Review Dexter: Practically Perfect

Esto de trabajar en el mundillo de las series te hace coger vicios extraños. Antes no me fijaba en los créditos y ahora los analizo como si de un comentario de texto de bachillerato se tratara. Antes no prestaba atención a los actores invitados y ahora estoy esperando a que aparezcan detrás de cualquier esquina. Antes me reía cuando alguien sabía frases de películas y ahora le contesto al estilo Hurley, Sheldon o Pinkman hasta a la carnicera. Supongo que nada es perfecto. Ni siquiera Dexter Morgan, el más aventajado de cuantos asesinos hemos conocido. Por cierto, ¿sabéis a qué viene esa sonrisa? La psicóloga le ha recomendado que se dedique tiempo a sí mismo. Y todos sabemos en qué está pensando Dex…

Me encanta poner excusas por el retraso de las reviews. Hoy diré que se me comió los apuntes el perro que nunca tuve.

Para determinar la calidad de un capítulo no sólo influyen las cualidades del mismo, sino el estado de ánimo del que lo ve. Esta afirmación parece elemental… no, de hecho, lo es, pero todos tenemos claro que no es lo mismo ver un capítulo a las 18 horas con ganas de pillar la serie que a las 2 de la mañana, medio dormido y después de un partido de fútbol en el que sales derrotado. Pues bien, yo cometí el error de ver Practically Perfect en un contexto poco apropiado para apreciar la grandeza de esta serie. Pido perdón. Y paso al análisis, que luego esto se hace más cansino que los reportajes de Mourinho…

Dicen que lo que bien empieza, bien acaba. Y Practically Perfect se ajusta con precisión de cirujano a esa definición. De hecho, se ajusta tanto que los flashes que tengo del capítulo, aquellas escenas que te vienen a la mente cuando te agarras a la almohada, hacen referencia a la primera y a la última escena de este 5×03. Porque, señores, ¡cómo arranca Practically Perfect! Debra en estado puro, policía de día y de noche (estoy seguro que duerme con la placa), investigando el pasado de varias sospechosas aspirantes a canguro. Fantástica la primera chica, que comete el error de confesar haber coqueteado con las drogas en una fiesta. “¿Podrías haber tomado drogas? ¡Qué coño significa eso! ¿Lo hiciste o no lo hiciste? No se puede casi esnifar coca…”

Debra es taaaaan americanaDebra es taaaaan americana

No lo he dicho, pero Harrison necesita una canguro. Dexter tendrá que volver al trabajo más pronto que tarde y el pequeñín, aunque ya ha dado sus primeros pasos, está verde para vivir solo. Las candidatas a niñera, claro, van cayendo una a una ante la presión de Deb, la mujer que no conoce el gris. Hasta que llega ella. Ella es prácticamente perfecta: título de enfermería con especialidad en el desarrollo de los bebés, vive sola y no necesita un gran sueldo. Es el sueño de cualquier empresario, la última pieza de un puzzle, el hilo en la aguja. Ella es Sonya (Maria Doyle Kennedy), la nueva canguro de Harrison que encandila a Dexter y que, por descontado, levanta ciertas sospechas en Debra. Y yo estoy con Deb. La forma en que coge a Harrison sin apenas conocerlo y cómo le empieza a cantar… me ha dado mal rollito. Y esa voz que sólo susurra, que me ha recordado a Lisa Kimmel (Six Feet Under)… Sí, definitivamente estoy con Debra.

A Dexter nunca le había incomodado una habitación vacía. De hecho, su verdadera identidad sólo se deja ver en una habitación aséptica, sea con una víctima potencial encima de la mesa o con un muñeco blanco cargado de sangre. Ahora le molesta hasta el silencio. Si fuera alguien normal, como Batista, se bajaría al bar a ponerse hasta ahí de cerveza, pero el vacío de Dexter es existencial. Y la mejor forma de rellenar ese hueco es con sangre. Esa es la teoría, que desarrollamos en Hello, Bandit y en Practically Perfect la hemos aplicado. ¿La víctima? El señor de gafas que recoge animales, escucha a un predicador hasta en el coche y está llenando una ciénaga de barriles cargados con mujeres rubias. Y muertas, by the way. Suficiente currículum para que Dexter ponga en práctica su oxidada metodología: plastificar habitación (cómo me gustan esas escenas), encontrar el momento, matar.

