Review Caprica: Gravedancing

Review Caprica: Gravedancing

Por segunda semana consecutiva, la review de Caprica llega en el tiempo de descuento. Disculpen. Gravedancing supone el empujoncito que necesitaba la serie para dejar de ser una suma de grandes actuaciones, buenos escenarios y mejores diálogos. Este 1×04 rompe con el ritmo aletargado de los tres primeros episodios al compás del primer baile cylon de la historia de la humanidad. Esa escena valdría el episodio. Pero hay más, claro que hay más…

Hay más porque los Graystone, tan guapos ellos, tan inteligentes, tan ricos, y tan rotos a la vez, han decidido comparecer ante las cámaras de las 12 colonias. Daniel ha cedido a la presión de sus consejeros, preocupados por la salud del imperio (¿la crisis afectará a Caprica?) y ha participado en el show de Baxter Sarno. Sarno, claro, viene de sarnoso, un ser con malas intenciones, escasa moral y mucho tirón mediático que no duda en bromear sobre los muertos del atentado. La semana pasada lo comparamos con Buenafuente. Error. Las preguntas del presentador catalán no llevan veneno. Más bien sería la versión guerrera de la Milá, anterior a Gran Hermano. Sí, hay vida antes de Gran Hermano… creo.

Sarno despedaza a un dubtitativo Daniel en la primera parte de la entrevista. Cual equilibrista en el alambre, el señor Graystone intenta limpiar su imagen sin perjudicar la de su hija. Pero se cae. Y Amanda salta al ruedo, arrepentida de su inoportuna declaración pública y rabiosa por limpiar el nombre de Zoe. El foco principal del acalorado debate será la utilidad del Holoband. Sarno acusa a los Graystone de que ese curioso artilugio se ha convertido en un refugio para la transgresión. Y Daniel, a pesar de tener a sus consejeros negando con la cabeza, asegura que todos los ingresos que otorga el Holoband se destinarán a obras de caridad. +1 en popularidad. ¿Cuánto vale limpiar el nombre de Zoe?

Daniel, sólo ante el peligroDaniel, sólo ante el peligro

Amanda y Daniel, sin las ataduras de los consejeros, han hablado de corazón ante las cámaras. Y la sensación es que han convencido al público. Entre medio, Daniel ha dejado caer una pedrada: consiguió hablar con su hija muerta. Conociendo al señor Ronald D. Moore y a Jane Espenson, es cuestión de horas que el debate ético llegue a las calles de las colonias. En cualquier caso, la gran sorpresa de la entrevista la tenían preparada los Adama. Y llegaba en el último acto. Concretamente, en el taxi que llevaba a Amanda a su lujosa casa, cuyo conductor era Sam.

Sam Adama. Procura no cruzarte con él si tenéis cuentas pendientes. El hermano menor de Joseph recuerda a los más despiadados mafiosos italianos. Pero con tatuajes, que todavía da más miedo. Paso a paso, como si del mismísimo Dexter se tratara, Sam se ha ido acercando a su presa. Ya sé de quién heredó Bill Adama la determinación y la disciplina, de su tío Sam. Porque su padre, Joseph, que había encargado el asesinato para equilibrar la balanza del dolor, se arrepiente un centenar de veces. Es incapaz de vivir con las consecuencias de sus actos. Por suerte para él, y para los que adoramos a Amanda y (en especial) la pareja que forma con Daniel, Sam sólo le ha dado un susto. No hubiera sido tan condescenciente la mamá de Joseph: “Podría matarla con mis propias manos. ¿Tú no?” Grandísimo descubrimiento la abuela Adama, una taurina de las de antes.

No le mires a los ojos, te mataráNo le mires a los ojos, te matará

La historia más aburrida del capítulo la protagonizan Lacy y Keon, un joven miembro del STO. La amiga de Zoe, por orden de ésta, tiene como misión averiguar quién está detrás de los atentados. Y ha empezado a mover algunas piezas. El problema es que la trama se ha convertido en un corto romántico para adolescentes. En el fondo estoy seguro que Lacy no se atreve a coger el toro por los cuernos. El toro, por supuesto, se llama Clarice. Y entiendo a Lacy porque esa señora da mucho miedo. Gravedancing nos ha mostrado que Clarice tenía guardados más explosivos, así que podemos suponer que en los próximos episodios habrá un nuevo atentando.

Esos explosivos han salido a la luz gracias a la tenacidad del agente Durham, al que todavía no acabo de entender. Es bueno porque trabaja para los buenos. Pero creo que no soy el único que no se fía ni un pelo de él. Se está creando una aura de misterio a su alrededor que debe desembocar en alguna revelación importante, sea una vinculación con el STO o alguna herida abierta con los Graystone que viene de lejos. Por cierto, es curioso que el mejor episodio de Caprica (para mí), este 1×04, no tenga ni una frase del mejor personaje de Caprica (para mí), Zoe Graystone. Aunque a ella no le hace falta. Las expresiones de Alessandra Torresani tienen voz. Y su baile, a ratos sexy (Zoe) a ratos antiestético (cylon), como decía al principio, valen el capítulo. ¿Asistiremos al primer romance de la historia entre un técnico y un robot?

Gravedancing también nos deja alguna información sobre la vida en las colonias: en Tauron eres un hombre desde los 13 años; Caprica ha legalizado las drogas para reducir la delincuencia; y los del STO duermen en grupos de cuatro sobre camas para dos. Ahí reside parte de la magia de la serie, en su habilidad para ofrecernos con cuentagotas un mundo nuevo mientras dos familias luchan por superar su peor pesadilla. Gran capítulo, mejor serie. Recemos para que las audiencias mejoren.

Oigan, y ya que estamos por aquí, les dejo una promo y un sneak peek del episodio de esta noche: There is Another Sky.

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3
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