Review Californication: Getting The Poison Out

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Lo que estamos presenciando en esta última temporada de Californication es un final irremediable. Una confirmación de que esta historia tiene que acabar. Se enfrentan posiciones. Parte de la audiencia considera que esta serie acabó hace mucho tiempo, yo opino que con sus idas y venidas, sus puntos flacos y sus puntos fuertes, ha sabido mantenerse más o menos bien hasta ahora. La sexta temporada fue una gozada en muchos aspectos. No estamos en la misma situación ahora, claro. Lo que vemos en esos treinta minutos son personajes cansados, personajes que no tienen ganas de seguir mareando la perdiz, cosas que se ponen en su sitio porque no pueden seguir fuera del molde por mucho más tiempo. No dejo de decir que el viaje de Hank Moody se acaba (al menos el que nos toca ver a nosotros) pero creo que nunca ha significado tanto como hoy. El viaje de Hank se acaba, Californication se acaba. De verdad. Y a punto de llegar al ecuador de temporada casi, casi somos capaces de adivinar cómo va a ser ese adiós. ¿Comentamos?

La salida de tono de esta semana ha vuelto a tenerlo todo que ver con Levon, por supuesto. Un personajillo de aire triste que como tantas veces se ha mencionado más parece hijo de Charlie que de Hank. Un personaje que, sí, honestamente me resulta molesto a estas alturas pero sin embargo no dejo de reconocer que es un buen fichaje y que va al pelo dentro de ese universo de personajes pasados de rosca y situaciones absurdamente extremas de la serie. La descendencia masculina de Hank Moody no consigue comerse un rosco y eso es algo que a nosotros no nos sorprende en absoluto. Está todo en su actitud, en su manera desastrosa de hacer las cosas, en su forma de hablar tan pubertaria, en esas maneras de maníaco sexual descafeinado que no puede quitar las manos de su prodigioso pene. Si le diéramos una gabardina, Levon sería la caricatura de un exhibicionista.

El problema llega cuando Hank decide seguir los malos consejos de Marcy, adorable loca de atar. ¿Por qué no? La solución a todos los malos ratos y ansiedades de su recién descubierto hijo está en una prostituta. Casi nada. Nos vemos así en medio de un circo muy Californication que no deja de resultar un poco bizarro, con un joven de veinte años tan excitado como asustado y un público que ni siquiera debería estar ahí. Sobre todo Karen. Especialmente Karen. Karen, que en medio de esa fiesta de estreno del chaval y después de intentar hacerle ver el error que supondría seguir a su padre, ha comprendido que ya no conoce a Hank Moody. Como tampoco lo conocemos nosotros.

“Tenemos que hablar de Becca”. Sólo eso. Porque parece que a ratos olvida que ha vivido los últimos veinte años “traumatizando” a otra hija que existe, respira y es más como él que este niño tan niño. Una hija a la que no coge el teléfono porque es más cómodo no dar explicaciones, al igual que tampoco tiene el valor de mirar a los ojos de su madre para intentar poner orden en todo esto. Y “todo esto” es eso que parece tan Hank pero que no lo es en realidad, ni de coña.

Nos surgen además un par de dilemas con respecto a toda esta historia. En primer lugar, a lo largo de la serie Hank se ha mostrado varias veces contrario a la prostitución, o al menos a hacer uso de ella en primera persona. Todos recordamos además a Trixie, aquella prostituta que terminó adorando al escritor mientras le hacía la manicura. La primera vez que se metió en su cama no supo que lo era y se mostró reticente a pagar por sexo.

