Review Dexter: First Blood

Review Dexter: First Blood

Lo bueno de tener un protagonista tan carismático y con tanta personalidad como Dexter es que los grandes capítulos crecen de forma exponencial a su alrededor. Lo malo es que cuando el prota no está en forma, la serie se resiente más de la cuenta. La quinta temporada se encuentra hoy en un periodo de reflexión que tiene estrecha relación con la situación de Dexter y su nueva amiga Lumen. Episodio del montón, que en esta serie viene a ser mucho más de lo que nos puede ofrecer la tele esta temporada. ¿Comentamos First Blood?

Por petición popular, a partir de la semana que viene pondremos pre reviews el día después del capítulo para que podáis ir dejando comentarios.

Un periodo de reflexión, decía, en el que se están estableciendo las bases para que suceda lo que todos deseamos: vosotros, yo, Dexter y Lumen. Que Dexter se deje de sentimentalismos y vaya a por los que torturaron a la pobre chica. A saco, cuchillo en mano y con su amiga como espectadora en un palco VIP. Pues bien, First Blood es el capítulo en el que nos damos cuenta que todo eso está a punto de suceder. Es inevitable.

Pero empecemos por algo mucho más pequeño que esa cacería comunitaria: Harrison. El niño ha salido movidito y pegón, es decir, ha salido niño (no niña). Un par de arañazos con sus compañeros de recreo empiezan a preocupar a Dexter más de la cuenta. No olvida que su confusa personalidad es fruto del horror vivido en aquel contenedor lleno de sangre de mamá. Y teme que la muerte de Rita haya despertado el Oscuro Pasajero de Harrison. Pero no, no hay oscuridad en Harrison (todavía), sólo es el miedo de Dexter a verse reflejado en la personita que más quiere. “There's nothing wrong with my son” es la frase que le ha dedicado Dexter a las madres cotorras del final del capítulo, aunque en realidad estoy seguro que estaba deseando tumbarlas en una habitación plastificada… ¡maldito código de Harry!

A ver que mire bien... sí, estás limpioA ver que mire bien… sí, estás limpio

First Blood nos muestra la lucha de Dexter por evitar que Lumen lleve a cabo su venganza contra todos aquellos que arruinaron su vida. Es decir, Dexter intenta que Lumen no se convierta en lo que él es. Lo más curioso del episodio es que uno y otro siguen pasos similares para encontrar a esos culpables. Y lo irónico del asunto es que Dexter está dispuesto a matar a uno de los sospechosos para que Lumen no lo haga. Como decía al principio, todos los caminos nos llevan a Roma. Y Roma será un espacio cuadrado, plastificado, lleno de fotos y sangre.

Dexter y Lumen tiran del mismo hilo (Boyd) y acaban en el mismo lugar: Tuttle Bridge, un acojonante campamento para delincuentes de abusos sexuales con una alucinante historia real detrás. El primer nombre de la lista de Lumen es el de Robert Brunner, nombre al que accedemos gracias a la prodigiosa memoria de la señora negra (perdón, ¿tiene nombre?) del archivo, que se vende por unas cuantas fotografías del irresistible Harrison. Brunner acabará en la mesita del horror de Dexter, pero la rápida actuación de Harry 'conciencia' Morgan destapará un localizador en la pierna de la víctima que podría haber complicado mucho la vida a nuestro protagonista. Es el segundo ser humano que pasa por esa mesa sin despedirse de este mundo en apenas dos semanas. Está comprobado que apartarse del código, aunque sea por unos milímetros, siempre es peligroso.

En ese calcar de movimientos entre Lumen y Dexter, la chica llega a Tuttle Bridge dispuesta a cepillarse a Brunner. Hay que tener agallas para meterse en ese campamento siendo una tía. Y me da igual que llevara pistola; yo ni con un bazooka. Por suerte para ella, Dexter llega a tiempo para impedir el disparo y convencerla de que la mejor opción es escapar. Irónica, una vez más, la actitud de Dex el justiciero, que sólo da un paso atrás para coger carrerilla hasta la siguiente víctima. ¿Nos despedimos entonces de Lumen? No way! Tenemos Julia Stiles para rato. Su misión será apartarse del tipo de relación que Dexter mantuvo con Lila, Doakes o Rita. Y no podemos descartar ninguna posibilidad en esa “relación”. Ni siquiera un encuentro romántico o sexual entre ambos, aunque la escena del aeropuerto nos complique bastante esta opción. El incomprensible y francamente molesto cacheo del aeropuerto ha abierto los ojos a Lumen: le encantaría largarse sin mirar atrás, pero no está preparada para decir adiós a su pasado y no lo va a estar hasta que elimine a sus captores. Genial, os estamos esperando.

