Review Californication: I’ll lay my monsters down

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Tener la solución al alcance de la mano y empeñarse en mirar hacia el lado contrario. Ese es el rollo de Hank Moody y de una buena parte de nosotros. Tener el horizonte abierto con un millón de respuestas parpadeando en colores de neón y centrarnos en ese ovillo que se nos ha enredado en los pies y no quiere irse. Último episodio de esta sexta temporada que prácticamente ha volado. Tenemos que despedirnos de Californication otra vez y lo sentimos en el alma. Son demasiadas ganas acumuladas para que nuestra dosis dure tan poquito. ¿Comentamos por última vez en este 2013?

En una temporada cargada de buena música, estrellas del rock pasadas de rosca y desfases allá donde miramos, el recuerdo del gran Ashby ya se estaba haciendo esperar.Este secundario al que todos recordaremos siempre por especial entre los especiales, el favorito de muchos, era la esencia de esta forma de vida. Nos dejó un monumento con su pene de proporciones épicas asomando por debajo de una falda escocesa, sobra decir más. Esta vez Ashby ha llegado en sueños, en plena confusión de Hank, para ofrecerle las soluciones más fáciles, un “corre y no vuelvas la mirada” imposible. No importa, porque la venda en los ojos tiende a perdurar más de lo deseado.

Llega el momento de la gira de un Atticus con el corazón roto y más falto de autoestima de la cuenta. Es el gran momento. Un escenario iluminado y un público infinito en quien apoyarse cuando los acordes quieren hacerse oír. Un beso de Faith, la compañía de Marilyn Manson (su segunda aparición en la temporada se agradece enormemente) y el absoluto apoyo de Hank, que sabe lo que es ir por la vida con unas heridas que él mismo no se deja curar.

Ha sido especial, el concierto. Cargado de todo lo que ha hecho a esta sexta temporada única en sus formas y sellando una vez más la relación desastrosa de Runkle y Marcy, dando un “sí quiero” en el escenario. ¿Qué más da si van de desastre en desastre? Son ellos, se quieren a morir cuando no queda nada, con su amor ridículo en el mejor de los sentidos, su falta de capacidades para la paternidad y su pasado de aderezar el sexo con cocaína. Ahí les tenemos, casados de nuevo.

boda

El dilema llega cuando Atticus pregunta si alguien más quiere pronunciar sus votos en pleno espectáculo. Sabíamos que no iban a hacerlo ni en un millón de años, pero esa imaginación desbordante de Hank nos lo dice todo. Lo que quiere es casarse con Karen de una puta vez y hacer que el mundo deje de dar vueltas provocándole el vómito por todas las esquinas. Sí, eso es lo que quiere, eso es lo que quieren. Y sin embargo una vez más deciden ignorar sus propios deseos para vivir en ese universo de falta de entendimiento que ambos han creado y nosotros no sabemos muy bien para qué.

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El punto culminante a toda esta escena lo pone la llamada de Becca a su padre. La guinda del pastel en carretera. No ha llamado a Hank para decirle que está en problemas, ni que necesita dinero, ni que vuelve a casa. Ha llamado a su padre para decirle que sea feliz. Que en una gasolinera más allá de donde existe el tiempo ha comprendido que quiere que toda la gente que le importa sea feliz. Y sí, está fumada, claro que lo está, pero la verdad nace de ella con más claridad y madurez de la que el resto muestra, como siempre. Becca siempre será la adulta de la serie y sus padres dos niños que se han visto obligados a crecer y no quieren dejar de jugar aunque la vida les vaya en ello.

Lo triste, el momento en que a una servidora se le escapan unas lagrimitas y maldice la hipocresía que el ser humano puede llegar a tener consigo mismo, es cuando Hank acepta por el simple hecho de aceptar y pasar el tiempo que sí, que se marcha de gira, que se marcha con Faith para jugar al “y fueron felices” intentando olvidar que no lo son ni por el forro de los cojones.

Es complejo, es un terror patológico a elegir lo correcto que paraliza. Es inevitable. Ashby vuelve en sueños a felicitar al escritor por su magnífica decisión y en ese preciso instante éste grita el nombre de Karen y toda la mentira se resquebraja en mil pedazos. Ya no quedan autobuses en los que esconderse. “Tienes que irte”, dice Faith, fingiendo no estar rota, fingiendo que aún no quiere a Hank aunque podrían haberlo tenido todo. Pero lo cierto es que no, que habrían tenido un mundo móvil construido por canciones, cocaína, ginebra y sexo. Un pasatiempo bonito para plasmar en una novela si eres Kerouac, pero no para vivirlo hasta que alcance el último de tus días.

Así que lo importante, lo único importante es que Hank se da la vuelta. Hank se da la vuelta. No sabe qué respuestas le esperan cuando llegue a donde quiere llegar, ni cómo va a encontrar a la mujer con la que lo quiere todo, pero abandonar el autobús y dirigirse en moto al posible comienzo de su vida en este momento es suficiente y ese “My California” hace que el nudo en la garganta vuelva a aparecer.

Ha sido un final perfecto para una temporada que, para mí al menos, ha sido perfecta. Un final que vuelve a llenarnos de todos los miedos posibles porque Hank llama a la puerta pero el fundido a negro llega antes de que nadie pueda abrirle. Da miedo, sí, porque esta serie es experta en regalarnos finales llenos de esperanza que se esfuman en los primeros diez segundos del comienzo de la siguiente temporada y así funciona la cadena. Así que no, no tacharía de final feliz lo que hemos visto porque no es un final y no sabemos cómo termina. Sólo sabemos que ha tomado una decisión. Otra vez. Y que las decisiones de Hank son tan inestables como el papel de fumar en medio de un vendaval. end

Esta sexta temporada ha despertado sensaciones muy dispares entre la audiencia, hay quien la considera la mejor y hay quien la percibe como basura. Cada cual con sus razones. Lo único que sé es que a mí me ha llegado hasta la médula y que me la quedo. Además, creo que los secundarios Faith y Atticus han brillado con luz propia y han hecho de esta temporada una maravilla.

No voy a marcharme sin dar las gracias a los que me habéis acompañado en este viaje por el desastre, que aunque habéis sido poquitos, para mí suficientes. Nos vemos en la séptima temporada, que de momento parece estar programada para ser la última aunque no nos apetezca despedirnos.

Ya sabéis, chicos:  sexo, drogas y rock ‘n roll. Pero sobre todo tened cuidado con las decisiones, porque esas sí que dan guerra. Hasta pronto.

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13 comentarios

  1. Para mi quizás la mejor temporada. Estoy totalmente de acuerdo en que las nuevas incorporaciones aportaron bocanadas de aire fresco a la serie. Faith es un personaje con una gran profundidad y alta carga emocional. Estoy realmente de acuerdo con Jose en que nadie se crea que pueda dejar a Faith aunque sería un buen principio para la séptima que se produjera el desengaño definitivo entre Hank y Karen y reapareciese Faith; para mi el único secundario a la altura de los protagonaistas.

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