Review Caprica: Reins of a Waterfall

Review Caprica: Reins of a Waterfall

Después de ver tres episodios de Caprica me queda clara una cosa: no es Battlestar Galactica. Comparar es feo, está mal visto. Y es una osadía terrible enfrentar un producto histórico como BSG con uno que acaba de empezar. Pero la primera impresión es que 33, Water y Bastille Day eran capitulazos capaces de atraparte durante cinco años, cosa que, por ahora, veo difícil que consiga Caprica. ¿Puntos a favor de Caprica? Tengo muchos, pero mejor nos acomodamos y los comentamos en la review de Reins of a Waterfall, ¿no?

Sí, lo sé, llega con retraso. Bueno, piensa que así refrescas el capítulo y mañana ya tienes otro nuevo…

Tras dos episodios de presentación en los que conocemos a los Graystone y los Adama, su poder respecto a la vida y la muerte y la supervivencia de Zoe y Tamara en un programa virtual (Holoband), es hora de enfrentarnos a las repercusiones del atentado. Recordemos que Amanda, en un arranque de sinceridad e inconsciencia, puso a su hija en el centro de la diana confesando que era una de las responsables. Y eso, claro, ha tenido consecuencias devastadoras.

Me gusta de Caprica, que me apasionaba de Battlestar Galactica, que las reacciones de los protagonistas sean naturales. A raíz de la confesión de Amanda se acumulan en su hospital cientos de inestables energúmenos exigiendo justicia. Me recordó al terrorífico programa Gente (TVE), aficionado a mostrar imágenes de maltratadores o asesinos ajusticiados por una muchedumbre a la entrada del juzgado. Pues bien, Amanda sufre la primera consecuencia de su arriesgada confesión en forma de botellazo en la cabeza. La segunda consecuencia: el Buenafuente de Caprica centra sus monólogos más negros en los Graystone. Todavía hay una tercera: las acciones de la familia caen en picado. Y esto sólo públicamente…

En privado, los Adama mantienen una agradable charla con Daniel en la que queda claro que enfrentarse a un habitante de Tauron siempre es una mala idea. Y más si le quitas un caramelo de la boca. Daniel le ofreció a Joseph la oportunidad de volver a ver a Tamara. Le enseñó su arsenal tecnológico. Le hizo creer en la posibilidad de reunir de nuevo a su familia. Y papá Adama (no Adams) no está dispuesto a dejar pasar ese tren. Uish, perdón.

Seguimos con los Graystone, indiscutibles protagonistas del arranque de la serie. Amanda y Daniel mantienen una jugosa conversación sobre la implicación de Zoe en los atentados. “Subió a un tren abarrotado. Activó la bomba y acabó con su vida”, dice ella. Hay una ligera diferencia respecto a la realidad: Zoe no activó la bomba. De hecho, ni era consciente de que su noviete Ben se iba a inmolar en el tren. La escena acaba con sexo desenfrenado encima de una mesa, que siempre es la mejor forma de cerrar las situaciones de estrés. No son conscientes de que no están solos…

Zoe, en feoZoe, en feo

Por cierto, ni los ofensivos monólogos y el linchamiento público a los Graystone ni las súplicas de sus expertos en relaciones públicas convencen a Daniel para que vaya a televisión. Se niega a declarar que su hija es una terrorista, en parte porque es la reacción normal de un padre, en parte porque está convencido de que el avatar de Zoe tendrá información del atentado. A lo que no se puede negar es a recibir a Joseph Adama, que volverá a entrar en el mundo virtual para confirmar que Tamara no está allí. Las diferencias entre ambos son insalvables, como queda claro al final del capítulo.

Adama, en una escalofriante conversación con su hermano Sam, propone equilibrar su vida con la de Daniel. Yo he perdido a mujer e hija, él ha perdido a una hija, ¿qué nos sobra en la ecuación? Misión de Sam: matar a Amanda. No podemos decir que no lo esperábamos. Todo ese rollito de sombreros y abrigos largos, esos ambientes cargados de humo y delincuencia, nos recuerdan a los mafiosos más sangrientos de los '50. Ahora entiendo la crueldad de Bill Adama en algunas situaciones, ¡lo lleva en los genes!

La otra historia del capítulo transcurre en el mundo virtual. Zoe y la pobre Lacy, a la que auguro un futuro decididamente estresante, se han encontrado con Tamara, que había quedado atrapada en una especie de limbo. Y las tres se han marchado juntas al V-Club, ese mundo de perversión que nos presentaron en la primera escena de la serie. Será impactante ver cómo reacciona la indefensa Tamara en ese ambiente de pecados. No parece tener la determinación de Zoe y tampoco cuenta con información del exterior, como Lacy, así que es como un bebé al que sueltan en una jaula de leones.

Tamara, perdida y sin corazónTamara, perdida y sin corazón

Lacy es la chica más ajetreada de Caprica. Por su amistad con Zoe se ha visto involucrada en los atentados, así que debe atender a las exigencias de la policía, sigue en contacto con el cylon-zoe para intentar encontrar una solución y tiene que convencer a la terrorífica Clarice, líder del movimiento monoteista y posiblemente involucrada en el atentado. Y todo esto, a la vez que entra en el mundo virtual, va a clase y toma te con la mencionada Clarice. Qué escena más genial. En cualquier caso, su peligrosa vinculación con el SDU será clave para conocer a los responsables del atentado y limpiar el nombre de Zoe.

Otro de los puntos fuertes de Caprica es la sorprendente habilidad con la que se introducen escenas trascendentales en un aparente ambiente de calma, de paz. Cuando lo más posible es que los próximos episodios estén marcados por la guerra entre las dos familias protagonistas. A destacar, también, el cuidado de los detalles: el estilo de vida de los taurinos, el fanatismo religioso o la sexualidad de cada personaje. Da la sensación de que Caprica es una historia que tiene muy claro dónde quiere llegar y qué caminos va a trazar hasta la meta. Eso sí, se va a tomar el tiempo que le dé la gana…

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3
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