Review Californication: Rock And A Hard Place

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El escritor y sus musas, tan queridas y tan infieles. Es una lucha eterna. Vives un período de creatividad inagotable, las ideas se agolpan y sientes ganas de escribir en el papel, las manos, las paredes. Y de repente, adiós. Pensamiento incoloro. Palabras desordenadas a las que no se les encuentra sentido alguno. Las musas se han marchado y puedes estar seguro de que tardarán en volver…

Sobre todo si te llamas Hank. Sobre todo si nada es lo suficientemente serio. Sobre todo si lo tuyo es saltar de desastre en desastre cruzando por todos los desfases que encuentres en el camino. Porque eso es Hank y así lo queremos.

La semana pasada la tapadera de Charlie voló por los aires y como era de esperar ha perdido su trabajo. Y el de Hank, de paso. Así que sin nadie a quien representar y con una vida que ya va muy por encima de sus posibilidades, siempre tiene que existir un plan B. No importa si no es buena idea, porque la cuestión es que aunque la coca de una estrella del rock se vio ahogada en vómito, hay que volver a intentarlo.

Ahí lo tenemos de nuevo, Atticus Fletch, una estrella desfasada y mimada como la mayoría. Un personaje pintoresco que reúne todos los clichés de la historia pero qué más da, fingir ser gay es una cosa, fingir admiración es otra. Volvemos al proyecto del musical y Runkle necesita representar a alguien porque no tiene cómo pagar las facturas. Tiempos desesperados, medidas desesperadas. Una promesa de recuperar la guitarra del músico al que enterramos hace unos episodios y cocaína. En dosis industriales, a poder ser.

Faith vuelve a la carga porque el dúo dinámico necesita su ayuda. Un Jorge García bastante más fácil de convencer de lo que hubiéramos pensado en un principio tiene la solución en sus manos. Claro está, a cambio de dinero, idealismos, el traje de Runkle y una felación. Todo tiene su precio.

Bien está lo que bien acaba. De momento. Todos felices, Charlie desnudo, Atticus bien surtido de cocaína y la vida sigue. Hank, en cambio, sigue con la idea en mente de ponerse a escribir de verdad, como hace mucho tiempo que no escribe. Su eterna musa tiene que ir a trabajar y esa relación aparcada sigue colgando de un hilo sin que sepamos muy bien cómo va a acabar. La cuestión es que siempre acaba encontrando sustitutas de lo que realmente quiere (en eso ambos son expertos y no hay quien los entienda) y Faith es real en un plano diferente. Si ha servido de musa a tantas estrellas de rock como la vida le ha puesto en bandeja, no puede ser tan distinto con un escritor. O sí. Pero de repente cree que perece la pena intentarlo y Hank no conoce la palabra “no” cuando se trata de perder el control. Así no avanzaremos nunca. Pero es la esencia.

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Por último, y cómo negarlo, algo menos importante, Marcie sigue dejándose convencer por una autora feminista que OH, DIOS, MÍO. La broma era demasiado fácil. Nosotros la queremos chiflada y todos sabemos que esa pose no le va. Puede ser una gran mujer pero para ella un pene nunca será un apéndice molesto. Esa pose no puede durar mucho, como tampoco duró la de su ex marido. Eso sí, presenciar la manera de andar de Stu con su jaula de pene no tiene precio y tenemos que reírnos. Inevitable. Sabe que metió la pata hasta el fondo y le va a costar recuperarla, incluso si eso significa exponerse a perder el…apéndice.

marcie

Esta semana nos han vuelto a regalar un episodio más acorde con lo que ha venido siendo la temporada hasta ahora. ¿Qué os ha parecido?

“It was just like listening to Jesus ejaculating”.

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