El asunto de los Koshka deja de tener sentido en el momento en que Isaak no está a bordo. Desde luego, con la historia de Quinn no vamos a emocionarnos demasiado. Desmond Harrington debe tener buenos amigos en Showtime y muy malos entre los guionistas, sólo así se explica que siga en la serie. En una nueva entrega de decisiones sin sentido, la novia de Quinn vuelve al club de striptease donde estaba el tipo que la violó, sólo para hacer lo que debería haber hecho la semana pasada, que es largarse para siempre. La parte positiva de esta historia, aparte de que está a punto de acabar, es que puede que arrastre a Quinn a la cárcel o al otro barrio. Y eso que no me cae mal Joey, pero ahora mismo molesta.

Buen capítulo, algo por debajo de los anteriores y demasiado flojo para el momento de la temporada en que estamos. Como dije hace unos días, lo que tenía que pasar ya ha pasado… y lo que va a pasar, que todos sabemos lo que es, se guardará seguramente para el último episodio de la séptima temporada. Y para eso sólo queda una semana…


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