En segundo lugar, al contrario que algunos sectores, nunca he visto al personaje como un misógino, sino todo lo contrario. Creo que Hank es amante de las mujeres en todos los aspectos y son muchas las ocasiones en que lo hemos visto manifestar cierta admiración por todo lo que abarca el sexo femenino. No deja de ser cierto que muchas relaciones se le han ido de las manos, pero ese respeto y esa comprensión han estado ahí casi siempre. Digo todo esto porque siempre se ha mostrado incomodo ante la sexualidad de su hija y ha llegado a meter las narices donde no le importaba por culpa de esa idea de falsa protección que a veces se impone. No ha dudado, en cambio, en señalar que lo único que su hijo necesita es una vagina que lo ayude a lidiar con todas esta frustración. Me resulta extraña esta confrontación de posturas de parte del personaje porque no deja de esconder cierto machismo más arrastrado por concepciones sociales que propias. ¿Hace falta que repita que nunca he visto a Hank como un misógino? No vaya a saltar la liebre.

Claro, que todo esto bien podría explicarse de otra manera. Levon acaba de llegar y por más que se haya colocado a sí mismo en la posición de padre moderno que quiere hacer cosas con su hijo, la relación que mantienen tiene poco de paternofilial. Tal vez, incluso con su mentalidad abierta y sus desastrosas maneras, siempre ha adoptado con Becca la actitud del padre clásico en la medida en que es posible dentro de ese teatro disfuncional. Quiero pensar que la diferencia que nos encontramos entre ambos casos radica ahí y no en algo que a día de hoy, en pleno siglo XXI, sigue siendo un lastre.

hank y levon

Sea como sea, Levon ha terminado perdiendo su virginidad con una profesional guapísima después de pasar por un millón de estados y de escuchar todos los tópicos existentes acerca de la primera vez. Tópicos que, dicho sea de paso, esta vez habrían servido aunque sólo fuera por parar esta comedia. Y la cuestión es que está contento. Que se va a la cama con una sonrisa después de intentar que su padre huela el sexo de sus dedos, pensando en los trucos de la experta y de las alabanzas que su miembro ha recibido.

Y hablando de desastres, el matrimonio renovado de Marcy y Runkle hace aguas por todas partes. Ella no deja de recordar la salvaje sexualidad de Stu mientras que su marido se pasa el día teniendo erecciones con absolutamente todo menos con ella. Lo que tienen encima no es poco, sobre todo ahora, que buscando ampliar su clientela está trabajando más de canguro que de agente. Lo de Goldie no tiene nombre…

runkle y goldie

No es que los episodios de esta temporada estén resultando en general sustanciosos. No hay mucho donde hincar el diente. Aún así, dentro de este desfile tan discretito que estamos teniendo, unos resultan más destacables que otros y éste, al menos, guarda un poquito la esencia de la serie, con sus más y sus menos. ¿Qué os ha parecido?

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2 comentarios

  1. Me divirtió el capítulo, Levon empieza a caerme un poco mejor, me gustan las expresiones de Moody al ver al raro de su “hijo”.

    Creo que deberías abrir un post para teorizar sobre el final de la serie, creo que tengo una idea de como terminará.

  2. Por qué? He sido defensora de esta temporada hasta que llegó el capítulo pasado y dije PARA que algo falla!
    Hank se propone recuperar su vida, a Karen, su historia y a sí mismo y acaba por liarse con la babymama 1 de la que tan celosa está Karen, no sense. Estaba claro que algo iba a pasar entre los dos, pero algo más lento, menos consentido, con algo más de conciencia.
    Pero bueno, podría dejarlo pasar, Hank siempre ha sido un hombre de impulsos y cuando la sangre no le llega precisamente al cerebro suele olvidarse de Karen.
    Ahora… que la esté evitando, que no quiera cogerle las llamadas, incluso que no quiera coger las de su propia hija a la que siempre ha adorado. Hank nunca ha sido de afrontar sus problemas pero tampoco de olvidarse de ellas, y mucho menos de evitarlas. Lo último que sabíamos de Karen fue precisamente una conversación telefónica muy triste, un “Don’t give up on me. I’m still me” desolador.
    Y ahora resulta que después de eso, de esa conversación tan sincera decides huir y evitar sus llamadas? No me lo creo, no tiene sentido. Nop.
    Y me niego a un final sin Karen, por ella más que nada, porque viendo lo que ha soportado la mujer, por lo menos se merece ganar el premio y parece que no puede encontrarlo en otro sitio.

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