Review Dexter: Smokey and the Bandit


Lamentablemente, no me equivoqué cuando vaticiné que la review de Dexter volvería a llegar tarde. Podría engañarme y pensar que también mola leerla el domingo, como aperitivo para el próximo capítulo, que la mayoría veremos mañana. Pero no me creeríais. Las reviews sientan mejor de postre, cuando tienes el estómago lleno de serie. Así que no me queda otra que agachar la cabeza y rezar, aunque de fe vaya tan escaso como Dexter, para que la semana que viene pueda encontrar tiempo antes del domingo por la tarde. En lo que sí me equivoqué, o más bien me precipité, fue juzgando a la sexta temporada como una repetición de las anteriores, como una suma de elementos que ya habíamos probado. No es así. Lo demuestra el espectacular final del capítulo, la forma de presentar a los villanos (o quizás sea sólo uno) y los viajes al pasado de Dexter a través de pequeños detalles. ¿Comentamos Smokey and the Bandit?

  • Episodio 6×03: Smokey and the Bandit
  • Fecha de emisión: 16 de octubre

Todos tenemos un cajón en el que guardamos nuestros recuerdos de adolescencia. En el mío, voy a confesarme, hay algún que otro CD de música en el que ahora no invertiría ni un céntimo, varias fotos escolares, un par de revistas para adultos y un libro de recortes en el que invertí parte de mi infancia. Como mitómano y futbolero, durante varios años recogí todos los recortes de prensa, imágenes e información general sobre Michael Laudrup. Era mi ídolo. Un ídolo que, para los que no lo sepan, fue un elegantísimo centrocampista que cuando se cansó de enamorar al Camp Nou desertó al Bernabéu. Tuve mi crisis de fe cuando lo vi con la camiseta del Real Madrid, pero aquel día empecé a entender que el fútbol era un negocio. En fin, recuerdos aparte, la cuestión es que todos hemos sido jóvenes y hemos tenido algún referente al que nos habría gustado parecernos o que, sencillamente, nos atraía por su forma de ser, su imagen o su calidad de vida. Dexter también recopilaba recortes de prensa, aunque en su caso eran de asesinatos, y también tenía a su particular Laudrup, un jubilado llamado Walter Kenney que en sus (lejanos) días de esplendor había sido un terrorífico serial killer conocido como el Tooth Fairy, un Ratoncito Pérez que no dejaba regalos a su paso, sino cadáveres.

Esa libreta llena de recuerdos que nos enseña Dexter choca un poco con la idea que teníamos de su adolescencia. Hasta ahora pensábamos que había sido Harry el que había conseguido canalizar la ansiedad de su Oscuro Pasajero, el que que había logrado convertir una terrible necesidad de matar en un acto de justicia (léanse las comillas). Aunque es cierto que Harry jugó un papel determinante en la fomación de su hijo, Dexter ya tenía pasión por los asesinos en serie antes de que le inculcaran ese Código que rige ahora su vida. O sea, el Oscuro Pasajero siempre ha estado ahí, aunque a veces estuviera confuso, pero mucho antes de que Harry le dijera cómo utilizarlo para sobrevivir en la sociedad, Dex ya había sentido la llamada de los asesinos en serie. Es un matiz que nos obliga a pensar que el analista de sangre es un puntito más terrorífico de lo que nos imaginábamos, ya que su pasión por la sangre es incluso anterior a que estuviera en sus manos. Por cierto, es la segunda referencia al pasado de Dexter en tres capítulos (la anterior, sobre su pasado universitario) en lo que es una nueva muestra de que no hacen falta flashbacks caracterizando de forma cutre a los personajes para hablarnos de su historia. Me gusta.

En esa libreta llena de recuerdos, decíamos, aparece subrayado el nombre de Walter Kenney, un tipo que arrancaba los dientes a sus víctimas, de ahí que se ganara el sobrenombre de Ratoncito Pérez, y que esquivó a la policía durante varias décadas. Un ídolo para Dex que vuelve a dar señales de vida muchos años después de coger su último colmillo. La excusa perfecta para que Dexter escriba la última página del historial de muertes de Kenney. Smokey and the Bandit podría ser un episodio más en el que Dex acaba matando al malo de turno, pero hay tres elementos que lo diferencian: 1) el tono humorístico de toda la historia entre Walter y Dex, sensacional; 2) el final del capítulo, que luego comentamos; 3) la edad del propio Walter, que vive sus últimos días en un triste asilo, propone un interesante debate interior para el señor Morgan: ¿qué pasará cuando me haga viejo? Porque el que es empresario, barrendero o bombero, cuando se jubila se retira a vivir al pueblo, pero el que es asesino en serie, ¿qué se supone que debe hacer? Me imagino que en algún momento de la sexta temporada, Dexter se planteará si debe dejar de ser un asesino en serie. Y si la religión puede ayudarlo a este cometido. Y ahí es donde el personaje del Brother Sam jugará un papel importante. De hecho, Sam se nos presenta en este 6×03 admitiendo su orgullo por haber conseguido que uno de sus trabajadores se deshiciera totalmente de su pasado como drogadicto, así que es cuestión de tiempo que Dexter se plantee si este hombre que ha cogido el camino de Dios puede realmente cambiar su vida. Ya lo dije la semana pasada: me mola mucho el personaje de Sam, es un gran fichaje. Por cierto, la muerte de Walter ha afectado a Dexter hasta el punto de que ha destrozado su bien más preciado, su cajita con las muestras de sangre, que yo entiendo como una metáfora sobre la ruptura de su esencia. ¿Se está desmontando mi vida?

