Review Dexter: Surprise, Motherfucker!

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Los mayas se equivocaron y el mundo no se acabó el 21 de diciembre. Quién se lo iba a imaginar, ¿no? Al final, toda aquella parafernalia para pajilleros del apocalipsis sólo fue una distracción de la clásica cabalgata de efemérides navideñas: día de la lotería (felicidad ajena… siempre ajena), Nochebuena, Navidad, San Esteban… y a preparar el Fin de Año. Cenas por aquí, comidas por allá, compras a todas horas y, en definitiva, poco tiempo para todo. A ese alud de compromisos, para empezar a justificar este injustificable retraso en la review de Dexter, podéis unir dos asuntos personales que han conseguido que pensara que los mayas, al menos conmigo, tenían razón: una mudanza completa (cambio de un piso a otro… que hay que arreglar y pintar), por un lado; por otro, mi ordenador portátil decide suicidarse, harto de reproducir series, imagino. Total, que estoy escribiendo esta review desde un iPhone en una habitación sin muebles, tumbado en el suelo y con una extraña sensación de relajación, posiblemente producida por la cantidad de pintura fresca que me rodea. Conclusión: nunca pintéis unas puertas. Ni se os ocurra. Presentadas las excusas, ¡vamos con la review de Surprise Motherucker!

  • Episodio 7×12: Surprise Motherfucker!
  • Fecha de emisión: 16 de diciembre

Los mayas se equivocaron, decía, aunque yo no soy el más indicado para hablar de errores. Aposté mi mano derecha a que Debra había montado todo el asunto del accidente para alejar a Hannah de Dexter… y ahora debería escribir esta review sólo con la izquierda. No fue Debra, fue Hannah, la que casi nunca falla. Y para mi fue uno de los primeros bajones del capítulo, ya que había asociado el desequilibrio y la obsesión por Dexter a la pequeña de los Morgan mucho más que a Hannah, siempre cabal, coherente y empática con el asesino en serie. Así que la anticlimática confesión de culpabilidad de Hannah me sentó como un jarro de agua fría. Ni me lo esperaba, ni me pareció consecuente con la actitud del personaje en el resto de la temporada. La confesión sirve, eso sí, para eliminar a la rubia de la finale, que no estaba pensada para ser una guerra entre ella y Deb, ni siquiera entre Debra y Dexter por Hannah, sino la aventura más trascendental para la vida de los hermanos protagonistas.

Esperaba algo distinto para Surprise Motherfucker!, la última season finale de Dexter. Y no sería justo decir que la serie no se apartó de su formato convencional, teniendo en cuenta sobre todo el final del capítulo, pero creo que le faltaron agallas para tomar decisiones importantes. Una podría haber sido, por ejemplo, la de enfrentar a Dexter y Debra, planteando una octava temporada distinta a todo lo que habíamos visto antes. Otra, para cambiar la tónica habitual y algo molesta de cada final de temporada, la de apostar fuerte por un secundario como Hannah. Su “salida” es algo más esperanzadora que la de Isaak o la de Lila, pero también Lumen se marchó con la firme sensación de que volvería… y aún estamos esperando una mísera mención por parte de Dexter. Creo que Hannah ha impactado con más fuerza que ninguna otra mujer en la vida de Dex, yo me creí ese amor, pero eso no ofrece garantías de que la volveremos a ver el año que viene. Al fin y al cabo, ahora Hannah no sólo es una asesina, sino también una fugitiva, así que se ha desmontado el contexto para que se diera la relación y probablemente también se habrá roto la confianza entre ellos. En el fondo, como decía Debra, no se puede confiar en una “envenenadora”. Sí, la pasión entre ellos sigue viva, pero la pasión no te convierte en inocente ni te hace invisible a las autoridades, así que la dinámica entre Dex y Hannah puede que haya llegado a su fin. No, no apruebo la marcha de Hannah. No me ha gustado.

