Review Dexter: The Big One

Review Dexter: The Big One

Si habitualmente cuesta empezar una review normal, la del último capítulo de la temporada multiplica el desafío. El reto es decir algo que llame la atención de la gente que ha visto el episodio, se sientan identificados o heridos y se lancen a comentar, que es la gracia de escribir estas líneas. Pero a la vez, cuidar que tus palabras ni digan, ni siquiera sugieran, nada que pueda herir la sensibilidad de los que no han visto el episodio. El cuidado debe ser tan exhaustivo, que hasta un inocente adjetivo puede despertar la ira de los más exigentes. Por eso me voy a limitar a decir que The Big One es una bonita historia de amor. Y como sabéis, el amor es jodidamente caprichoso… ¿Comentamos la finale?

¡Último episodio de Dexter hasta octubre! No lloréis, no lloréis, que se va a casar con ella… ¿o no?

  • Episodio 5×12: The Big One
  • Fecha de emisión: 12 de diciembre

Nunca pensé que en una serie donde la indiscutible reina es la sangre, pudiera existir un capítulo tan marcado por el amor. No se me había pasado por la cabeza que muchas veces el amor es tragedia, es desencanto… es sangre. Claro que, de una serie que se llama Dexter, tampoco esperaba que el gran protagonista de un capítulo de final de temporada fuera otro que no el señor Morgan. Y en el fondo ha sido otra, Debra, con la que Dexter comparte apellido y muchísimas similitudes, la que se ha llevado la mayor parte del pastel. O al menos una parte muy importante. Quizás el crecimiento del personaje de Jennifer Carpenter sea lo más destacado de una buena season finale con un final agridulce que no me deja del todo contento. No es la amargura del año pasado, no es la bañera llena de sangre y la mirada sin vida de Rita, pero tampoco es (ni de largo) la fiesta con globos que cierra la temporada. Porque en el fondo, Lumen ha hecho lo mismo que el Trinity: dejar solo a Dexter. Pero no saquemos el cuhillo con Lumen. Todavía no…

La historia empezaba con carrerilla por la genial introducción que supuso Hop a Freihter. La última escena del 5×11 sugería una finale de persecuciones, de carreras y de líneas paralelas (la del verdadero Dexter y la del departamento de policía) que están a punto de cruzarse. Ese es uno de los grandes sellos de identidad de esta serie, la posibilidad de que alguno de los secundarios cace al protagonista. Los guionistas han esquivado esa posibilidad como el esquiador de slalom que supera puertas rozándolas sutilmente con sus piernas. Hasta ahora nos parecía una solución lógica con el desarrollo de la serie, pero la posibilidad de que la receta se empezara a caducar, junto al retraso de Showtime en la renovación que sacó el debate de que la sexta sería la última temporada, hacía pensar que este año sería distinto, que el esquiador se chocaría definitivamente con una puerta. Este año sí, pensábamos la mayoría. Y con esa sensación hemos arrancado el episodio. Con esa y con la angustia de Dexter por encontrar a Lumen, secuestrada por segunda vez en apenas un mes. En el recuerdo, claro, las escenas vividas en el final de la temporada pasada. En nuestro recuerdo, porque nunca olvidaremos The Getaway, y en el Dexter, que tiene la necesidad de salvar a su nueva rubia, de evitar una nueva escena-bañera. Y para no faltar a su cita con las finales, aparece Harry 'conciencia' Morgan para recordarle a su hijo que no llegará a ningún lado con las suposiciones y que la llegada de Lumen a su vida sólo ha servido para alejarlo del Código. Porque si el Código es razón, el amor es su gran enemigo. Dexter se ha enfrentado a papá asegurando que Lumen es la primera persona en el mundo que sabe cómo es y no acaba plastificada. Y que quiere compartir la vida con ella. Destaquemos esta idea porque los guionistas nos han vendido el episodio como una lucha de Dexter por recuperar su amor, más que por eliminar a Chase. Lumen y Dexter estaban en guerras distintas, aunque eso no lo sabíamos… y mucho menos el propio Dex. Después de esta tensa lucha interior, de coger su maleta de cuchillos y de erigirse como el nuevo paladín del amor, Dexter se lanza a por su princesa y… ¡sorpresa! En Orlando hace demasiado frío para Harrison y la familia se ha venido a Miami para celebrar el primer cumpleaños del pequeño. Parecía una piedra en el camino, pero la familia nunca lo es. De hecho, no los volveremos a ver hasta el final del capítulo.