Por lo que respecta a los secundarios, Debra lo es cada vez menos. No hemos comentado nada en lo que va de temporada, pero es admirable el trabajo de Hall y Carpenter juntos, pocos meses después de divorciarse. Sí, son adultos, profesionales y todo lo que queráis, pero siempre que hay una ruptura amorosa, es complicado restablecer la normalidad. Miro con lupa cualquier gesto, cualquier detalle que pueda insinuar que no existe química entre ellos, pero sólo veo a dos pedazo de actores ofreciéndonos televisión de calidad. Debra ha crecido como personaje con su ascenso profesional y sus historias tienen mayor profundidad. La histeria que acompañaba a su personaje ahora está más que justificada, ya que no sólo debe lidiar con un complicado puesto de trabajo, sino que tiene a la ex jefa dándole órdenes disfrazadas de consejos, a Batista animándola a que dirija el Departamento según sus convicciones y a su ex novio detective metiendo baza en todas sus decisiones para poner en tela de juicio su elección como teniente. A este paso, Debra acabará con las existencias de cervezas de su hermano y con una galopante crisis de ansiedad. Para empezar, ya ha metido la pata en su primera decisión importante: contratar al nuevo detective para llevar el caso del asesino de las serpientes. Se llama Mike, es insolente y soberbio, y tiene todos los números para acabar en la cama de Debra más pronto que tarde.

Sobre la historia de Maria y Angel, más bien poco que decir. Ella ha cogido el papel de consejera de Debra, decíamos, pero a la vez pone en duda sus decisiones importantes y parece haber hecho piña con Quinn, que es la definición perfecta del novio despechado: se ha comprado un coche de lujo, se lía con rubias siliconadas y critica todas y cada una de las palabras de su ex. Ya sé que me repito, peero urge encontrarle una buena historia al personaje de Quinn. Quizás aquellos retratos robot de Dex o la muerte de Liddy le recuerden al detective qué estaba haciendo hace poco más de un año. Espero que no se le haya olvidado. A ver si por ahí coge algo de protagonismo, sino es candidato junto a Laguerta a la muerte importante que, vaticino, tendrá lugar a final de temporada. Otro que ha empezado a pasar página es Batista, que se peleará con Maria a lo largo de la sexta (qué pereza), pero al que seguramente también tendremos entretenido cazando al asesino de las serpientes. No es fortuito que se haya mudado al vecindario de Dexter, de eso estoy seguro. Y finalmente tenemos a Masuka, que ha sacado material clasificado del fantástico Ice Truck Killer para impresionar a su becaria y ella le ha recompensado llevándose a casa la célebre mano con las uñas pintadas. Esta historia puede acabar de dos formas: la becaria nos sorprende con un pasado turbio y acaba en la mesa de Dexter o bien no es más que una friki obsesionada con los asesinos en serie y acaba en la mesa de Debra. En los dos finales se despide de la serie.

Para el final me guardo una semana más los escasos pero jugosos detalles que nos enseñan de los asesinos, Travis y el profesor Gellar. La mayoría de asesinos principales que han pasado por la serie tenían un modus operandi concreto y crecían bajo la atenta mirada de Dexter, que los analizaba en busca de pruebas que los inculparan o de información sobre cómo convivían con su entorno, que luego Dexter podía utilizar en su vida. En este caso, Travis y Dexter parecen muy lejanos. Primero porque los asesinatos no parecían seguir un código específico, por lo que era imposible que Dexter pudiera descifrarlos, y segundo porque no había sucedido nada importante que llamara la atención del propio Dex. Pues bien, ya ha sucedido. Y no sólo llamará la atención del analista de sangre, sino de toda la prensa nacional. Más que nada porque no es muy común que aparezcan varios caballos en medio de un desfile cuyos jinetes están hechos a partir de trozos de cuerpo humano. Los Jinetes del Apocalipsis, claro. Una imagen tétrica y salvaje, digna del mejor Dexter. Son apenas quince segundos de capítulo, los últimos y a cámara lenta, pero son más que suficientes para pegar un acelerón en la historia. Ahora sí, ahora se ha despertado la curiosidad del Oscuro Pasajero, ahora Dexter tendrá mucho trabajo para encontrar a sus culpables y Debra tendrá mucho más intentando que la prensa no acabe con su escasísima reputación como teniente. Brillante.

De las escenas entre Travis y su víctima me quedo con esa obsesión para que éste acabara pidiendo perdón por sus pecados. Ya hemos visto que no le ha servido de nada, pero ha sido el detonante para que Travis pusiera en práctica su macabro ritual. Como si necesitara la pureza de las víctimas para llevarlo a cabo. Eso sí, no encuentro ninguna relación entre el frutero que se cargó la semana pasada y el tipo que ha caído en el 6×03. Tampoco la serie se está esmerando demasiado en enseñarnos su modus operandi, como sí se detallaba en el caso del Trinity, así que es bastante probable que sean víctimas escogidas al azar con un propósito, lo que complica todavía más su captura. Por cierto, vuelvo a insistir en la teoría de que Gellar no existe, sólo está en la mente de Travis. La escena en que Travis hablaba con la víctima, con Gellar de fondo guiando la conversación, es exactamente igual a una entre Edward Norton y Helena Bonham Carter en El Club de la Lucha, con Brad Pitt moviendo los hilos por detrás. Sea como sea, Dexter lo ha vuelto a conseguir: estoy deseando que llegue el próximo capítulo. Para saber más sobre los asesinos, para ver cómo asimila Dexter esa tétrica imagen del final del episodio, para encajar al Brother Sam en la historia y, en definitiva, para seguir disfrutando de una de las mejores series de la televisión.

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