Review Dexter: If I Had a Hammer

Review Dexter: If I Had a Hammer

Ya lo dijo Darwin a principios del siglo XIX: las especies evolucionan. E incluso los asesinos deben someterse a esos procesos de renovación si quieren seguir siendo ellos mismos. Si quieren seguir matando. Dexter se ha dado cuenta de ello gracias a las lecciones del señor Arthur Mitchell, un adorable padre, esposo, maestro y diácono capaz de construir casas solidarias alrededor del mundo al compás de sus herramientas favoritas. Crear un hogar, destrozar otro. Poesía para una serie en la que los asesinos han tomado el mando. If I Had a Hammer, otra delicia de la televisión made in Dexter. ¿Lo comentamos?

¡Review acabada y lista para comentar!

  • Episodio 4×06: If I Had a Hammer
  • Fecha de emisión: 1 de noviembre

Si no supiera que estamos en el ecuador de la cuarta temporada, pensaría que la próxima semana le llegaría la hora al Trinity Killer. Salvo despiste o sueño acumulado, Dexter no suele tardar en plastificar su propia habitación del pánico y en pasar a la acción. Ha estudiado la rutina del Trinity, ha caminado sobre sus pasos e incluso ha entrado en su morada, que es a la vez su peculiar sala de los trofeos. Es decir, tiene todos los argumentos para acabar con él. Pero algo me dice que el asunto no será tan sencillo, tal vez porque como dijo en el último episodio, Trinity es exactamente igual que él. Bueno, igual igual no…

Arthur, un hombre sin manchaArthur, un hombre sin mancha

Dexter no canta. Dexter no va la iglesia. Y Dexter tiene un saco de problemas familiares, a diferencia de su némesis. No, Rita todavía no ha superado lo del apartamento. Bueno, eso es lo que creemos Dexter y la mayoría de hombres, básicos en nuestros razonamientos. En realidad Rita ve un problema de fondo en la pareja en las mentiras de Dexter. Cree que nunca ha conseguido llegar al verdadero Dexter. Y no se equivoca.

Nuestro protagonista hace diversos esfuerzos para acercarse a su mujer, pero en If I Had a Hammer salen a la luz todas sus carencias. Dexter no sabe sentir. O no puede. Por eso no entiende ni una palabra de las que pronuncia la consejera matrimonial. Apunte: ver las caras de Michael C. Hall en esa escena es un impagable privilegio. Y por eso no atina en reconducir la situación: primero intentando hablar y comprobando su inexistente empatía; luego con un saco de regalos que sólo convencen a los niños, pero no a Rita. “¡Una máquina para hacer pan! También estamos sin leche, ¿me has comprado una vaca?” Qué sutil, Rita. Vale, no era el regalo más acertado, pero la intención es buena.

La preocupación de Rita, unido a la inexpresividad de Dexter, conduce al matrimonio a una segunda visita a la consejera matrimonial. De rebote, Dex recurre a su crudísimo pasado, en el que vio morir a su madre. Y se gana el favor de la consejera. Rita baja la guardia y Dexter aprovecha para reclamar su espacio. Nuestro asesino sólo habla de espacio físico, ya sabemos que las metáforas tampoco son su fuerte, pero las dos mujeres, más profundas por definición, entienden que Dex no quiere desprenderse de su historia. Y que lo único que necesita es evolucionar. Y éste es el resultado, situado en el patio familiar y con candado exclusivo para Dex:

Un nuevo aire acondicionadoUn nuevo aire acondicionado

Nuevo aire acondicionado, nueva vida. Seguimos hablando de parejas en problemas: Angel y María. Aunque su historia ha resultado ser algo adolescente (todas las de Angel lo parecen), creo que podemos gritar que tenemos final feliz. La cronología de los acontecimientos es así: María confiesa su relación a Matthews; Matthews decide trasladar a Ángel; Ángel acepta su marcha porque prioriza su relación con la jefa, aunque eso suponga estar sentado en un depacho; María comprueba que Ángel es el mejor en homicidios y habla con Matthews para que la trasladen a ella; Ángel y María hablan del tema y deciden que ambos deben quedarse en homicidios, a costa de su relación.

