Review Dexter: Road Kill

Review Dexter: Road Kill

¿Qué se lleva un asesino de vacaciones o a una escapadita de fin de semana? Ropa limpia y planchada por su adorable mujer, un martillo, cepillo de dientes, un cuchillo, una foto de sus preciosos hijos, inyecciones tranquilizantes, guantes para el frío, guantes para no dejar huellas y una excusa para desconectar de su día a día y dedicar esfuerzos a otros menesteres. Como habréis comprobado, he tratado de disimular algunos peligrosos artilugios en el equipaje, pero yo noy soy tan hábil como Dexter o como el Trinity, que nos han brindado un excéntrico 4×08 en el que John Lithgow ha hecho carrera para llevarse todos los premios a secundario del año. Veamos…

Habemus review. ¿Qué sorpresas nos depara el final de la cuarta temporada? ¡A comentar!

  • Episodio 4×08: Road Kill
  • Fecha de emisión: 15 de noviembre

Las consecuencias del desafortunado incidente con Jonathan Farrow no han tardado en salir a la luz. De hecho, durante los primeros minutos de capítulo hemos visto a un Dexter angustiado, que sufría los remordimientos habituales que aparecen tras un error. Esos remordimientos son muy humanos. Y esa es la lección que aprendemos del Trinity en esta escapada de fin de semana, a la que Dexter ha asistido para acabar con su vida y ha acabado salvándosela. Pretendía ser el villano y regresa como un héroe. Pero vamos a paso a paso…

En el departamento, Debra ha iniciado las gestiones para hacerse con el caso de su agresor, que supone que es la misma persona que buscó Lundy durante tres décadas, el amigo Trinity. Deb trata de esconder la parte de los disparos, pero no tarda en relacionar la extensa información de Lundy con la agresión. Maria, que está distraída mirando el culo de Ángel pero no tanto, se ha dado cuenta de las implicaciones emocionales que tenía el caso para Deb. Y ha aceptado iniciar una profunda investigación, pero sin Deb en el barco.

Detective Fucking Morgan no se ha tomado muy bien su nueva situación y, a través de Quinn, ha tratado de meter baza en todas las conversaciones alrededor del Trinity. El departamento parte de una premisa bastante difuminada: buscamos a un jubilado alto y de ojos azules que viva en Miami. La parte positiva es que tenemos su ADN, así que vamos a organizar controles por todo el estado para ver si suena la flauta. María y Ángel ajustan el presupuesto, ajustan sus cuentas pendientes encima de una inestable mesa, y el departamento sigue adelante con una de las investigaciones más importantes de su historia.

¿Y Debra no va a formar parte? Ella sigue trabajando con material de Lundy, aunque eso origine situaciones tan divertidas como la que protagoniza junto a Maria en el lavabo. Qué bien mienten las mujeres… Ese lavabo será clave para que Deb llegue a una brillante conclusión. Al inspeccionar sus cicatrices ante el espejo se da cuenta de que su agresor medía más o menos como ella. Y pasa a la comprobación física. Ahora no voy a describir un sueño de Masuka: Debra entra en su laboratorio y sin mediar palabra se quita la camisa. No sé cuanto tiempo habrá esperado Masuka ese momento, pero se hace realidad gracias a la obsesión de Debra, que en circunstancias normales sólo se habría quitado la camisa en su laboratorio para ahorcarlo.

Deb tiene razón. Su agresor medía más o menos como Masuka. Y el Trinity no entra en esa descripción. Doble consecuencia: 1) que se prepare para todo tipo de bromas subidas de tono del incontrolable Masuka; 2) el caso de los disparos se lo queda Ángel y Debra pasa a dirigir las investigaciones del Trinity.

Masuka's DreamMasuka's Dream

Debra no será la única mujer que le complique el final de temporada a Dexter, que por suerte lleva varias semanas de ventaja en el asunto. Como pronosticamos, Rita ha empezado un absurdo juego con su vecino que podría acabar en un disgusto. Nos ha extrañado su reacción inicial cuando Dex le ha explicado que estaría un par de días en Tampa para una convención meteorológica. La rubia ha accedido admitiendo que ella también necesita su espacio. Y que, a cambio, asistirá a clases de yoga mientras Dex se hace cargo de los niños. Dexter no desconfía porque tampoco siente, pero a la mayoría eso del yoga nos ha sonado a cuento chino.

Y no nos hemos equivocado. Elliot, recién separado, busca mujer a la que confesar sus penas y el calor de una cama. Rita es una presa fácil porque acaba de superar una mala racha con su marido, que casi nunca está en casa para ayudar con la educación de sus tres hijos. El problema es que el tonteo inicial se ha convertido en una declaración de intenciones con un par de inoportunas confesiones acompañadas de un exceso de vino. Y claro, luego llega el remordimiento y esa incómoda escena en la que Rita se levanta de la mesa y le propone a Elliot que se marche, que han cruzado una línea. Intuyo que este tema se desarrollará en próximos episodios. Y apuesto a que esta cara de felicidad pronto desaparecerá del vecindario previas amenazas en una habitación plastificada…

Que Dios te pille confesado...Que Dios te pille confesado…

El eje del capítulo es un brillante cara a cara entre John Lithgow y Michael C. Hall, cuyas actuaciones nos recuerdan que estamos ante una de las obras maestras de la televisión actual. En este 4×08 Lithgow ha estado especialmente brillante a partir de la inestabilidad emocional de su personaje. Arthur Mitchell está loco. O eso me decían sus caras. Lo suficientemente loco como para intentar saltar de un edificio en obras y caer en una base de pinchos, al estilo Fatality de Mortal Kombat. De hecho, todo el viaje parece un ritual para acabar en el ataúd que acabó de pulir la semana pasada.

