Review Californication: Quitters

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Cualquier persona dedicada a la escritura puede decir que las condiciones para llevarla a cabo nunca son la adecuadas. Es un proceso diferente, una tarea que para llegar a cobrar forma, para que de una mente surja algo realmente bueno, hay que olvidarse del ideal de la balsa de aceite. A menudo las mejores creaciones nacen de experiencias disparatadas, de momentos difíciles. Y digo esto porque si Hank no se pone a trabajar en una novela al final de esta sexta temporada, aquí ya no hay nada que hacer. ¿Pasáis y comentamos?

Como decía, la escritura no nace de unas condiciones óptimas de vida y eso no sólo lo sabe Hank. En este segundo episodio hemos presenciado los primeros días de estancia en “Happy Endings” de nuestro alocado escritor, y gracias a ello ha surgido una conversación fantástica padre-hija que ilustra tan bien la esencia del personaje que no puedo dejar de mencionarla. Becca es hija de quien es y está claro que esto le ha dejado huella. No la culpo. Con trece añitos entró en la habitación de su padre para descubrir la vagina depilada de su amante. A partir de ahí, éste ha sido el tipo de escenas con las que la chica ha crecido. ¿Se la puede culpar? No, claro que no. Ahora quiere ser como su padre, escribir, dejar de lado la universidad y aprender de la vida. Porque no se puede hablar del sexo, de la muerte, ni del amor sin haberlos experimentado con total plenitud.

becca

Digo que esta conversación hace las veces de ilustración perfecta porque Hank rechaza esas metas destructivas de su hija al haberlas vivido en primera persona. Es la culpa, en gran parte, la culpa porque su hija está sentada visitando a su padre en un centro de rehabilitación con un chico del que ni siquiera sabe el nombre habiendo pasado la noche con él. Puede que la historia se repita y de ahí nacen los miedos. ¿Qué ejemplo ha recibido? Es una de las cosas que siempre podremos reprochar al personaje, por más cariño que le tengamos. Es relativamente fácil rechazar esta forma de vida en el fruto de tu descendencia mientras no haces el más mínimo esfuerzo por cambiar y demostrarle que existe otra manera. Becca siempre ha sido más adulta que sus propios padres y es más que evidente que ha sido perjudicada por las circunstancias.

Y seguimos con la estancia en “Happy Endings”. Hank no está hecho para eso como no está hecho para nada que implique un poco de orden y paz. En su primera reunión de grupo deja al resto de compañeros boquiabiertos, y no a todos en el mejor sentido. Pero, ¿quién puede dar lecciones? Si tenemos a Gabriel en cabeza, el hombre que practicó una felación al desastroso ex marido de Karen. Así que ahí están, cada uno con su historia y una medio ninfómana loca de atar deseando meterse en la cama de Moody. Tan deseando que aprovecha la hora de dormir para cometer lo que en el caso de alguien normal sería una violación, mientras que para nuestro protagonista todo queda en una anécdota. Qué más da, una desconocida chiflada se ha colado en mi habitación para aprovechar una de mis erecciones nocturnas, me han pasado cosas peores.

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Pero no todo igual en el centro. También tenemos a Faith, un personaje tan narcisista como lo era la Shannon de Maggie Grace que parece estar más centrada que el resto, y a quien la arrogancia de Hank no termina de convencer en un principio. La joven, musa de estrellas del rock, tiene historias que contar y un equilibrio por hallar, que busca en Dios, aunque acabe liando marihuana en las páginas de una biblia para acercarse a un Hank diferente.

Si algo me gusta de esta serie (entre otras muchas cosas) es que cada personaje resulta un mind-fuck de cuidado, cada uno de ellos es un pequeño gran desastre en su burbuja. Pensemos en Karen, colgada de María en una conversación con la adorablemente chiflada Marcy, aceptando una entrevista en ese estado porque, qué más da, es una gran oportunidad. Y la cuestión es que lo es, porque va a trabajar nada más y nada menos que para el mismísimo Atticus Fetch.

Y volvamos a Marcy, porque si Becca está marcada, el pequeño de los Runkle no cuenta con un panorama mejor. La infidelidad de Stu no es suficiente para no dejarlo pasar cuando trae sustancia y promesas de sexo oral. Claro está, que el tema cambia cuando se termina completamente dormido en el suelo y tu hijo encuentra tu vibrador. “Soy la peor madre del mundo”, dice, pero el listón de paternidad y maternidad en esta serie no queda muy alto.

Para terminar, ese pequeño calvorota llamado Charlie tampoco queda atrás. Hank no es un buen cliente y desde luego su cuenta corriente no engorda gracias a él, así que, si es necesario hacerse pasar por gay para representar a un afamado actor, se hace. Aunque al día siguiente el nombre de Charlie Runkle aparezca en todos los periódicos.

Este segundo episodio se ha mantenido en su línea, creo que esta sexta temporada va a resultar mejor de lo que lo fue la quinta. ¿Creéis que Hank va a durar más de dos episodios en “Happy Endings”?

 


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