¿Y por qué digo que es un final feliz? Me temo que nada es lo que parece. Aunque la escena de la puerta del ascensor cerrándose ante ambos es brillantemente descriptiva, creo que su intención es volver al punto de partida. En un episodio en el que Dexter ha nombrado la palabra camuflaje como el truco más astuto de la naturaleza, apuesto a que será el recurso utilizado por la pareja para mantener viva su relación. Claro que, después de confesarse ante Matthews, con juego de miradas incluido, no habrá vuelta atrás. Si los enganchan, rodarán cabezas.

¿Camuflaje?¿Camuflaje?

La historia central de este 4×06 está protagonizada por Dexter y Arthur, al que vamos a llamar por su nombre real porque hoy ha sido muy poco Trinity. Como decía, lo hemos visto cantando en la iglesia, trabajando con su familia en la construcción de hogares para los más necesitados y creando un clima de armonía entre los suyos que deja maravillado a Dexter. Arthur siente sus gestos de cariño. O no, pero los camufla con tanta precisión que lleva treinta años matando sin que nadie desconfíe. Y es que Trinity es un profesional.

¿Qué hemos descubierto de Arthur? Con el asesinato del martillo ha cerrado un nuevo ciclo. Éstos se producen cada diez años y tienen su origen en la muerte de sus familiares más cercanos: padre, madre y hermana. Todos ellos murieron en las mismas circunstancias que las víctimas que deja a su paso. Y éstas están localizadas en todas las ciudades americanas en las que Trinity construye un nuevo hogar solidario. El pretexto es perfecto. Además, allí donde los Mitchell crean un nuevo hogar reciben una placa conmemorativa que hace el papel de trofeo del asesino. Las gestas del Trinity están a la vista de todos. También sus solidarias herramientas de matar, marcadas en el garaje de casa con total naturalidad. Estos detalles alejan a Dexter del Trinity. Dex esconde sus logros, Trinity los luce con cínica discreción.

Pero como todo asesino en serie, tiene su punto débil: las cenizas de su hermana. Dexter entra en casa del enemigo con la excusa de una herida y localiza su talón de Aquiles. Sólo en ese momento vemos al verdadero Trinity, que agarra del cuello a nuestro protagonista con la única intención de matarlo. Apunte: genial John Lithgow. Arthur, como Dex, es un hombre terriblemente afectado por su pasado, pero su código para matar no responde a ninguna de las leyes del código de Harry. Además, Trinity deja ciertas huellas en la escena del crimen que podrían vincularlo con los asesinatos. La ceniza no tardará en ser protagonista. Incluso se han encontrado coincidencias entre el ADN de las víctimas y el de Arthur. Y Masuka está… wait for it… en racha. ¡Tiembla Trinity!

Hay cosas que no se tocan, DexHay cosas que no se tocan, Dex

Una última mención al Trinity, que me sirve para reconocer el enésimo acierto de la serie. Me ha parecido fascinante la escena en que Arthur entra en la bañera con su mujer, exactamente igual que con su primera víctima, espejo incluido. Esto demuestra que Trinity nunca deja de ser Trinity, aunque a veces se camufle de Arthur.

Hoy cerramos con Debra, mucho menos espectacular que en el anterior episodio, mucho menos emotiva, pero mucho más efectiva. Deb se obsesiona con Nikki Wald e intenta que confiese que mató a Lundy. El problema es que Nikki Wald, culpable de múltiples cargos, no apretó el gatillo. Ni siquiera la presión en el cuello de las manos de Deb hacen cantar a la pobre señorita Wald, que acaba gritándole que si confiesa que la vio ella será la única mentirosa. Con la ayuda de Quinn, muy ocupado con la periodista (lo entiendo), Deb entrará en razón y pasará página.

¿Y sabéis cuál es la siguiente página del diario de Deb? Tiene dos temas en cartera: 1) desenmascarar a la mujer que se enrollaba con su padre, así que no creo que tarde mucho en descubrir que es Laura Moser, madre de Dex… ¡y del Ice Truck Killer! La que se va a liar… 2) encontrar al Trinity. Debra ha llegado a la conclusión de que el Trinity se estaba salvando el cuello matando a Lundy, un razonamiento mucho más lógico que apuntar a Nikki Wald, entre otras cosas porque en casa de Lundy falta la documentación del Trinity. Sí, está en poder de Dexter. Y sí, los Morgan tienen un mismo objetivo


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