Uy, qué ilusión...Uy, qué ilusión…

En el Departamento, Debra le explica a Laguerta el plan de fuga de Chase y ésta pide una orden de arresto. Por si no quedaba claro, Maria vuelve a ser la de antes, la jefa molona, completando su proceso de redención que empezó la semana anterior y que termina con el regalo de Batista en la fiesta de cumpleaños de Harrison. Los guionistas no se han portado muy bien con la pareja este año, así que uno de los retos de la próxima temporada debe ser recuperar al mejor Angel y darle a Maria una trama más allá de su condición de jefa. En el Departamento, decía, Quinn contextualiza la situación del episodio con precisión de cirujano: dos parejas de enamorados en busca de Chase; por un lado, la que él forma con Debra; por el otro, la del Vigilante y su mano derecha. The Big One es una carrera entre estas dos parejas en la que una de ellas, la que conduce Dexter, lleva bastante ventaja a la otra. Dex puede hablar con Chase, siente la urgencia de recuperar a Lumen y, sobre todo, sabe cómo piensa y cómo actúa un asesino en serie. La escena que mejor refleja esta ventaja presenta a Debra torturándose con los vídeos de las violaciones mientras Dexter roba los archivos de las propiedades de Eugene Greer. Es decisivo para entender por qué Debra toma la decisión que toma en “la escena” del capítulo y por qué Dexter lleva unas horas de adelanto a los movimientos de la policía. También es decisivo, por cierto, que un vendedor de fruta callejero con un español patillero oiga golpes en el cochazo de Jordan Chase. Era Lumen, claro.

Un alto en el camino, de nuestra review y del episodio, para atender a un oficial caído: Stan Liddy. El cadáver del socio de Quinn sale a la luz en el momento más inoportuno, cuando todos están pensando en Chase. Entre ellos, el que más preocupado debe estar es Quinn, que lucha de manera inocente por borrar las huellas que lo relacionan con el muerto. Maria destapa esa relación y Quinn opta por la vía del silencio. El problema es que su zapato habla. La gota de sangre, que erróneamente situábamos la semana pasada como primera escena de la sexta temporada, vincula al detective con el asesinato. Y no sólo eso: los equipos de vigilancia de Liddy están a nombre de Quinn y las únicas huellas de la furgoneta son suyas. Sí, Quinn está jodido, hablando claro. Pero sigue sin soltar prenda de lo sucedido, lo que es bastante discutible. Mi sensación es que Quinn no imagina que Dexter es un asesino en serie, aunque sí sabe que oculta algo gordo, y no quiere meter la pata otra vez en el tema para no perder su puesto en el Departamento y, por encima de todo, para no volver a distanciarse de Debra, de la que está locamente enamorado. Si podemos entender que Lumen no sólo no destape a Dexter por su Oscuro Pasajero, sino que le ayuda en sus crímenes, deberíamos entender que Quinn no quiera destrozar lo único bueno que ha hecho en su vida: enamorar a Deb. En cualquier caso, la última palabra para implicar a Quinn en el asunto de Liddy la tiene Dexter. Y el analista de sangre decide que una bonita historia de amor fracasada por episodio es suficiente. La suya. Por eso Quinn, libre y en la fiesta de Harrison, le dice a Dexter que le debe una. Le debe la libertad. Y sería irónico que el año que viene usara esa libertad concedida por Dexter para terminar su investigación del propio Dexter. La importancia de Quinn en la serie crece a raíz de esta season finale. Cuánto sabe y cuánto quiere saber es la pregunta que nos tenemos que hacer.

El triste final de LiddyEl triste final de Liddy

Mientras tanto, Chase lleva a Lumen al campamento donde empezó todo. Mismo contexto, pero diferentes protagonistas. Lumen no es Emily. De hecho, Lumen no es Lumen. Su relación con Dexter la ha transformado. Su mirada tiene el fuego de la venganza que nace del Oscuro Pasajero que ha guiado sus pasos en las últimas semanas. Tampoco Chase es el mismo, ya que su equipo de salvajes ha desaparecido y ahora las únicas órdenes que puede dar las recibe él mismo. Aunque cuesta dar ese pequeño paso, de espectador del crimen a protagonista, Jordan cree que ha llegado la hora. Quiere cerrar el círculo con Lumen, aunque tiene la sangre fría de esperar la llegada de Dexter. Otra cosa no, pero capacidad de análisis el señor Chase tiene para dar y vender. Esta defensa planteada por Jordan supone la segunda ¡sorpresa! del capítulo para Dexter, que después de escupir en el Código de Harry guiándose por sus emociones, sufre un accidente de coche menos imprevisto de lo que parecía. En cualquier caso, la primera impresión, viendo a Dexter y Lumen atados en la cabaña, es que el triunfo del villano está cerca. Y aunque tenemos claro que Dexter no se va a quedar sin Dexter, no podemos más que temer por la vida de Lumen. Ya sabemos que a la serie no le tiembla el pulso matando rubias. Con las presas atadas, Chase se crece y los analiza como pareja. Su reflexión será vital para el desenlace de la temporada. Jordan cree que ese vínculo se ha creado por la presencia de un enemigo común. Si desaparece el enemigo, desaparece el vínculo. Muerto el perro, se acabó la rabia. Su deducción es tan acertada como inoportuna. De hecho, recuerdo que en los primeros capítulos de la temporada, en alguna review habíamos comentado nuestra desconfianza hacia Lumen. Creíamos, aunque los guionistas triunfaron en corregirnos, que Lumen estaba utilizando a Dexter como arma para la venganza. La entrada en juego del factor emocional nos hizo creer que Lumen se había acoplado de verdad a Dexter, dos Oscuros Pasajeros que se dan la mano. Chase da en el clavo justo en el momento en que se da cuenta de que falta un cuchillo en la maleta de Dexter. Y en una de mis escenas favoritas de la temporada, Dex clava a Jordan contra el suelo. Qué satisfacción. Qué bien sabe la victoria. Cómo me gustan los ases en la manga de Dexter…