Te ha tocado...Te ha tocado…

Por cierto, ¿cuánto tiempo hacía que Dexter no mataba? Mi memoria es bastante pésima, pero sin contar al Trinity, diría que han pasado más de quince episodios sin engordar la cajita de muestras. Boyd Fowler rompe esa racha, aunque el tío se ha defendido como un gato panza arriba. Primero con los dardos tranquilizantes y luego en esa escena entre cómica y angustiosa en el hospital. Al final ha caído en su propia casa, en un escenario improvisado: periódicos en lugar de plásticos, sin fotos, sin plaquita para la sangre y con un cuchillo jamonero. ¡Ah, y con una invitada especial! ¿Sabéis que al principio hablaba de mi deformación profesional? Desde hacía algún tiempo sabía que Julia Stiles estaría en la quinta temporada y los créditos de presentación (que nunca me salto) me han chivado que había llegado el momento. Así que la estaba esperando. Me guardo para el final las consecuencias de ese sorprendente cambio de juego.

Dexter apuesta por el gore en su quinta temporada. Y no me refiero al protagonista, ese siempre disfruta en sus orgías sangrientas, sino a la serie. Los asesinatos religiosos vinculados a la Santa Mierda… perdón, a la Santa Muerte se han cobrado su tercera víctima. Y Dexter no se corta (nunca peor dicho) en poner cabezas cortadas y sin ojos. El vecindario donde han ocurrido los asesinatos ha mandado dos mensajes en este Practically Perfect: 1) no vamos a hablar; 2) si alguien se va de la lengua, se quedará sin ella. Eso es lo que le ha sucedido al señor Fauzi, que ha osado hablar con la oficial Manzón, pieza clave para que Homicidios empiece a desenmarañar esta confusa trama de asesinatos. Por ahora sabemos que un tío fue a sacar pasta a un cajero, se olvidó del número secreto (bienvenido al club), se rayó y se pegó un tiro después de matar a su esposa. Como peli de Sitges mola, pero como argumento policial es bastante flojo. Por eso Debra llega a la conclusión que alguien estaba forzando al señor del cajero a pagar por el rescate de su esposa. Apunten sospechosos: dos hombres de unos treinta años, acento marcado, posiblemente recién llegados de Venezuela y seguidores de la Santa Muerte. Qué lista es mi Debra.

Lo advertí: esto se está poniendo goreLo advertí: esto se está poniendo gore

Me mola el tema de la Santa Muerte. Me recuerda a los primos de Breaking Bad y babeo con la posibilidad de que sean tan salvajes como ellos. También son dos. También son latinos. Y también tienen unos 30 años. A ver si estamos ante un crossover y no nos han avisado…

Por otra parte, el señor Quinn, aka “el azote de Dexter”, ha contactado con un amiguito del FBI para que le dé acceso a la familia del Trinity, que ahora mismo consume sus horas en una safehouse, a punto de convertirse en testigos protegidos. En realidad el que debería empezar a protegerse (perdón por el enlace patillero) es el propio Quinn, que está metiendo la mano en un asunto espinoso y se acabará cortando. Lo advertí la semana pasada: acercarse a un Morgan es sinónimo de muerte. Y no veo otra salida para Quinn que esa (Doakes style), a no ser que Dexter tire del cable de Asuntos Internos, que andaban revoloteando sobre él. Recordad que Quinn tiene las manos muy largas. Y no me lo ha dicho Debra.

La última historia de los secundarios, la que parecía menos interesante, es la que se centra en Batista y Laguerta. Aunque en las últimas horas ha dado un giro bastante acertado: las consecuencias de la pelea nocturna de Angel no se limitan a las tiritas y al morado en la cara de Masuka. El policía enemigo sufrió una hemorragia interna y tuvo que ser hospitalizado. Y ha presentado cargos que podrían costarle el puesto a Batista. Huelo cambios importantes en el departamento de Miami en la quinta temporada, sea por baja involuntaria de Quinn o por despido de Batista. Veremos cómo reacciona Laguerta.

Y llegamos al final… ¡a ese gran final! Como decía, por el contexto en que lo vi, el capítulo no me estaba pareciendo nada del otro mundo, dentro de la incuestionable inmensidad de esta serie. Sin embargo, cuando vi al personaje de Julia Stiles allí, en la escena del crimen de Boyd, disfrutando como todos nosotros del Oscuro Pasajero, supe que algo había cambiado. No sé lo que le pasó por la cabeza mientras disfrutaba del espectáculo (imagino que pensó que ella sería la siguiente), pero la clave es que ha sido testigo de los horrores de Dexter. Y eso, hasta ahora, sólo podía suponer una cosa: la muerte. Claro que, la señorita no pasa el casting del código de Harry. She saw… me.

A ver cuánto duras...A ver cuánto duras…

Practically Perfect no sólo hace referencia a la espléndida niñera de Harrison, sino a la última escena del capítulo. Todo estaba saliendo a pedir de boca… hasta que apareció ella. ¿Y qué haremos con ella? Esa será una de las claves de esta quinta temporada, que tras dos episodios honrando la memoria de su primera dama, se ha encaminado hacia otro paisaje con un Practically Perfect que se convierte en la premiere no oficial de esta temporada. Grande Dexter. Muy grande.


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