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¿Por qué la review tiene un 4, entonces? Es que hay cosas que sí me han gustado. Y mucho. Como la importancia del pasado en la mayoría de personajes. El pasado ha jugado un papel fundamental en muchas de las acciones de los protagonistas. Y no hablo de esos prescindibles flashbacks en los que hemos recuperado a Erik King (James Doakes), en otra muestra (tras la de Brian Moser) de que la serie no sabe aprovechar el regreso de sus personajes más míticos. ¿Para qué han servido esas escenas, para decirnos que Doakes desconfiaba de Dexter desde el primer momento y no se comía sus donuts de pantomima? Viendo el final del sargento, creo que quedaba más que claro. Más allá de la ilusión por reencontrarnos con Erik King, sus brazos de camionero y su inteligible inglés, la presencia de Doakes ha aportado más bien poco a la finale. Pero yo estaba hablando del pasado, sobre todo del que no se puede olvidar. Del pasado de Dexter, que ha acabado perdiendo de vista un Código que forjó a base de años y años de trabajo al lado de Harry. Un pasado que le ha explotado en la cara precisamente en ese cubículo donde nació su verdadera identidad. Del pasado de Laguerta, donde ha buscado y encontrado la motivación para limpiar el nombre de Doakes: su fuerza nacía en el amor hacia el sargento, más que en su alma de policía. Del pasado más reciente de Debra, que se ha permitido el lujo de juzgar a Hannah por su pasado (otro) criminal, cuando ella en realidad ayudó a cubrir el asesinato del Doomsday Killer y es, por lo tanto, tan culpable como su enemiga rubia. Todo eso ha resultado en un entretenidísimo juego de “polis y cacos” en el que la mayoría íbamos con los “malos”, el Team Morgan.

Por un lado, aunque la fuga de Hannah me ha decepcionado, ha tenido un efecto positivo en la segunda parte del capítulo, porque lo ha hecho más imprevisible. Sabíamos que Dexter debía ir a por Hector Estrada, la lógica lo repetía con tanta insistencia como su Oscuro Pasajero, pero no imaginamos, al menos yo, que Debra se vería implicada en la investigación de esa manera. Laguerta ha hecho bien su trabajo y ha llegado a la conclusión, vídeo de la gasolinera mediante, que la hermanísima sabía mucho más de lo que decía. En una de las mejores escenas del capítulo, la jefa ha arrinconado a Deb, que ha demostrado no tener el talento dramático de Dexter. Cuando la lieutenant acusaba a Maria de ir demasiado lejos en su investigación del Bay Harbor Butcher, la jefa ha respondido con imágenes y un lacónico…

I think I’m not the only one who made a mistake trying to protect someone they care about.

En el juego del gato y el ratón, Laguerta ha metido sin querer al perro… que ha acabado por comerse al gato. Podemos discutir si ese vídeo, que supuestamente lo pidió Mike Anderson antes de ser asesinado, se lo han sacado de la manga. O si tiene algún sentido que Maria no lo viera hasta hoy, aunque estuviera siempre encima de su mesa. Lo que no podemos discutir es que ha tenido un efecto devastador en el devenir de la historia. Y seguramente no será la última vez que lo veamos. Lo cierto es que Dexter ha acabado en casa de Maria, que ya había visitado en la tercera temporada para rescatar a Miguel Prado, sólo que esta vez se presenta allí para limpiar sus huellas y las de su hermana. Y se encuentra con que Maria no sólo tiene un vídeo sospechoso de Deb, sino también una orden judicial para investigar los móviles de los Morgan el día del asesinato de Travis Marshall. O sea, Laguerta tiene sobrados argumentos para incriminarlos a ambos. Insisto en todo esto porque la serie sufre ataques de manesia entre temporadas. Sería un detalle que este año no sólo no se olvidaran, sino que sirvieran para prender la mecha de la que debe ser su última temporada. De esa visita a casa de Maria es obligatorio destacar la charla entre Dexter y Harry, otra de las grandes escenas que nos deja el capítulo. Harry insta a su hijo a huír, a tirar a la basura esa mentira que ha construído durante tantos años y a empezar una nueva vida en otro lugar, pero Dexter responde que esa mentira se ha hecho tan grande y tan real, que se ha convertido en su verdadera vida. Es real desde el momento en que aparece Rita en escena, ya que con ella llega la estabilidad, la felicidad, la familia… y Harrison. Y no se puede correr con un niño en la espalda. A esta conversación me agarro (y a esa planta de recuerdo) para creer que Hannah volverá el año que viene, ya que la rubia es seguro (segurísimo) otro de los motivos por los que Dexter no quiere marcharse. Es también en casa de Laguerta donde Dexter decide que la alternativa a correr… es matar a Maria.