Cambio de juego. Ahora es Chase el que está atado y Lumen la que revolotea a su alrededor cuchillo en mano. Dexter deja hacer, en parte porque no es su guerra, en parte porque está seguro de que Lumen completará su proceso de reconversión matando a Chase. No es su guerra, decía, porque Lumen busca venganza por las otras 12 rubias que no tuvieron la suerte de conocer a Dexter a tiempo y de ponerse el traje de Vigilante. Por eso, cuando Lumen clava el cuchillo en el corazón de Jordan se acuerda de todas las víctimas que todavía guardan esa expresión de terror en barriles llenos de formaldehído. Es un crimen sucio, con huellas. Es un crimen de Oscuro Pasajero descontrolado, como el que Dexter cometió en aquella cabaña en el 5×01 y que finalmente no ha tenido consecuencias. Hasta aquí la finale había seguido el camino más lógico. La controversia de The Big One coincide con la mejor escena del episodio. Siguiendo la pista del vendedor de fruta (apuntad que Debra aprenderá castellano en la sexta), la otra Morgan se presenta en la cabaña y descubre a los Bonnie & Clyde modernos que limpian el cadáver de Jordan. A los hermanos sólo los separa una cortina de plástico. Finalmente ha llegado el momento en que Debra engancha a Dexter, en que la serie coge ese camino de una sola dirección. El momento en el que el esquiador deja de esquivar las puertas. Entonces Debra empieza a hablar con número 13. Y recuerda todo lo que ha acumulado durante esta temporada. Lo de que “hay gente que merece morir”, pero también los vídeos de las violaciones y su historia con Rudy Cooper. Y por unos momentos Debra deja de ser Debra y se convierte en Dexter. Y se va. Se va entendiendo a la Vigilante y a su pareja, en una decisión que encaja con la línea mostrada por Debra durante toda la temporada. Repasad sus conversaciones a solas con Dex, todas en la misma línea. Sin embargo se va, y creo que ahí está el debate, sin destapar la cortina. Esa es la parte que no encaja con el instinto policial (o la simple curiosidad) de Debra ni con la serie. A los guionistas les ha faltado determinación (por decirlo suavemente) para coger la carretera de curvas en la que no se puede dar la vuelta. De todas formas, insisto, que Debra sienta empatía con la Vigilante me parece coherente con su forma de ser. Una escena soberbia, en cualquier caso, cargadita de tensión y muy habitual de los finales de temporada de Dexter.

Mo-men-ta-zoMo-men-ta-zo

En el contexto de la carrera entre parejas que Quinn proponía al principio, los supuestos vencedores son Dexter y Lumen. Y el trofeo acaba dividido en trocitos en el fondo del mar. Lumen sonríe en el Slice of Life. Es un puñetero milagro que la rubia haya llegado hasta aquí. Pero es que la serie en sí tiene bastante de sobrenatural, no lo olvidemos, ya que Dexter ha conseguido ser una persona normal a ojos del mundo durante casi tres décadas. Para rematar su protagonismo indiscutible, Debra se presenta ante Quinn para decirle que el caso de los barriles se ha cerrado y que no piensa juzgarlo por su silencio. Ya no. Ahora ella también tiene secretos. La pareja perdedora, supuestamente, reinicia su relación con unos barrotes de por medio que pronto Dexter se encargará de tirar abajo.

