Review Dexter: A Horse of a Different Color


Pronostiqué el retraso en la review con una semana de adelanto y no me equivoqué. Soy incapaz de llegar a tiempo, parezco el metro. Eso sí, puedo prometer y prometo que a partir de la semana que viene la situación se normalizará. Las reviews de Dexter no llegarán el domingo a última hora. Podéis apuntar la anterior afirmación y darme una colleja si eso sucede. La asumiré fatal, porque no me gustan las críticas, pero en mi interior sabré que tenéis razón. La parte positiva de este retraso habitual es que se ha producido en la parte más lenta de la temporada. No, no podemos decir que nos hayamos aburrido en estos cuatro primeros episodios, pero a todos nos apetece pensar que la serie aumentará de marcha a partir de esta noche, ¿verdad? Hoy se emite en Estados Unidos The Angel of Death, pero nosotros todavía tenemos que repasar lo mejor de A Horse of a Different Color, un capítulo que confirma que Dexter es buena cuando es procedimental, pero es magnífica cuando se centra en la trama principal de la temporada. ¿Vamos?

  • Episodio 6×04: A Horse of a Different Color
  • Fecha de emisión: 23 de octubre

¿Cuántos de los que estamos aquí presentes nos acordamos del asesino que recogía cadáveres de animales en la carretera al principio de la quinta temporada? ¿O era de la cuarta? Ni idea del nombre, ¿verdad? En cambio, ¿cuántas veces hemos recordado la estremecedora mirada del Ice Truck Killer, quién no se acuerda de Trinity Killer en la bañera desangrando a sus víctimas, o quién ha olvidado ya el tic, tic, tic del fantástico Jordan Chase? Como decía, Dexter es una muy buena serie procedimental que hace crecer al protagonista en cada una de sus escapaditas, pero es una serie terriblemente buena cuando se sienta a contarnos historias sobre grandes asesinos, aparte del que da nombre a la serie. Y en A Horse of a Different Color nos hemos olvidado pronto del Ratoncito Pérez jubilado de la semana pasada para prestar más atención al gran villano oficial de la sexta temporada, genialmente bautizado por Debra como Doomsday Killer, el Asesino del Día del Juicio Final. Tiene tirón, ¿verdad? Seguro que cuando acabe la temporada nos acordaremos de él.

A Horse of a Different Color rompe con la estructura de los anteriores episodios y no se centra en una nueva matanza made in Dexter, sino que se mueve entre tres escenarios: el departamento de policía, el hospital y el invernadero. En el Departamento, la protagonista es la nueva teniente, que tiene que torear a los medios de comunicación, entregadísimos al morbo que ha despertado el Doomsday Killer. Como periodista, debería romper una lanza en favor de la profesión y exigir algo de dignidad. Debería pedir que al señor o a la señora del micro le quitaran las alas de buitre y la carroña de la boca, pero lo cierto es que no hay tanta diferencia entre los periodistas de Dexter y los que tenemos en realidad. Me molesta un poco, eso sí, que la prensa se deshumanice de una manera tan exagerada. Ni los policías luchan noche y día por arrestar al Doomsday Killer, ni los periodistas rezan para que siga matando y así tener una buena historia que vender. La cuestión es que la historia ha llegado a la prensa y Debra ha dado la cara a su manera, esto es, hablando sin pelos en la lengua y con una peligrosa sinceridad que ha convencido a todo el mundo, menos a Laguerta. De verdad, ¿qué le pasa a Maria? ¿Por qué da tanta rabia esta temporada? Sabéis lo del perro del hortelano, ¿verdad? Pues eso.

En el departamento nos hemos encontrado también con Mike Anderson, el nuevo. A priori, recuerda a una versión inteligente de Doakes. Aunque es algo soberbio, también parece muy buen profesional, lo que significa que se llevará mal con Quinn, se llevará bien con Dexter y que tiene muchos números para acabar compartiendo la cama de Debra. Para Anderson se me ocurren dos finales: uno, que sea la víctima importante de la temporada; dos, que venga realmente a sustituir a otro de los pesos pesados del departamento. Yo insisto con mi presentimiento de que va a caer uno de los peces gordos. Pondría mi dinero a que está entre Quinn y Maria, pero tampoco descarto que Angel sea el sacrificado. Y, sinceramente, creo que la serie necesita una renovación de secundarios. Pensaba que el asunto se solucionaría dando tramas potentes a Quinn y compañía, pero en A Horse of a Differente Color lo más importante que ha hecho el ex de Debra ha sido fumarse un porro. Por cierto, ¿qué marihuana (o hachís) tienen en Miami que con medio canuto ya van volando? En fin, que los secundarios están pidiendo a gritos historias potentes, de ahí mis sospechas de que Anderson venga para ocupar el puesto que deje alguno. Veremos.

Para cerrar el tema departamento, Masuka ha descubierto que su amiga Ryan había puesto a la venta la mano del Ice Truck Killer. Más allá de si la historia es interesante o no, para mi tiene su gracia, me gusta que la serie preste atención a su pasado. Creo que fue tras el primer episodio cuando acusé a Dexter de sufrir un tipo de amnesia digna de estudio que le impedía conectar hilos entre temporadas. Pues bien, en este 6×04 ha habido varias referencias al Ice Truck Killer, sobre todo a raíz de ver los cuerpos cortados de los jinetes del Apocalipsis, pero también al Trinity Killer y al Bay Harbour Butchet. Me gusta. Me gusta porque soy un nostálgico, pero también porque quiero pensar que un día, en la última temporada de esta maravillosa serie, el Departamento de Miami se acordará que jamás encontró al Bay Harbour Butchet (a lo mejor, incluso Quinn lo relaciona con la imagen de Dexter tirando bolsas de basura al mar), Ramón Padro exigirá al Departamento que se solucione el caso del asesinato de su hermano Oscar (¿os acordáis de Freebo?) e incluso el imperio de Jordan Chase caerá sobre la teniente Debra por haber manchado la imagen de su líder, muerto por un vigilante nocturno que ella mismo tuvo a tiro. Sí, me gusta pensar que Dexter tendrá una temporada entera para coser esos hilillos sueltos. Por eso me emociono al pensar que Ryan, la ladrona de la minifalda, ha venido para poner todo estos temas sobre la mesa.