Grande… No, enorme… No, fantástica la escena del cacheo, con un montón de ojos acechando a Lumen y con las entrometidas manos de la policía despertando a sus fantasmas. La semana pasada tuve dudas sobre las habilidades interpretativas de Julia Stiles, pero han desaparecido tras First Blood.

Métase la mano en el...Métase la mano en el…

First Blood, por cierto, no hace referencia como muchos pensábamos a la primera muerte de la lista de Lumen, sino a los primeros asesinatos de los Fuentes. Y también a las primeras muestras de sangre con las que se topa Dexter después de volver al trabajo. Familia unida, otra vez. Por cierto, segunda parte, ¿alguien había visto una escena del crimen tan asquerosa como la de este episodios? La pobre Cira ha corrido a expulsar el desayuno y yo he tenido que apartar la vista un par de veces porque, ¡maldita sea!, estaba comiendo… ¿Y cómo hemos llegado hasta aquí? En parte, gracias a que Cira se pasa el día viendo a la gente sacar dinero del cajero del horror, en parte porque Masuka es experto en tatuajes (¿Será real?). Una pista ha llevado a la otra y al final nos hemos topado con los muertos, los gusanos y con un símbolo que llevaba tatuado uno de los Fuentes en su mano, que resulta ser el imborrable sello que te ponen en las discotecas. Da igual que frotes y destruyas la piel, el sello sigue ahí. Y será el hilo del que tiraremos en el siguiente episodio.

Bien visto, DebraBien visto, Debra

Esta semana tengo que quitarme el sombrero ante la forma de llevar el caso Maria-Angel. Y no porque sea demasiado original, lo del hombre celoso que sigue a esposa es un habitual en la sobremesa de Antena 3, sino por los recursos técnicos utilizados para hacernos creer que Maria se la estaba pegando. Esa lista de recursos empieza por el previously, donde nos han colado de forma intencionadísima la referencia a las célebres blowjobs (ésta no la traduzco que todos sabéis a lo que me refiero) de Maria. Luego, en una de las primeras escenas de la jefa, cuando Angel está entrando en su despacho, nos enseñan un primer plano de sus labios. No hay nada casual.

Tampoco es habitual que Maria vaya tan pintada al trabajo, que sea tan distante con Angel o que nos cuenten que lo primero que hace cuando llega a casa es pegarse una ducha. El manual del infiel. Al final, nos pillamos los dedos. Bueno, al menos Ángel y un servidor. Batista ha seguido a su chica hasta comprobar que estaba en un motel con el de Asuntos Internos. ¿Jugando al prachís? No. ¿Tomando té verde? No. ¿Manteniendo relaciones sexuales fomentadas en las habilidades previamente mencionadas de Laguerta? ¡Tampoco! La teniente estaba haciendo un favor a los de Asuntos Internos a cambio de limpiar el historial de su marido, que ha echado al traste la operación por sus celos.

¿Te has quedado con la cara del poli investigado por Asuntos Internos? ¿No? ¡Pues deberías! Ese hombre se llama Peter Weller e interpretó al célebre Robocop a finales de los 80. Últimamente lo hemos visto en el grandísimo episodio White Tulip de Fringe, con tanto metal en su cuerpo como en la época del robot. Pues bien, el personaje de Weller se incorpora de lleno en la historia gracias a la obsesión de Quinn con Dexter. Joey le ha pedido a su compañero que le siga la pista y le informe de novedades. Ahora sí, si no hay sorpresas, parece que tenemos al candidato para ocupar la última mesa de ejecuciones de la temporada. Pensé que Quinn sería el elegido para decir adiós este año, pero la serie sigue moldeando su relación con Debra y, tras el dramático final de la cuarta, a lo mejor es precipitado quitarse a otro peso pesado de encima.

Sea como sea, la historia está en el punto deseado por todos: Lumen con ganas de sangre, Dexter con hambre y Quinn con tiempo libre y un cómplice ideal para morir por la causa. Nadie se acordará de First Blood cuando acabe esta serie, pero apuntemos que es el episodio en que la familia (Departamento de Policía) volvió a unirse y en el que Harrison hizo la primera muesca a su revólver. Larga vida a Dexter.

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