Review Californication: The Unforgiven

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Lo que ocurre con Hank Moody queda en casa de todos. Cómo lo echábamos de menos. Y es que este personaje tan entrañable que a Duchovny viene al pelo tiene la facultad de despertarnos los sentimientos más dispares. Queremos golpearlo y un minuto después abrazarlo, sin contar otras actividades menos decorosas, en algunos casos. Ha vuelto, señores, después de una quinta temporada en la que se esforzó por ser mejor Hank de lo que nunca había sido. Vuelve con un fantástico episodio llamado “ The Unforgiven” que nos lleva a pensar en la conocidísima canción de Metallica y vuelven las reviews de Californication a Todo Series. ¿Quién quiere hacer este viaje de doce episodios conmigo?

Como comentaba en la entradilla, la quinta temporada de la serie nos regaló a un Hank que, si bien nunca perdió su esencia, fue capaz de dejar a un lado ese egoísmo y ese papel pervertido de Peter Pan que tanto lo caracteriza. Tres años después de aquel juicio que tanto temimos, la mujer de su vida se había casado con una versión de él mismo llevada al extremo de manera enfermiza y nosotros dejamos de entenderla. Se convirtió, literalmente, en un payaso triste sentado en la puerta de su amada. Hace ya casi un año que lo dejamos  inconsciente a manos de Carrie, esa ex desequilibrada que nunca llegó a aceptar que el sexo anal no era una propuesta de matrimonio y que decidió que un suicidio conjunto a base de antidepresivos y alcohol supondría una promesa de amor eterno.

Moody despierta en el hospital para descubrir que Carrie se encuentra en un coma del que no va a salir y saberse culpable en cierto modo de esa inminente muerte no ayuda. Carrie va a morir porque lo quiso demasiado, y si amar a Hank desequilibraría a las piedras, aquí tenemos el producto de este torbellino en una mujer realmente inestable y deprimida. Es una culpa relativa con la que sin duda a nadie le gustaría cargar. Pensar no sólo en lo que ha sido, sino en lo que viene siendo desde más de veinte años atrás, en las consecuencias ya vividas y en las posibles futuras, en el daño propio y el de quien tiene a su alrededor.

No nos sorprende en absoluto que este mítico personaje lleve la situación como mejor sabe llevarla, siendo un completo y absoluto desastre. Un desastre que sin lugar a dudas nos ha regalado momentos hilarantes en un episodio de regreso magnífico. Hank lleva lo de darse a la bebida peor que nunca, y para muestra, no hay más que abrir los ojos y presenciar cómo bebe de su propia orina o se cuela en casa de un desconocido para meterse en la cama de su hijo. Escenas enormes que no pueden más que sacarnos una carcajada y repetir en masa aquello de “Hank, Hank, Hank…”.

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Es más que evidente que necesita ayuda, y para ello siempre podemos contar con Charlie, si es que no está metido hasta el cuello en otra de sus historias. Como su mejor amigo y agente, Runkle piensa que un trabajo podría ayudar a que el escritor más pasado de rosca de L.A. se centrara. Nosotros sabemos que no, y que estos trabajos suelen llevar a una serie de catastróficas desdichas con las que disfrutamos enormemente. Así que como (seguramente) compañero de fechorías de esta sexta temporada, tendremos a Atticus Fetch, una estrella del rock trasnochada, interpretada por el mismísimo Tim Minchin, que ante la presencia de Hank no puede ni siquiera concentrarse en la masturbación. Atticus pretende llevar “A Crazy Little Thing Called Lovea nuevas fronteras creando una ópera rock con Moody como guionista.

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Y tal vez el protagonista de esta historia no conozca los finales felices, pero es ahí donde termina, en un lugar llamado “Happy Endings” donde va a recibir la ayuda necesaria para escapar de esa incesante borrachera de un mes y donde se nos despide con un “Instant Karma” de John Lennon más que bien elegido. Lo hará, lo intentará, porque Karen y él se encontraban en el punto perfecto cuando todo sucedió, porque su hija quiere dejar la universidad y quiere ser escritora y llevar la vida de su padre y todo va a acabar estallando.

No quiero irme sin antes hablar de esos sueños de Hank en los que se nos da una versión alternativa del momento en que conoció a Karen. Nosotros sabemos que no fue así, aquel maravilloso episodio llamado “In Utero” nos regaló el primer fin de semana de la pareja, aquel que tenía que acabar pero que siguió adelante porque Karen estaba embarazada y Kurt Cobain había muerto. En estos sueños con sabor etílico se nos presenta una situación un tanto distinta, quizá más comedida, en la que Carrie también se encuentra presente a modo de aviso.

Californication ha vuelto, por fin, y lo ha hecho por todo lo alto, con un episodio extraordinario que nos ha traído a un Hank completamente fuera de sí al que hay que arreglar. Y vosotros, ¿tenéis la misma buena impresión?

 


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