Saltamos de escenario y corremos hacia el hospital, donde Harrison sufre un ataque de apendicitis. La serie nos cuenta de esta forma tan sencilla y tan efectiva que Dexter, por muy alejado que esté del concepto “ser humano”, tampoco es un monstruo sin sentimientos. Y que en momentos puntuales, en momentos de desesperación, en este caso por la enfermedad de su hijo, recurre a lo que todo el mundo: café. Bueno, y también a Dios. A ese Dios al que todos hemos mencionado alguna vez (sí, tú también) para pedirle compasión o esperanza en algún tema delicado. Puede que no seas creyente. Es más, puede que seas de la facción más guerrera, la que niega la existencia de Dios. Pero hay un momento en la vida, aunque dure una milésima de segundo y no lo note nadie, en la que rezas para que realmente exista una fuerza superior que te ayude. Dexter ha vivido ese momento tan humano a raíz de la traumática experiencia de su hijo, pero también motivado por la presencia de Sam, un personaje que crece y crece a medida que avanza la temporada. Sam ha ido al hospital para apoyar a Dexter, aunque sean poco menos que desconocidos, y le ha contado una terrible historia sobre su pasado que invita a pensar que el mecánico pastor tiene en realidad un Oscuro Pasajero que ha sabido dominar. Dudo que la serie opte por redimir a Dexter esta temporada, pero sería un movimiento muy inteligente si se guardara la bala de Sam en la recámara, para el día en que el analista de sangre decida que ha llegado el momento de cambiar su vida.

No me gustan los personajes que hacen el bien porque sí, porque supuestamente lo llevan en su interior o porque han visto una luz, pero el Brother Sam resulta creíble. En parte por la coherencia del mismo, en parte por el buen trabajo de Mos Def. Y me gusta mucho la idea de Dexter ganando fe porque es algo que habitualmente no vemos, lo más normal es que los personajes la pierdan. ¿Será Sam ese amigo que Dexter pareció ver en Miguel Prado? ¿Será Sam una especie de mentor o de guía? Sin duda, uno de los puntos fuertes de la sexta temporada es ver cómo evoluciona esa relación.

El último escenario del episodio es ese invernadero que tardaremos en olvidar, donde una inocente sobrevive sacrificada en una cruz en una estampa más propia de una película de Saw que de Dexter. Claro que una serie como Dexter tampoco se libra del típico policía tonto que se acerca corriendo a la víctima aún viendo que la chica dice que no con la cabeza. El policía activa un mecanismo y la chica se desploma y se desangra creando una imagen realmente impactante que nos recuerda que, antes de empezar la temporada, varios miembros del reparto ya nos advirtieron que estábamos ante una temporada bastante salvaje. Pues sí, se referían a escenas como ésta. Una chica, por cierto, con la que Travis había intimado a lo largo del capítulo y con la que parecía haber empezado a estrechar lazos. ¿Qué tipo de ritual obliga a conocer a una mujer y luego matarla? ¿Por qué no llevó a cabo este macabro asesinato con su propia hermana? Y lo más intrigante, ¿por qué Travis se queda para ver su espectáculo y pone esa cara de desequilibrado? Para mi era un Travis distinto al que habíamos visto en episodios anteriores, como si tuviera algún tipo de posesión o algo extraño. Muy asqueroso, por cierto, el tema de la plaga de langostas, que fue la octava plaga que Dios lanzó sobre Egipto para que el faraón liberara a los judíos. Religión, religión y religión.

Cierro una semana más con esa teoría Tylerdurdeniana de que el Profesor Gellar no existe. En este 6×04 nos han dado una de cal y varias de arenas. Por un lado, cada vez es más evidente que ni las víctimas ni la gente normal ven al personaje de Edward James Olmos. La escena del bar, en la que Gellar no tiene consumición, es muy clara. Sin embargo, el Departamento de Miami tiene una ficha del propio James Gellar, un profesor de la Universidad de Tallahassee al que echaron por robar una espada romana que había pertenecido a Juan de Patmos, el autor del Apocalipsis. Desde entonces, está desaparecido de los radares policiales. En la línea de que sí existe, Dexter asegura que los asesinatos han requerido siempre la presencia de dos personas. ¿Qué opción es la correcta? A mi me gustaba la idea de que Gellar no existiera, pero me parece muy complicado que Travis esté llevando a cabo estos asesinatos él solito. Por otro lado, Gellar no estaba presente en la última escena, la de la plaga, cuando él parece el principal responsable de esta matanza. La verdad, me encanta estar en duda. Y me encanta cómo está evolucionando la temporada, ¿soy al único al que le pasa?

Ah, no acabo con la teoría, cierro dándole un aplauso a Masuka, que no sólo le ha metido bronca a Ryan por su estúpida locura de vender la mano del Ice Truck Killer, sino que ha resistido a sus armas de mujer y la ha mandado a freír espárragos. Al final, resultará que hay algo que gusta más a Vince que las mujeres: ¡el trabajo! Está claro que Miami está llena de chiflados…

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