Review Detxer: Nebraska

En época de crisis creativa, de cancelaciones y de series mediocres, no podemos más que alegrarnos de la renovación de Dexter por dos temporadas. La serie sigue marcando récords de audiencia y la sexta acumula hasta la fecha una media semanal de espectadores superior a los 5 millones. Es el resultado del trabajo bien hecho, de una historia correcta y de un protagonista brillante. Basta con echar un vistazo a la parrilla americana para echarse a llorar… y luego aplaudir la decisión de Showtime. Ahora bien, para muchos espectadores, entre los que me incluyo, cada año que pasa Dexter pierde parte de su magia, de su esencia y, lo más preocupante, de su coherencia. Cada temporada somos un poco menos originales, un poco menos sorprendentes y un poco menos excelentes que la anterior. No creo que haya un bajón de calidad destacable entre temporadas, ni la sexta es peor que la tercera ni la cuarta es peor que la segunda. Se trata de un goteo constante, castigador, natural y casi indetectable de calidad. De ahí que la decisión de Showtime nos dé más pena que alegría. Porque la serie merecía un final digno de su historia, que yo no sé cuál es, pero tengo claro que estirar el chicle dos temporadas más no va en esa línea. Cuesta matar a la gallina de los huevos de oro, pero más nos va a costar a nosotros ser fieles a un proyecto que se degrada por minutos. No me atrevo a decir que la renovación sea una noticia triste, pero a nadie le gusta ver morir poco a poco a un ser querido. Y Dexter se nos está yendo…

  • Episodio 6×07: Nebraska
  • Fecha de emisión: 14 de noviembre

Disculpad el pesimismo, pero es que el capítulo de esta semana no ha ayudado nada a que vea las cosas de otro modo. No puedo decir que Nebraska sea un mal episodio, pero desde luego no es lo que me esperaba después del que, en mi opinión, había sido el mejor de la temporada: Just Let Go. La aparición de Brian Moser en los últimos segundos de capítulo hacía presagiar la llegada de un nuevo Dexter, distinto al de las cuatro temporadas anteriores. Un Dexter sin escrúpulos, salvaje, guiado únicamente por la voracidad de su Oscuro Pasajero, reflejado en la figura de su hermano, el Ice Truck Killer, una versión idéntica a Dex pero sin la influencia del Código de Harry. Una especie de regresión a los días más tenebrosos de su personalidad, eso es lo que andaba buscando antes de empezar este Nebraska. A la hora de verdad nos hemos encontrado con un Dexter irresponsable, temerario y casi adolescente, que no encaja para nada con esa imagen metódica y disciplinada del asesino implacable que se ha ido labrando a lo largo de estos años, del villano perfecto. Vale, entiendo que ese era el objetivo de Nebraska, mostrarnos al Dexter más descontrolado, pero de ahí a verlo pegando tiros a señales de tráfico o tirándose a dependientes cachondas va un trecho. Ese no es Dexter, pero tampoco es su Oscuro Pasajero.

Claro que no todo son puntos negativos en este episodio. Aplaudo que la serie se esfuerce por recuperar sus cabos sueltos, aunque luego la ejecución de esas historias no sea espectacular. En Nebraska, Debra ha sorprendido a Dexter contándole que el Trinity Killer había vuelto a matar. Junto al regreso del Ice Truck Killer la semana pasada, al menos podemos afirmar que la serie tiene presente su pasado, cosa que dudábamos hace sólo un mes. Ese regreso de Arthur Mitchell, a ojos de Dexter y del espectador, sólo podía significar que la serie se había vuelto loca apostando por la resurrección, nada descabellado teniendo en cuenta el epicentro religioso de esta temporada, o que Trinity tenía un sucesor, algo mucho más probable y que se ha hecho evidente al descubrir que sus dos nuevas víctimas eran su esposa y su hija. O mejor dicho, su madre y su hermana, porque ni la audiencia ni Dexter ha dudado ni un segundo de que el culpable de esa matanza era el joven y torturado Jonah. Así que, después de limpiar el desaguisado de la semana pasada en ese barco que tanto echamos de menos, Dex y su hermano se han embarcado en un road trip a Nebraska para visitar al Trinity Killer Junior (obviaré los detalles de ese viaje adolescente), que lo ha recibido con un fantástico “Hello, Dexter Morgan” que nos ha recordado tiempos mejores.