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Otro palo a la serie antes de comentar la escena final: el chapucero secuestro de Hector Estrada. Dexter no sólo mete a un tío en su maletero en plena luz del día, sino que le da dinero a unos niños para que molesten a Hector… suponiendo que los va a perseguir hasta exactamente al lado de su coche. Hubo un momento, quizás ya hace demasiado, en que la serie trataba con sumo cuidado todos estos detalles. Ya no. Sería circunstancial si no estuviéramos hablando de un asesino en serie al que no deben descubrir por nada del mundo, pero esa es la esencia de todo y primera ley del Código de Harry: que no te pillen. Si Dex se hubiera comportado siempre así, estaría entre rejas desde los 18. Pero centrémonos en el fondo y no en las formas. Hector Estrada acaba atado en la mesa del juicio final, vestido (imagino que porque era una víctima distinta a todas las demás) y sirviendo de cebo para completar una noche histórica en la que Dexter, a lo Messi, hará doblete: por un lado cerrará para siempre el asunto de los asesinos de su madre, por el otro pondrá fin a la persecución sobre los Morgan que está llevando a cabo Laguerta. Un suculento manjar que arranca con un primer plato (Hector) que le deja sumamente satisfecho, pero que se empieza a torcer en el otro escenario en el que tienen lugar los últimos acontecimientos del final de temporada: la fiesta de despedida de Batista. Es allí donde Debra, tirando de su instinto policial, descubre que en esa celebración faltan dos personas que no se llevan demasiado bien: Dexter y Maria. Es allí donde Debra hace una última llamada desesperada a su hermano: “lo que estés pensando hacer… no lo hagas”. Paradójico sabiendo el final, ¿verdad?

Surprise Motherfucker! no alcanza el clímax hasta que Debra llega a la habitación del pánico y descubre a Maria dentro de un plato y a Dexter con cuchillo, tenedor y un delantal. De esa escena, posiblemente la más determinante de la serie desde lo de Rita, es fascinante pararse a examinar la posición que adopta Dexter. Su poder de manipulación va mucho más allá de sus palabras. Y la comunicación no verbal que mantiene con su hermana es brutal. Cada uno de sus movimientos está milimetrado. Dex habla con la seguridad que le caracteriza y con la que ha conquistado a su hermana, suelta el cuchillo antes de que Debra lo vea como una amenaza y se posiciona como el mártir de toda esta historia. Y cuando digo que se posiciona como un mártir, es literal:

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Tras la enésima demostración de dramatismo de Dexter, se pierde toda la emoción en la decisión de Deb: ¿disparar a Dexter o a Maria? Evidentemente, la hermanísima elimina a su jefa, a la que corre a abrazar justo después de apretar el gatillo, en otra de esas escenas en las que Jennifer Carpenter confirma que nadie llora mejor que ella en televisión. Otro de los sellos de autor de la serie, el silencio, ayuda a impregnar de tensión y emoción la escena, que ya es violenta de por sí. No creo que la muerte de Maria haya derramado muchas lágrimas entre la audiencia, pero no cabe duda de que su ausencia será traumática para los hermanos y para el Departamento de Policía, que no pasará por alto que la jefa haya desaparecido al día siguiente de detener a Dexter. Por ahí deberían ir los tiros el año que viene. Más bestial que la muerte de Maria es, a mi juicio, la entrada del Team Morgan en la fiesta de Batista. No es casual que Dexter vaya abriéndose paso entre la multitud, con esa habitual voz en off que analiza su día a día, ni que Debra, como si fuera una niña de cinco años, vaya cogida a su hermano con la mirada perdida y la sensación de haberse despedido para siempre de la inocencia. “¿Quién es Deb ahora?” se pregunta Dexter, el personaje. ¿Y ahora qué va a ser de Dexter, la serie? nos preguntamos nosotros. La respuesta no está en el aire… porque allí sólo vemos los fuegos artificiales que celebran la llegada del año nuevo, un 2013 en el que tocará despedirse de la serie.

Y antes de marcharnos, el obligado repaso a los secundarios, cada vez más terciarios: Batista se retira definitivamente, aunque nos morimos por saber qué pasará con la plaga de insectos que ha asolado su restaurante; Quinn se emborracha y le tira los trastos a Jaime, la mamá no oficial de Harrison; y Masuka amenaza con ponerse pañales en fin de año. Soberbio, ¿verdad? No, el cariño con el que se trata a los secundarios no está entre los hitos de esta serie. Sí lo está, por citar uno, el magnífico trabajo de construcción de los Morgan, de Dexter, de Debra y de la relación entre ambos, protagonista sin lugar a dudas de una séptima temporada que empezó muy fuerte, flaqueó con el adiós de Isaak y ha llegado algo cansada al final de temporada, pero que será recordada más por sus virtudes que por sus defectos. Qué le vamos a hacer: nos gusta Dexter.

Nota del autor
4
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Review Dexter: Surprise, Motherfucker!
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135 comentarios

  1. TYRION

    Por favor, que pongan a alguien a hacer reviews que de verdad le guste esta serie. Es que esto es la leche ya. A partir de la sexta temporada hay más palos que otra cosa y da un poco de asco ya.
    Y esta temporada que me ha parecido la mejor después de la cuarta y no hay 5 estrellas en ningún capitulo?? Venga ya.

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