La otra gran escena de The Big One se produce al día siguiente. Qué difícil es el día siguiente en todo, ¿verdad? El día siguiente después de una noche de fiesta, el día siguiente a la muerte de un familiar, el día siguiente a una ruptura amorosa. Cuando las aguas se calman, toca hablar con uno mismo y preguntarse por qué. Toca sacar conclusiones. Y las de Lumen destrozan a Dexter: se va. Mientras Dex le explica lo buenos que son sus desayunos, la ilusión que tiene de que conozca a Cody o lo bien que se lo van a pasar juntos en verano, la maleta de Lumen se clava como un puñal en su corazón. La muerte de Chase la ha liberado, se ha despegado de su Oscuro Pasajero. Ya no necesita matar, por lo que ya no necesita a Dexter. El vínculo que los unía, la venganza, se ha roto. Y con él se ha hecho añicos el amor. Jordan tenía razón: el final de la misión es el final de la historia. Ya advertí, hace algunos episodios, que me preocupaba la idea de encajar a Lumen únicamente en la trama de los asesinatos, porque eso suponía tener que despedirse de ella sí o sí al final de temporada. Todo ha sido mucho más cruel de lo que esperaba, ya que entre Dex y Lumen se forjó mucho más que un sentimiento de venganza, al menos para Dexter, que se resquebraja como una madera que recibe el golpe de un hacha. Michael C. Hall se luce en una escena en la que confirma que Dexter siente. Puede que no sea un humano al 100%, pero ese proceso de humanización que ha llevado la serie de una forma tan lenta y tan acertada empieza a dar sus frutos. Dex se desespera, llora y pide a Lumen que se quede, que la necesita, que su existencia empieza a parecer real gracias a ella. Pero Lumen vuelve a ser Lumen, ya se ha deshecho de su Oscuro Pasajero. Ya no tiene oscuridad. Y aunque duela, Dex sabe que es verdad. No son iguales. La oscuridad de Dex es permanente y a Lumen le asusta llevar esa vida. Pide perdón. Y Dex se consuela asegurando que será el portador de su oscuridad. Bravo por la escena. Brillante.

Adiós... ¿o hasta luego?Adiós… ¿o hasta luego?

Aunque me fastidia la actitud de Lumen, creo que detrás de esta decisión influyen temas de contratos con la actriz, que firmó para una única temporada. Nadie esperaba, tampoco los guionistas, que la química entre los actores fuera tan grande. Por eso la marcha de Lumen es un mal menor. Nadie ha dicho que no vaya a volver. Y su decisión es bastante lógica. La rubia tenía una vida antes de ser asesina nocturna, tenías unos padres, unos amigos e incluso un novio. No es tan raro querer acercarse a todo eso, aunque suponga destrozar el corazón de Dexter Morgan. Su historia no está ni mucho menos finiquitada, creo yo. O sea que la muerte de Chase debía traer la felicidad a una de las parejas, pero la que ha ganado se ha roto y la que ha perdido está felizmente enamorada. Resultados aparte, ¿nadie espera un regreso épico de Julia Stiles para recuperar el amor de Dexter? Yo sí. Por primera vez desde que empezó la serie, un secundario que conoce al verdadero Dexter sobrevive para contarlo, como se encarga de recordarnos en el monólogo final. De ese minuto donde todo el mundo parece alegre, destaco una de las frases más interesantes que ha dado la serie: no hay nada grabado en piedra, ni siquiera la oscuridad. Lumen ha sido un terremoto que ha atacado a los cimientos del protagonista. Ha dejado secuelas importantes, muchas grietas, pero también la certeza de que algún día Dexter podría hacer realidad su deseo de ser humano. Aunque los deseos sólo sean para los niños…

La fiesta de Harrison cierra un gran episodio que esconde mucho más de lo que muestra. Bajo la sonrisa de Dexter, como decíamos, hay un corazón hecho añicos. Bajo la de Maria y Angel sigue amenazante la desconfianza. Bajo la de Debra y Quinn hay secretos. Bajo la de Masuka… bueno, bajo la de Masuka sólo hay la esperanza de pasar una noche de lujuria. Y bajo la de Sonya al final no había nada. Los guionistas han jugado al despiste con su personaje en una trama mucho mejor llevada que la de los Fuentes, la oficial Manzón y los crímenes de la Santa Muerte. ¿Os acordáis? Sí, un pequeño borrón en el currículum de la serie. The Big One pone el candado a una quinta temporada de la que habrá que sacar conclusiones un poco más adelante. Yo sigo creyendo que Dexter es una de las mejores series que me he echado nunca a la boca y, por descontado, imprescindible dentro del panorama actual. Y sí, he disfrutado muchísimo con la quinta temporada, con la lenta y trabajada transición tras la muerte de Rita, con el despertar de Lumen, con el tic tic tic y con el nuevo Dexter. Porque hay un nuevo Dexter, que nadie lo dude.

Nota del autor
3
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153 comentarios

  1. numb

    Una lástima que Lumen se haya ido, pero más lástima es que haya declinado tener sexo con el papacito de Jordan Chase 😛

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