Jonah se ha presentado como un chico mucho más seguro de sí mismo que cuando estaba influenciado por la figura de su padre, como si la muerte de su hermana y de su madre hubiera resultado liberadora. Es interesante descubrir que Jonah no se ha olvidado de Kyle Butler y que ha hecho su propia investigación al respecto, una reacción natural cuando un hombre entra y sale de tu vida de una forma tan brusca. Así que en ese cara a cara entre Dexter y Jonah, uno y otro tenían muy claro quién estaba delante. Y en ese choque de asesinos, el más experimentado ha acabado por imponerse. Aunque creo que la trama de Jonah se ha llevado de forma muy precipitada, me ha parecido interesante ese giro de guión final, en el que Jonah confiesa qué tipo de asesino es y en la que prácticamente le exige a Dex que acabe con su miserable existencia. Me ha gustado porque la reacción de Dexter, el perdón, conecta de forma directa con el acontecimiento que lo ha llevado hasta ahí, que es la muerte del añorado Brother Sam, que es precisamente el que le pidió que perdonara a su asesino. El analista de sangre no lo consiguió a la primera, pero sí a la segunda, en lo que sólo puede significar el cierre definitivo a la historia del Trinity Killer. Papelón el que le queda ahora a Jonah: sin padres, sin hermana y destrozado psicológicamente. No descartéis que en los próximos episodios volvamos a Nebraska para conocer el suicidio de un chico que ha saltado de un edificio. Eso cerraría el círculo.

El perdón a Jonah ha significado también el atropello del Ice Truck Killer, que al final ha tenido mucha menos presencia de la prevista en la vida de Dexter. Porque su adiós también es definitivo, ¿verdad? Tengo la sensación de que se ha desaprovechado su paso por la serie, que no se ha exprimido al mejor Christian Camargo, lo que se habría traducido en un Dex mucho más salvaje y despiadado, como el que vimos descuartizando a un insolente en el 5×01, en aquella cabaña al lado del río poco después de la muerte de Rita. Si de verdad Brian Moser abría la puerta a la oscuridad, si de verdad estábamos dejando de lado el Código de Harry, qué menos que mostrarnos la versión más sanguinaria del asesino en serie. Una lástima que no haya sido así. Estaba claro que Dex no se había librado del Código desde que entra en casa de Jonah y reconstruye la supuesta escena del crimen para justificar su matanza posterior, primer punto de la biblia legada por Harry. Por cierto, de vuelta en Miami, recogemos al tipo que convierte a Dexter en un personaje apto para vivir en sociedad…

La principal consecuencia de su viaje no es lo que deja en Nebraska, a un Jonah destrozado y el cadáver de un mecánico en un granero, sino lo que le espera en Miami. Me refiero a Debra, claro, que se ha pasado cinco días llamándolo y siempre ha obtenido la misma respuesta: no disponible. Es el segundo episodio consecutivo en el que Dex falla a su hermana y, aunque no sé muy bien dónde nos conduce todo esto, no me extrañaría que estuviéramos ante el final de una bonita relación entre hermanos. Si no supiera que a la serie le quedan (como mínimo) 30 episodios, diría que es el embrión de la desconfianza, que nos debe llevar al esperado momento en que Deb descubre la verdadera identidad de su hermano. Claro que después de la renovación uno se cuestiona si los guionistas quieren escribir esa escena algún día. Por lo demás, Debra ha tenido un episodio bastante tranquilo. Ha cerrado el tema de Quinn, que ha demostrado que puede ser su ex novio sin convertirse en un adolescente inmaduro y caprichoso. Y ha avanzado bastante en la investigación del Doomsday Killer gracias al interrogatorio a Holly, la mujer liberada por Travis la semana pasada. Ahora, el departamento sabe que el profesor Gellar no trabaja solo, sino que cuenta con un ayudante que probablemente ha sido reclutado entre sus ex alumnos. Un avance importante en la investigación, decía, pero bastante discreto en lo que a la historia del gran villano de la temporada se refiere.

Desde luego, el Doomsday Killer no es el mejor asesino que ha pasado por esta serie. Primero, porque apenas hace honor a su “apellido”: lo de killer es relativo. Y segundo porque no interactúa con Dexter, uno de los puntos básicos de esta serie. No hemos jugado al perro y al gato. Y tampoco tengo muy claro por qué Dexter no le ha contado al Departamento lo que sabe de Travis. Hasta la fecha, Dex había colaborado con la investigación procurando ir siempre uno o dos pasos por delante, pero nunca le había dado la espalda al gran villano de esta forma. Ese es uno de los grandes problemas de la sexta temporada. También lo es que la relación entre Travis y Gellar apenas haya avanzado en siete episodios. Es cierto que Travis comparte más tiempo con su hermana y que en este Nebraska incluso se ha permitido el lujo de deshacerse de sus recuerdos con Gellar, en lo que parecía más una ruptura de pareja que un asesino que desiste de su plan maestro. Pero me sigue pareciendo poco. Al fin y al cabo, lo único que hemos visto son cruces de miradas entre uno y otro. Eso sí, la serie sigue jugando a que dudemos de si Gellar es real o no, aunque si tuviéramos que apostar dinero, la mayoría pondríamos todos nuestros ahorros al no. A ver si ahora que Dex vuelve a ser Dex, la cacería del Doomsday Killer pasa a ser la tarea más importante de su agenda. Y a ver si, de una vez por todas, empieza la carrera entre Dexter y Debra por atrapar al Asesino del Día del Juicio Final.

Y que empiecen a pasar cosas importantes, por favor, que si esto va a durar dos temporadas más vamos a necesitar cambios de escenario, renovación de secundarios y la creación de un hilo que insinúe que la serie tiene un destino marcado. Porque lo tiene. Ha de tenerlo…


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