El problema es que en ese ritual ha entrado Kyle. Dex se ha montado una excusa para ir a Tampa, donde creía que el Trinity iniciaría un nuevo ciclo de muertes. Para ello ha recurrido a su poco habitual discurso friki, argumentando la importancia de la climatología en la escena del crimen. María le ha dado permiso a condición de que se callara. Y Rita, como hemos comentado, para poder escaparse a yoga. Otro ser indefenso ha captado la conversación y su expresión ha sido tan mágica, tan inocente y tan encantadora que no me he podido resistir a poner una foto. Harrison, como si viera fantasmas:

Ha visto a Debra sin camisetaHa visto a Debra sin camiseta

Pese a las reticencias de Arthur, los dos asesinos inician un viaje juntos. En la maleta de uno, las cenizas de su hermana; en la maleta del otro, el manejable martillo destrozacráneos. Distintas intenciones. El Trinity ya había planeado su excursión y Kyle se la ha fastidiado con el pretexto de que ha sido protagonista de un acontecimiento terrible. Y no tarda en confesar: I killed a man. Glups! Dex viste su atentado contra Farrow como si fuera una terrible desgracia en una cacería. Una mala noche de caza. Y despierta al Trinity más puro…

Lejos de asustarse o enfadarse con el asesinato de Dex, Arthur se muestra especialmente amable. Y organiza una terrorífica visita al lugar donde empezó todo: su hogar. Ahora está habitado por una pareja de chinos, que me temo es un guiño a la masiva ocupación territorial de esta raza, pero Trinity parece no hacer mucho caso a los propietarios y sube directamente al lavabo. Y allí confiesa su historia más amarga: “Arthur estaba mirando a Vera, su hermana, cuando se duchaba. Ella lo vio en el espejo, se asustó, tropezó y se cortó la pierna. Las ambulancias no llegaron a tiempo y Vera murió desangrada. Su madre lo culpó, se encerró en sí misma y se acabó suicidando. Su padre era un borracho maltratador. Le acusaba de ser un pervertido y le culpaba del asesinato de su hermana. Trinity lo mató a martillazos”. No, está claro que el chico no lo ha tenido fácil…

La tríada de muertes del amigo Arthur se originan en su terrible infancia. Arthur nunca le había contado a nadie la historia y Dexter se da cuenta que tanto él como el Trinity se criaron con la sangre de sus seres queridos. Dex tuvo la suerte de contar con Harry, que supo canalizar su ira. Trinity se montó su propio código de venganza, propio de un ser absolutamente herido y desasistido. A partir de la confesión vemos a un Trinity fuera de sí, superado por los acontecimientos que llevaba marcados en fuego desde hacía varias décadas. Cambios bruscos de actitud. Caras amargas mezcladas con expresiones de felicidad. Trinity se ha quitado un peso de encima al confesar que mató a un inocente, pero no ha hecho referencia al resto de décadas que lleva eliminando inocentes. No sé vosotros, pero yo he tenido la sensación de que un hombre tan inestable es incapaz por sí solo de cometer todos esos crímenes durante tanto tiempo. Sí, inisinúo que no trabaja solo…

El lavabo de los horroresEl lavabo de los horrores

La confesión no ablanda a Dexter, que ha reservado habitación en el hotel para su noche más especial de la temporada. No me cansaré de ver a nuestro protagonista con su camiseta marrón verdoso, sus guantes negros y su extremo cuidado organizando la escena del crimen. El problema es que el Trinity también había elegido esa noche para un acontecimiento especial: suicidarse. Y asistimos a una de las escenas más surrealistas de la temporada.

Dex llega en el momento en que Arthur salta al vacío y consigue sostenerlo con un brazo. Sí, un poco peliculero el asunto. Lo importante es lo paradójica que resulta la escena. Dex está salvando al hombre al que se disponía a matar, precisamente para matarlo después. Me recordó, salvando las distancias, a una polémica alrededor de un preso condenado a muerte que sufrió un ataque al corazón (o un susto importante) y los médicos le salvaron la vida a duras penas… para ponerle una inyección letal días después. Si la serie es fiel a la tradición, Dexter acabará matando al Trinity. Aunque de momento es un héroe…

La reacción posterior de Arthur es tan inexplicable como propia de un tipo como él. Ahora se siente feliz porque Dios ha enviado a Kyle para darle otra oportunidad. Sinceramente, si no lo hubiera visto matar, no me creería que Arthur es el responsable de todas esas muertes. Dentro de poco Kyle será poco Kyle y muy Dexter. Y el Trinity comprobará que personas de su estilo no merecen una segunda oportunidad.

Gran capítulo que nos deja una alucinante actuación de John Lithgow, bien secundado como siempre por Michael C. Hall. Y varias consecuencias: ¿quién disparó a Debra y Lundy? Yo había pensado en Anton, pero no es tan pequeñín como Masuka. ¿Qué pasará entre Rita y Elliot? Como se entere Dexter… ¿Qué papel juega la periodista en todo este asunto? Es evidente que debemos desconfiar de ella, pero no sé cómo puede ser partícipe de la trama principal. ¿Por qué Ángel y maría cada día me gustan más como pareja? ¿Cuándo será Masuka protagonista íntegro de un episodio? Y la última, pero no por eso menos importante: ¿por qué las temporadas de Dexter no son de 20 episodios?


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